Crítica : Mud (Jeff Nichols)

Take Shelter (2011) colocó a Jeff Nichols en el mapa cinematográfico. La astuta combinación de drama psicológico y sobrenatural de su segundo largometraje le granjeó reconocimiento y nos animó a seguirle la pista con expectación. Dos años después, Nichols regresa con Mud, una propuesta muy distinta a Take Shelter en su discurso, pero con la que logra consagrar tempranamente su estilo y confirmarse como uno de los nuevos realizadores norteamericanos más a tener en cuenta.

En Mud, Nichols emplea las mismas herramientas narrativas y estilísticas que en su anterior obra, pero las reorganiza para enarbolar un relato sobre la adolescencia y la pérdida de la inocencia. Mud huele a tierra mojada del Misisipi, a la América profunda de los grandes lagos y la vida pesquera, a rudos hombres con grandes botas que no han conocido más ducha que el agua dulce del río, a hastío y resignación. Nichols, que escribe también el guion, cultiva con pasión contenida la tradición de los relatos clásicos norteamericanos en una película que cuenta la transición hacia la vida adulta de sus particulares Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Ellis (Tye Sheridan) y Neckbone (Jacob Lofland) se encuentran en una pequeña isla cercana al pueblo con un misterioso fugitivo, un Robinson Crusoe que se hace llamar Mud (Matthew McConaughey en uno de los mejores papeles de su carrera), al que ayudarán a escapar de la ley para reunirlo con el amor verdadero, Juniper (Reese Witherspoon), una hermosa y ajada criatura de rubia melena y jeans ajustados.

Mud fluctúa entre la ensoñación y el idealismo de la infancia que comprende el amor en términos absolutos y la dura realidad de la vida, en la que hace falta algo más que preguntar “¿quieres ser mi novia?” para sellar un contrato amoroso para la eternidad. A través de sus personajes, Nichols nos habla de ese momento en el que la mirada del niño comienza a situarse a la altura del adulto y obliga a ajustar las expectativas. Sus experiencias junto a Mud, Juniper, y sus padres, que están a punto de divorciarse, aceleran el proceso de crecimiento de Ellis. Observando a los adultos, asomándose furtivamente a una ventana, escuchando conversaciones que no debería escuchar, el niño entra en contacto con un mundo de decepciones, engaño y deseo. Uno en el que afortunadamente aun hay cabida para el amor más romántico e incondicional. Simple y para siempre. Aunque este acabe revelando su lado más crudo, e incluso peligroso.

Como en Take Shelter, Nichols exhibe aquí un excelente pulso narrativo, apostando por un desarrollo pausado, pero salpicado de tensión e inquietud que da paso a un clímax que adopta la forma del thriller. A pesar de dominar el arte del silencio (o precisamente por eso), en Mud se pone también de manifiesto la importancia de la narración para el realizador. Nichols cincela a sus personajes a través de breves historias del pasado que salpican constantemente el metraje. Este gusto por contar historias también se refleja en su más que competente realización, con una planificación exquisita siempre al servicio del relato. Pero Mud es ante todo una conmovedora historia de amistad y descubrimiento, un cuento sobre pasado y transición. De Ellis y Neckbone a Ellis y Mud. Y al final, Ellis. De lanzar piedras al río y escalar árboles a asimilar la posibilidad de la muerte, y del sexo. A crecer, aprender a descifrar y experimentar el mundo, a encontrar refugio, primero acompañado, y después solo. Mud es en definitiva literatura, cine y vida. Una melancólica y honesta mirada a la infancia de la que Mark Twain estaría orgulloso.

Etiquetas: , , ,

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas