Crítica: Ahora me ves…

“¿Te sientes explotado o te lo has pasado bien aunque sea un poco?”

Son las palabras exactas que pronuncia Alma Dray (Mélanie Laurent) en una aparentemente trivial escena de Ahora me ves… Quizás el eslogan más resultón de la película de Louis Leterrier (Furia de titanes) sea “cuanto más cerca mires, menos verás“, pero la verdadera esencia del filme se encuentra inequívocamente en la pregunta que Dray plantea a su escéptico compañero, el agente Dylan Rhodes (Mark Ruffalo). Claro que ambas ideas están necesariamente relacionadas.

¿Hasta qué punto importa ser consciente de estar siendo manipulado si uno se lo está pasando en grande? Esto es lo que pide Leterrier a los espectadores de Ahora me ves…, un ejercicio de entrega total por su parte, de confianza ciega (y de hacer la vista gorda) por la promesa de pasar un rato inmejorable a cambio. La metáfora es constante y evidente. Ahora me ves… es un gran truco de magia, uno hecho película, un espectáculo de prestidigitación narrativa que no logra engañar todo el tiempo al espectador (¿quién es “la persona más inteligente de la sala”?), pero sí consigue que este se deje llevar y disfrute del show. El pacto de credibilidad funciona a otro nivel con Ahora me ves…, porque después de todo, estamos hablando de magia. De esta manera será más fácil pasar por alto los agujeros de guion o las (muchas) fantasmadas que plagan la historia. Ese es el verdadero truco. Y es uno de los más efectivos.

El número inaugural de Ahora me ves… es inmejorable. La fantástica secuencia inicial de la película establece el tono y el tempo de la película. A medida que vemos, uno detrás de otro, a los cuatro personajes que conformarán el súper-equipo de ilusionistas Los Cuatro Jinetes (porque Los Cuatro Fantásticos ya estaba cogido), nos impregnamos del acelerado y circense ritmo que se mantendrá durante todo el metraje -con excepción de un tramo hacia el final que se centra demasiado tiempo en la investigación policial encabezada por Ruffalo. Desde un primero momento queremos creernos todos los trucos, y aunque nosotros vayamos un paso por delante de todos los personajes, aunque veamos el doble fondo de la caja, o las orejas del conejo asomar por la manga, no podemos evitar asombrarnos como niños en una fiesta de cumpleaños (de esas que se ven en las películas, se entiende).

Quizás Ahora me ves... baje la guardia durante su clímax. A pesar de que el “más difícil todavía” que nos plantean Los Cuatro Jinentes atrapa toda nuestra atención, el desenlace peca de dar demasiadas explicaciones y buscar la lógica cuando es precisamente lo que menos necesitamos. Y claro, esto es lo que acaba arruinando en cierto modo la experiencia del ilusionismo. Sin embargo, Ahora me ves… insiste hasta el último de sus planos en que llevemos a cabo un acto de fe. Y esto es lo que hacemos encantados, hipnotizados. Y sí, también nos sentimos ligeramente explotados, engañados, pero somos conscientes en todo momento, formaba parte del trato. Así que agente Dray, la respuesta a tu pregunta es un rotundo “sí”. Me lo he pasado bien. Me lo he pasado bomba. Así que todo lo demás da igual. David Copperfield debe estar entusiasmado.

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