Crítica: La gran familia española

La gran familia española 1

Como todos en este país, Daniel Sánchez Arévalo sabe que España se hunde. Su cuarto largo, La gran familia española, nace como revulsivo, como válvula de escape de la situación actual. Con su nueva película, Sánchez Arévalo incide en los grandes temas que han dado forma a su breve pero (aun) prometedora filmografía: los vínculos paternofiliales, las relaciones fraternales, y el “cuanto más primo más me arrimo“. El realizador madrileño orquesta una tragicomedia coral articulada por la pasión desmesurada por el deporte nacional, pero bombeada por el valor nacional más inquebrantable: la familia.

Y lo hace con un reparto numeroso que fragmenta el relato en mil y una micro-historias que, casi a modo de viñetas, van trazando el retrato de una familia rota y desperdigada, pero familia al fin y al cabo, y que acaban relegando el fútbol a un segundo (o tercer) plano, afortunadamente -mucho mejor sobredosis de familia que sobredosis de chistes de fútbol. A pesar del notable trabajo interpretativo de prácticamente todo el elenco (algo muy loable por sí solo teniendo en cuenta cómo está el patio), La gran familia española resulta algo descentrada, caótica y desmembrada. Muchas tramas parecen demasiado descolgadas de otras, cada uno va a lo suyo, y no todas las historias personales de la familia protagonista están a la misma altura. La anarquía se apodera asimismo del tono, que no consigue centrarse, y mucho menos definirse en ningún momento. A ratos, como ocurría con los anteriores trabajos de Sánchez Arévalo, parece que estamos viendo uno de esos capítulos eternos de serie española (mejorando mucho lo presente).

Sin embargo, ese no es el principal problema de La gran familia española, sino su falta de confianza en el espectador. El realizador y guionista pone demasiado empeño en que no se nos escape ninguno de los obvios mensajes de la película, y salpica sus diálogos de metáforas evidentes y explicaciones innecesarias que convierten lo que debería ser implícito en parte central del discurso. “¿Queremos esperanza? Pues ahí tenemos esperanza, en el partido” o “Hay que buscar un momento de alegría en tiempos duros”. Las intenciones de Sánchez Arévalo ya estaban claras desde antes de ver la película. No era necesario darnos en las narices constantemente con ellas. ¿Por qué nuestro cine, y concretamente el de Sánchez Arévalo, a veces parece un comentario de texto, en lugar del texto?

La gran familia española 2

Menos mal que tenemos momentos de sobra para compensar esta brusquedad en los diálogos. Sánchez Arévalo explora el costumbrismo en sus diversas vertientes, desmarcándose de la fallida comedia improvisada de su anterior obra, Primos, y logrando todo tipo de resultados. No funciona tan bien con el hermano discapacitado (personaje comodín donde los haya) y el hermano deprimido (Antonio de la Torre siendo, como siempre, de lo mejor de la película). Se pierde en el trío romántico formado por Quim Gutiérrez, Verónica Echegui y Miquel Fernández, que protagonizan los pasajes más ficcionales. Pero brilla un poco más en los adolescentes -qué prometedores Arancha MartíPatrick Criado y Sandra Martín-, que, a pesar de practicar esporádicamente un sociolecto sonrojante¿Te I love you? ¿En qué mundo vives, Daniel?-, resultan más frescos y reales de lo habitual. Esta autenticidad se acaba contagiando, y aunque le cueste apoderarse de la película, culmina en la mejor escena de la película, el desternillante montaje de confesiones de la familia. Secuencia que precede a un emotivo final que unifica el conjunto y compensa las irregularidades de la película.

La gran familia española echa la vista atrás, a un pasado reciente, en el que la victoria de España en el mundial fue el acontecimiento que nos hizo (la verdad es que no debería incluirme) olvidar las penas durante un día. A finales de verano de 2013, con el bochornoso fracaso de Madrid 2020 bien reciente, La gran familia española propone una alternativa al deporte como solución a los problemas, o como escoba para barrerlos debajo de la alfombra: el cine. En un país donde la industria cinematográfica va a la zaga de todas las demás, y en el que las instituciones gubernamentales ningunean nuestra cultura, resulta especialmente estimulante que alguien como Sánchez Arévalo no tire la toalla, y nos proponga este bienintencionado y buenrollista analgésico contra la realidad. Quizás esta sea “la marca España“, no rendirse a pesar de haber fracasado, de haber hecho el ridículo tantas veces. Eso se merece al menos unos cuantos vítores.

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Comentarios (7)

 

  1. Parvati dice:

    “Desmarcándose de la fallida comedia improvisada de su anterior obra, Primos”???? de verdad? lo mejor de ‘Primos’, desde mi punto de vista es precisamente que está hecha de los pedacitos que cada actor le pone, es improvisada en muchas partes y se nota y eso la hace grande, única, divertida, nostálgica y cercana… ‘La gran failia…’ está bien, sin más, ‘Primos’ es mucho más redonda como película, no se derrama por ningún lado. Con esta no pasa eso… hace aguas hasta casi el final, hasta como dices, la escena de las confesiones en familia y el final (buena puntilla), cierran el grifo de la bañera y deja de perder líquido… adoro a Daniel S. Arévalo desde su AzulOscuroCasiNegro y su evolución, pero me esperaba mucho mucho más… aún así, la siguiente que estrene, ahí me tiene… la primera.

  2. Marlena dice:

    A mí primos no me pareció fallida. Principalmente porque la he visto unas cinco veces y siempre me da el mismo buen rollo y la misma ternura, por lo que puedo decir que a mí, al menos, no me falla nunca. Estoy deseando ir a ver ésta 🙂

  3. sallylastradesolteradraper dice:

    A mí Primos me parece un horror espantoso. Mal escrita y, sobre todo, mal interpretada. Me sorprendió muchísimo que una obra de Sánchez-Arévalo fuese tan artificial.

  4. Ana dice:

    Podría pelear con navaja contigo por el comentario sobre Primos, pero me gusta mucho el sentido profundo que le has encontrado a La Gran Familia Española.
    Aunque creo que empiezo a desarrollar amor incondicional por Sánchez Arévalo (lo desarrollo con facilidad) y me va a gustar todo aquello que me eche, a pesar de reconocer los fallos de sus películas (coreografía de la boda=pegote).

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      Ahora que mencionas lo de la coreografía de la boda, me gustaría aprovechar para decir que también me pareció una chorrada ultra-pasada. Si lo hubieran hecho hace 2 años, vale… No lo he mencionado en la crítica, pero quería dejar constancia de ello 🙂

      ¡Gracias por vuestros comentarios! Un saludo,

      Pedro

  5. Juan Pazos dice:

    Acabo de llegar de verla y no puedo estar más en desacuerdo: me parece una película soberbia, sobrada de recursos estilísticos y fabulosamente escrita. No veo que los elementos más pomposos o menos sutiles le quiten casi nada de fuerza y hasta la coreografía del desfile nupcial me parece en consonancia con el carácter de los personajes. Y precisamente “mensaje”, en el sentido de comentario social o político, veo más bien poco. En mi opinión los dos elementos ajenos a la ficción (Siete Novias… y la final del Mundial) sirven como pista del tono general de la cinta, que es en conjunto positivo, optimista. No creo que al incluirlos se pretenda crear un subtexto.

  6. Juan Pazos dice:

    Y que conste que esta es mi primera experiencia con Sánchez Arévalo, o sea que si es un paso atrás…. ahí me las den todas.

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