Crítica: Kick-Ass 2

Kick Ass 2

Kick-Ass fue una de las mayores sorpresas de la cartelera de 2010. La película dirigida por Matthew Vaughn (Stardust), basada en el polémico cómic de Mark Millar y John Romita Jr., no tardó en convertirse en cinta de culto, obteniendo una recepción muy positiva por parte de la crítica y amasando una taquilla que, sin ser desorbitada, fue suficiente como como para ser considerada un éxito y garantizar una secuela. Tres años después, Universal toma las riendas de distribución de la franquicia, y presenta Kick-Ass 2 (en España subtitulada incomprensiblemente Con un par). Las cosas han cambiado mucho en tres años, y bajo la batuta de un nuevo realizador, Jeff Wadlow, y el amparo de un gran estudioesta nueva película no logra escandalizar y remover conciencias como lo hizo la primera entrega. Sin embargo, esto no quiere decir que Kick-Ass 2 no sea una secuela digna.

La fórmula es la misma, y aunque ya no funcione con la misma efectividad que la primera vez, sigue resultando endiabladamente divertida. Regresan los súper héroes de andar por casa Kick-Ass y Hit Girl, dispuestos no solo a patear culos, sino a cortar miembros, agujerear torsos y matar a los malos con su propio dedo índice. La combinación de violencia extrema, mensaje anarcopunk y colorismo ultra-pop de la primera entrega sigue intacta en Kick-Ass 2. La diferencia más sustancial es que Dave Lizewski, y sobre todo Mindy Macready, ya no son tan niños. Había algo perturbador y contundente en ver a una niña de 11 años matando a diestro y siniestro, y diciendo más palabrotas que Samuel L. Jackson en todas sus películas juntas. Algo decididamente provocativo, agitador y moralmente ambiguo que nos llamaba la atención sobre el absurdo de la violencia y la necesidad de establecer una clara diferencia entre realidad y ficción.

Mindy Macready

En Kick-Ass 2, Hit Girl ya es una adolescente de 15 años. Para más inri, Chloë Grace Moretz aparenta ser mayor de lo que en realidad es (acaba de cumplir los 16, así que su Hit Girl siempre ha tenido la misma edad que ella). En esta película, Mindy no solo se enfrenta a los malos de turno, sino también a las mean girls del instituto, que desatan la Carrie que hay en ella y convierten durante un rato a Kick-Ass 2 en una extraña comedia teen de los 80. Por otro lado, Aaron Taylor-Johnson también se ha hecho mayor y ya no le resulta tan fácil hacerse pasar por pringado poca-cosa, sobre todo gastando esos pectorales de súper héroe marveliano. Esto provoca que el impacto del mensaje y de las imágenes se reduzca levemente.

Es más, en esta ocasión, existe una mayor frivolización de la violencia. Se potencia su aspecto más espectacular y (terror) se hace más accesible, más comerciable. Al salir de su refugio underground, Kick-Ass pierde gran parte de su esencia. No en vano, la secuela se empeña en recordarnos constantemente que “esto no es un cómic”, sino la vida real, para advertirnos en todo momento de las implicaciones que conllevaría tratar de emular a los protagonistas del filme. Pero paralelamente se promociona buscando la identificación del espectador y promoviendo el sueño de convertirse en un héroe como los de la película.

Toda esta paradoja y confusión se contrarresta sin embargo con magníficas dosis de humor y acción que, a pesar de no aportar la sátira necesaria, nos distraen lo suficiente como para no pensar en ello demasiado. Los one-liners están a la altura de la primera parte, Chris D’Amicco (Christopher Mintz-Plasse) está inconmensurable como el Hijoputa (The Motherfucker), y el personaje de Jim Carrey -aunque muy desaprovechado- es todo un acierto (más de uno verá con nuevos ojos la rabieta que tuvo el actor hace poco cuando conozca al Coronel Barras y Estrellas). Y por supuesto, no hay suficientes palabras para elogiar a Moretz, que está igual de sensacional que en la primera película.

Hit Girl

Kick-Ass 2 es indudablemente una secuela de Hollywood. Todo es más grande y explosivo, pero también algo más vacuo e intrascendente. Sin embargo, entre las divertidísimas y sangrientísimas secuencias de acción y las burradas salidas de madre (que por sí solas se bastan para garantizar un buen rato) se cuela algún que otro momento de reflexión que eleva de categoría el resultado final. Kick-Ass 2 nos habla sobre todo de las consecuencias de la violencia, de las implicaciones de tomarse la justicia por la propia mano. Pero también del sentimiento de pertenencia y lealtad. La creación del súper grupo de héroes al que se une Kick-Ass (y el análogo de villanos que organiza El Hijoputa) no es más que una reflexión sobre la importancia para muchos (¿el público objetivo?) de encontrar una comunidad a la que pertenecer, una en la que desarrollarse como individuos al amparo de un interés común -de ahí la relevancia que se le da en la película a las redes sociales. Más que de luchar contra los malos, se trata de hallar una congregación de iguales junto a los que cubrirse las espaldas contra jocks y matones, dentro y fuera de las aulas. Y así, convertirse en los verdaderos héroes del día a día.

A pesar de algún que otro paso en falso y del tono general de secuelitis que planea sobre ella, Kick-Ass 2 logra cerrar la historia con inteligencia y sensibilidad. La taquilla le ha ido tan mal en Estados Unidos que es más que probable que esta sea la última película que veamos de la saga. Pero no importa, Kick-Ass 2 aporta el final más redondo y satisfactorio posible. De ser este el punto y final de la franquicia, la única tragedia insuperable será no volver a ver a Hit Girl, esa adorable y letal robaescenas que no necesita ayuda de nadie, ni pertenecer a ninguna comunidad, para saber quién es, y quién ha sido siempre: la verdadera protagonista y estrella de Kick-Ass.

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