Crítica: La espuma de los días (Michel Gondry)

La espuma de los días

Con The We and the I (2012) el francés Michel Gondry parecía por fin darse cuenta de que su carrera no iba a ninguna parte y había que ponerle remedio. Aquella película, ambientada en un autobús neoyorquino donde coincidían los estudiantes de un colegio público, no obtuvo reconocimiento alguno (tampoco se lo merecía demasiado), pero al menos situó a Gondry en una nueva senda artística, más cruda, ligeramente más madura y descargada de florituras visuales. Un año después le cae del cielo la novela de Boris Vian La espuma de los días, inadaptable para los demás mortales (e inmortales), pero anillo hecho a medida para Gondry. Con su nueva película, el director de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) recula, recuperando sus señas de identidad estéticas y narrativas, y abandonando cualquier intención de evolucionar.

La espuma de los días pósterComo la de Joel y Clementine, o Stéphane y Stéphanie (La ciencia del sueño, 2006), la historia de amor de Colin (Romain Duris) y Chloé (Audrey Tatou) es decididamente marciana, ingenua, y está contada de entrañas para fuera. Gondry no cree que el diálogo sea la manera más efectiva de manifestar los sentimientos de sus personajes. Como de costumbre, confía en que las manualidades de primaria -papel maché, algodón, tejidos de colores, marionetas- y las aberraciones psicodélicas del espacio y el cuerpo hagan el trabajo. En La espuma de los días Gondry se entrega una vez más al poder y la “poética del asombro“, y satura su relato de excentricidad y estulticia, de infancia e idealismo, construyendo un mundo fantástico basado en la realidad de nuestros subconscientes, en la realidad de los sueños de Colin y Chloé (y hay pocas cosas tan reales como un sueño).

Gondry regresa a terreno onírico, que es donde se siente más cómodo, para contarnos un romance de la misma manera que el padre o la madre le cuentan un cuento a su hijo antes de dormir. Y como en todos los cuentos, de este también acaba apoderándose la crueldad y la oscuridad. Sin embargo, Gondry no es capaz de ir más allá de la superficie, distanciándose peligrosamente de un espectador que a estas alturas exige algo más de su exuberante y surrealista teatro de títeres. El realizador se ha quedado más tiempo del que debía en un universo infantil que ha acabado por tragarse su capacidad para reflexionar de verdad sobre el amor y la vida. La espuma de los días es un ejercicio estético cuya razón de ser se acaba perdiendo entre las tonterías de un autor que ha abandonado su voluntad revolucionaria para hacer lo mismo de siempre. Gondry parecía interesado en ser enfant terrible, pero a estas alturas ya sabemos que no es más que un enfant.

Etiquetas: , , , , , , ,

Comentarios (3)

 

  1. Angel dice:

    La de 2012 aun no la vi y exceptuando el avispon verde e innecesario, Michel Gondry es mi dios gracias a Human Nature, Eternal… y el sueño de Bernal. Asi que si aqui, vuelve a sus raices, tengo que verla urgentemente

  2. Francisco Rodríguez dice:

    A mi parecer, la formula para transformar esta película en una experiencia placentera, es visualizarla como un sueño lleno de imágenes donde el subconsciente tiene más importancia que lo que nosotros entendemos como amor o conciencia

  3. Always14 dice:

    Llevo un rato leyendo críticas sobre la película después de haberla visto, y me pregunto si alguno de los que escriben dichas críticas ha leído la novela de Boris Vian.
    Es precisamente un artificio delirante como el de Gondry lo que la novela exige. Los excesos y lo recargado, lo apabullante y el necesitar releer los párrafos para asegurarse de que lo que has leído esta realmente escrito y no lo has imaginado. Las “aberraciones psicodélicas” ya existían en el original del 47, y la sensación que queda al leer el libro es parecida a la que queda al ver la película. Al margen de la evidente saturación, tras la euforia y casi confusión lisérgica inicial, se destila tristeza y melancolía al igual que en la novela, y tu corazón queda abierto a mundos fascinantes, a una comprensión y un ritmo más allá de toda lógica. Siga usted soñando, señor Gondry.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas