Hannibal: A fuego lento

En mi análisis del piloto de Hannibal, no me mostré precisamente entusiasta con la serie, o con lo que esperaba (y vaticinaba) de ella. Resumiendo, me pareció un comienzo impactante en el aspecto técnico y visual, pero decepcionante en cuanto a personajes y forma de contar la historia. Envoltorio de lujo para una caja (más o menos) vacía. Aunque también es cierto que la propuesta de Bryan Fuller invitaba desde el principio a sentarse y saborear lentamente el menú, a ir descubriendo y apreciando cómo los ingredientes se iban fusionando en el paladar. Eso es lo que he hecho. He ido recibiendo los platos, cuidadosamente realizados y puestos en la mesa con una presentación inmejorable, y después de terminar los trece episodios de la primera temporada, puedo decir que Hannibal es un gusto adquirido. He aprendido a apreciarla, pero no me quedo con demasiadas ganas de probar más.

A Hannibal le ha pasado exactamente lo mismo que ocurrió con Dollhouse. Hasta la mitad de la temporada, y a pesar de que el piloto (el de Hannibal) parecía indicar lo contrario, ha habido un énfasis muy claro en el formato ‘caso de la semana‘. El episodio 7, “Sorbet” marca un evidente punto de inflexión en la serie. En él vemos por fin a Hannibal Lecter matando, y cocinando a sus víctimas. Así, su relación con los asesinatos investigados hasta ese momento se hace explícita para el espectador, que lógicamente lo sabía desde el inicio, y el relato fluye mejor. De esta manera, las tramas episódicas (aunque presentes hasta el final) dan lugar a una gran trama en la que lo visto hasta el momento juega un importante papel, tanto para las investigaciones como para el desarrollo de los protagonistas. Como intuíamos, Fuller ha dispuesto los elementos del relato con sumo cuidado, para hacerlos converger de manera natural, y en última instancia conducirnos junto a Will Graham en su descenso a los infiernos.

Sin embargo, a pesar de episodios como “Sorbet”, o el inmediatamente anterior, “Entrée”, Hannibal no se deshace del todo del lastre de lo formulaico y procedimental. Los trances empáticos de Will o las escenas a lo CSI con el equipo de forenses del FBI acercan la serie peligrosamente al aburrido y clónico universo de las series de investigación criminal. Salva Hannibal de caer del todo en lo convencional su exquisita ambientación y el enorme riesgo con el que se plantea la serie en el apartado visual. Estéticamente, la de Fuller es una de las series más bellas que se recuerdan en mucho tiempo. En el apartado sonoro es sencillamente apabullante. Hannibal ha conseguido llevar a un nuevo nivel la concepción de la muerte como obra de arte, con escenas del crimen dispuestas como hermosos tableaus (al igual que en la sexta temporada de Dexter) y una sorprendente ausencia de cortapisas que resulta en los planos más brutales, explícitos y sobrecogedores. Y con el mismo gusto y voluntad artística que se muestran los crímenes, y los viajes al subconsciente de Will, se plafinican las escenas en las que Hannibal prepara sus platos y los presenta a sus comensales, secuencias fascinantes que despiertan nuestro apetito más salvaje.

Entonces, ¿por qué no me termina de convencer Hannibal? Aparte del soporífrero elemento procedimental, mi principal problema con ella son sus personajes. Y como sabéis, si en una serie no te convencen sus personajes… mal camino lleva. De acuerdo, Mads Mikkelsen está magnífico como Hannibal Lecter, personificando al mito a la perfección. Sin embargo, su contrapunto, Will Graham, no está a la altura. Quizás el problema sea que el personaje le viene muy grande a Hugh Dancy. El actor británico está sobreactuado y maniqueo, y su interpretación se le va completamente de las manos. Necesita más autocontrol para que dejemos de pensar constantemente en el actor y empecemos a pensar en el personaje roto e inestable que interpreta. El elenco que rodea a Mikkelsen y Dancy no aporta demasiado. Lawrence Fishburne resulta antipático e irritante, y no posee cualidades redentoras en este sentido, Caroline Dhavernas está casi invisible, el personaje de Kacey Rohl (Abigail Hobbs) podría dar mucho de sí, pero resulta plomizo. Solo Freddie Lounds, la periodista sin escrúpulos (alivio cómico ¿voluntario?), me resulta mínimamente interesante. Por último, aunque me duela mucho decirlo, la interpretación de Gillian Anderson es plana, y algo caricaturesca. Fuller tiene una temporada más (gracias quizás a esos fans que han salido de debajo de las piedras e idealizan su objeto de culto en Tumblr, donde todo parece mucho mejor de lo que es), una segunda oportunidad para sacar mayor provecho de estos personajes que, si se les dedica el mismo esfuerzo que se emplea en el apartado estético de la serie, podrían hacer de Hannibal una propuesta mucho más completa.

Etiquetas: , , , , , , ,

Comentarios (2)

 

  1. Juan Naranjo dice:

    A mí no me compensa todo lo artístico. Veo la serie sin pies ni cabeza, muy indulgente y, lo peor de todo, soporífera. No sé ni cómo la he acabado… pero para mí está muerta y enterrada.

  2. Laura dice:

    “Esos fans” no- EsAs fans. Tumblr se escribe con A ^^ Y a Hannibal lo hemos salvados nosotrAs

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas