Crítica: Dolor y dinero (Pain & Gain)

Pain & Gain

Crítica realizada por David Lastra

Michael Bay sorprende con Dolor y dinero (Pain & Gain) al construir una cinta en la que el humor prima sobre la acción. Si bien el maestro artificiero nunca se ha olvidado de la comedia en ninguna de sus películas, este aspecto no tenía tanto protagonismo (de manera intencionada) desde la primera entrega de la icónica Dos policías rebeldes (la secuela no existe). Pero en este caso no estamos hablando de gags basados en la vis cómica de sus protagonistas, como ocurría con el tándem Smith-Lawrence, sino en las descalabradas y esperpénticas andanzas de nuestros ultramusculados protagonistas.

Esta es la historia REAL de Daniel Lugo, un vigoréxico tragaproteínas con una doble fijación en su vida: el culto al cuerpo y el dinero. Dos credos que se resumen en dos slogans. Dos frases cortas que hasta el más descerebrado del planeta (posiblemente, el propio Lugo) puede memorizar: “I believe in fitness” y “I am a doer”. Todo ello abocado a la más sagrada enmienda del pueblo estadounidense: el sueño americano. Desde su trabajo como entrenador personal en un gimnasio de Florida, Lugo es consciente  de la mierda en que se ha convertido la sociedad actual. Los méritos ya no importan tanto como en el pasado. Ahora solo importa la suerte, el chanchulleo económico y el pisar cabezas. Una injusticia ante la que él, todo un superhombre (no nietzscheano, sino marveliano) no puede permanecer impasible y decide actuar como un Robin Hood del siglo XXI, robando a los nuevos ricos y quedándoselo todo él mismo… pero para hacer de América un lugar mejor, no para su propio beneficio. Tras un pequeño traspiés con la ley, Lugo no se amedrenta y decide seguir con su empeño de atajar hasta la consecución del sueño americano.

Dolor y dinero Michael Bay

Alentado por las enseñanzas de un orador motivacional de tres al cuarto (interpretado por nuestro querido y omnipresente Ken Jeong), decide secuestrar a uno de los nuevos clientes del gimnasio, dejarle sin blanca y quedarse con todas sus posesiones. La víctima elegida es Victor Kershaw, un magnate de los sándwiches, medio colombiano/medio judío que salió de la mierda y a base de estudios (y pocos escrúpulos) ha logrado llegar a lo más alto. ¿No es sino el señor Kershaw el paradigma de lo maravillosa que es la tierra de las oportunidades en donde todo el mundo puede triunfar? Pues para Lugo no. Según él, Kershaw no merece nada de eso. Pero nuestro Lugo no es racista, sino que su acción está provocada por su catetismo (de acuerdo, son dos términos que siempre van unidos, pero diferenciemos en este caso). Por el suyo propio y el de los otros dos chiflados que conforman su banda. Realmente este es el problema de todos: no hay nada más peligroso que un tonto con iniciativa. Desde ese momento comienza el peor secuestro de la historia. En esta ocasión el rótulo de “no intente hacer esto en su casa” no es tan necesario como el “esto es una historia real” y el “esto sigue siendo una historia real” para que no pensemos que estamos viendo una película de ciencia ficción.

Porque sí, Dolor y dinero está basada en una historia real, más concreto en los artículos de Pete Collins sobre el caso de Daniel Lugo. Este filón argumental no está desaprovechado en ningún momento del metraje, sino sobreaprovechado (si es que existe ese término). Tras un arranque espectacular en el que Bay nos demuestra por qué es un maestro del cine de verano (con una fotografía y estética videoclipera que recuerda mucho a la fallida Domino de Tony Scott), la película se desinfla al intentar ser demasiado fiel a las mil y una locuras  de nuestros tres mongolos. Media hora menos de película y una simplificación de sus cagadas y perrerías (o la omisión algún personaje), aún siendo una puñalada a la realidad, hubiesen hecho que Dolor y dinero fuese una película memorable.

PAIN AND GAIN

La nueva musa de Bay, Mark Wahlberg se encuentra perfecto en la piel de ese cacho carne de basura blanca que es Daniel Lugo y su química con Anthony Mackie (futuro Falcon en el universo Avengers) y el entrañable (y también omnipresente) Dwayne Johnson es excelente y se convierte en el mayor valor de la película. No debemos obviar al reparto femenino de la cinta, que lejos de ser mujeres florero “à la Bay” cuentan con alguno de los mejores gags del film:  una Rebel Wilson (con una situación laboral envidiable como The Rock y Jeong) en estado de gracia como cura-penes y una espectacular (por físico y por el intelecto de su personaje) Bar Paly como stripper/agente de campo/chica para todo.

Si bien este Dolor y dinero no contará con una secuela (la historia es autoconclusiva a más no poder y las cifras de taquilla conseguida no conseguirán el milagro), ni supondrá un hito generacional como las torrentadas de Lowrey y Burnett, sí se merece un espacio pequeño (y completamente  limitado y eventual) en nuestro corazoncito fílmico gracias a la citada química de sus protagonistas y a ese tufillo noventero del film, culminado por uno de los mayores himnos de 1995 (el mismo año de producción de Dos policías rebeldes) y tema principal de Mentes peligrosas, la gigantesca “Gangsta’s Paradise”. “Power and the Money, money and the power”.

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