Crítica: R.I.P.D. – Departamento de policía mortal

RIPD Departamento de policía mortal

Robert Schwentke (realizador de la primera entrega de RED) y Neil H. Moritz (uno de los productores más prolíficos de Hollywood) capitanean hacia el naufragio R.I.P.D. Departamento de policía mortal, basada en el poco conocido cómic de Peter M. Lenkov Rest in Peace Department (Dark Horse Comics). R.I.P.D. es una comedia de acción que recuerda inevitablemente a Men in Black o Los cazafantasmas, y que aspira en vano a asemejarse al estilo de Douglas Adams (Guía del autopista galáctico) o Terry Pratchet (Mundodisco). Sin embargo, la ausencia de talento, y sobre todo de ganas, convierten a R.I.P.D. en una de las películas más ineptas y olvidables de lo que llevamos de año. Cualquier comparación es un insulto a sus referentes.

Ryan Reynolds y Jeff Bridges son respectivamente Nick Walker y Roy Pulsipher, una de esas parejas imposibles que son (o deberían ser) la esencia de toda buddy filmgénero del que últimamente vamos sobrados (Por la caraAsalto al poder, 2 Guns). Sin embargo, la química entre ambos es tan penosamente nula que se cargan cualquier posibilidad de que R.I.P.D. salga bien parada. Nick y Roy son agentes de un cuerpo especial de policía celestial, dos ex policías que mueren durante un servicio y son reclutados por una comisaría sobrenatural que los reubica en la tierra con nuevas identidades y RIPD cartel españolapariencias, para que patrullen la ciudad en busca de los “diñados” (demonios que se esconden en la Tierra disfrazados de humanos). La premisa de R.I.P.D., por poco original que suene, no carecía de potencial. Daba para realizar al menos un pasatiempo desenfadado con el que divertirnos durante la escasa hora y media que dura. Sin embargo, Schwentke se las arregla para provocar indiferencia y aburrir con una propuesta lastrada por el humor más fallido y la desgana más trágica.

La manida historia de R.I.P.D. transcurre a trompicones, a base de chistes predecibles y progresión formulaica. Reynolds confirma (una vez más) que nunca fue, y nunca será, una estrella de Hollywood. Para contrarrestar la indiferencia y el sopor que despierta el inexpresivo rostro de Reynolds, Jeff Bridges construye su personaje, un sheriff del antiguo Oeste, a base de excentricidad y mohínes. Sin embargo, ninguno de los dos es capaz de encontrar un punto de encuentro, y como resultado obtenemos un dúo estático, patético.

Pero este es solo uno de los muchos problemas de R.I.P.D. En general, la película de Schwentke se ha dado el batacazo artístico y comercial porque el espectador intuye la poca pasión con la que se ha acometido el proyecto. Una idea que se entregaba al surrealismo y la locura genera una de las comedias más mediocres e inertes que hemos visto en mucho tiempo. Lo que hacía falta en R.I.P.D. no era imaginación o buenos efectos digitales, sino algo de gracia. Y eso brilla por su ausencia. Con la excepción quizás de Mary-Louise Parker, cuya marciana presencia es lo único salvable de este desastre.

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