Orphan Black: Tuyas, mías, nuestras

Este verano me he planteado un reto que no os será ajeno. Ponerme al día con las series que sigo (¿casi todas?) para empezar el curso con dos o tres temas del libro ya leídos (¿quién me iba a decir que algún día pondría en práctica ese consejo?) e intentar llevar el nuevo calendario de series con menos agobio de cara al otoño que se acerca. Vaya, ¿desde cuándo esto de la seriefilia se ha convertido en una obligación más que en una afición o pasión? Dejemos ese tema para otro momento. Además de ponerme al día con series que por una razón u otra (básicamente la inexistencia de días de 48 horas) dejé paradas, he decidido que es el momento de echar un vistazo a aquellas “trending series” a las que aun no había hincado el diente. Series de esas que la masa seriéfila recomienda con fervor en Twitter, de esas que gracias a Tumblr ya has visto capítulos enteros en formato gif. Sin duda, la serie que más vi mencionada en las redes sociales la temporada pasada fue Orphan Black. Todo el mundo hablaba de ella, todo el mundo la reivindicaba, y la semana pasada decidí comprobar con mis propios ojos por qué tanto jaleo.

Orphan Black es un thriller de ciencia ficción que cuenta por ahora con una temporada (se prepara la segunda para 2014) y que consta de tan solo 10 episodios. Las temporadas de 10 capítulos son un regalo del cielo para nosotros. No solo porque nos permiten más tiempo para otras series, sino porque ya está más que demostrado que cuanto más condensadas son las temporadas, mejor contadas están. Mirad por ejemplo Juego de Tronos, o lo bien que le ha sentado el recorte de capítulos a True Blood. Este también es el caso de Orphan Black, que sin ser nada excesivamente original o novedoso, se las arregla para mantener el interés del primer al último episodio. Estamos ante una coproducción de Canadá y Estados Unidos, emitida en la cadena temática de género Space y en BBC America. Sin embargo, Orphan Black podría pasar por una serie de SyFy, si no fuera porque sus efectos especiales son magníficos y sabe en todo momento lo que nos quiere contar.

La premisa de Orphan Black recuerda ligeramente a la de la malograda (y malísima) Ringer. Pero solo la premisa, que conste. Sarah Manning, una joven de mala vida se encuentra en una estación de tren con una mujer idéntica a ella. Ante la mirada atónita de la protagonista, su “gemela” se suicida saltando a las vías. A continuación, Sarah suplanta la identidad de la suicida, Beth Childs, que resulta ser una agente de policía involucrada en un extraño caso que llevará a Sarah a conocer a más mujeres idénticas a ella. A pesar de que en su núcelo es una serie sci-fi, Orphan Black es estilística y narrativamente un thriller. La serie adopta a menudo forma de policíaco y se desenmaraña a base de sorpresas, giros, y escenas de acción. No hay nada verdaderamente impactante o extraordinario en el relato en sí, pero sí en la forma de contarlo. Ausencia de pretensiones, esfuerzo (fructífero) por mantener el interés del espectador, y el imprescindible factor “adicción”Orphan Black entra fácil, se puede ver en dos días, y no resiente al espectador como otras series de la misma naturaleza.

Pero sin duda alguna, la mayor virtud de Orphan Black, su mayor baza, tiene nombre propio: Tatiana Maslany. Lo que Joss Whedon buscaba (en vano) en Eliza Dushku para su multi-personaje de Dollhouse, lo que Sarah Michelle Gellar creía tener (ilusa) para interpretar a las gemelas de Ringer, es justo lo que posee Maslany, y además a raudales: talento camaleónico. Lo de esta chica es increíble. Dramáticamente no es un portento, pero triunfa en la dificultosa tarea de interpretar a un gran número de personajes, de sostener ella sola el peso de toda la historia, y de crear microcosmos creíbles para cada uno de estos personajes, sin que esto suponga una distracción negativa. Ahí es nada. Mediante cambios de acento, lenguaje corporal, gestos, cadencia de la voz y caracterización (vestuario, peluquería y maquillaje), Maslany nos ayuda a diferenciar sin problema a todas las doppelgängers a las que da vida. Es más, no solo consigue que las distingamos y que no tengamos presente que es Maslany la que está en todos y cada uno de los planos de la serie (y además a veces por partida doble y triple), sino que se las arregla para que conectemos con todos sus personajes y los apreciemos a varios niveles. Sarah, Cosima, Alison o Helena son entidades altamente individuales, personajes distintos por los que mostramos más o menos afecto en escala. Un logro muy considerable.

Orphan Black es por tanto Tatiana Maslany -sin desmerecer a Felix, alivio cómico y complemento perfecto a todas las Maslanys. Pero también es entretenimiento poco exigente, una serie a la que se perdonan los vicios de policíaco y su carácter predecible por su capacidad para hacer pasar un buen rato, y también por su factura técnica, de la que destacan indudablemente los efectos para situar a varias Maslanys en el mismo plano. Por todo esto, Orphan Black es una serie idónea para practicar el binge-watching (maratón de episodios). De rápido consumo, fácil digestión, y a otra serie, seriéfilo. No nos cambiará la vida, pero nos alegramos de que Tatiana Maslany haya entrado a formar parte de ella.

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Comentarios (2)

 

  1. Alx dice:

    Anda, no me había parado a pensarlo ¿Cómo habría sido Dollhouse con Tatiana Maslany? Quizás habría funcionado.

  2. David Sancho dice:

    Leía tu crítica y vi la serie en dos días. Lo cierto es que entretiene bastante pero me chirría el tono mucho. Ese halo cómico que tiene todo el rato me impedía que me metiese del todo en la serie y además no me hacía gracia. Por lo menos tiene un final bastante apañado.

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