Cine europeo: La mejor oferta e Hijos de la medianoche

Giuseppe Tornatore dirigiendo a Geoffrey Rush en una escena clave de La mejor oferta.

 

Además de estrenos taquilleros procedentes del otro lado del charco, como Star Trek: En la oscuridad o Gru 2 – Mi villano favorito, este fin de semana nos llegan a las carteleras españolas dos éxitos del cine europeo, La mejor oferta e Hijos de la media noche, dos propuestas muy dispares que suponen una alternativa (o complemento, según el paladar del espectador) a los blockbusters que nos siguen llegando este verano.

La mejor oferta (La migliore offerta, Giuseppe Tornatore, 2013)

En La mejor ofertaGeoffrey Rush interpreta a un subastador de arte que entabla una relación con una joven mujer agorafóbica que ha contratado sus servicios para tasar las obras de arte de su mansión. Y hasta ahí puedo -y quiero- leer. Es mejor adentrarse en la nueva película de Giuseppe Tornatore -realizador de la mítica Cinema Paradiso– sin conocer demasiados datos de la historia que cuenta. No tanto por el factor sorpresa -que también-, sino por la posibilidad de disfrutar de una ejemplar obra cinematográfica en la que la ausencia de expectativas juega un papel a su favor.

Con su última película (gran éxito de taquilla en Italia, donde la ha visto casi millón y medio de espectadores), Tornatore hila un preciso y detallista relato que reflexiona sobre hasta qué punto es posible falsificar un sentimiento, estableciendo paralelismos con el mundo del arte. La mejor oferta es un inteligente rompecabezas en el que todas las piezas encajan a la perfección, una enigmática historia alejada del efectismo de Trance -con la que guarda más de una similitud y curiosamente coincide en cartelera-, que atrapa y logra conservar la atención de principio a fin. Esto es gracias a un engranaje narrativo digno de Hitchcock o Polanski -“referencias inconscientes”, según el propio Tornatore-, y por supuesto al memorable recital interpretativo de Geoffrey Rush, que construye un personaje complejo y fascinante a partes iguales.

La mejor oferta está excelente filmada (aunque parezca mentira, en digital) y narrada con magnífico pulso y elegancia. Tornatore demuestra con su primera película rodada en inglés con reparto internacional que sigue en plena forma. Colabora con él por décima vez en su carrera el mítico Ennio Morricone, cuya inspirada partitura corona este minucioso trabajo cinematográfico, un ejercicio de pasión narrativa que constituye, sin duda alguna, una de las mejores ofertas cinematográficas del año.

 

Hijos de la medianoche (Midnight’s Children, Deepa Mehta, 2012)

Basada en el best-seller de Salman Rushdie, Hijos de la medianoche es la película más reciente de la realizadora indocanadiense Deepa Mehta, conocida sobre todo por su tetralogía basada en los cuatro elementos. En su nuevo filme, Mehta adapta desde su particular sensibilidad la aclamada obra literaria de Rushdie, que cuenta la historia de dos niños cambiados al nacer en el filo de la medianoche en la que la India adquiría su independencia de Gran Bretaña. Un relato de dos horas y media de duración que traslada al lenguaje cinematográfico las características propias de bildungsromansiguiendo al protagonista, Saleem Sinai (Satya Bhabha), a través de los años y las generaciones.

Saleem es uno de los primeros niños nacidos en la India libre, lo que genera un vínculo especial -y sobrenatural- entre él y todos aquellos bebés que vinieron al mundo la misma noche del 15 de agosto de 1947 en su país. Con Hijos de la medianoche, Mehta nos habla de la búsqueda de la identidad propia y la importancia de las circunstancias y el destino a la hora de encontrarla, extrapolando esta cuestión a la identidad nacional de su pueblo. La directora se aproxima a la novela de Rushdie entendiéndola en gran medida como un relato amable, cercano e incluso cómico. Sin embargo, Mehta abarca todo lo que puede a lo largo del extenso e irregular metraje, evidenciando una clara ambición en lo que a hibridación genérica se refiere, y en consecuencia condenando la película a la tierra de nadie y de nada. Hijos de la medianoche es una epopeya en la que hay tiempo y espacio para el romanticismo, el drama intimista, la comedia picante, la tragedia, el relato bélico, el musical bollywoodiense, e incluso el realismo mágico y la fantasía, que forman una parte indispensable de la historia. Algunas de las muchas ideas y tesis que elabora la historia imaginada por Rushdie -que, por cierto, presta su voz como narrador en la película- resultan ciertamente estimulantes, pero Hijos de la noche acaba perdiéndose por su incapacidad para centrarse, así como por su irrefrenable vena telefilmesca.

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