Crítica: Epic – El mundo secreto

Epic

Del estudio Blue Sky (que nada tiene que ver con Walter White), responsables de éxitos recientes del cine de animación como Ice Age o Río, nos llega Epic – El mundo secreto, una fantasía de aventuras de corte clásico que se distancia considerablemente de estas películas. Es más, Epic propone un viaje casi de regresión que nos lleva hasta finales de los 80 y comienzos de los 90, época en la que la animación estaba plenamente sumida en la fantasía épica y los cuentos de hadas que ponían todo su énfasis en la mitología del universo que creaban. Epic pertenece concretamente al subgénero ¡Salvemos el bosque! que cultivaron clásicos como NIMH – El mundo secreto de la señora Brisby (atención a la coincidencia en ambos títulos españoles) o la olvidada Ferngully (y su posterior plagio, Avatar), con la diferencia de que en Epic, la amenaza no proviene del ser humano, rebajando por tanto el mensaje ecológico que suele articular este tipo de películas.

Epic cartel españolEpic nos cuenta la historia de Mary Katherine (voz original de Amanda Seyfried), una adolescente del siglo XXI, resuelta, algo descreída e hija de padres divorciados. M.K., como se hace llamar la chica (que por cierto, no resulta nada irritante, y eso es un gran logro), visita a su excéntrico padre (voz original de Jason Sudeikis), que vive alejado del mundo y de la realidad, dedicado al estudio de las pequeñas criaturas que pueblan el bosque. M.K. achaca el fracaso de su familia a la obsesión del hombre con la sociedad faérica que mantiene el equilibrio de la naturaleza, sin embargo se replanteará la relación con su padre cuando ella misma descubra que estos seres diminutos realmente existen. Elegida por la Reina Tara (Beyoncé Knowles) para preservar la monarquía que rige a los Hombres Hoja, garantizar la seguridad del capullo que contiene la clave para elegir a la nueva reina, y defender el bosque de la amenaza de los Boggans (alimañas y bichos que pudren todo cuando tocan), M.K. es reducida al tamaño de esta pequeña civilización y emprende una odisea junto a un veterano guerrero, Ronin (claramente inspirado en Marlon Brando, con la voz de Colin Farrell), un joven aspirante a Hombre Hoja, Nod (Josh Hutcherson) y los Timón y Pumba de esta película, una babosa y un caracol, Mub (Aziz Ansari) y Grub (Chris O’Dowd) respectivamente.

No hay nada verdaderamente épico en Epic. De hecho, Generic habría sido un título más acertado para ella. Pero no olvidemos que lo de épico no se refiere tanto a la capacidad de la película para provocar asombro, sino que más bien es un recordatorio del género que se profesa y homenajea. A esta fantasía épica le ocurre lo mismo que a la mayoría: su empeño por construir un mundo imaginario desde los cimientos, y otorgarle un sólido contexto de leyenda que lo sostenga, relega a un segundo plano a los personajes y lo que se nos cuenta. Epic es tan correcta, tan de manual, que puede llegar a desesperar en algunos de sus pasajes, sobre todo en su primera hora, en la que no falta ni un solo cliché. Sin embargo, la vertiginosa y emotiva recta final de la película compensa con creces el factor “esto ya lo he visto doscientas veces”. Epic está hecha con sumo cariño, y se nota en cada uno de sus meticulosamente detallistas planos, en sus preciosos y coloristas paisajes forestales, incluso en su más que correcta banda sonora compuesta por Danny Elfman. Pero el cariño por sí solo no basta para hacer una buena película. Como de costumbre, un envoltorio bonito no garantiza un contenido a juego. No pasará a la historia de la animación, pero Epic puede al menos presumir de ser una de las aventuras más visualmente portentosas del año.

 

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