Crítica: Star Trek: En la oscuridad

J.J. Abrams puede regodearse de tener actualmente una de las marcas autoriales más definidas y reconocibles del panorama catódico y fílmico. La ha cultivado durante mucho tiempo en series de televisión, pero ya lleva años dedicado en cuerpo y alma al cine. Si bien ya había demostrado que era un nombre a tener en cuenta gracias a series como Felicity o Alias, fue con el hito de la cultura popular, Perdidos, con el que llegó al lugar privilegiado de la industria en el está instalado ahora. Abrams ya no está interesado en la tele como antes. Está claro que las series eran para él una plataforma hacia la gran pantalla. Si Super 8 le granjeó reconocimiento más allá de Lost, con Star Trek ha logrado confirmar que tiene madera de fabricante de blockbusters con alma, al estilo de su mentor Steven Spielberg.

La marca Abrams sigue vinculada a un tipo de narración muy particular que se fundamenta en la manipulación de las expectativas del espectador. Enigmas, preguntas sin respuesta, anticipación, fragmentación. Sin embargo, con la primera entrega de la nueva era cinematográfica de Star Trek, el autor se alejaba considerablemente del escondite narrativo y visual al que jugaba en Monstruoso y Super 8, dejando en herencia este particular estilo a su segundo de abordo, Damon Lindelof -que con Prometheus confirmaba el hastío del espectador ante la fórmula. Para acometer la importante tarea de relanzar la franquicia Star Trek, Abrams debía dejar atrás sus vicios como narrador. Había de encontrar la manera de conservar el espíritu trekkie y a su vez adaptarlo a las nuevas sensibilidades cinéfilas. Afortunadamente, tanto la primera entrega, como su secuela, Star Trek: En la oscuridad, confirman que Abrams es capaz de contar una historia de corte clásico sin marear al espectador (quizás solo en algunas secuencias de acción), de convertirse en un cuentacuentos contemporáneo, algo que sin duda le cualifica para emprender su próxima odisea pop, ponerse al frente de la primera entrega de la nueva trilogía de Star Wars. Abrams mucho abarca, y de momento, afortunadamente, mucho aprieta.

Star Trek: En la oscuridad supone una continuación orgánica y natural de la primera entrega, estrenada en 2009. Otra vertiginosa, colorista y emocionante aventura a bordo de la nave Enterprise, que funciona como secuela y a su vez como enlace con el pasado de la creación de Gene Roddenberry -materializado con la presencia, de nuevo, de Leonard Nimoy como el Spock del futuro pasado. Abrams repite fórmula, solo que esta vez pule los defectos de la primera parte logrando una cinta igualmente efectiva pero más redonda, más explosiva e impactante, y en definitiva, más satisfactoria. El primer acierto de Star Trek: En la oscuridad con respecto a su predecesora es la incorporación de un villano carismático, un Benedict Cumberbatch cuya abrumadoramente magnética presencia es suficiente para olvidar que alguna vez existió el Nero de Eric Bana (aunque seguro que a muchos no les hacía falta Cumberbatch para olvidarlo).

Sin embargo, el idolatrado Sherlock de BBC y su profunda voz gramofónica no es lo mejor de Star Trek: En la oscuridad. Como en la primera película, la gran química entre Chris Pine y Zachary Quinto como Kirk y Spock -dos de los mayores aciertos de casting del cine reciente- continúa siendo la espina dorsal del proyecto. En esta secuela se sigue profundizando en la complicada pero gratificante amistad entre estos personajes, haciendo que esta culmine en un sorprendentemente emotivo, e incluso desgarrador, clímax. Pero no solo de Spock y Kirk vive Star Trek. De hecho, la mayor virtud de esta nueva etapa de Star Trek es haber reclutado a un estupendo elenco coral que aporta una dinámica de grupo magnífica. Kirk y Spock aprenden juntos a ceder en lo que respecta a sus férreas convicciones y rasgos de personalidad, y lo hacen en gran medida gracias a una tripulación que les muestra la posibilidad de complementarse y explotar la diferencia por el bien común, algo que el espectador percibe claramente. No hay nada más importante que hacer ver que los personajes se preocupan los unos por los otros para que la audiencia estreche el vínculo con ellos y con la historia.

Star Trek: En la oscuridad es todo un triunfo del cine de aventuras y sci-fi, un intenso y trepidante viaje a través de los rincones más hermosos y peligrosos de la galaxia, en el que la acción más espectacular complementa el desarrollo de personajes, en lugar de eclipsarlo. Abrams firma así un producto de gran empaque visual -el bellísimo prólogo lo evidencia- en el que salta a la vista el amor hacia los personajes, un nuevo capítulo dentro de una macro-historia -y obsesión- de casi cinco décadas en el que el autor saca provecho de su experiencia televisiva para seguir conquistando el cine.

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Comentarios (2)

 

  1. Juan Pazos dice:

    Aún no he visto esta peli pero hay un par de cosas con las que no estoy de acuerdo: en primer lugar, no creo que la intervención de Abrams en Perdidos fuese demasiado intensa después de los primeros tiempos, aunque es verdad que la tendencia a enrevesar la trama y no acabar de dejar nada demasiado claro ya estaba en la, para mi gusto, maravillosa Alias y por ese motivo se puede ver como “marca de la casa”. Por otro lado el caché que le puedan estar dando películas como Super 8 o las de Star trek es bastante relativo, al menos desde mi punto de vista. Super 8 tenía cosas muy interesantes pero se desinflaba por culpa, como siempre, de un guión que sonaba improvisado a partir de la mitad del metraje. Y con star Trek lo quie tenemos, al menos en la primera, es un espectáculo de fuegos de artificio muy aparente y disfrutable pero emocionalmente hueco y que además, por lo que he leído de esta segunda entrega, no acaba de decidir si debe ser un producto nuevo o rendirse a una pleitesía hacia la serie clásica que le va a sonar a chino a quienes no la conozcan y que tiene todos los boletos para enfurecer a los acólitos de toda la vida.

  2. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    Gracias por tu comentario, Juan.

    Yo diría que lo de enrevesar la trama y dar la sensación de que no se sabe hacia dónde se va estaba ya incluso en Felicity. Aunque no lo creas, estoy de acuerdo con gran parte de tu comentario. Yo no he hablado en mi crítica tanto de reconocimiento como de oportunidad. Sus dos últimas películas le han abierto las puertas definitivas, y con Star Trek ha demostrado que se le da bien este tipo de historias. La prueba está en que se va a encargar de Star Wars. A mí Abrams nunca me convenció del todo hasta Star Trek (de hecho se podía decir que era incluso detractor). Ni Cloverfield ni Super 8 me parecieron para tanto. Como bien dices, el guion de ambas se desinflaba después de preocuparse únicamente por crear anticipación y misterio.
    También digo que esta “imagen de marca” ya no se vincula tanto a él, sino que la ha heredado Damon Lindelof, por lo que en eso creo que sí estamos de acuerdo, aunque en tu comentario digas que no 🙂
    En cuanto a la primera Star Trek, entiendo lo que dices, pero en esto sí es en lo que discrepamos. Es puro espectáculo, pero yo no llegaría tan lejos como para llamarlo “emocionalmente hueco”. De acuerdo que Abrams no es Paul Thomas Anderson, claro está, pero en estas películas ha hecho un buen trabajo con los personajes, conectan entre ellos, y están bien caracterizados. Cuando veas la segunda película podrás reafirmarte o no. Yo creo que notarás evolución en los personajes, y verás unas cuantas escenas que demuestran que es algo más que acción espectacular. Pero si me equivoco, compártelo aquí igualmente si lo deseas.

    ¡Un saludo!

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