Crítica: La espuma de los días (Michel Gondry)

La espuma de los días

Con The We and the I (2012) el francés Michel Gondry parecía por fin darse cuenta de que su carrera no iba a ninguna parte y había que ponerle remedio. Aquella película, ambientada en un autobús neoyorquino donde coincidían los estudiantes de un colegio público, no obtuvo reconocimiento alguno (tampoco se lo merecía demasiado), pero al menos situó a Gondry en una nueva senda artística, más cruda, ligeramente más madura y descargada de florituras visuales. Un año después le cae del cielo la novela de Boris Vian La espuma de los días, inadaptable para los demás mortales (e inmortales), pero anillo hecho a medida para Gondry. Con su nueva película, el director de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) recula, recuperando sus señas de identidad estéticas y narrativas, y abandonando cualquier intención de evolucionar.

La espuma de los días pósterComo la de Joel y Clementine, o Stéphane y Stéphanie (La ciencia del sueño, 2006), la historia de amor de Colin (Romain Duris) y Chloé (Audrey Tatou) es decididamente marciana, ingenua, y está contada de entrañas para fuera. Gondry no cree que el diálogo sea la manera más efectiva de manifestar los sentimientos de sus personajes. Como de costumbre, confía en que las manualidades de primaria -papel maché, algodón, tejidos de colores, marionetas- y las aberraciones psicodélicas del espacio y el cuerpo hagan el trabajo. En La espuma de los días Gondry se entrega una vez más al poder y la “poética del asombro“, y satura su relato de excentricidad y estulticia, de infancia e idealismo, construyendo un mundo fantástico basado en la realidad de nuestros subconscientes, en la realidad de los sueños de Colin y Chloé (y hay pocas cosas tan reales como un sueño).

Gondry regresa a terreno onírico, que es donde se siente más cómodo, para contarnos un romance de la misma manera que el padre o la madre le cuentan un cuento a su hijo antes de dormir. Y como en todos los cuentos, de este también acaba apoderándose la crueldad y la oscuridad. Sin embargo, Gondry no es capaz de ir más allá de la superficie, distanciándose peligrosamente de un espectador que a estas alturas exige algo más de su exuberante y surrealista teatro de títeres. El realizador se ha quedado más tiempo del que debía en un universo infantil que ha acabado por tragarse su capacidad para reflexionar de verdad sobre el amor y la vida. La espuma de los días es un ejercicio estético cuya razón de ser se acaba perdiendo entre las tonterías de un autor que ha abandonado su voluntad revolucionaria para hacer lo mismo de siempre. Gondry parecía interesado en ser enfant terrible, pero a estas alturas ya sabemos que no es más que un enfant.

Personajes Whedon: Cordelia Chase (I)

cordelia cabeza alta

No puedes comprar a Cordelia

Darn, I have cheerleader practice tonight. Boy, I wish I knew you were gonna be digging up dead people sooner. I would’ve cancelled. (Cordelia Chase, “Some Assembly Required”)

Solemos pensar que no hay demasiadas cosas dejadas al azar en el whedonverso, por tanto, es inevitable conjeturar que el nombre de pila de Cordelia Chase no fue una elección aleatoria. Hacerla tocaya del personaje de El rey Lear de William Shakespeare parece una decisión premeditada si atendemos al modus operandi de Joss Whedon y observamos algunas características en común entre ambas.

Los autores Gregory J. Thompson y Sally Emmons-Featherston, en su artículo “What Shall Cordelia Say?” sitúan a la Cordelia de Buffy cazavampiros como una de las claves para entender la serie como una morality play en la línea (salvando las distancias formales) de la obra de Shakespeare. Cordelia se revela a través de su nombre como alegoría, y haciendo esto, nos descubre al resto de personajes y sus andanzas como representaciones simbólicas de varios aspectos de la vida, y concretamente de lo que supone madurar y tener que encontrar un propósito y un lugar en el mundo. Sin embargo, Cordelia no es un vehículo de representación existencial en la línea de otros personajes ya analizados en este blog, como Anya, Dawn y Lorne. Ella es un personaje con una identidad (humana) claramente establecida desde su primera aparición (aunque acabe siendo despojada de ella, y forzada a buscar un camino alternativo para recuperarla).

Más allá de este paralelismo con la de Shakespeare, a simple vista, y a priori, nuestra Cordelia no comparte más características con la hija menor del rey Lear, una mujer de corazón, valiente y compasiva. Si bien esos calificativos no pueden aplicarse a la ligera a un personaje como Cordelia Chase en la primera temporada de Buffy, comenzamos a atisbar alguno de ellos a medida que la trama de la segunda temporada va tomando forma, y Cordelia se va acercando al grupo de la cazavampiros. Pero no es hasta su marcha a Los Ángeles (es decir, al spin-off de BuffyAngel), cuando empezamos a reconocer en ella claramente esos cambios culminantes en la Cordelia que despedimos en “You’re Welcome”, su episodio final en Angel.

Cordelia The Wish

El largo recorrido vital de Cordelia consta de tantas etapas, todas ellas igual de interesantes, que me veo obligado a dividir este artículo en dos, y tratar en primer lugar a la Cordelia de Sunnydale, dejando para más adelante a la de Los Ángeles.

Cordelia no solo se presenta como la reina del instituto desde el primer momento en el que aparece en “Welcome to the Hellmouth”, sino que inmediatamente deja claro su estatus como reina de los one-liners y robaescenas por excelencia. La Cordelia Chase de Sunnydale es más norteamericana que una taquilla de instituto. Exceptuando el curioso hecho de que en este caso, la chica más popular del instituto sea morena y la renegada social sea rubia, Cordelia responde a todos los estereotipos adolescentes norteamericanos vistos en cine y televisión en las últimas dos décadas. La Queen C es superficial, está completamente obsesionada con su imagen y con su lugar en la pirámide social del instituto y solo tiene dos cosas en la cabeza, su pelo y su preocupación por él. Además de esto, el personaje no deja de ser (originalmente) un alivio cómico más, un personaje secundario cuya función es aparecer en dos o tres escenas en cada episodio y dejar caer alguna bomba en forma de los mencionados one-liners, para más tarde desaparecer de la trama.

Al menos esto fue así hasta “Out of Mind, Out of Sight”, episodio de la primera temporada en el que Cordelia adquiría protagonismo, y que resultó ser uno de los mejores del primer año de la serie. En él, Cordy pasaba a primer plano para dejar entrever que había mucho más bajo la superficie, y que el personaje merecía más presencia en la serie. El episodio contaba la historia de una estudiante del instituto de Sunnydale que se hacía invisible tras ser completamente ignorada por sus compañeros durante un largo periodo de tiempo. Su evidente no-relación con Cordelia y los eventos que esto conllevaba sirvieron en este episodio de crítica a la sociedad actual, y a su tendencia cada vez más radical al culto del yo. Y de eso sabía mucho Cordelia.

“People who think their problems are so huge craze me. Like this time I sort of ran over this girl on her bike. It was the most traumatizing event of my life, and she’s trying to make it about her leg! Like my pain meant nothing! (Cordelia Chase, “Out of Mind, Out of Sight”)

Como todos los personajes femeninos de Whedon, Cordelia, a pesar de las reticencias iniciales, es otro exponente del girl power dentro de su obra. Sin embargo, Cordelia se diferencia de casi todas las demás en sus armas de defensa. La fuerza del personaje reside en su orgullo y en la alta concepción que tiene de sí misma, y de esta manera, su mayor defensa es la gruesa capa de autoestima que la protege. Esto sitúa a Cordelia como la reina incontestable del instituto, campo de batalla en el que no tiene rival. Al menos hasta que llega Buffy Summers. La irrupción de la cazavampiros en el apacible reino de Cordelia pone en peligro su estatus. Pero no por las razones obvias (el peligro a ser sustituida por otra adolescente más popular) sino porque Buffy, y más tarde Xander, le harán descubrir un mundo en el que quizás no sea tan bueno ser la reina. Se podría decir entonces que Buffy le roba el trono, aunque no para ocuparlo.

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Uno de los aspectos centrales en la construcción y evolución del personaje de Cordelia es su relación con Xander. A pesar de llevar años compartiendo clases -y ejerciendo de sofisticado y viperino bully contra él y su amiga Willow-, es la novata la que le empuja finalmente a relacionarse de verdad con el geek Harris. A medida que avanza el curso, Cordelia va teniendo cada vez más encontronazos con la cazavampiros y los que ya son su séquito de incondicionales. La especial fijación que tiene por Xander salta a la vista desde el principio. A pesar de que ambos se resisten, el desconcertante interés de Cordelia por Xander (y el de Xander por Cordelia, que tiene que ver más con las hormonas) los lleva a iniciar un divertido romance a partir de la segunda temporada. De esta manera nace una de las parejas más descacharrantes del buffyverso. Al final, los dos alivios cómicos de la serie acaban convirtiéndose en los protagonistas de algunos de los momentos más hilarantes de las primeras temporadas de Buffy.

“You’re a sheep. All you ever do is what everyone else does just so you can say you did it first. And here I am, scrambling for your approval, when I’m way cooler than you are ‘cause I’m not a sheep. I do what I wanna do, and I wear what I wanna wear. And you know what? I’ll date whoever the hell I wanna date. No matter how lame he is” (Cordelia a Harmony, “Bewitched, Bothered and Bewildered”)

La relación de Cordelia y Xander representa el triunfo del everyman adolescente que suele servir como desenlace de muchas comedias teen de los 80. Cordelia es el sueño hecho húmedo del nerd, una suerte de trofeo para el empollón que nos viene a enseñar que es posible invertir las convenciones sociales. Además, por extensión, su relación con Xander la convierte en última instancia en un miembro más del equipo, parte activa de la scooby gang, sumándose así al discurso universal y particularmente whedonianola unión hace la fuerza“. Y no solo eso. Reconocer a Cordelia como scooby, como parte integral del grupo de Buffy Summers, proporciona una satisfacción al espectador que alude directamente a su capacidad compasiva y empática. Ver al malo unirse a los buenos tras un recorrido de auto conocimiento y una serie de cambios suele tocar la fibra sensible del espectador, que estará dispuesto más adelante a admitir en el grupo a un demonio milenario o un vampiro con siglos de atrocidades cometidas a sus espaldas. De acuerdo, Cordelia no es un demonio (aún no), no es una villana, pero es una antagonista, y cuando por fin se reconoce como “una de los nuestros” es aceptada por el espectador con los brazos abiertos.

“Everyone knows that witches killed those kids. And If you hang with them, expect badness, ‘cause that’s what you get when you hang with freaks and losers. Believe me, I know. That was a pointed comment about me hanging with you guys”. (Cordelia Chase, “Gingerbread”)

Xander y Willow enseñan una valiosa lección a Cordelia: es mucho más satisfactorio ser parte (distinta) de un grupo que ser un individuo exitoso y popular que al final no sea más que un clon dentro de un mismo grupo social. Cordelia se acerca a Xander sin darse cuenta de que eso constituye el primer paso del proceso de búsqueda personal de su propia identidad al margen del grupo al que pertenece. Ella se mantiene reacia todo el tiempo, pero casi inconscientemente va desarrollando una identidad adherida al grupo de los scoobies, y alejada de Harmony (una de sus secuaces y candidata al trono de Sunnydale High) y las demás.

buffy girls

Claro que Cordelia nunca dejó de ser Cordelia. En la localidad infestada de vampiros, demonios y humanos con poderes ocultos, Cordelia se las apaña para seguir siendo una especie de autoridad local. Sus poderes son terrenales, son los que uno necesita para luchar en el mundo real, en los pasillos del instituto. Es por eso que Cordelia es una figura respetada en sus círculos, es vista como un personaje especial, con poderes especiales (dinero, belleza y el poder que ello conlleva, los valores más importantes en la sociedad de masas). Cordelia se adhiere a las normas sociales según cánones actuales. Y lo sigue haciendo, aunque desafíe esas normas enamorándose del mayor paria del instituto, manteniéndose de alguna manera fiel a sí misma, a pesar de los cambios que experimenta.

“Listen up, needle brain, Buffy and I have taken out four of your cronies, not to mention your girlfriend. I haven’t even broken a sweat. See, in the end Buffy’s just the runner up. I’m the queen. (Cordelia Chase, “Homecoming”)

A pesar de tener a Xander en común, la relación entre Cordelia y Buffy nunca llegó a prosperar del todo. A lo largo de tres temporadas, ambas mantuvieron las distancias, y no se convirtieron en mejores amigas (quizás porque habría sido un poco inverosímil). El cénit de la tormentosa relación entre Buffy y Cordelia tiene lugar en el episodio “Homecoming”, en el que ambas luchan de la mano por su vida, y cada una por su cuenta por la corona de la reina del baile. Es en este episodio cuando vemos a la Cordelia más guerrera (en el sentido más comiquero de la palabra), a la que más tarde veremos emerger en Angel. Sin embargo, a pesar de la importancia del triunfo físico contra la amenaza demoníaca, el episodio supone más bien una reafirmación de la Cordelia original, la de siempre, la verdadera reina de Sunnydale, capaz de vencer cualquier contratiempo con sus armas infalibles: la convicción, la belleza y la auto suficiencia.

No obstante, la paradoja se nos viene encima cuando analizamos el origen de esos puntos fuertes en el personaje. Cordelia es una mujer fuerte, pero su fuerza está en directa relación con las figuras masculinas a su alrededor. Su imagen (la marca Cordelia) cuesta dinero, y papá está dispuesto a pagar lo que sea para mantenerla. Al final, y a pesar de su reafirmación en “Homecoming”, nos queda la duda de si Cordelia es capaz realmente de valerse por sí misma. Por suerte, esta duda también le asalta a ella.

CordeliaCheerleader

Pero, ¿qué pasa cuando Xander le es infiel con la otra mayor paria del instituto, su mejor amiga, Willow? Cordelia toca fondo (y en ese fondo, además, es empalada). Sin dudar un momento, achaca todos sus problemas a Buffy Summers, la persona cuya irrupción en su vida trastornó su visión del mundo. La antigua Cordelia Chase regresa (aunque ya hemos visto que nunca se fue del todo), pero el mundo ya no es el mismo y hace tiempo que el trono dejó de estar disponible para ella. Las normas sociales tal y como ella las conocía ya no son aplicables a su vida, y empieza a ver el mundo de otra manera. La propia Cordelia descubre que es ella la que ha cambiado. Irónicamente, acaba convirtiéndose en paria, lo que le obliga a replantearse su vida.

Por si no fuera suficiente con la infidelidad de Xander, Cordelia pierde uno de los poderes que aún le quedaban: el dinero. Su padre es detenido por evasión de impuestos, lo que lleva a la familia a la ruina, y a Cordelia de cabeza a trabajar en una tienda de ropa. Cordelia lo ha perdido todo, su orgullo, su identidad y estatus social. A pesar de que Xander le devuelve momentáneamente sus poderes al regalarle el vestido para el baile que ella no se puede permitir, ya no queda nada que le una a Sunnydale, ni siquiera él. Tras la graduación -en la que lucha contra las fuerzas del mal junto a sus compañeros una última vez- , Cordelia se marcha a Los Ángeles.

Podemos verlo como la historia de un fracaso o el ocaso de una reina. O también podemos pensar que tanto Sunnydale como la pista de baile del Bronze se le han quedado pequeños a Cordelia, y es necesario un cambio de aires, apuntar más alto. Al fin y al cabo, Cordelia siempre será Cordelia. No importa que sea empalada, que se convierta en medio demonio, que unas visiones premonitorias la destrocen o que dos seres la elijan como vientre de alquiler de sus vástagos demoníacos, Cordelia seguirá siendo fuerte, uno de los personajes más fuertes del buffyverso. Y no será gracias a un par de zapatos de 400 dólares o una tarjeta de crédito, sino a las personas, vampiros o demonios que se cruzarán en su vida para recordárselo.

“I would kill to live in L.A. That close to that many shoes…” (Cordelia Chase. “Welcome to the Hellmouth”)

Especial Pilotos 2013-14 – Parte IV

Lucky 7

Lucky 7

Emisión: Los martes en ABC

Opinión sobre el piloto: ¿Una serie sobre gente pobre en ABC? Parece mentira, ¿verdad? Y lo es a medias, porque los protagonistas de Lucky 7 dejan de ser pobres hacia la mitad de su piloto, cuando resultan ganadores de la lotería y se convierten en millonarios de la noche a la mañana. Lucky 7 está producida por Steven Spielberg, aunque ya sabemos que esto quiere decir más bien poco. Si acaso nos regocijamos en el hecho de que la serie transcurra en la localidad neoyorquina de Astoria y esté protagonizada por un grupo de personas que buscan desesperadamente una solución para salir de sus precarias vidas. ¿Os recuerda a algo? Efectivamente, Los Goonies. Claro que las comparaciones son más bien accidentales y se detienen ahí. No busquéis nada más de la película de Richard Donner o incluso del sello Spielberg.

Lucky 7 está basada en una serie de BBC titulada The Syndicate y es un drama con desubicadas dosis de humor y reflexión sobre la naturaleza humana en tiempos de crisis al que parece costarle mucho encontrar el tono adecuado. Ya sabemos que muchas series comienzan de esta manera, y la historia presenta potencial (aunque seguimos con el mismo problema de siempre, lo hace solo a corto plazo). Sin embargo, en Lucky 7 se respira cierto aire de desgana que no invita a engancharnos. No es que sea mala, es que es insulsa. O quizás estemos tan acostumbrados a pilotos que tiran la casa por la ventana en intentos desesperados de atrapar a la audiencia que cuando nos llega un drama humano sencillo y cercano nos resulta poca cosa. A lo mejor dándole una oportunidad Lucky 7 nos sorprende.

Puntuación: 5,5/10

Razones para quedarse: Que es un drama bastante único entre tantas series de acción, procedimentales, policíacos y culebrones. Tiene su mérito teniendo en cuenta la paupérrima oferta de nuevas series por ahora. Ah, y el adorable Matt Long (Private Practice, Mad Men).

Razones para abandonar: Que va a ser difícil descubrir si su potencial acaba realizándose, porque la audiencia del piloto fue más bien catastrófica. Y aunque se salvase de la cancelación, ¿hasta cuánto puede dar de sí una historia como esta?

 

Back in the Game

Back in the Game

Emisión: Los miércoles en ABC

Opinión sobre el piloto: Por si no tuviéramos ya suficientes comedias sobre familias alternativas, modernas y/o disfuncionales en ABC, la cadena suma una más a su oferta. Back in the Game no es solo una propuesta trágicamente falta de originalidad, sino que está hecha con la entrega y pasión con la que uno se ata los cordones de los zapatos. Son tan solo 20 minutos por episodio, pero el piloto es tan aburrido que parece que estamos viendo una serie de 40. Back in the Game es la historia de Terry, una madre soltera (Maggie Lawson) que vive con su hijo y su padre (James Caan), al que guarda rencor por la infancia que le hizo pasar (como ella, tuvo que criar a su hija él solo). En el piloto Terry se convierte en entrenadora del equipo de béisbol de su hijo, formado por un puñado de misfits y pringados que intentará domar con la ayuda de su padre.

Es increíble que año tras año este tipo de series se hagan hueco en la parrilla otoñal. No hay nada remotamente interesante en esta serie. Si acaso los niños del equipo de béisbol podrían dar juego, pero nada más. A Lawson le falta carisma para protagonizar una serie (Malin Akerman le hace un home run desde Trophy Wife) y James Caan está en el proyecto para cobrar. Y se nota. Lo que esperamos de Back in the Game es lo mismo que ya hemos visto en el resto de comedias de ABC: una familia superando conflictos que olvidarán de una semana para otra y estrechando lazos a pesar de las adversidades. Una serie con ese entrañable y familiar aroma a campo de béisbol lleno de padres realizándose a través de sus hijos, e hijos aprendiendo a distanciarse de sus padres. Todo muy americano. Qué pereza.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Que después de todo la serie resulte ser moderna de verdad. No se puede negar que el piloto de Back in the Game plantea una pequeña gran revolución al introducir un niño gay y un beso entre otros dos niños en su piloto.

Razones para abandonar: Todo lo demás.

Especial Pilotos 2013-14 – Parte III

The Crazy Ones

The Crazy Ones

Emisión: Los jueves en CBS

Opinión sobre el pilotoThe Crazy Ones es la nueva serie de David E. Kelley. Así que sabemos lo que esperar de ella: excentricidad (de la modalidad “payaso de cumpleaños”), gente cantandotramas profesionales entrelazadas con conflictos personales y corazón, mucho corazón (Ally McBeal style). El piloto de The Crazy Ones es todo esto. Y además es el regreso a la tele de Robin Williams y de Sarah Michelle Gellar (él se marchó hace muchos años, ella no, pero su última serie la vimos cuatro gatos). El caso es que como carta de presentación, estos primeros veinte minutos podrían haber sido mucho peor. Haciendo balance después de ver el episodio, lo que más sobra es precisamente la atracción principal: Robin WilliamsPorque no tenemos 12 años ni vivimos en 1985, y porque su humor caducó poco después de que abandonara la tele.

A pesar de su irrefrenable tendencia a provocar vergüenza ajena (por favor, que nadie cante más), The Crazy Ones funciona, y tiene cuerda para funcionar durante mucho tiempo (la audiencia ha convertido el piloto en el mejor estreno de lo que llevamos de año, así que seguramente lo hará). El reparto que rodea a Robin y SMG, que interpretan a los dueños de una agencia de publicidad (Mad Men, te están vigilando de cerca) es reducido. Tenemos a James Wolk (¡Bob Benson!), sus hoyuelos, su sonrisa y su mentón, suficiente reclamo para permanecer en sintonía. También están Hamish Linklater, y Amanda Setton haciendo el mismo personaje que en The Mindy Project (serie que abandonó para venirse a esta). De momento están desdibujados, pero conectan bien y parece que podrían dar mucho juego. La que está bien dibujada es Sarah Michelle Gellar. Grata sorpresa teniendo en cuenta que sus aptitudes para la comedia no han sido precisamente extraordinarias nunca. Dejando a un lado las sonrisas ultra-forzadas e incómodas ante los numeritos de Robin Williams (nosotros también sonreiríamos así), Sarah está encantadora y a ratos genuinamente graciosa. Gracias a que ella está ahí para ejercer de “red” de Robin Williams, nos será más llevadero aguantar su humor.

Puntuación: 6/10

Razones para quedarse: ¿He dicho James Wolk? ¿Su pelo, sus ojos, su encanto? Además de él, y nuestra SMG, tengo la sensación de que la serie nos tiene guardados momentos emotivos padre-hija que me apetece ver.

Razones para abandonar: Que no sean capaces de contener el humor de Williams y todos los episodios sean un insoportable festival de muecas, chistes para niños y voces. No es tan difícil, ya desde el principio notamos que Simon Roberts es un hombre abatido en el terreno personal. Solo tiene que llegar un momento en el que deje de usar el humor como escudo y nos liberen del sufrimiento que esto conlleva.

 

Trophy Wife ABC

Trophy Wife

Emisión: Los martes en ABC

Opinión sobre el piloto: Confirmado por enésima vez. ABC no está interesada en hacer otro tipo de comedia que no sea Modern Family. Con The Goldbergs lo dejó bien claro, y con Trophy Wife la sutilidad de su estrategia comercial brilla por su ausencia. Esta nueva sitcom de una sola cámara sigue las aventuras de Kate Harrison (Malin Akerman), una treintañera cabra loca que de la noche a la mañana se convierte en madrastra de tres hijos. Una “mujer florero” muy al estilo Gloria Pritchet que tiene que lidiar no solo con los niños, sino con sus madres, las dos anteriores esposas de su marido. Podéis imaginaros la que se monta cuando todos coinciden en el mismo lugar.

El piloto de Trophy Wife es, a pesar de lo poco original de la fórmula, un auténtico soplo de aire fresco en la nueva oferta de series USA. No hay apenas nada que reprocharle. Buenos personajes, buenas interpretaciones, risas aseguradas y un buen rollo muy contagioso. Malin Akerman está estupenda como protagonista, dando rienda suelta a su fantástica vis cómica (que ya descubrimos en la mítica The Comeback) y su adorkabilidad. Pero el resto del reparto, adultos y niños por igual, rebosa talento. Una agradable sorpresa que promete intentar ser más “moderna” que Modern Family.

Puntuación: 7/10

Razones para quedarse: La innegable simpatía de Malin Akerman, la magna presencia de Marcia Gay Harden, y una enorme robaescenas en potencia ya desde el piloto, Michaela Watkins. Y en definitiva, lo bien que funcionan todos los personajes juntos y por separado. Ah, sin olvidarnos del niño chino. Lily Pritchet-Tucker versión masculina.

Razones para abandonar: Que quizás dure poco…

 

The Michael J. Fox Showjpg

The Michael J. Fox Show

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: La expectación alrededor del regreso de Michael J. Fox a la tele era muy alta. El actor, que lleva viviendo 22 años con Parkinson, vuelve para contarnos su historia de superación a través de Michael Henry, un ex presentador de noticias que regresa a la NBC después de retirarse por culpa de la enfermedad. A pesar de lo loable del esfuerzo de Fox, el resultado está muy por debajo de las expectativas. La culpa no es suya, claro. El piloto de The Michael J. Fox Show es básicamente un testimonio de superación por parte de Michael y su familia, un blanquísimo y sosísimo autohomenaje que, a pesar de invitar a reírse de la enfermedad, carece completamente de sentido de la comedia.

The Michael J. Fox Show no tiene fuerza, se queda en la superficie todo el tiempo, y su reparto no posee la química requerida para que nos creamos los “lazos de familia” que los unen en la ficción. Todo transcurre de manera impostada, artificial, y sin gracia. Da igual que los actores se esfuercen más o menos, al guion le falta chispa y no hay nada que hacer. Los chistes no son tal cosa, los personajes son planos, y tanto el argumento como el irregular tono recuerdan a la malograda serie de Matthew Perry, Go On, otra sitcom de NBC que intentaba ser graciosa pero sencillamente no tenía lo que hay que tener. Quizás un poco más de mala leche le habría venido bien al piloto. Menos tiento y corrección política, menos peloteo y más riesgo aproximándose a la enfermedad de Fox, para que de verdad nos creamos que no pasa nada por reírse. El comeback de Michael J. Fox es motivo de celebración, su serie no.

Puntuación: 4.5/10

Razones para quedarse: Confiar en que la serie logre encontrar su tono. Muchas otras comedias de NBC empiezan a medio fuelle y acaban hallando su personalidad.

Razones para abandonar: Todo lo anteriormente expuesto. Además, la interpretación de Fox está tristemente impedida por la enfermedad, que se encuentra muy avanzada, por lo que puede distraer bastante. Por desgracia, el actor no vocaliza y cuesta seguir los diálogos en los que él interviene (aunque tengamos subtítulos). Claro que esto no es lo peor. Con un buen guion quizás podría pasarse por alto. Pero parece que nadie estaba interesado en escribir una comedia.

 

 

 

Crítica: Rush

Rush

Rush es la historia de la rivalidad entre los dos brillantes pilotos de Fórmula 1 James Hunt y Nikki Lauda, una lucha a muerte en el circuito que nació y se extendió fuera de él. Lo nuevo de Ron Howard es un biopic deportivo, y si hay género más formulaico y acomodaticio que el biopic, es precisamente el cine de deportes. Sin embargo, Howard no solo se las arregla para dosificar adecuadamente el drama personal y las carreras a lo largo del metraje para no incurrir en el tedio, sino que convierte esta conocida historia real en un brillante ejercicio cinematográfico de entrega y pasión.

A través de una ambientación inmejorable (fotografía y caracterizaciones excelentes), Howard nos traslada a una época en la que los pilotos de carreras se lo jugaban todo en el circuito, en la que cada año un par de ellos sucumbían a las curvas de la carretera. La lucha de Hunt y Lauda por el primer puesto en el podio se ve constantemente acechada por la muerte, lo que convierte este deporte en mucho más que ganar o perder. Se trata de conocer el límite de lo que se está dispuesto a arriesgar. Hunt y Lauda se aproximan al deporte de maneras opuestas. Visceralidad e inconsciencia contra frialdad calculadora. Howard aprovecha esta profunda dualidad para construir un relato emocionante a nivel personal que magnificará con las carreras, impresionantemente rodadas.

Rush cartel españolEl apartado técnico de Rush es sobresaliente. Howard es un realizador solvente. Tanto que siempre resulta excesivamente correcto, poco destacable, aburrido. No busquen personalidad o genialidad autorial en Howard, porque será siempre en vano. Lo que tenemos aquí es un trabajo de dirección que roza la perfección de manual, y teniendo en cuenta la naturaleza de la propuesta, es lo mejor que le podía ocurrir. Afortunadamente, las carreras no dominan todo el relato. Son los dos protagonistas los que soportan el peso de la historia. Los conflictos se desencadenan a partir de sus caracteres y la batalla de egos en la que se enzarzan se materializa en la carretera. Cuando Rush nos adentra en los circuitos (y lo hace metiéndonos de lleno en el ojo del huracán), no importa que la Fórmula 1 no nos interese lo más mínimo, quedamos inevitablemente atrapados. Y la razón es que Rush es mucho más que una encarnizada carrera a vida o muerte. Rush es cine.

Sin embargo, lo más importante de un biopic es sin duda que los protagonistas sean capaces de mimetizarse con las personas a las que dan vida, para que el conjunto resulte verosímil. En ese sentido, las interpretaciones de Chris Hemsworth y Daniel Brühl están a la altura del cuidado envoltorio. La labor interpretativa y transformación física de Brühl para convertirse en Lauda es muy loable. Pero Hemsworth, como Hunt, es un robaescenas nato, físico y magnético, un fenómeno que el actor de Thor personifica con la naturalidad que lo convierte en uno de los mejores intérpretes de su generación (a pesar de que su físico y los papeles que escoge distraen de su talento). La rivalidad entre Hunt y Lauda saca lo peor y lo mejor de ambos pilotos en un relato sobre la naturaleza del respeto y la razón de ser del deportista. Estos dos jóvenes actores se llevan los mayores laureles en una película que consigue muy merecidamente subirse al podio del cine de deportes de los últimos años.

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. – 100% Whedon

CLARK GREGG

Joss Whedon está más que familiarizado con el término “potencial“, y de hecho suele construir sus obras y a sus personajes alrededor del mismo. Para hacer una buena serie de televisión cuya proyección más allá del piloto no solo sea longeva y rentable, sino que capte de verdad el interés a largo plazo del espectador, es necesario manejar con habilidad ese potencial. En los últimos años, el drama televisivo en abierto ha depositado una importancia capital en el piloto de una serie. Por esto, es muy habitual que se despliegue todo el arsenal en la primera hora, dejando al espectador con la sensación de no necesitar más. Con Marvel’s Agents of S.H.I.EL.D., Whedon hace todo lo contrario, demostrando más de quince años después del estreno de su primera serie, Buffy, cazavampiros, que su magia sigue intacta.

S.H.I.E.L.D. (a partir de ahora usaré solo el acrónimo, y quizás me deshaga de los puntos) es una fuente rebosante de potencial. Un potencial que Joss, su hermano Jed y su cuñada Maurissa Tancharoen, se guardan muy bien de no realizar del todo, porque saben perfectamente que esto sería contraproducente. Por eso, esta familia bien avenida dosifica con tiento y astucia la información, jugando muy bien la carta del factor sorpresa, continuando la fusión de acción y comedia que tan bien funcionó en Los Vengadores, y ofreciéndonos lo justo para que salgamos satisfechos, pero sobre todo ansiosos por saber más.

Joss Whedon suele confiar en el poder del stand-alone (episodios autoconclusivos) para levantar los cimientos de una historia que acabará demandando mayor énfasis en una gran trama general. El piloto de SHIELD (fuera puntos) sirve como (re)introducción al universo que conocemos por las películas de Marvel a la vez que funciona como episodio-modelo de una serie que transcurre en un área desconocida de ese universo (el Nivel 7). Un “caso de la semana” que precederá a muchos otros, y que siembra la semilla de un arco mayor (que quizás empieza con la pregunta “¿cuál es el secreto tras el regreso de Coulson?”) Los que conocemos cómo funcionan sus relatos sabemos lo que Whedon y su equipo nos están preparando.

IAIN DE CAESTECKER, ELIZABETH HENSTRIDGE

El piloto de SHIELD supone una carta de presentación impresionante en cuanto a despliegue (salta a la vista el presupuesto) pero prudente y discreta narrativamente hablando. Como esperábamos de él, Whedon comienza a erigir su discurso apoyándose en los personajes, y no en la pirotecnia marveliana. Es una cuestión de logística. No se puede volar Nueva York por los aires todas las semanas, y no se puede contar con Robert Downey Jr. más allá de las imágenes de archivo. Pero también es el modus operandi whedoniano. No hay problema, tenemos al agente Coulson, a un puñado de nuevos personajes que -aunque sea demasiado pronto y estén en fase de génesis- no nos avergüenza reconocer que ya queremos un poco (o mucho), y a Lola (OMG LOLA!). Los agentes de SHIELD están construidos específicamente para llevar todo el peso de la serie, para que solo con ellos nos baste para estar satisfechos. Así, las nuevas creaciones de Whedon revelan esa permanente búsqueda de aquello que hace humanos a sus personajes, algo que crea vínculos instantáneos con el espectador, como siempre.

El equipo reunido alrededor de la resucitada figura de Phil Coulson (Clark Gregg) -un Mal Reynolds en busca de tripulación para realizar misiones al margen de burocracias-, responde inequívocamente a los cánones whedonianos. Tres en concreto son los personajes que más nos recuerdan que estamos ante una obra del autor: Skye, quizás la mayor representante junto al pícaro Coulson del sentido del humor whedoniano (ese inconfundible cóctel de ingenuidad, cultura pop, autorreflexión y bobaliconería), y el dúo dinámico Fitz-Simmons, que personifican dos arquetipos del Whedonverso, y además por partida doble: son británicos y lab geeks. Tanto ellos como los miembros más veteranos y serios del equipo, Melinda May y Grant Ward, están caracterizados de manera que su individualidad brille por separado y estalle en grupo, como los scoobies, y los tripulantes de la Serenity -¿está Whedon aprovechando para hacer Firefly otra vez?-, los activos de la dollhouse y los propios Vengadores. El clásico espíritu de equipo Whedon. Qué ganas de ver el icónico plano de grupo avanzando hacia la cámara.

CLARK GREGG, BRETT DALTON, CHLOE BENNET

Como decíamos, todo se reduce al potencial. Y de eso va precisamente la primera misión de SHIELD. A través de Mike Peterson, el personaje interpretado por el whedonista J. August Richards (Gunn en Angel), y del equipo liderado por el agente Coulson, los Whedon-Tancharoen nos hablan de los que no son los elegidos, de aquellos que se enfrentan al Nuevo Mundo sin poderes sobrehumanos, de los que viven cerca de los focos pero nunca los pisan, los que lo ven todo sin que nadie los vea a ellos (“No podemos explicar todo lo que vemos, pero tenemos los ojos abiertos”). Los agentes de S.H.I.E.L.D. son humanos que se desenvuelven en una parcela de la realidad (“la línea que separa el mundo del mundo más extraño”) que les exigirá constantemente hallar el alcance y el límite de sus habilidades. En un mundo de súper héroes voladores, gigantes verdes, dioses, alienígenas y monstruos, estos hombres y mujeres deben buscar aquello que los convierte no en seres especiales, sino extraordinarios. Y nosotros estamos deseando presenciar esa búsqueda, a pesar de que ya intuimos desde el piloto qué es lo que los hace únicos.

 

Conexiones con el Whedonverso:

– ¿Quién más pensó en el “cargo bay” de la Serenity cuando Coulson y Ward entran al avión de SHIELD?

– J. August Richards no es el único actor whedonista que aparece en el piloto. También tenemos a Ron Glass, el pastor Book de Firefly, que hace de doctor de SHIELD. Como forma parte de la plantilla de la organización, es muy posible que lo veamos más.

– “You can’t stop the Rising Tide” (Skye), “Can’t stop the signal”. No puede ser coincidencia.

– Volvemos a ver al übervamp y a oír el Grr Argh! del logo de Mutant Enemy. Lo echábamos de menos, ¿eh?

Concurso: Consigue la quinta temporada de ‘Hijos de la anarquía’

Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

Hijos de la anarquía temporada 5 DVD

Desde el 18 de septiembre está a la venta en España la quinta temporada de la serie aclamada por el público y la crítica Hijos de la anarquía (Sons of Anarchy), una de las series favoritas de fuertecito no ve la tele durante la temporada seriéfila pasada.

Para agradeceros vuestra fidelidad, 20th Century Fox Home Entertainment y fuertecito no ve la tele os dan la oportunidad de haceros gratis con un pack en DVD de la quinta temporada.

Conseguirlo es muy fácil, solo tenéis que responder en la sección de comentarios de esta entrada a la siguiente pregunta:

SI FUERAS EL FUNDADOR DE UN CLUB DE MOTEROS COMO LOS HIJOS DE LA ANARQUÍA, ¿QUÉ NOMBRE LE PONDRÍAS?

Hijos de la anarquía S5

También podéis participar desde la página de Facebook de fuertecito no ve la tele. Lo único que tenéis que hacer es responder con un comentario en esta foto a la pregunta “Si fueras el fundador de un club de moteros como los Hijos de la Anarquía, ¿qué nombre le pondrías?” y después compartir la foto añadiendo el siguiente mensaje: “Estoy participando en el concurso de 20th Century Fox Home Entertainment y fuertecito no ve la tele para conseguir la quinta temporada de Hijos de la anarquía en DVD”.

De entre todos los participantes en el blog y en Facebook se elegirá a un ganador que recibirá en su casa la quinta temporada de Hijos de la anarquía en DVD. Se valorará la originalidad de la respuesta para determinar el ganador. Se descalificará a todos aquellos que copien su respuesta de otros participantes.

Tenéis hasta el próximo miércoles 2 de octubre de 2013 a las 23:59 (hora peninsular española) para participar. El ganador será anunciado a lo largo del jueves 3 de octubre de 2013. Importante: concurso exclusivo para residentes en territorio español.

Hijos de la anarquía

El estreno de la quinta temporada de Hijos de la Anarquía en DVD viene cargado de adrenalina, incluyendo episodios inéditos con el montaje de su creador, Kurt Sutter, comentarios del episodio de “Soberano” con Paris Barclay, Katey Sagal, Maggie Siff y Dayton Callie, el concierto con fans en el set de rodaje, una bobina de tomas falsas y mucho más. También tenemos disponible desde el 18 de septiembre un pack exclusivo que incluye desde la primera a la quinta temporada. En los nuevos capítulos, Jax, como nuevo presidente de SAMCRO, se encuentra rodeado de traidores y despiadados enemigos. Con Gemma luchando por hacerse con el control de la familia y el sanguinario Clay en busca de venganza, Jax ve como los pecados del pasado continúan persiguiéndole. Se crean nuevas alianzas, los amigos son asesinados y las lealtades se ponen a prueba. Ahora, con la verdad a la vista, Jax debe hacer lo que haga falta para asegurar el legado de la hermandad y proteger a su familia, cueste lo que cueste.

Jaxx Teller

Estas son algunas de las cosas que hemos dicho sobre la quinta temporada de Hijos de la anarquía en fuertecito no ve la tele:

“La quinta temporada vuelve a enganchar con una gran trama de mil y una ramificaciones que fluye sin dar tregua al espectador y escarba en todos sus recovecos narrativos pasados para no dejar ningún cabo suelto”.

“Sus personajes siguen siendo de los más interesantes del panorama catódico actual”.

‘”¿Quién es Jax Teller?” es  la cuestión que mejor resume esta temporada. En cierto modo podríamos decir que Charlie Hunnam es Jax Teller. El viaje del personaje es el viaje del actor.  Lo de Hunnam en la quinta temporada ha sido verdaderamente meritorio”.

Especial Pilotos 2013-14 – Parte II

mom cbs

Mom

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: Mom es la nueva apuesta enlatada de CBS para su lunes de comedia. Emparejada muy convenientemente con 2 Broke Girls y Cómo conocí a vuestra madre, la nueva sitcom de Chuck Lorre (Dos hombres y medio, The Big Bang Theory) cuenta la historia de Christy, una joven madre soltera ex alcohólica que debe compaginar su trabajo como camarera con el cuidado de sus dos hijos y su desastrosa vida amorosa (está liada con su jefe casado). El regreso de su madre, Bonnie (que cometió los mismos errores que ella en el pasado), complica aun más las cosas para ella. Christy es Anna Faris y Bonnie es Allison Janney. Y resumiendo, ellas dos son lo mejor (y quizás lo único bueno) de Mom. No es poco, ya que son las que llevan el peso de la serie, pero de momento no es suficiente para salvar esta suerte de Dos mujeres y media.

La sensación que uno tiene al ver Mom es la misma que la que muchos tenemos al volver a casa. En primer lugar, familiaridad y confort, la seguridad de regresar a lo conocido, el cariño de alguien que va a estar siempre ahí. Pero no tarda en aparecer el agotamiento, la repetición, el déjà vu, la sensación de peligro por quedarte demasiado tiempo en el pasado. En Mom todos los elementos en juego conforman ese pasado que insiste en reaparecer y quedarse en la tele. La misma fórmula, los mismos personajes, la misma historia, los mismos chistes. El resultado no es ni de lejos desagradable, pero al final debemos plantearnos si nos interesa seguir estancados en el pasado.

Puntuación: 5/10

Razones para quedarse: Allison Janney y Anna Faris, las dos están francamente divertidas, y las dos pedían a gritos una sitcom. Sobre todo Faris, combinación perfecta de histrionismo y sensibilidad. La química entre ellas y con el resto del reparto puede dar buenos momentos.

Razones para abandonar: Que ya tenemos muchas comedias iguales, de hecho en la misma cadena. ¿Para qué ver Mom si tenemos 2 Broke Girls, que es casi lo mismo pero más gracioso?

 

Hostages CBS

Hostages

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: Del todopoderoso Jerry Bruckheimer, emperador del blockbuster y si te descuidas responsable de casi toda la oferta dramática de CBS, nos llega un “nuevo” thriller protagonizado por Toni Collette y Dylan McDermott. Hostages es la historia de Ellen Sanders (Collette) una de las mejores cirujanas del mundo (¿no lo son siempre?), ¿felizmente? casada y con dos hijos adolescentes. La noche antes de operar al presidente de los Estados Unidos, Ellen y su familia se convierten en rehenes en su propia casa de un agente del FBI, Duncan Carlisle (McDermott). Carlisle coacciona a la doctora para que cometa un error en la mesa de operaciones y acabe así con la vida del presidente. Hostages está basada en una serie israelí (qué le gusta a la tele USA una serie israelí).

Lo que tenemos en el piloto de Hostages es básicamente la primera mitad de una película. No se me ocurre de qué manera se puede alargar esto más allá de dos episodios. ¿Por qué se empeñan las televisiones en abierto en hacer dramas incapaces de ir más allá de su premisa? El formato idóneo para Hostages es la TV Movie, o como mucho una miniserie. No da para más. Claro que no resulta fallida únicamente por su escasa proyección de futuro, sino porque no hay nada en ella que no resulte manido y cliché. Este thriller de invasión doméstica (qué le gusta a los americanos una invasión doméstica) es la prueba de que las networks están bastante desesperadas y despistadas, y que siguen sin entender a sus espectadores y sus necesidades.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Ninguna es lo suficientemente sólida. Collette y McDermott están correctos y la factura del piloto es buena. Quizás le guste a tu madre (no es un insulto a tu madre, sino una valoración de la serie, de hecho yo se la voy a recomendar a la mía).

Razones para abandonar: La audiencia del piloto ha sido bastante desastrosa para los estándares de CBS, así que después de todo, quizás Hostages se convierta en una miniserie (ya se ha anunciado que la primera temporada constará de 15 episodios, al estilo “cable”), y no cueste tanto quedarse a ver cómo termina.

 

The Blacklist

The Blacklist

Emisión: Los lunes en NBC

Opinión sobre el piloto: The Blacklist es todo lo contrario a Hostages. Es decir, una serie que ya desde el piloto te está planteando una historia a largo plazo, sin fecha de caducidad cercana y estirable hasta el infinito. La primera hora de The Blacklist funciona como introducción a la historia y carta de presentación de los personajes a la vez que ejerce de episodio-modelo. Es decir, si nos quedamos, podemos esperar más de lo mismo en las próximas semanas. The Blacklist es la enésima prueba de la trágica falta de riesgo y originalidad de las series de los últimos años. Os recordará a The Following y Hannibal. Un brillante y grandilocuente criminal (James Spader haciendo de James Spader) se entrega al FBI para ayudarles a tachar a los malhechores de su exclusiva “lista negra”, a cambio de un serie de condiciones. Al final del piloto, después de resolver el primer caso de la serie, Raymond Reddington (Spader) nos advierte “si creíais que esto era todo, estáis equivocados, la lista es enorme y da para mil temporadas”.

El caso es que The Blacklist, a pesar de transcurrir de acuerdo a todos los puntos del manual de las series procedimentales, funciona como efectivo entretenimiento liviano. Es lo que es, ellos lo saben y nosotros también. Los juegos psicológicos entre esta hastiada fusión de Hannibal Lecter y Joe Carroll (a Reddington también lo meten en la clásica jaula de metacrilato, no falta nada) y la joven agente del FBI de turno son tan profundos como un charco. De la misma manera, la investigación policial (que con toda seguridad ocupará el 80% de todos los episodios) es un greatest hits de tópicos y giros argumentales del policíaco televisivo. A pesar de todo, el piloto de The Blacklist está contado con buen ritmo y cumple una clara misión: escapismo sin exigencias, al más puro estilo network. Si os habéis cansado de The Following (es decir, si sois seres humanos medianamente normales), quizás encontréis una sustituta provisional en The Blacklist.

Puntuación: 5/10

Razones para quedarse: Lo dicho. Entretiene, que no es poco. Y además, tiene algo más de sentido del humor que el policíaco medio (no como los de CBS, que parece que si no hay risas enlatadas no ve la necesidad de incorporar ni un ápice de comedia en sus series).

Razones para abandonar: Que tengáis alergia a lo formulaico (yo la tengo). Que estéis hartos del FBI en las series (yo lo estoy). Que os canse ya la dinámica criminal psicológicamente complejo + agente interesado en “la mente del asesino” (a mí me agota).

 

The Goldbergs

The Goldbergs

Emisión: Los martes en ABC

Opinión sobre el piloto: ABC solo sabe hacer dos tipos de series: el culebrón prêt-à-porter y la neo-sitcom familiar. The Goldbergs no transcurre en la actualidad, pero pertenece claramente a la segunda tendencia. A través del hijo pequeño de la familia Goldberg y su videocámara se nos invita a adentrarnos en el disfuncional-en-su-justo-punto hogar de una familia media norteamericana durante la dichosa década de los 80. Al principio se nos contextualiza muy bien la época: no hay Internet, ni móviles, ni Twitter. Las familias estaban obligadas a hablar, a interactuar en el mundo real, y eso es lo que se nos muestra en The Goldbergs. Y además se hace buscando el tono que la acerque a las propias sitcoms de la década (la serie comienza con un montaje ochentero que incluye varias de ellas, como Alf o Arnold).

The Goldbergs es quizás menos remilgada que Modern Family, los padres dicen palabras malsonantes delante de sus hijos (que permanecen impasibles ante ellas, como debe ser), incluso llegan a las manos con ellos constantemente. No pasa nada, son los 80, la policía de lo moral y lo políticamente correcto aun no existía y The Goldbergs se las arregla muy bien para transmitir esta sensación. Esto hace que, de nuevo, una serie sobre los 80 resulte más fresca y vanguardista que cualquier otra ambientada en nuestros días (en este sentido recuerda un poco a la rupturista That 70s Show). Claro que solo hasta cierto punto. Al final, The Godlbergs es tu típica comedia de ABC. Después del absurdo, los insultos y el picante se opta por dejar que el corazón se apodere del relato. Esperad melosos montajes musicales celebrando la unión de la familia Goldberg al final de cada episodio.

Puntuación: 6/10

Razones para quedarse: Esta familia es divertida, perfecta fusión de caricatura y realidad. Seguro que nos tienen preparados bastantes buenos momentos, aunque el piloto no consiga arrancar carcajadas. Aunque si yo me quedo será sobre todo por Wendi McLendon-Covey, que por fin ha conseguido un papel protagonista en el que poder dar rienda suelta a su gran talento cómico. Por otro lado, Troy Gentile (el hijo mediano) podría ser una revelación.

Razones para abandonar: Que ya sabemos cómo van a ser todos los episodios.

No-crítica: Ayer no termina nunca

Ayer no termina nunca

Cuando se estrenó la última película de Isabel Coixet, Ayer no termina nunca, no fui capaz de escribir una crítica. Fue una combinación de desdén, ira y pereza ante un trabajo que me hizo perder el poco respeto que me quedaba por la directora de Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras. Ayer no termina nunca se lanza hoy al mercado doméstico español, y aunque sigo en mis trece de no escribir un texto sobre semejante insulto cinematográfico, no quería quedarme sin dejar constancia de lo que opino de la película. Por eso he decidido coger las notas que tomé durante la película y compartirlas aquí, sin editarlas, en bruto, a modo de no-crítica o review-telegrama. Creo que con eso será más que suficiente para que os hagáis una idea de mi punto de vista. Sinceramente, no creo  que la Coixet, o Javier Cámara, o Candela Peña, o la película se merezcan mucho más.

Notas sobre Ayer no termina nunca, tomadas el día 24 de abril de 2013:

Vergonzosa a tantísimos niveles que no sabría por dónde empezar.
Literatura barata. Relato escrito por un adolescente.
Imposibilidad a la hora de transmitir naturalidad en los diálogos.
Lecciones morales de baratillo.
Artísticamente ingenua y pretenciosa. Insertos con citas y momentos de introspección impostada = El ridículo más cursi.
¡Mejor haber hecho una entrada de blog a lo Lucía Etxebarría y no haber escrito esto!
Sobredosis de demagogia (Coixet la lleva a un nuevo nivel). Simplona. Sentencias muy fáciles de hacer, muy grandilocuentes, muy superficiales.
Se queja del sistema en todas sus vertientes, y de la crisis en particular, pero el resultado: propuesta vacua, rabieta de niño pequeño. “Banco malo”.
Denuncia superflua y poco efectiva. Isabel oye llover…
Ibserto injerto [lo siento, no recuerdo qué quería decir con esto. Se aceptan teorías]
El sufrimiento es como una adicción, tía. No caben más tópicos y reflexiones evidentes en una película.
Me saca de quicio el queísmo y el dequeísmo. Quiero de que matar a alguien.
Diálogos acartonados e interpretaciones penosas.
A veces no entiendo por qué hacer una obra de teatro filmada en lugar de una obra de teatro y punto.
¿¿A qué huelen las injusticias?? O sea.

Felicidades, Jim Henson

Jim-Henson-Gustavo

Hoy es el 77º aniversario del nacimiento de Jim Henson.

El legado de Henson se extiende por todos los recovecos de la memoria colectiva. Sus personajes son reconocidos, amados y celebrados como iconos de la cultura, las artes y el entretenimiento a lo largo y ancho del mundo. La longeva y fundacional Barrio Sésamo, el programa de variedades The Muppet Show, las obras de culto Cristal oscuro y Dentro del Laberinto, las series Fraggle Rock y El Cuentacuentos. La popularidad de estas obras oscila entre la de Jesucristo y Donnie Darko. Henson es uno de esos grandes nombres cuya vigencia es permanente, una marca registrada con alma.

La Jim Henson Company y la Jim Henson Creature Shop continúan haciéndose hueco (el que les corresponde legítimamente tras años de grandes avances en el campo de los efectos especiales) en esta nueva era del cine y la televisión, en la que los efectos digitales han sustituido casi por completo al arte de las marionetas y la animatrónica. Hace unos años recuperamos el espíritu Henson en la maravillosa Donde viven los monstruos (Spike Jonze, 2008), basada en el popular libro de Maurice Sendak (confesa inspiración de Jim), y cuyos enormes Wild Things fueron obra de la compañía del titiritero originario de Greenville (sí, Henson vivía en Villa Verde), Misisipi. Y más recientemente vivimos el nostálgico comeback de los Muppets (para nosotros siempre los Teleñecos) con su primera película para el cine en 13 años (podéis leer la crítica fuertecita aquí). Su éxito ha generado una secuela en la que participan Ricky Gervais, Tina Fey y Ty Burrell entre muchos otros, y que veremos a comienzos de 2014. Por otro lado, aún está por ver si el largometraje de Fraggle Rock será capaz de salir a flote en un mar de proyectos imposibles (un mar que ya se tragó la secuela de Cristal oscuro). Si de nosotros dependiera ya habría terminado de rodarse, pero claro, no todos creen en el poder del fieltro como nosotros.

Jim Henson se marchó el 16 de mayo de 1990 dejando huérfanos a cientos de personajes y desolados a millones de seguidores. Hoy celebramos 77 años de ingenio, dedicación y altruismo. Os dejo a continuación con el homenaje que los Muppets realizaron a Jim tras su trágica desaparición. No hay mejor manera de rendir tributo a la generosidad de esa persona que se escondía debajo de las tablas mientras ellos disfrutaban de la gloria, la fama y el amor de los que mirábamos la pantalla con la más grande de las sonrisas. Saquemos todos nuestros calcetines viejos y escondámonos detrás del sofá. Ahora nos toca a nosotros hacerle sonreír a él.

Felicidades, Jim. Y gracias una vez más. Por todo.

 

Dexter: De luces y sombras (sobre todo sombras)

Remember the Monsters 2

Se acabó la agonía. Dexter ha tocado a su fin después de ocho largos años en antena. Hay cierta unanimidad en identificar una caída en picado de calidad desde el final de la cuarta temporada. Es decir, Dexter se ha quedado cuatro años de más con nosotros, tiempo en el que la que un día fue buque insignia de Showtime ha ido desvelando su verdadero rostro. Dexter tuvo la suerte de nacer al comienzo de la Tercera Edad de Oro de la TV, y jugó muy bien sus primeras manos. Era algo que no habíamos visto nunca, cambiaba las normas del juego. El héroe era un psicópata. Siguiendo la tendencia al protagonismo de personajes amorales y criminales que comenzó Los Soprano, Dexter Morgan se convirtió en precedente y referente. Pero lo cierto es que echando la vista atrás a estos 8 años, es fácil darnos cuenta de que Dexter en realidad nunca fue para tanto.

Las últimas temporadas de la serie no han hecho más que poner de manifiesto los errores en los que Dexter llevaba incurriendo casi desde su segunda temporada. El problema es que era fácil hacer la vista gorda, porque el personaje era interesante, y la trama enganchaba manejando la tensión como pocas. Lo que hemos presenciado en estos últimos años es una dramática y descorazonadora pérdida de pasión y esfuerzo por parte de todos los responsables de la serie. Desde la infame sexta temporada (uno de los mayores despropósitos de la historia de la televisión), Dexter se ha movido por inercia, manifestando todos los efectos secundarios del tan contraproducente estiramiento y brillando únicamente a la hora de cerrar las temporadas (la serie nos ha proporcionado grandes cliffhangers, eso hay que concedérselo). Al contrario que Breaking Bad (con la que guarda más de una semejanza), Dexter no ha sabido cuándo era el mejor momento para dejar de contar su historia. Y así le ha ido.

Remember the Monsters 1

Otras series longevas que se han despedido en los últimos años, Mujeres desesperadas o The Office, han sido capaces de compensar sus decepcionantes temporadas tardías con últimos episodios que han cerrado sus historias con dignidad. No ha ocurrido lo mismo con Dexter. La octava temporada ha sido todo lo contrario a lo que los fans de la serie esperaban, todo lo contrario a lo que la temporada final de una serie tan larga (y antaño adorada) debería ser. En lugar de centrarse en los protagonistas y completar sus recorridos en la serie, se ha optado por construir una temporada más, con nuevos personajes y el asesino de turno con el que Dexter ha establecido el enésimo vínculo emocional de la serie. Pero en serio, ¿cuántas veces se ha topado Dexter con alguien que lo “entiende de verdad”, “que ve al monstruo y no se asusta”, con quien por fin puede ser quien es en realidad?

Este factor groundhog day es sin duda la prueba de que Dexter (la serie y el personaje) no ha evolucionado nunca y que el discurso detrás del personaje ha sido siempre tremendamente endeble. El reciclaje de diálogos y repetición de esquemas narrativos y situaciones es la mayor constante de la serie. Lo que diferencia a una gran serie de una mediocre es saber evolucionar, no quedarse estancada en los mecanismos y los trucos de siempre. En la televisión es muy difícil cambiar, y casi ninguna serie lo hace realmente (¿no ha sido esa la esencia misma de la tele casi toda la vida?) Las que lo consiguen son las que logran un puesto destacado en la historia de la televisión. Dexter no ha cambiado en ocho años, lo que ha generado agotamiento y ha revelado una verdad que logró mantenerse oculta durante cuatro años: siempre ha sido un procedimental de network con palabras malsonantes y desnudos ocasionales que no ha hecho nada para merecerse ese puesto en la historia de la tele.

Remember the Monsters 4

El episodio final de Dexter, “Remember the Monsters?” no ha hecho más que aumentar la decepción y el hastío de sus seguidores, para los cuales la serie se había convertido en una tarea más que un pasatiempo. Después de ocho años mareándonos con sus clónicos monólogos interiores que revelaban un tumulto interior cada vez más confuso y quebradizo, estábamos a punto de conocer el destino final de Dexter Morgan. Por desgracia, este ha llegado tan tarde que cualquier opción iba a conllevar decepción en mayor o menor medida. Sin embargo, el principal problema del final no ha sido que de todos los posibles desenlaces se escogiera uno en concreto (uno además corbarde), sino la poca pasión y la increíble desgana con la que se ha acometido.

En lugar de corregir los errores del pasado, la octava temporada de Dexter los ha magnificado y se ha recreado en ellos. Esos diálogos sobre-explicativos y artificiosos que evidencian a unos guionistas que nunca fueron prodigios precisamente, pero que en los últimos años estaban además cansadísimos. Esas situaciones inverosímiles que cada vez se esforzaban menos en disimular (siempre nos ha hecho falta un gran ejercicio de suspensión de la incredulidad para ver esta serie, pero los niveles de ridículo de los gazapos e incongruencias de la octava temporada han sido antológicos, y ni el más dispuesto ha conseguido pasarlos por alto). Esos personajes secundarios (los agentes del departamento de policía más incompetente de la historia de la tele) que han sido siempre el mayor lastre de la serie, y que la octava temporada, en lugar de ser involucrados en la trama principal, han seguido a su rollo con sus insulsas subtramas que nunca han aportado nada: el ascenso de Quinn y su relación con la niñera, la hija de Masuka (al que por cierto no vemos en el final, ¿será suyo el spin-off que se prepara? Terror). Por no hablar de lo poco que han aportado los nuevos: Elway (Sean Patrick Flanery), la doctora Vogel (Charlotte Rampling) o Zach Hamilton, personajes que podían haber funcionado pero que han sido manejados con la mayor de las ineptitudes y en última instancia barridos debajo de la alfombra.

Remember the Monsters 3

Ni siquiera la relación entre Dexter y Debra, que ha sido siempre el alma y corazón de la serie, ha sido explotada como un final se merecía. Debra es el único personaje que ha evolucionado, el único que ha ido a más mientras todo lo demás iba a menos, llegando en un momento a ser lo mejor, o lo único bueno de la serie. Sin embargo, la octava temporada la ha convertido en una presencia fantasmal, una sombra del personaje que fue. Su desenlace, por muy coherente que sea con la historia de Dexter (Debra es su última víctima), resulta indignante, y lo peor de todo, carente de emoción. Claro que gran parte de la culpa también la tiene Michael C. Hall, cuya interpretación ha ido empeorando al compás de la serie. Hall ha pasado de revelación a caricatura en el transcurso de la serie. Sobreactuado, ceremonioso y teatral cuando menos tenía que serlo, y al final, una ridícula parodia del personaje que fue.

“Remember the Monsters?” es el final más anticlimático y desapasionado que se podía esperar. En el anterior episodio, Dexter había visto la luz. Después de ocho años de diatribas morales, y tras entrar en contacto con su humanidad en infinidad de ocasiones, había llegado el momento de colgar el cuchillo de carnicero. Porque sí, porque aunque haya tenido motivos de sobra para hacerlo desde hace mucho tiempo (Rita, los hijos de esta, Harrison, Debra), el amor por la aburrida Hannah McKay es su catalizador final. Pero la verdadera razón es que se acaba la serie, y ya no hay necesidad de seguir mareando la perdiz. Así de gandules son los guionistas de esta serie.

Dexter finale

Claro que todos sabíamos que Dexter Morgan no se merecía un final feliz, y de haberlo obtenido, quizás la ira habría sido mayor por nuestra parte. Por eso, después de arrojar a Debra al mar donde están todas sus víctimas (vale, pillamos la metáfora, pero la pobre Debra no merecía descansar para siempre rodeada de los fantasmas de su hermano), Dexter se adentra en el ojo del huracán Laura. La muerte de Dexter, por muchas implicaciones y complicaciones morales que nos suponga, era el final más lógico, e incluso el más aceptable, para el personaje. Pero como sospechábamos, los guionistas de Dexter siempre han creído de verdad en el discurso pro-pena de muerte, y su sentencia final es que Dexter no merece necesariamente morir, porque Dexter mata a gente que merece morir. Por eso, lo que podía haber sido un final mínimamente convincente (dejando a un lado el espantoso croma que ni Sharknado), se va al traste por el epílogo. Dexter está vivo, y aunque le queda muy bien el look leñador, no podemos evitar preguntarnos por qué, y sobre todo por qué llevar a cabo este plan para liberar a todos de sí mismo ahora y no hace cuatro años, o cinco, o seis. Da igual, a estas alturas ya sabemos que la serie merece el mismo grado de reflexión que el nivel de esfuerzo que se ha depositado en este final. Lo único importante es que Dexter se ha acabado, y esta es simplemente la última de infinitas incoherencias que tenemos que tragarnos. Lo mejor será olvidar al monstruo para siempre. Y no será difícil.

Emmys 2013: Resumen de la noche

Emmys 2013 Bryan Cranston Anna Gunn

La sexagésimo quinta edición de los premios Emmy, que tuvo lugar anoche 22 de septiembre de 2013 en el Teatro Kodak de Los Ángeles, coronó a Modern Family como la mejor serie de comedia por cuarto año consecutivo y, para mayor júbilo de los asistentes a la gala (y sobre todo de su equipo y reparto), a Breaking Bad como mejor serie de drama.

Los premiados en el resto de categorías se sucedieron dentro del área de lo predecible, pero hubo momentos para la sorpresa, como es habitual en estas galas. Eso sí, a pesar de que la categoría de TV Movie y miniserie suele ser eclipsada por comedia y drama, podemos decir fue la noche de Steven Soderbergh y su Behind the Candelabra. La película de HBO con Michael Douglas y Matt Damon logró un impresionante total de 11 Emmys de los 15 a los que aspiraba.

Aunque suene a la cantinela de siempre, la ceremonia de este año fue especialmente insulsa. Se esperaba demasiado de Neil Patrick Harris como presentador, sobre todo después de su apoteósica actuación en los premios Tony de este año, pero el queridísimo protagonista de Cómo conocía a vuestra madre estuvo más contenido y sobrio de lo habitual, como si tanto él como los guionistas de la gala hubieran asumido que superarse era imposible. Hubo momentos simpáticos, y bueno, nunca amarga un NPH a nadie, pero en general nuestro Billy Buddy estuvo bastante olvidable, a juego con la gala.

A continuación os dejo con un resumen de todo lo que aconteció anoche en los Emmy, alfombra roja y ceremonia, a través de la retransmisión en directo que realicé en Twitter desde las 0:00 a las 5:00 de la mañana hora peninsular española (aquí sin embargo utilizaré el horario local de la gala, el de la Costa Oeste USA – PST).

 

03:06 pm Comienza la cobertura fuertecita de los #Emmy. Dadme alfombra roja, ¡que me la como!
03:27 pm Ariel Winter (Alex de #ModernFamily) está preciosa y yo pego una paliza a todos los bullies que se metieron con su peso hace poco

03:32 pm Aubrey Plaza va un poco Gwyneth Paltrow en los Oscars 2002, pero sin los PEZONES al aire

03:36 pm Kevin Spacey es fan de Breaking Bad y The Newsroom #CelebsSeriéfilas
03:37 pm “¿Qué nos traerá el futuro?” A Blossom Russo muchas alfombras rojas. Es como ver a tu hermana en la tele.
03:39 pm Michelle Dockery se toma un bloody mary antes de cada entrega de premios. Los chupitos los deja para después con Jennifer Lawrence
03:41 pm Buaaah, Allison Williams de #GIRLS está increíble. Y reconoce que está agobiada porque ve todas las series nominadas. Únete al club.
03:42 pm Kiernan Shipka de #MadMen es la primavera, la felicidad y las piruletas personificadas. ¿Cuánto la amamos?

03:56 pm La risa boba de Kiernan Shipka me da la vida. Y me encantan sus accesorios navideños del todo a cien (va de Del Pozo)
03:58 pm Anna Gunn de cuerpo entero (la mitad de lo que suele ser su cuerpo, se entiende)

 

04:01 pm Finalmente Matt LeBlanc ha completado su transformación. Ya no hay manera de distinguirlo de Bruce Campbell.
04:06 pm Sarah Paulson ha dicho “Lana Banana”. No necesito más.
04:10 pm Zooey Deschanel es la mujer más aburrida y menos arriesgada de la alfombra roja. Año tras año el mismo azul.
04:17 pm Evan Peters llevando lo de “American Horror” a niveles inauditos. Advertencia, puede herir la sensibilidad.

04:23 pm Lily Rabe muy L.A. Confidential.

04:26 pm ¡BOB BENSON!
04:27 pm Nadie puede estar tan majestuosa enseñando las bragas como Lena Headey

04:29 pm Señoras y señores, Jon Hamm pisa la alfombra roja. Barbaza y chaqueta blanca. Sensacional.
04:31 pm January Jones dice que no quiere que Betty sea feliz en la séptima temporada de #MadMen, porque “eso sería aburrido”.
04: 32 pm Cobie Smulders siguiendo la cobertura de los #Emmys de #FNVLT Gracias, Cobie (L)

04:36 pm Kit Harington intentando sonreír. Le duele. Mucho. Y se nota.

04:44 pm Emilia Clarke, Daenerys de la Tormenta, Madre de Dragones, Reina del Fuego, un ángel en la alfombra roja

 

05:03 pm Empieza la 65ª entrega de los #Emmys Neil Patrick Harris, work your magic!
05:07 pm Mientras encontramos un streaming en condiciones, miremos a Christina Hendricks,. O mirémosla toda la noche

05:13 pm Duelo de power-gays rubios, Jane Lynch y Neil Patrick Harris.
05:15 pm El monólogo de apertura de NPH es un homenaje a los anteriores presentadores de los #Emmys Elegante, pero soso.
05:15 pm La barba de Jon Hamm me mira y me tiemblan las piernas.
05:17 pm Neil Patrick Harris cede protagonismo a Tina Fey y Amy Poehler, las personas que deberían presentar todas las galas del mundo.

Tina Fey Amy Poehler

05:19 pm Primer premio, digo primer WTF de la noche. Merritt Wever (Nurse Jackie), mejor secundaria de comedia.
05:20 pm Merritt Wever era la que menos se merecía el premio. Ella lo sabía. Y su discurso ha estado a la altura de las circunstancias. Genial.
05:23 pm Me habría alegrado más de lo de Merritt Wever si no le hubiera cogido tanta manía a su personaje en la última temporada de Nurse Jackie.
05:25 pm No hay mayor cliché que aquello de “La ciudad de Nueva York es un personaje más”. Gracias por ese puñetazo, Tina.
05:26 pm Mejor guion de comedia: TINA FEY, así, en mayúscula, como toda su grandeza se merece #30Rock
05:27 pm Dios, #LasDeschanel hablan igual.
05:28 pm Mejor secundario de comedia: Tony Hale por #Veep. Por hacer de Buster Bluth pero en otra serie.
05:29 pm Tina Fey y Tony Hale con Emmys en la mano en el transcurso de cinco minutos. Yo ya tengo felicidad para toda la noche.
05:31 pm Robin Williams dejó de ser gracioso en los 90. Es una sitcom anticuada con patas. Miedo me da #TheCrazyOnes
05:35 pm Mientras esperamos a que regrese la gala, miremos la sonrisa de James Wolk (Bob Benson!!)

05:37 pm “Mis padres biológicos: Jon Hamm y Alec Baldwin”, muy bien, Neil Patrick Harris.
05:40 pm Jon Hamm hizo audición para ser Jack Donaghy en #30Rock FYI
05:40 pm Mejor actriz de comedia: Julia Louis-Dreyfus por #Veep Las quinielas van mejor ya, ¿no?
05:43 pm Mejor actriz invitada de comedia: Melissa Leo por #Louie Merecidísimo. Quiero más #Emmys para Louie. ¡Venga!
05:45 pm Mejor dirección de comedia: Gail Mancuso por #ModernFamily O sea, por decir “mueve más la cámara, más zoom, MÁS ZOOM” durante una semana.
05:48 pm Mejor actor de comedia Jim Parsons por #TheBigBangTheory Es su 3º Emmy. “Soy consciente de lo extremadamente afortunado que soy”. PUES SÍ.
05:52 pm #labarbadeJonHamm es el nuevo #elpenedeJonHamm

05:59 pm Elton John homenajea a Liberace y todo lo que hizo por “las personas como yo” con un tema nuevo inspirado en él, “Home Again”.

06:05 pm Laura Linney se lleva el premio a mejor actriz de TV Movie o miniserie por #TheBigC Recompensa a un buen final de una serie mediocre.
06:11 pm El reparto de #HowIMetYourMother apoyan (más o menos) a Neil Patrick Harris en los #Emmys Product placement de la última temporada.
06:13 pm Todos los chistes alrededor de NPH están siendo bastante sosos y predecibles, ¿no?
06:15 pm Mejor guion de drama: Henry Bromell por Homeland #Emmys Su mujer recoge el premio porque el guionista ha fallecido recientemente.
06:16 pm Emmy a Mejor Actriz de Drama para Anna Gunn #Emmys Bryan Cranston aprieta los labios con orgullo. Y nosotros. Qué merecido.
06:17 pm No odiéis a Skyler White. Os hace peor persona.
06:26 pm Cuando ya habíamos perdido la esperanza de ver un número musical de NPH, nos regala uno, muy discreto, muy tonto, y muy meta.

06:27 pm El Capitán Hammer y Doctor Horrible se ven las caras de nuevo.
06:29 pm Pasamos de los realities, ¿no?
06:39 pm Mejor actor secundario de drama: Bobby Cannavale por #BoardwalkEmpire Es su segundo Emmy.
06:40 pm Cuando miro a Bobby Cannavale no puedo evitar pensar en el horroroso sabor de su semen. La culpa la tiene Samantha Jones (SeNY)
06:41 pm Dylan McDermott estará igual con 70 años. Veréis.
06:42 pm Mejor actor de drama: Jeff Daniels por #TheNewsroom ¿Sorpresa o no?
06:43 pm Ahora que #MadMen durará hasta 2015, Jon Hamm tiene dos oportunidades más… para seguir siendo nominado pero no galardonado.
06:46 pm ¿Por qué me cae tan mal Don Cheadle? ¿A alguien más le parece un sobrado de la vida?
06:47 pm Olvidaos de Dexter Morgan, la asesina de la noche es Carrie Underwood. Su víctima: “Yesterday”.
06:55 pm Merritt Wever en la press room reproduciendo nuestras caras cuando nos hemos enterado de que ganaba el Emmy

06:56 pm ¿Podemos darle el premio a Mejor Actriz de Drama a TODAS las nominadas?
06:57 pm No, porque era de Claire Danes, y todos los sabíamos #Emmys Danes recoge el premio y da las gracias como el que va a hacer la compra.
06:58 pm ¡A Claire Danes no se le pone la música para echar del escenario! Hombre ya.
06:59 pm Pues me hace muy feliz que Carrie Preston tenga un Emmy. Qué adorable es.

07:01 pm Mejor dirección de drama: David Fincher por #HouseofCards #Emmys Aprovecho la coyuntura para spamear este artículo: http://www.undermgzn.com/series-tv/house-of-cards-de-ficcion-pasivo-agresiva-y-la-nueva-television-usa/
07:02 pm Jim Parsons me cae bien. Una pena que su serie me parezca tan horrorosamente mala.
07:11 pm Me encantaba Enredos de familia (Family Ties). Para mí Michael J. Fox es tan Alex P. Keaton como es Marty McFly.
07:18 pm Lo de los Tony ha sido en realidad una putada para Neil Patrick Harris. Esa fue su cima y ahora ni se molesta en intentar subirla otra vez.
07:18 pm Este momento musical coreo-seriéfilo está siendo LO CUTRE.
07:22 pm Cobie Smulders y Alyson Hannigan. Ahí van dos whedonistas
07:25 pm Carmela Soprano herself haciendo el in memoriam de James Gandolfini, como no podía ser de otra manera. ¿Lloramos?

Edie Falco James Gandolfini

07:26 pm Se le quiebra la voz a Edie Falco, y a nosotros se nos rompe el corazón. James Galdolfini, the man.
07:37 pm Mejor actor secundario de TV Movie o miniserie: James Cromwell por #AmericanHorrorStoryAsylum Pero Jessica Lange no. MUY MAL.
07:38 pm Kevin Spacey para presentador de la gala del año que viene. Está claro.

Kevin Spacey

07:48 pm Mejor dirección de TV Movie o miniserie: Steven Soderbergh por Behind the Candelabra. Soderbergh deja el cine para ganar.
07:49 pm Mejor secundaria de TV Movie o miniserie: Ellen Burstyn se lo roba a Lana Banana.
07:56 pm Lo sexy que es Bryan Cranston, ¿eh?
07:57 pm Mejor actor de TV Movie o miniserie: Michael Douglas (estaba cantado, y lo tenía escrito desde antes de oírlo).
07:58 pm “You want the bottom or the top?” – Michael Douglas a Matt Damon #Epic #Gaypic

08:00 pm Mejor TV Movie o miniserie: Behind the Candelabra.
08:06 pm Si Tina Fey se ríe con Will Ferrell, ¿me tengo que obligar a que me haga gracia?
08:08 pm El Emmy a Mejor Comedia va a parar a #ModernFamily, por su peor temporada hasta la fecha, y por inercia.
08:08 pm Modern Family es la única comedia que los de la Academia han visto en estos cuatro años y lo sabéis.
08:09 pm Y Mejor Drama para #BreakingBad En comedia se han quedado estancados, afortunadamente en drama no.
08:10 pm La cara de felicidad de Anna Gunn es el mejor broche a los #Emmys
08:13 pm fuertecito has left the building, g’night! #Emmys #Sacabó Para ver todas las fotos, visitad la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

Aaron Paul Bryan Cranston

Crítica: Jobs

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Jobs es el biopic de uno de los visionarios de la era moderna, el fundador de Apple, Steve Jobs. Pero es mucho más que eso, es la película que los anti-Mac utilizarán en años venideros como prueba fehaciente de lo que ellos perciben como el carácter sectario de la compañía y la obsesión desmedida por sus productos. Joshua Michael Stern y Matt Whiteley hacen todo lo contrario que David Fincher hizo hace unos años con Mark Zuckerberg y el nacimiento de Facebook. Es decir, toman la figura de uno de los hombres que más han contribuido a transformar y definir la sociedad actual y la convierten en una historia sin interés, casi amateur, que desaprovecha todas las posibilidades que brinda el personaje.

En su primera mitad, la película explora la juventud de Jobs y los primeros pasos de su compañía en el garaje de sus padres. A medida que el metraje avanza, Jobs se va transformando en una tediosa crónica de la guerra ejecutiva que tiene lugar en los despachos de Apple. Stern y Whiteley se aproximan a la figura de Jobs reparando (muy de soslayo) en el reverso tenebroso de su personalidad, pero sobre todo centrándose en los logros que lo convierten en una figura mesiánica de nuestra sociedad. Así, Jobs es una oda desmesurada al Advenimiento de Steve Jobs (“¿Jesús?” “No, solo Steve”), a la creación de un líder de masas que en el fondo es un artista descalzo y bohemio, un Buda al que llegamos a ver bajo un árbol impartiendo lecciones vitales a sus discípulos. Literalmente.

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Sería injusto achacar todo el fracaso artístico que supone Jobs a su actor protagonista, Ashton Kutcher, puesto que la incompetencia de todos los aspectos de la producción es equiparable a la de su trabajo interpretativo. La elección del poco respetado Kutcher para el papel responde clara y únicamente a una necesidad estética. El actor de Dos hombres y medio se da más que un aire al joven Steve Jobs, lo que facilita la tarea de caracterización. Sin embargo, a nadie sorprenderá que Kutcher no sea capaz de soportar la carga dramática del personaje. El actor no logra en ningún momento mimetizarse de verdad con él. En su lugar, lleva a cabo una mera imitación física que se limita a reproducir la manera de andar y los gestos con las manos de Jobs, y que desaparece por completo con la mínima exigencia dramática del guion. Más que Steve Jobs, Kutcher es Michael Kelso, su personaje de Aquellos maravillosos 70, intentando desesperadamente (y en vano) que se le tome en serio.

Jobs es un anémico trabajo de documentación que ignora casi por completo los aspectos más polémicos de la historia de Steve Jobs y su compañía. Echa balones fuera en cuanto al elevado precio de sus productos y toca de pasada sus problemas familiares, así como su tormentosa amistad con Steve Wozniak (interpretado por el insoportable Josh Gad). En su lugar, Stern y Whiteley trazan un magnánimo y superficial panfleto que recoge la filosofía Apple (“Sé simple y te sorprenderá lo poco complicada que puede ser la vida”), personificada en un Picasso moderno, un genio capaz de hallar “el poder en la belleza”, un orador motivacional que nos enseña una vez más la lección vital disneyana por excelencia: “No te rindas, persigue tu sueño“. Este mensaje aspiracional (muy válido, claro) podría surtir efecto si el vehículo que nos lo hace llegar se hubiera contagiado un poco de la pasión del personaje que retrata.

Crítica: R.I.P.D. – Departamento de policía mortal

RIPD Departamento de policía mortal

Robert Schwentke (realizador de la primera entrega de RED) y Neil H. Moritz (uno de los productores más prolíficos de Hollywood) capitanean hacia el naufragio R.I.P.D. Departamento de policía mortal, basada en el poco conocido cómic de Peter M. Lenkov Rest in Peace Department (Dark Horse Comics). R.I.P.D. es una comedia de acción que recuerda inevitablemente a Men in Black o Los cazafantasmas, y que aspira en vano a asemejarse al estilo de Douglas Adams (Guía del autopista galáctico) o Terry Pratchet (Mundodisco). Sin embargo, la ausencia de talento, y sobre todo de ganas, convierten a R.I.P.D. en una de las películas más ineptas y olvidables de lo que llevamos de año. Cualquier comparación es un insulto a sus referentes.

Ryan Reynolds y Jeff Bridges son respectivamente Nick Walker y Roy Pulsipher, una de esas parejas imposibles que son (o deberían ser) la esencia de toda buddy filmgénero del que últimamente vamos sobrados (Por la caraAsalto al poder, 2 Guns). Sin embargo, la química entre ambos es tan penosamente nula que se cargan cualquier posibilidad de que R.I.P.D. salga bien parada. Nick y Roy son agentes de un cuerpo especial de policía celestial, dos ex policías que mueren durante un servicio y son reclutados por una comisaría sobrenatural que los reubica en la tierra con nuevas identidades y RIPD cartel españolapariencias, para que patrullen la ciudad en busca de los “diñados” (demonios que se esconden en la Tierra disfrazados de humanos). La premisa de R.I.P.D., por poco original que suene, no carecía de potencial. Daba para realizar al menos un pasatiempo desenfadado con el que divertirnos durante la escasa hora y media que dura. Sin embargo, Schwentke se las arregla para provocar indiferencia y aburrir con una propuesta lastrada por el humor más fallido y la desgana más trágica.

La manida historia de R.I.P.D. transcurre a trompicones, a base de chistes predecibles y progresión formulaica. Reynolds confirma (una vez más) que nunca fue, y nunca será, una estrella de Hollywood. Para contrarrestar la indiferencia y el sopor que despierta el inexpresivo rostro de Reynolds, Jeff Bridges construye su personaje, un sheriff del antiguo Oeste, a base de excentricidad y mohínes. Sin embargo, ninguno de los dos es capaz de encontrar un punto de encuentro, y como resultado obtenemos un dúo estático, patético.

Pero este es solo uno de los muchos problemas de R.I.P.D. En general, la película de Schwentke se ha dado el batacazo artístico y comercial porque el espectador intuye la poca pasión con la que se ha acometido el proyecto. Una idea que se entregaba al surrealismo y la locura genera una de las comedias más mediocres e inertes que hemos visto en mucho tiempo. Lo que hacía falta en R.I.P.D. no era imaginación o buenos efectos digitales, sino algo de gracia. Y eso brilla por su ausencia. Con la excepción quizás de Mary-Louise Parker, cuya marciana presencia es lo único salvable de este desastre.

Especial Pilotos 2013-14 – Parte I

Sleepy Hollow Fox

Sleepy Hollow

Emisión: Los lunes en Fox USA

Opinión sobre el piloto: Sleepy Hollow no pierde el tiempo y va directa al grano, descargando en su piloto todo su arsenal: acción, flashbacks, comedia, violencia, mitología, leyendas, religión… Estamos ante una serie entregada de lleno a lo fantástico. Y esta es su mayor baza, la oportunidad de construir una serie en la que los monstruos y los demonios animen el cotarro de la televisión generalista. Por desgracia, Sleepy Hollow también contiene ese elemento policial de investigación del que parece que ninguna serie de género en abierto puede prescindir. El resultado, por bien empacado que esté, es clónico y formulaico. Y para potenciar aun más esa sensación, el piloto cuenta con el rostro mismo de la pereza seriéfila: John Cho (FlashForward, Go On).

Sleepy Hollow es un batiburrillo de estilos e ideas cuyo núcleo parece encontrarse en la interacción entre la pareja protagonista, Ichabod Crane (adecuado Tom Mison) y la agente de policía Abbie Mills (correcta Nicole Beharie), una suerte de doctor y companion de segunda cuyos vínculos empiezan a estrecharse demasiado pronto -como decíamos, no se puede perder el tiempo, hay que mostrar desde el piloto todo lo que la serie guarda en la recámara. Por suerte, su química funciona, aunque por ahora no llegue al nivel requerido para que veamos en ellos un “ship” importante (no se acercan ni al Sherlock y Watson de CBS). Sleepy Hollow lleva el cuento de Washington Irving hasta nuestros días, convirtiendo a Ichabod Crane en un loco afectado por el choque cultural y al jinete sin cabeza en el azote de un pueblo dominado por la niebla perenne y los Starbucks. Podría funcionar, pero no seré yo quien se quede a comprobarlo.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: La imaginería monstruosa. El demonio-cabra es lo único que ha despertado mínimamente mi interés.

Razones para abandonar: Muchas, pero sobre todo el peligro de convertirse en un policíaco con 20 episodios de relleno y solo 2 que avancen realmente la trama que inicia el piloto. Y en definitiva, porque ya hemos visto 80 series como esta.

 

Dads Fox

Dads

Emisión: Los martes en Fox USA

Opinión sobre el piloto: Parece mentira que en 2013 se sigan produciendo sitcoms como esta. Supongo que la clave está en la pasta. Estas series son tan baratas como parece, y, si encuentran su audiencia, pueden resultar muy rentables. Definir Dads como “barata” es quedarse muy corto. La nueva comedia multicámara de Fox proviene de la sobrevalorada mente de Seth MacFarlane, uno de los mayores cánceres de la tele actual, y está capitaneada por Alec Sulkin y Wellesley Wild, dos de sus guionistas habituales. Lo más paradójico de todo es que, a pesar de detestar la producción animada de MacFarlane, lo que más he echado de menos en Dads ha sido precisamente lo que la define: descaro e incorrección política (pero de la de verdad, no para mayores de 7 años). Lo peor del piloto de Dads no es que sea racista o sexista (2 Broke Girls también lo es, y aun así es graciosa y entrañable), sino que su humor es carca, insultantemente básico, como si se hubiera escrito hace 20 años.

Dads es una comedia de risas enlatadas (y gritos al más puro estilo Salvados por la campana) sobre dos exitosos treinañeros que trabajan en una compañía de videojuegos de cartón piedra, y que deben cargar con sus fracasados padres. Los hijos son Giovanni Ribisi y Seth Green, y por muy bien que caigan (Green mucho más que Ribisi, claro), no son lo suficientemente graciosos o carismáticos. Los padres son Martin Mull y Peter Riegert y ya me he olvidado de ellos. Dudo que el espectador medio en su día menos exigente llegue a reírse más de dos veces con Dads (no tengo que decir que durante los 20 minutos que dura el episodio, mi cara ha permanecido más inexpresiva que la de Channing Tatum).

Puntuación: 2/10

Razones para quedarse: La criada del personaje de Seth Green.

Razones para abandonar: Todas, pero principalmente preservar tu criterio y tu salud mental.

 

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Brooklyn Nine-Nine

Emisión: los martes en Fox

Opinión sobre el piloto: ¿Seguís llorando por el final de 30 Rock y The Office? ¿Teméis el día en que se acabe Parks and Recreation (y admitámoslo, ese día está cerca)? No os preocupéis, ya tenemos sustituta para todas ellas. Quizás sea muy pronto para poner Brooklyn Nine-Nine a la altura de esas tres maravillas de la comedia del siglo XXI, pero desde luego el piloto muestra todos los síntomas y todo el potencial para que la serie acabe encantándonos igualmente. No sorprenderá a nadie que detrás del proyecto esté media plantilla de productores y guionistas de todas esas series. La fórmula es muy conocida por todos nosotros: comedia single-cam de 20 minutos -afortunadamente esta vez no se trata del manido estilo mockumentary- que muestra el día a día de un lugar de trabajo (workplace comedy), en este caso una comisaría de policía en Brooklyn, a través de un elevado número de personajes.

Brooklyn Nine-Nine está protagonizada por Andy Samberg, pero ya desde el piloto se nos insiste en la importancia de la coralidad en la serie. Y también desde el principio se caracteriza hábilmente a todos los personajes, con un simple y efectivo barrido por la oficina mientras el agente Peralta (Samberg) nos habla de ellos. A simple vista ya podemos ir haciéndonos a la idea de quiénes serán nuestros favoritos, y es indudable que hay química -especialmente entre Samberg y Andre Braugher. El piloto de Brooklyn Nine-Nine tiene ese halo a neositcom de NBC (produce Universal, aunque se emite en Fox) y ese inconfundible toque absurdo a lo Saturday Night Live (Samberg, ya no nos da tanta pena que te marcharas), que la convierten en una vuelta de tuerca semi-paródica al policíaco televisivo, con tendencia al gag y el sketch. Son 20 minutos escritos con inteligencia y cariño, con un timing cómico fantástico, un protagonista 100% likeable, y un reparto que da para mil y una tramas. En definitiva, el piloto de Broklyn Nine-Nine es una carta de presentación impecable que, si los ejemplos de las series mencionadas sirven de precedente, precederá a una temporada aun mejor.

Puntuación: 8/10

Razones para quedarse: Todo lo expuesto anteriormente.

Razones para abandonar: Que este tipo de comedias no sean de tu gusto, o que no seas capaz de concentrarte en la serie porque te distraiga la enorme boca de Andy Samberg.

Personajes Whedon: Lorne (Krevlornswath del Clan Deathwok)

Lorne Angel cabecera

No es fácil ser verde

Lorne: This is way beyond my Ken… and my Barbie, and all my action figures.

El hecho de que fuera un demonio el responsable de aportar luz a la cada vez más oscura trama de Angel es una de las muchas contradicciones que cimentaban la serie hermana de Buffy. Pero Lorne era mucho más que eso. Lorne no era un demonio cualquiera, él era una criatura verde proveniente de una dimensión lejana que trataba de parecerse en la medida de lo posible a sus amigos los humanos. Sus trajes de colores chillones -que revelaban un estupendo sentido de la moda, porque su color de piel se lo permitía-, su pasión por la música, y su conmovedora empatía hacia los humanos -manifiestada principalmente por su cálida manera de dirigirse a ellos y sus cariñosos apelativos-, le convertía en uno de los personajes más intrínseca y utópicamente humanos de la serie.

La historia de Lorne es toda una declaración de intenciones. Como más adelante sucedería con Andrew en Buffy, cazavampiros, la ambigüedad sexual del personaje permitió a los guionistas jugar con el espectador, sin ofrecer ningún tipo de respuesta al respecto. Porque no hacía falta, y no porque estuviera claro, sino porque al final era lo menos importante. Lorne llegaba a Los Ángeles en 1996, tras ser succionado por un portal interdimensional. La vida en Pylea, su dimensión natal, no fue un camino de rosas para el demonio verde. Lorne no era como sus congéneres, los demonios del Clan Deathwok. Él vivía en un mundo completamente distinto al de sus familiares y vecinos, campeones que entrenaban para luchar y matar. Cabezas huecas según él, sin más aspiración que la de derramar sangre y hacer de ello una recompensa para una vida de esfuerzo, dedicación y testosterona demoníaca.

Lorne

Lorne era el hermano sensible, el niño diferente, el adolescente rarito, prácticamente un apestado. Como de costumbre, Whedon daba en el clavo extrapolando la realidad más mundana a sus universos ficticios. Si Lorne hubiera sido humano, sería el niño que se encierra en su cuarto a leer mientras los demás salen a la calle a darle patadas a cualquier objeto que pudiera servir como balón. Sería el joven que prefiere estar tirado en el suelo escuchando música, mientras sueña con un futuro bajo los focos de un teatro. Es decir, Lorne sería el mariquita del barrio (entiéndase “mariquita” como sinónimo de distinto, rechazado, raro-queer). Por eso, al descubrir la Tierra, y en concreto Los Ángeles, un lugar donde la música tiene una importancia vital (en Pylea no existía), donde la cultura y el ocio le permitirían llevar una existencia hedonista y privilegiada, y en el que la moda no se limitaba a taparrabos de piel y cascos semi vikingos, Lorne decidió quedarse a vivir allí.

“They have no music there. It doesn’t exist. Do you know what that’s like? No lullabies, no love songs. All my life I thought I was crazy, that I had ghosts in my head or something… simply because I could hear music. Of course, I didn’t know it was music. All I knew was that it was something… beautiful and… and painful and right. And I was the only one who could hear it. Then I wound up here and heard Aretha for the first time.”

Lorne era el mayor de los filántropos del buffyverso. Su capacidad para leer auras le lleva a convertirse en toda una celebridad en el inframundo terrenal, donde se le conoce como El Anfitrión (The Host). Esto, unido a que cuando el sujeto “leído” cantaba, Lorne era capaz de distinguir su alma con mayor claridad, desembocó en la inauguración de Caritas, un karaoke subterráneo regentado por nuestro demonio. Las habilidades de Lorne como vidente le convierten en una incorporación muy valiosa al equipo de Angel, quien recurre a él a menudo hasta convertirlo en un miembro activo de Angel Investigations, lo que supone más tiempo para el demonio en pantalla, así como más escenas cómicas para Angel (el vampiro cantando en un karaoke, ¿quién lo iba a decir?) y el resto del reparto. La trayectoria de Lorne en Angel responde inequívocamente al canon whedoniano. Se trata de otro personaje no humano que nace con el propósito de explicarnos los entresijos del alma humana, los engranajes de la mente. Lorne es otro personaje Whedon que trata de convertirse en un humano (aunque en su caso no literalmente), y en su camino encuentra las dificultades que le hacen pensar si merece o no la pena. Por regla general, la conclusión al respecto es optimista: merece la pena ser un humano, merece la pena vivir, luchar por la vida. Sin embargo, el caso de Lorne es distinto. El personaje más vivaracho de la serie acabaría aportando la nota pesimista al final de Angel. Pero eso, más adelante.

Lorne nunca fue un luchador (en el sentido físico de la palabra), y al contrario que otros personajes del buffyverso, como Cordelia, Dawn o Fred, el demonio no dará su brazo a torcer, y se negará a usar la fuerza física hasta el final. Esta declaración de principios le lleva a efectuar un hechizo de no violencia sobre su local, por lo que bajo ningún concepto es posible llegar a las manos en Caritas. Con su apaciguador carácter y su dulce voz, Lorne era a menudo el mayor apoyo moral para Angel. A veces con cierto aire paternalista, pero siempre con la mejor de las intenciones, Lorne era el hombro sobre el que llorar para el vampiro. En sus palabras también podían advertirse con frecuencia ciertos tonos maternales. Era irónico que un demonio fuera el responsable de aportar la nota conciliadora y serena. Pero así era, y por ello Lorne acabó convirtiéndose en un valor insustituible dentro del universo de Angel.

Lorne y Angel puppet

Hacia el final de la segunda temporada, en el episodio irónicamente titulado “Más allá del arcoíris” (“Over the Rainbow”, 2.20) -nadie, a estas alturas, dudaba de las intenciones de los guionistas-, Lorne regresa junto al Team Angel a su dimensión, Pylea, para rescatar a Cordelia, que ha sido atrapada por la raza del demonio, conocida por esclavizar a los humanos (o “vacas”) que acaban extraviados allí. El regreso a casa abre los ojos (aún más) al demonio, que acaba convencido de que su lugar está en Los Ángeles. De esta manera, el arco argumental de Pylea nos viene a dar una lección muy importante: Debemos permanecer en el lugar (literal o figurativo) al que pertenecemos, sin olvidar el lugar del que provenimos, porque ese es el que nos define, el que nos invita a evolucionar en primer lugar, y al que hay que regresar de vez en cuando para reafirmarnos en nuestra existencia. A partir de ese momento, Lorne ya no solo ofrece consejo al equipo de Angel, sino que será uno más, aunque su trabajo sea hacer de niñera de Connor, vigilar el fuerte o coger el teléfono.

“My psychic friend told me I had to come back here. I didn’t believe her. Then I realized I did have to come back here, because… – I really always thought I had to come back here, deep down inside, you know? I had to come back here to find out I didn’t have to come back here.”

A medida que Angel avanza, y la trama se oscurece, la luz de Lorne empieza a atenuarse. Durante las temporadas tres y cuatro, Lorne acompaña a Angel en sus aventuras, enfrentándose principalmente al bufete de abogados, Wolfram & Hart, comprobando de primera mano la corrupción del espíritu humano. Poco a poco, la filantropía de Lorne se ve sustituida por cierto cinismo, lo que le lleva a concentrarse más en sí mismo. Lorne decide alejarse de Angel y se marcha a Las Vegas para perseguir su sueño en el mundo del espectáculo (a estas alturas, si Lorne no había salido del armario, es que no lo iba a hacer nunca, porque era más que probable que nunca hubiera estado dentro). Lorne encuentra su lugar en la ciudad de neón, su paraíso más allá del arcoíris. Sin embargo, allí vuelve a darse de bruces con la realidad sobre el ser humano, cuando se ve envuelto en una trama fraudulenta, en la que es obligado a leer las auras de los asistentes a su espectáculo, para encontrar a los más afortunados y robarles su suerte. A su regreso a Los Ángeles, Lorne se muestra feliz por volver a casa, pero los eventos que se suceden a continuación contribuyen a seguir deteriorando su espíritu. La relación entre Angel y Connor, el paso al lado oscuro de Cordelia o el advenimiento de Jasmine, sitúan a Lorne en una incómoda posición. El demonio nunca ha estado convencido de que su lugar sea junto a Angel, luchando, pero acaba aceptando resignado que quizás sea su destino.

Lorne Wolfram & Hart

La quinta temporada de Angel será la que acabará definitivamente con el optimismo de Lorne, y su esperanza en el ser humano. Angel y su equipo “heredan” Wolfram & Hart. Lorne, en un principio está encantado con su posición como relaciones públicas. Contactos en las esferas más altas de la sociedad, fiestas, poder. Sin embargo, como le sucede al resto del antiguo equipo de Angel Investigations, ese poder le acaba mostrando su reverso tenebroso. En la batalla final, Lorne recibe su última misión, acabar con la vida de Lindsay. El demonio, que es ya una versión desangelada de sí mismo, la acepta, con una condición. Después de llevarla a cabo, desaparecería para siempre.

“I’ll do this last thing for you, for us… but then I’m out, and you won’t find me in the alley afterwards.
Hell, you won’t find me at all. Do me a favor. Don’t try.”

En la última escena en la que Lorne aparece en Angel, el demonio viste una gabardina marrón que oculta su traje. Tras recibir un disparo de Lorne, Lindsay nos revela la devastadora realidad. Lorne ha sacrificado su color, su personalidad para convertirse en un “flunky” (un gris empleado más) de Angel, cuya última misión es dar la muerte menos digna posible a un gran enemigo (en lugar de otorgarle la gran última pelea contra su némesis, Angel manda a Lorne para que haga el trabajo sucio). Entonces Lorne deja caer la pistola y pronuncia sus últimas palabras, mientras se marcha de la escena del crimen: “Goodnight, folks”.

Este artículo fue escrito la misma mañana en la que saltaba la noticia de la muerte, a los 33 años, de Andy Hallett (martes, 31 de marzo de 2009), el actor que se escondía tras la verde piel de Lorne. Hallett falleció de un paro cardíaco, tras cinco años luchando contra una enfermedad del corazón. La contribución de Andy a la televisión, y en concreto al buffyverso, será siempre recordada por los whedonites como una de las interpretaciones más llenas de vida, y uno de los personajes más queridos de los que han nacido de la mente de Joss. Este fue mi pequeño e improvisado homenaje a Lorne, y a Hallett, que recupero nueve años después de la triste despedida del primero, y cuatro de la marcha del segundo. “Goodnight, Andy!

Andy Hallett Lorne

Arrested Development (4ª temporada): Un gran error

Arrested Development Temporada 4 2

Mitchell Hurwitz nos prometió la panacea seriéfila universal con la cuarta temporada de Arrested Development. A nosotros realmente no nos hacía falta. Ya teníamos suficiente con volver a ver a la familia Bluth después de siete años sin tener novedades suyas. Pero el creador de una de las sitcoms de culto más aclamadas del siglo XXI se propuso revolucionar el formato serial con una temporada que estaba destinada a dinamitar precisamente eso: lo serial. La cuarta temporada de Arrested Development se estrenó íntegra en Netflix el pasado mes de mayo. Y hasta esta semana yo no la he podido acabar, y mira que le he puesto empeño. No quiero imaginar lo que habría sido verla poniendo en práctica el binge-watching (todos los episodios seguidos). Después de este experimento fallido de Hurwitz, uno no puede sino pensar que para esto habría sido mejor no molestar a los Bluth, ni a nosotros.

No importa que los personajes sigan siendo los mismos, o que los decorados estén recreados al detalle, Arrested Development ha perdido la frescura. Una de las características que definen las tres primeras temporadas de la serie de Hurwitz y Ron Howard es que fue una adelantada a su tiempo, ya que ponía en práctica desde el principio las tendencias que dominarían poco después el panorama de la sitcom. La cuarta temporada nacía con esta misma voluntad, y aunque solo han pasado cuatro meses desde que irrumpió en la red, no cabe duda de que no lo ha conseguido. No ha dejado la impronta que se buscaba. Claro que no se puede negar que Hurwitz ha vuelto a colocarse a la vanguardia del medio, ha sido el primero en arriesgar, representando y auspiciando el gran cambio de la tele de nuestro siglo. Una pena que el resultado final no esté a la altura de estas circunstancias.

Lo que diferencia la nueva Arrested Development de las tres temporadas anteriores es su formato narrativo. Tenemos quince episodios que cuentan los mismos acontecimientos una y otra vez desde la perspectiva de cada uno de los personajes. Así, cada capítulo se centrará en un miembro de la familia Bluth, y las escenas serán una especie de rompecabezas del que no obtendremos todas las piezas hasta el final. En un principio, esto permitiría al espectador ver los episodios en el orden que deseara, promoviendo las sesiones maratonianas y los revisionados múltiples, para vivir al máximo la experiencia AD4. En teoría, la idea sonaba emocionante, estimulante, y sí, incluso revolucionaria. Sin embargo, una vez finalizado el montaje de la temporada, y poco antes de su estreno, Hurwitz disparaba la alarma: los nuevos capítulos no debían verse desordenados bajo ningún concepto y se recomendaba verlos poco a poco, porque al cabo de unos cuantos capítulos seguidos, la comedia dejaba de surtir efecto. Esto no vaticinaba nada bueno. Es más, confirmaba antes de tiempo el estrepitoso fracaso del formato.

Arrested Development Temporada 4 1

Han fallado muchas cosas en la nueva temporada de Arrested Development, y la raíz de todos los problemas ha sido la indisponibilidad del reparto para grabar juntos. Esta es la razón por la que Hurwitz se inventó lo del episodio por personaje. Con el tiempo y la perspectiva que otorga haber aguantado los quince nuevos episodios, podemos concluir que lo del formato revolucionario no fue más que un parche, un señuelo para que no nos fijásemos en lo que estaba ocurriendo. Da igual que se utilicen los mismos ingredientes (dobles sentidos, autorreflexión, giros imposibles, guiños metatextuales, gags recurrentes), si los Bluth no están juntos para mezclarlos como antaño, Arrested Development no funciona.

Y es que no todos los Bluth son capaces de llevar un capítulo por sí solos, haciendo que los primeros resulten soporíferos como poco (si se supera el de George Sr. se supera cualquier cosa). Además, para encajar todos lo acontecimientos en cada uno de ellos, la duración se ha extendido. De los 20 minutos de rigor pasamos a 30 o 35, acercándose algunos peligrosamente a los 40. Y Arrested Development no funciona como una comedia de más de media hora. La gracia consistía en condensar en 20 minutos esa trama esquizoide, acelerada y bipolar. Hurwitz creía necesitar tanto tiempo para poder encajar todo lo que quería contar, y el resultado ha sido una gran cantidad de minutos muertos, lo que revela el fracaso de planificación de la temporada. Y lo peor de todo no es eso. Lo peor es que la gracia se ha esfumado por la ventana de la casa modelo. Una propuesta: ya que a Hurwitz le gusta tanto eso de meter guiños y chistes en la banda sonora, recomiendo remontar la cuarta temporada añadiendo sonidos de grillos entre gags, y ya que estamos, barrillas del Oeste pasando por delante de las escenas.

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Otro de los problemas de la temporada es precisamente el montaje. La torpeza con la que están hilvanados los episodios, los continuos errores de raccord, de iluminación, los desastrosos planos-contraplano no serían tan importantes en otra serie, pero en Arrested Development lo cambian todo. El detallismo enfermizo es (era) una de las señas de identidad de la serie, y junto a la gracia, también ha desaparecido.

Pero no todo es un desastre en la cuarta temporada de AD. Uno de los mayores aciertos quizás haya sido el personaje de Rebel Alley, interpretado por una fantástica Isla Fisher que ha dejado a algunos Bluth a la altura del betún, cómicamente hablando. Además, Fisher ha llevado a Ron Howard a dar la cara, cosa que, aunque parezca mentira, no ha estado nada mal. Y bueno, hay que darle la razón a Hurwitz en que los episodios mejoran a medida que se van desvelando más detalles de la trama, y que los chistes también son mejores hacia el final. Así, el último tercio de la temporada tiene los mejores capítulos (los de Tobias, George Michael, Maeby y Buster). Pero no es suficiente. Lo que fallaba desde el principio falla también al final, y no nos quedamos con ganas de más, sino con la sensación de haber asistido al mayor error catódico de 2013, uno para el que ya no hay vuelta de hoja. La única esperanza que nos queda es la película, que de salir adelante (todo indica a que así será), reunirá a los Bluth en la misma sala durante más de un minuto seguido y nos hará olvidar estos 15 episodios para siempre. Y si eso no funciona, habrá que hacerse como sea con uno de los Forget-Me-Nows de Gob Bluth.

Crítica: Asalto al poder (White House Down)

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El cine de Roland Emmerich, como el de Michael Bay, puede resumirse en dos palabras: “Norteamérica” y “explosiones”. No nos hace falta más para identificar una obra como perteneciente a uno de estos dos autores. En efecto, autores, porque ambos presentan férreos estilemas fácilmente identificables y achacables a sus nombres, y porque sus filmografías, por muchos vapuleos (justificados) que hayan acumulado, son coherentes como pocas y cumplen con solvencia una clara función: divertir explotando el aspecto más espectacular y escapista del cine. Con su nueva película, Asalto al poder (White House Down), Emmerich regresa a la fórmula de Independence Day: invasión + humor, elementos que, combinados con el americanismo más sonrojante y edificios (o en este caso, edificio) volando por los aires, componen la definición del placer culpable, del blockbuster veraniego por excelencia (aunque a nosotros nos llegue en el ocaso estival).

El argumento es prácticamente clónico al de Objetivo: La Casa Blanca, que vimos en mayo de este año. Aunque tanto su director como sus protagonistas, Jamie Foxx y Channing Tatum, niegan haber conocido la existencia del proyecto antes de embarcarse en el suyo, e incluso confiesan que todavía no han visto la película. La casa más segura de Norteamérica sufre un ataque poniendo en jaque al país, y por consiguiente, al mundo entero. En este caso, la amenaza proviene del interior (“Estoy llamando desde dentro de la casa”), lo que supone un distanciamiento sustancial de otras propuestas similares que se basan en el terror provocado por el extranjero, o directamente en el terror a lo exógeno. Como suele ocurrir también en este tipo de películas, será un hombre normal y corriente, John Cale -Tatum y su acartonado rostro canalizando muy evidentemente a John McClane-, un héroe de andar por casa, el que salve al mundo de ser destruido por un dedo índice (sí, aquí también tenemos botón rojo con el que una sola persona puede desatar la Tercera Guerra Mundial) y nos devuelva la paz mundial, para que sigamos tomándonos nuestros pancakes tranquilos.

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Sin embargo, este everyman yanqui, padre soltero que se pierde el recital de su hija (versión femenina del partido de béisbol según Emmerich), tiene un compañero de faenas: el mismísimo presidente de los Estados Unidos, interpretado por Foxx. El Presidente Sawyer no es un súper hombre (a pesar de estar confesamente basado en el marveliano presidente actual, Barack Obama), al menos no en el sentido más comiquero de la palabra. No es un ex militar condecorado, y por tanto no tiene experiencia de ninguna clase en el campo de batalla. Sawyer es, como Cale, un hombre normal y corriente, que valora sus Jordans por encima de muchas cosas. De hecho, el Presidente Sawyer es todo un geek, miope y a ratos bobalicón, que no tiene reparos en aparecer en el videoblog de la hija de Cale (fantástica Joey King pisando los talones de Chloë Moretz) y que se pone las gafas antes de apuntar con su arma. Y eso es lo que lo hace extraordinario. Por esta razón, Asalto al poder, más que una película de acción, es una buddy movie. Tatum y Foxx forman un tándem resultón que parece habérselo pasado genial rodando la película.

Porque los niveles de comedia en Asalto al poder son más bien elevados. Emmerich no parece tener demasiada vergüenza y no repara en pequeñeces como la verosimilitud o el sentido común, porque este no es ese tipo de película. Asalto al poder está hecha para divertir, nada más, y nada menos. Que se banalice la muerte (de víctimas y verdugos), que se haga malabares con ideologías y cuestiones morales, que se ponga a una niña un arma en la sien, no debería distraer de los chistes, porque hay muchos, y algunos hasta son medio buenos, o de la acción, que una vez empieza no da tregua. Emmerich no oculta en ningún momento la naturaleza (casi) paródica de la película, con sus villanos de dibujos animados (“No toquéis mis juguetes”, dice Jimmi Simpson, poco antes de intentar bombardear Apple por su descontento con su política musical) y sus chascarrillos entre terrorista muerto y sección de la Casa Blanca destruida.

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Asalto al poder es una gran broma, un jocoso homenaje al libérrimo cine de acción pre-11S según las nuevas reglas del blockbuster post-11S, que agota por completo todos los tópicos del género. Sin embargo, Emmerich es incapaz de contenerse, como es habitual en su cine, y el metraje se le va de las manos excesivamente, provocando que el incesante metralleo de incongruencias, agujeros y absurdos acabe agotando, algo que ni que el inolvidable Donnie el Guía es capaz de evitar. Para la media hora final de Asalto al poder ya no nos quedan fuerzas para reírnos de lo increíblemente ridículo que es todo. Solo echamos de menos a los extraterrestres. Aunque tampoco nos hacen falta para experimentar (e incluso disfrutar) Asalto al poder como la desvergonzada fantasía de ciencia ficción que es.

Crítica: La gran familia española

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Como todos en este país, Daniel Sánchez Arévalo sabe que España se hunde. Su cuarto largo, La gran familia española, nace como revulsivo, como válvula de escape de la situación actual. Con su nueva película, Sánchez Arévalo incide en los grandes temas que han dado forma a su breve pero (aun) prometedora filmografía: los vínculos paternofiliales, las relaciones fraternales, y el “cuanto más primo más me arrimo“. El realizador madrileño orquesta una tragicomedia coral articulada por la pasión desmesurada por el deporte nacional, pero bombeada por el valor nacional más inquebrantable: la familia.

Y lo hace con un reparto numeroso que fragmenta el relato en mil y una micro-historias que, casi a modo de viñetas, van trazando el retrato de una familia rota y desperdigada, pero familia al fin y al cabo, y que acaban relegando el fútbol a un segundo (o tercer) plano, afortunadamente -mucho mejor sobredosis de familia que sobredosis de chistes de fútbol. A pesar del notable trabajo interpretativo de prácticamente todo el elenco (algo muy loable por sí solo teniendo en cuenta cómo está el patio), La gran familia española resulta algo descentrada, caótica y desmembrada. Muchas tramas parecen demasiado descolgadas de otras, cada uno va a lo suyo, y no todas las historias personales de la familia protagonista están a la misma altura. La anarquía se apodera asimismo del tono, que no consigue centrarse, y mucho menos definirse en ningún momento. A ratos, como ocurría con los anteriores trabajos de Sánchez Arévalo, parece que estamos viendo uno de esos capítulos eternos de serie española (mejorando mucho lo presente).

Sin embargo, ese no es el principal problema de La gran familia española, sino su falta de confianza en el espectador. El realizador y guionista pone demasiado empeño en que no se nos escape ninguno de los obvios mensajes de la película, y salpica sus diálogos de metáforas evidentes y explicaciones innecesarias que convierten lo que debería ser implícito en parte central del discurso. “¿Queremos esperanza? Pues ahí tenemos esperanza, en el partido” o “Hay que buscar un momento de alegría en tiempos duros”. Las intenciones de Sánchez Arévalo ya estaban claras desde antes de ver la película. No era necesario darnos en las narices constantemente con ellas. ¿Por qué nuestro cine, y concretamente el de Sánchez Arévalo, a veces parece un comentario de texto, en lugar del texto?

La gran familia española 2

Menos mal que tenemos momentos de sobra para compensar esta brusquedad en los diálogos. Sánchez Arévalo explora el costumbrismo en sus diversas vertientes, desmarcándose de la fallida comedia improvisada de su anterior obra, Primos, y logrando todo tipo de resultados. No funciona tan bien con el hermano discapacitado (personaje comodín donde los haya) y el hermano deprimido (Antonio de la Torre siendo, como siempre, de lo mejor de la película). Se pierde en el trío romántico formado por Quim Gutiérrez, Verónica Echegui y Miquel Fernández, que protagonizan los pasajes más ficcionales. Pero brilla un poco más en los adolescentes -qué prometedores Arancha MartíPatrick Criado y Sandra Martín-, que, a pesar de practicar esporádicamente un sociolecto sonrojante¿Te I love you? ¿En qué mundo vives, Daniel?-, resultan más frescos y reales de lo habitual. Esta autenticidad se acaba contagiando, y aunque le cueste apoderarse de la película, culmina en la mejor escena de la película, el desternillante montaje de confesiones de la familia. Secuencia que precede a un emotivo final que unifica el conjunto y compensa las irregularidades de la película.

La gran familia española echa la vista atrás, a un pasado reciente, en el que la victoria de España en el mundial fue el acontecimiento que nos hizo (la verdad es que no debería incluirme) olvidar las penas durante un día. A finales de verano de 2013, con el bochornoso fracaso de Madrid 2020 bien reciente, La gran familia española propone una alternativa al deporte como solución a los problemas, o como escoba para barrerlos debajo de la alfombra: el cine. En un país donde la industria cinematográfica va a la zaga de todas las demás, y en el que las instituciones gubernamentales ningunean nuestra cultura, resulta especialmente estimulante que alguien como Sánchez Arévalo no tire la toalla, y nos proponga este bienintencionado y buenrollista analgésico contra la realidad. Quizás esta sea “la marca España“, no rendirse a pesar de haber fracasado, de haber hecho el ridículo tantas veces. Eso se merece al menos unos cuantos vítores.

Crítica: Percy Jackson y el Mar de los Monstruos

Logan Lerman Percy Jackson

Percy Jackson y la Secuela Improbable habría sido un título más correcto para la segunda entrega de la saga basada en los libros de Rick Riordan. En 2010 se estrenó Percy Jackson y el ladrón del rayo, el primer capítulo en una franquicia mitológica confeccionada para cubrir el inmenso vacío que estaba a punto de dejar Harry Potter. Es más, esta fue dirigida por Chris Columbus, que se encargó de las dos primeras HP (declaración de intenciones de lo más transparente). La recepción de Percy Jackson fue muy fría y la escasa recaudación en taquilla así lo reflejó. Después de un par de años de incertidumbre, El Mar de los Monstruos salió adelante con un nuevo capitán (Thor Freudenthal) para sorpresa de todos (los primeros los actores, como así han expresado en todas las entrevistas). Un milagro para los fans de la saga, y una segunda oportunidad para hacer las cosas mejor.

Después de ver Percy Jackson y el Mar de los Monstruos la conclusión es la siguiente: oportunidad perdida. Puede que en esta entrega haya más énfasis en la acción, y menos pasajes muertos, pero estos cambios son en realidad insustanciales, porque a grandes rasgos, El Mar de los Monstruos es demasiado parecida a la primera película. Y esto es lo que precisamente debía evitarse. El principal problema de la saga es tonal. Su público objetivo es el infantil y juvenil, pero Percy Jackson parece dirigirse en todo momento a los más pequeños, exclusivamente. Los personajes han crecido, pero al contrario de lo que ocurría en Harry Potter, la saga no ha sabido crecer con ellos.

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Tenemos en El Mar de los Monstruos a unos héroes adolescentes, en plena transformación física hacia la adultez, que ofrecen mil y una posibilidades para construir relaciones mínimamente interesantes, para ir incorporando subtexto, tumulto interior, oscuridad. En resumen, todos los ingredientes necesarios para que una comunidad fan se encargue de convertir un producto como este en un fenómeno. Pero Percy Jackson sigue siendo tan blanca, tan inocente e inadulterada, tan sosa, que no tiene lo que hay que tener para levantar pasiones. No es más que una inofensiva y apocada película de animación para niños – Hércules de Disney, otra clase de mitología griega según la libertad de cátedra, tenía infinitamente más picardía.

En El Mar de los Monstruos se insiste en el mismo tipo de humor bobo y prudente, como si hubiera un miedo terrible a salirse de tono. Esta cobardía se refleja también en la progresión del argumento, en los supuestos giros y sorpresas, en el tratamiento de la muerte -concepto que se maneja constantemente sin llegar a explorar nunca su verdadero alcance-, en los diálogos desganados y los conflictos intrascendentes, y en la violencia física tremendamente cartoonesca, es decir, sin sangre, sin verdaderas repercusiones. Ojo, no estamos pidiendo una película de Tarantino para niños, pero sí que haya un poco más de chispa, algo de riesgo y pasión que despierte a todo el mundo de la siesta (Cuarón estaba ocupado, ¿no?). No parecía tan difícil.

Percy Jackson y el Mar de los Monstruos intenta funcionar como reseteo de la saga. Incluso ofrece una suerte de “previously on” al comienzo para que no sea necesario ver la primera (y eso que os ahorráis). Sin embargo, vuelve a desaprovechar trágicamente el jugoso material que ofrece la mitología griega y muestra poco interés en los conflictos que derivan de la situación familiar de los protagonistas, semidioses separados de sus padres que habitan en el Olimpo. A Freudenthal lo contrataron para que insuflara nueva vida a la saga, para que aportara la diversión que Columbus no fue capaz de encontrar, pero lo que ha conseguido es hacerla aun más plana.

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El Mar de los Monstruos (por cierto, otro título más adecuado y lógico habría sido Percy Jackson y el Vellocino de Oro, o ya que estamos con el juego, Titanes y iPods 2) no es el reboot que debería haber sido, pero al menos hace un par de cosas bien. Y no estoy hablando de la presencia de Anthony Stewart Head (haciendo de Rupert Giles) y Nathan Fillion, con referencia jocosa a Firefly incluida (que también). Estoy hablando de su apartado visual, que la convierte de nuevo en un goloso festival digital de color lleno de hermosas criaturas CGI (aunque la integración con la acción real sea más bien mediocre, por no usar otro término más ofensivo). Y sobre todo de su protagonista, un semidiós repentinamente experto en parkour, que no es sino un humano imperfecto e inseguro que cree que la primera vez que salvó al mundo fue cosa del azar. Logan Lerman aporta la vulnerabilidad necesaria para hacer de Percy Jackson un personaje cercano con el que identificarse, en la tradición de Peter Parker. Es una pena que nada de esto sea suficiente para que tengamos ganas de ver más películas de esta saga.