Orange Is the New Black: Recuerda todos sus rostros

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La gallina de los huevos de oro de Netflix es naranja. Naranja es el color del verano de 2013. A partir de ahora, el naranja, que no va con nada, ya no nos recordará únicamente a esa compañía de telefonía móvil, o a ese refresco con gas. A partir de ahora asociamos el naranja chillón con la revelación televisiva (o quizás deberíamos empezar a usar el término “serial” de manera exclusiva) de la temporada estival: Orange Is the New Black. Ni vampiros, ni lobos, ni siquiera el todopoderoso Walter White. Este verano ha sido naranja, y las reclusas de la prisión de Litchfield, Nueva York, nuestros nuevos iconos catódicos. Nuestra nueva pasión.

El titán del vídeo on-demand por Internet, Netflix, se ha propuesto este año revolucionar el panorama televisivo con sus primeras series de producción propia. Temporadas completas que se han ofrecido íntegras de una sola vez, para que el espectador las vea a su ritmo, evitando esperas. Netflix ha puesto en boca de todos el binge-watching (nosotros nos referimos a ello como “hacer maratones de series”), aunque ya llevamos muchos años practicándolo. De hecho, lo que ha hecho la “cadena” no ha sido cambiar la televisión, sino adaptarse a un mercado que los usuarios ya habían cambiado hace mucho tiempo. Netflix ha sido la más lista, la más vanguardista, la más arriesgada, y ha sabido aprovecharse de las transformaciones en el consumo de series para labrarse una nueva y poderosa imagen de marca.

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Sin embargo, las primeras series originales de Netflix no han sido todo lo revolucionarias y catalizadoras que se esperaba. No conocemos cifras de audiencia o consumo, porque Reed Hastings no las hace públicas. Por eso, para valorar el éxito de una serie de Netflix nos vemos obligados a basarnos en su repercusión en la red e impacto en el colectivo seriéfilo. Haciendo esto podemos concluir que House of Cards, Arrested Development, o Hemlock Grove han disfrutado de un hype inicial que se ha desvanecido rápidamente (quizás más en el caso de las dos últimas). Estas series han funcionado, pero no han trascendido más allá de sus primeras semanas de existencia en la plataforma de VOD. Sin embargo, el caso de Orange Is the New Black es distinto. La serie de Jenji Kohan, creadora de Weeds, ha generado desde julio un fandom apasionado y ruidoso (como las presas de Litchfield) que no parece mostrar síntomas de menguar. No necesitamos cifras de audiencia, porque tenemos las redes sociales, los blogs y el boca-oreja para afirmar que Orange -para muchos “Los años perdidos de Nancy Botwin”- es un éxito, incluso un fenómeno. Justo lo que Netflix quería. Y justo lo que la televisión actual debería ser.

Pero, ¿qué hace que Orange funcione tan bien y despierte tantas pasiones? Todo se resume en una palabra: PERSONAJES. La clave de toda serie de éxito es esa, y Kohan lo sabe. La plantilla de Orange es muy numerosa, y aunque a veces su mayor virtud sea su yugo -tantos personajes hacen que a la serie le cueste centrarse-, no podemos evitar adorarlos a (casi) todos, y desear egoístamente que ninguna de estas presas ponga un pie en la calle. Sería poco realista que en una prisión con 200 reclusas solo conociéramos a 6 o 7 (lo que viene siendo un reparto habitual de serie de televisión), por eso Kohan enhebra la historia con una treintena de personajes. Y quizás por esa razón era necesario pasarse de los 30 minutos de Weeds a los 60.

Netflix

Desde Oz (HBO, 1997-2003) no teníamos una serie de televisión que retratase el día a día de una prisión. Orange sigue a Piper Chapman (Katy Perry rubia Taylor Schilling), una WASP prometida con un escritor en ciernes (Jason Biggs) que ha sido condenada a 15 meses de cárcel por hacer de mula para su ex novia, Alex (Laura Prepon). Esta sería la trama que articula la serie, pero Kohan no confía únicamente en Piper el peso de la serie. Orange salta constantemente del campamento de reclusas a las oficinas de los corruptos funcionarios, y al exterior, ya sea para mostrar el impacto del encarcelamiento de Piper en su prometido (la parte más aburrida de la serie) o para darnos a conocer mejor a las presas mediante flashbacks (al estilo Lost, dedicando cada episodio a una de ellas). Así descubrimos en cada episodio nuevos personajes, añadimos dimensiones a cada uno de ellos, cambiamos nuestras impresiones sobre todas estas mujeres a a medida que nos adentramos en sus historias personales, y aprendemos a no dejarnos llevar por las primeras impresiones.

Y todas (o casi todas) ellas son sensacionales. La matriarcal y compleja Red. La dulce Daya, enamorada del dulce John Bennett. La terremoto de Litchfield, Taystee. Crazy Eyes, desde el principio una de las reclusas más divertidas (y con el paso de los episodios, una de las más entrañables y sorprendentes). La pequeña gran amiga Poussey, leal y optimista (una de mis favoritas). Sophia, honrada, íntegra, admirable (por fin una representación digna de la transexualidad en televisión). La profundamente dañada Nicky (probablemente mi favoritísima). Y sobre todo Pennsatucky (excepcional Taryn Manning, todos los premios para ella), archinémesis de Piper y artífice de los momentos más hilarantes de la temporada y los one-liners más memorables (y mira que la serie va bien servida de ellos por parte de todos los personajes). Sin dejarnos a Alex Vause, que, con su presencia über-sexual y su incontestable carisma, nos tiene a todos igual de colados que a Piper (menudo dramón vivimos desde que sabemos que Laura Prepon se marcha de la serie, aquí estamos debatiendo el hecho que puede cambiarlo todo). Claro que estas son solo unas cuantas de las muchas mujeres (casi iconos ya) a las que hemos conocido a lo largo de estos 13 divertidos, emotivos, duros y reveladores capítulos. Podríamos estar hasta mañana hablando de todas ellas.

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Orange es un triunfo porque conecta con el espectador a muchos niveles y aborda de manera muy lúcida una gran variedad de temas. A pesar de que salta a la vista que la serie romantiza e incluso idealiza la experiencia de las reclusas (recordemos que Orange está basada en las memorias de Piper Kerman, My Year in a Women’s Prison), hay hueco de sobra para la oscuridad, la desesperación y la denuncia. Entre risas y buen rollo, Orange nos habla de las atroces injusticias dentro del sistema penitenciario norteamericano, del abuso de poder, y la represión sexual. Y lo hace a través de unas mujeres que nunca son definidas en términos absolutos, que no solo buscan redención y una segunda oportunidad, sino algo, alguien a que aferrarse mientras lo hacen. Unas mujeres que, como bien dice Piper durante una de sus epifanías, pueden aprovechar su tiempo encerradas para ponerse frente a frente con quienes son realmente y conocerse como la suma de experiencias, contradicciones, pasiones, pulsiones y errores que son. Que somos.

A través de la confraternización, la protección, las alianzas y el sexo furtivo, se crea una comunidad cuyos vínculos son necesarios para sobrevivir ahí dentro, explorando a la vez los diferentes grados de culpabilidad y arrepentimiento (“Todas estamos aquí porque nos equivocamos de camino yendo a la iglesia”). En última instancia, la serie nos plantea un mundo exterior tan infinitamente jodido que para muchas es preferible permanecer entre rejas, donde pueden alcanzar a entender la realidad que las rodea. En este sentido, el único efecto secundario negativo que conlleva hacer maratón de Orange Is the New Black es el irrefrenable impulso a delinquir. Después de vivir la estimulante historia de estas apasionantes mujeres que encuentran refugio las unas en las otras, ¡yo también quiero ir a la cárcel!

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Comentarios (4)

 

  1. Choovanski dice:

    Hombre, Fuertecito, si Alex está en esa cárcel, ¡yo también quiero ir!

  2. sallylastradesolteradraper dice:

    Junto a “Girls”, la mejor serie nueva de los últimos años.

  3. Norman Maine dice:

    Acabo de terminar el capítulo 12, no leo el post hasta mañana por sí hay algún spoiler, pero tengo que decir que si cierra bien la temporada será una de mis súper favoritas de este año

  4. Norman Maine dice:

    Pues ahora ya sí que me he atrevido, gracias por avisarme de que no había spoilers!!

    Me encanta Pensatucky, es el personaje “malo” mas tierno de entre las series que veo ahora mismo, y Crazy eyes me tiene robado el corazón. Fíjate que a mi mas que el novio quien me sobra del todo en la serie es el hermano de Piper, pero bueno, tampoco es grave ni molesta su presencia en la serie

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