Crítica: Lobezno Inmortal (The Wolverine)

El entuerto lo provocó la tercera entrega de X-Men, La decisión final (2006), pero el spin-off X-Men orígenes: Lobezno (2009) se encargó de rematar la faena. Las dos primeras partes de la saga mutante de Marvel en Fox, capitaneadas por Bryan Singer, obtuvieron grandes laureles por parte de la crítica y el entusiasmo del público, contribuyendo así a la dignificación del cine comiquero de súper héroes que hoy en día disfrutamos. Pero Singer se bajó del carro, y los X-Men perdieron el rumbo (paradójico teniendo en cuenta lo que el realizador hizo después). La primera entrega en solitario del peludo y musculoso mutante de Marvel no fue bien recibida, y con razón. Cartón piedra, efectos digitales propios de mediados de los 90 y lo más grave: una historia terriblemente descentrada, con un gran número de personajes muy mal manejados. Camp por un tubo. El tiempo ha perjudicado considerablemente a X-Men orígenes: Lobezno (4 años es mucho en el cine actual de Hollywood), y el mal recuerdo se ha magnificado.

Pero entonces llegó X-Men: Primera generación (2011), acertado y exitoso reboot de Matthew Vaughn que situaba la franquicia en la senda del bien. Tras el macroproyecto Avengers, Fox abraza el nuevo modelo Marvel y nos trae una nueva película de Lobezno que sirve como borrón y cuenta nueva, como capítulo independiente, secuela de La decisión final, y también como antesala o prólogo al gran evento de 2014: X-Men: Días del futuro pasado. Todo a la vez. La intertextualidad es lo que sostiene hoy en día este tipo de cine, y lo vamos a comprobar una vez más cuando Lobezno, los X-Men originales de Singer y los de la nueva clase converjan en el que será uno de los eventos cinematográficos más importantes del próximo año.

Pero para renacer hace falta primero purificarse, o más bien purgarse. Y eso es exactamente lo que hace Lobezno Inmortal (The Wolverine). Siendo más fiel al referente (un arco de Chris Claremont y Frank Miller) y con una trama mucho más centrada y fluida, Lobezno Inmortal plantea una nueva historia de (re)génesis para uno de los personajes más carismáticos de la Casa de las Ideas. Así, se presenta a Logan como lobo solitario, o más bien ronin, samurai sin maestro. Un hombre que arrastra el enorme peso de su pasado, la culpabilidad por la pérdida de la mujer amada –Jean Grey, que vuelve como Pepito Grillo de Logan- y la maldición de la inmortalidad. El cast se reduce así considerablemente, y la atención se concentra en el personaje, en su lucha interna por alcanzar el Zen y el autoconocimiento, dificultada por la rabia incontenible -y la explosiva testosterona- que hay en él. Lógicamente, la historia transcurre íntegramente en Japón, y en lugar de una película de súper héroes, obtenemos una cinta de acción ligeramente noventera que es a su vez película de artes marciales y en gran parte, cine de yakuzas. Una propuesta que habría desarrollado plenamente su potencial con una calificación por edades más valiente.

En esta película, Logan evoca al Bruce Wayne de Batman Begins (tiene todo el sentido del mundo con Frank Miller en común), un personaje reconfigurado a base de misticismo y disciplina ritual. Y he ahí el mayor error de Lobezno Inmortal. Se confunde lo serio y atormentado por lo profundo, y la historia rasca la superficie del personaje, pero no logra adentrarse en él tanto como pretende o como quiere hacer ver. Tampoco ayudan los tremendamente insulsos y olvidables secundarios, así como la villana fuera de lugar. No basta con reducir el número de personajes, también hay que sacar el mayor provecho de los que se tiene, y este no es el caso. Claro que esto tiene su reverso luminoso: Hugh Jackman, el hombre que puede con cualquier papel pero que nació para ser Lobezno, brilla como nunca. Él es Lobezno, él es la película, y eso es suficiente.

Cuando el peso de la película recae en la acción, Lobezno Inmortal sobresale. Los set pieces son fantásticos (concretamente la escena del tren o la secuencia Lobezno vs. los ninjas) y los efectos no tienen nada que ver con aquellas vergonzosas garras digitales de Orígenes. Pero más allá de esto, resulta que esta no es la obra de redefinición que el personaje necesitaba, y que Fox planeaba, sino otra película que no está a la altura del carisma del mutante. La única diferencia con la infame Orígenes es que esta vez han estudiado más, y se la han tomado más en serio. Tanto es así que hace algo peor que chirriar o dar vergüenza: provocar bostezos. Esperemos que el regreso de Lobezno al universo coral de X-Men con Días del futuro pasado nos devuelva al personaje en su mayor esplendor, es decir, interactuando con sus compañeros, o mejor aun, peleándose con ellos.

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Comentarios (2)

 

  1. Alverto dice:

    Pero la escena de los ninjas no salio apenas,la cortaron

  2. David dice:

    Estoy de acuerdo en la gran inmensa mayoría de tu crítica Pedro, menos en que se ha estudiado más, no creo q para nada han estudiado más de exo creo q la cultura oriental debería de estar demasiado mosqueada con el concepto que le dan a los principios de un samurai y de un ninja, es inaceptable que al samurai se le arrebate lo máximo q tiene en su vida como es el honor, y se le de a un ninja, los malos de esta peli no merecen ser vestidos ni atribuidos al samurai y los ninjas hacen su papel, por otra parte es verdad q Hugh lleva el peso absoluto de la peli, de exo creo q Hugh es la peli, sin el estoy no sería nada, en el tema físico una cosa que ha creado muxa controversia, vemos un Hugh más musculado, más venoso ( esto es lo que ha levantado muxo polvo) pero menos definido, algo q en orígenes si estaba, lo mejor de esta peli es con la gran dignidad q Lobezno asume su papel de mortal, y lo bien q es interpretado por Jackman, pero ahy cosas como he dixo antes muy regulares, como q Lobezno sea rebajado a tanto castigo por un “SAMURAI” que no tiene honor alguno, eso no me gusto nada, finalizo con una observación más, Hugh tiene ya 45 años, o se dan prisa o no sacan un Lobezno independiente de x-Men, q sea sublime.

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