Cine europeo: Solo el viento, Lo que el día debe a la noche

Los estrenos de primer este fin de semana de agosto incluyen las habituales ofertas estivales, un blockbuster de acción para ver en pandilla, Guerra Mundial Z, y una de niños para ver en familia, Los Pitufos 2. Sin embargo, la cartelera española nos ofrece interesantes alternativas procedentes del viejo continente. Tres cintas que conforman una oferta ecléctica con la que poder estar al tanto de lo que se cuece en la cinematografía europea, al menos en la que nos llega. Ya he reseñado Romeos, película alemana de Sabine Bernardi, aquí. Os dejo a continuación con la húngara Solo el viento y la francesa Lo que el día debe a la noche:

Solo el viento (Csak a szél, Benedek Fliegauf, 2012)

La comunidad gitana de un pequeño pueblo a las afueras de una ciudad húngara se ve agitada por los crímenes cometidos contra cinco familias vecinas, víctimas de tiroteos que no han dejado supervivientes en ninguna de ellas. La policía investiga los asesinatos, supuestamente motivados por el odio racista, mientras el resto de miembros de la comunidad hacen lo posible por seguir adelante con sus rutinas, a pesar de que el miedo se gesta en el pueblo. Mari vive con su padre inválido y dos hijos, Anna y Rio. Mientras la chica se mantiene ocupada trabajando, el pequeño Rio se mete a delincuente. En una “visita” a una de las casas de las víctimas, el niño empieza a ser consciente de que su familia está en peligro.

Solo el viento no deja indiferente. Estamos ante una de esas películas que dividen drásticamente a la audiencia, es tan fácil elogiarla como detestarla. En este sentido se asemeja a varios títulos cortados por el mismo patrón: Elephant (2003), La muerte del señor Lazarescu (2005) o 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007) polémicas aproximaciones a la realidad desde un punto de vista extremadamente contemplativo, que dejan que la tensión se geste por sí sola, y el desasosiego se instale en el espectador para darle el golpe de gracia al final. Sin embargo, Solo el viento no posee la fuerza suficiente como para permanecer en la memoria, a pesar de que su final pueda cambiar drásticamente la percepción de lo visto hasta ese momento. Esto sea quizás debido a un tratamiento de la imagen extremadamente naturalista (hay secuencias enteras en las que no vemos prácticamente nada), o porque contiene algún pasaje peligrosamente demagógico que desentona en una propuesta que, en teoría, busca el juicio a través de una experiencia (pretendidamente) observacional.

 

Lo que el día debe a la noche (Ce que le jour doit à la nuit, Alexandre Arcady, 2012)

Lo que el día debe a la noche es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Yasmina Khadra (seudónimo femenino del escritor argelino en lengua francesa Mohammed Moulessehoul), que relata una historia de amor que tiene lugar entre Francia y Argelia, y que transcurre desde 1930 hasta la actualidad. Una promesa hecha en secreto marcará la vida del joven Jonás, que verá peligrar el amor de su vida, coincidiendo con un país, Argelia, que vivirá sus últimos años como colonia francesa. Lo que el día debe a la noche es un relato ultrarromántico que además reflexiona sobre nuestras raíces, y cómo el mundo cambia a nuestro alrededor mientras unos las clavan más hondo y otros se deshacen de ellas, una historia que defiende la idea de que “el amor debe ganar siempre”.

El veterano Alexandre Arcady firma una película que aspira a ser Grandes esperanzas y se queda en telenovela venezolana. Un auténtico horreur de TRES horas del que me es imposible destacar lo peor: Las penosas interpretaciones (sin excepción) para dar vida a personajes que van de lo vacuo a lo absurdo -destaca la protagonista femenina, un ser abominable cuyas incoherentes y aleatorias acciones no se pueden justificar ni siquiera con la dosis más rosa de amor y celos. El acabado estético y todos los aspectos técnicos de la película, del paupérrimo trabajo de cámara al desastroso montaje, que evidencian un sentido del ritmo atrofiado. La inconsistencia de la historia, a través de la cual Arcady nos conduce explicando todo lo que debería ser implícito y forzando los conflictos. Los irrisorios efectos digitales. Todo en Lo que el día debe a la noche exclama “¡TV Movie!” Y definirla así es quedarse corto.

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