Crítica: Rush

Rush

Rush es la historia de la rivalidad entre los dos brillantes pilotos de Fórmula 1 James Hunt y Nikki Lauda, una lucha a muerte en el circuito que nació y se extendió fuera de él. Lo nuevo de Ron Howard es un biopic deportivo, y si hay género más formulaico y acomodaticio que el biopic, es precisamente el cine de deportes. Sin embargo, Howard no solo se las arregla para dosificar adecuadamente el drama personal y las carreras a lo largo del metraje para no incurrir en el tedio, sino que convierte esta conocida historia real en un brillante ejercicio cinematográfico de entrega y pasión.

A través de una ambientación inmejorable (fotografía y caracterizaciones excelentes), Howard nos traslada a una época en la que los pilotos de carreras se lo jugaban todo en el circuito, en la que cada año un par de ellos sucumbían a las curvas de la carretera. La lucha de Hunt y Lauda por el primer puesto en el podio se ve constantemente acechada por la muerte, lo que convierte este deporte en mucho más que ganar o perder. Se trata de conocer el límite de lo que se está dispuesto a arriesgar. Hunt y Lauda se aproximan al deporte de maneras opuestas. Visceralidad e inconsciencia contra frialdad calculadora. Howard aprovecha esta profunda dualidad para construir un relato emocionante a nivel personal que magnificará con las carreras, impresionantemente rodadas.

Rush cartel españolEl apartado técnico de Rush es sobresaliente. Howard es un realizador solvente. Tanto que siempre resulta excesivamente correcto, poco destacable, aburrido. No busquen personalidad o genialidad autorial en Howard, porque será siempre en vano. Lo que tenemos aquí es un trabajo de dirección que roza la perfección de manual, y teniendo en cuenta la naturaleza de la propuesta, es lo mejor que le podía ocurrir. Afortunadamente, las carreras no dominan todo el relato. Son los dos protagonistas los que soportan el peso de la historia. Los conflictos se desencadenan a partir de sus caracteres y la batalla de egos en la que se enzarzan se materializa en la carretera. Cuando Rush nos adentra en los circuitos (y lo hace metiéndonos de lleno en el ojo del huracán), no importa que la Fórmula 1 no nos interese lo más mínimo, quedamos inevitablemente atrapados. Y la razón es que Rush es mucho más que una encarnizada carrera a vida o muerte. Rush es cine.

Sin embargo, lo más importante de un biopic es sin duda que los protagonistas sean capaces de mimetizarse con las personas a las que dan vida, para que el conjunto resulte verosímil. En ese sentido, las interpretaciones de Chris Hemsworth y Daniel Brühl están a la altura del cuidado envoltorio. La labor interpretativa y transformación física de Brühl para convertirse en Lauda es muy loable. Pero Hemsworth, como Hunt, es un robaescenas nato, físico y magnético, un fenómeno que el actor de Thor personifica con la naturalidad que lo convierte en uno de los mejores intérpretes de su generación (a pesar de que su físico y los papeles que escoge distraen de su talento). La rivalidad entre Hunt y Lauda saca lo peor y lo mejor de ambos pilotos en un relato sobre la naturaleza del respeto y la razón de ser del deportista. Estos dos jóvenes actores se llevan los mayores laureles en una película que consigue muy merecidamente subirse al podio del cine de deportes de los últimos años.

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