Crítica: Gru 2 – Mi villano favorito

Allá por el lejano 2010 se estrenaba con enorme y sorprendente éxito una película de animación cuya premisa era una fusión entre Shrek y Dr. Horrible’s Sing-Along Blog. En su versión original se titulaba Despicable Me, un genial y en cierto modo transgresor título -dentro del género animado- que en España se traduciría con el mucho más descriptivo y amable Gru, mi villano favorito. A pesar del rebautizo edulcorado, el título seguía conteniendo una palabra clave que distanciaba Gru del resto de películas ‘de dibujos’ de los últimos años: su protagonista no era un héroe, sino un villano, un Big Bad huraño y sociópata que planeaba un gran golpe: robar la luna. De esta manera, Gru, mi villano favorito se sumaba a una larga lista de títulos cinematográficos y televisivos que durante lo que llevamos de siglo XXI han desplazado la atención del héroe clásico hacia la figura del malvado o antihéroe -sin ir más lejos, el mismo año de Gru se estrenaba la muy similar Megamind, de Dreamworks. El villano se convierte así en el héroe, y el héroe se reduce a una figura ridícula y anticuada. Es decir, el nerd acaba con el reinado del jock, y da la bienvenida a una nueva era de la cultura popular. Ser malo mola. Y ser geek mola mucho más.

La gran acogida a nivel mundial de la primera Gru generó, obviamente, una secuela que nos llega este año a las carteleras, Gru 2 – Mi villano favorito (Despicable Me 2 en inglés). Gran parte del éxito y la permanencia en la memoria colectiva de la primera entrega recaía en los secuaces del protagonista, los divertidos y alocados Minions, convertidos ya en iconos de Universal, superando en popularidad y repercusión a los protagonistas humanos de la película. En la secuela de Gru, los Minios no decepcionan. Estos representantes modernos del slapstick protagonizan los momentos más descacharrantes del film, en el que además conocemos a sus alter egos monstruosos, los Evil Minions, suerte de Raving Rabbids púrpura igualmente hilarantes. Sin embargo, el acierto de Gru 2 es que no ha sucumbido completamente a la popularidad de estas desquiciadas y adorables criaturas, y a pesar de la constante presencia de los Minions, el peso de la historia sigue recayendo en su protagonista, y en su evolución como persona, y ahora como padre. En este sentido, no estamos ante una secuela que explota a la mascota graciosa y se olvida de lo que estaba contando. O sea, irás a verla por los Minions, pero te quedarás por la historia.

La vida de Gru dio un giro de 180º desde que tres niñas huérfanas, la entrañable Agnes, la marimacho Edith y la preadolescente Margo, entraron en su vida. Aunque el calvo de nariz aguileña sigue conservando su carácter asocial, su corazoncito no puede estar más ablandado. Ahora ya no es villano, es padre a jornada completa. Se puede decir que Gru lo tiene todo. Menos una compañera sentimental que le complete, y ya de paso le ayude a controlar a sus tres fieras. Entra en escena Lucy (voz original de Kristen Wiig), una agente de la Liga Anti Villanos con la que se alía para luchar contra un enemigo del pasado. Las chispas saltan, la dicharachera, incontenible e impredecible Lucy es el contrapunto perfecto al protagonista. Y así, Gru 2 no es solo una acelerada cinta de acción y humor, sino también toda una comedia romántica, especialmente en su tramo final.

Gru 2 – Mi villano favorito sigue sin estar -ni de lejos- a la altura de las grandes cintas de animación por ordenador de la última década, pero posee un valor icónico que no puede tomarse a la ligera, un poder para atraer y contentar a niños y adultos por igual que es sin duda la clave del éxito en el género. En Gru 2 hay diversión rocambolesca para todos los gustos, acción bigger and better -evitad el innecesario 3D si podéis-, dulzura y ohana en su justa medida, guiños algo subidos de tono que son incomprensibles para el niño. Y sobre todo, Minions, muchos Minions, esos robaescenas que son todos machos, a los que les encanta disfrazarse (de mujer a ser posible), adoran los plántanos y el mundo del espectáculo (folklórico). Estos irresistibles personajes amarillos que parecen M&M’s, o jelly beans, dan cuenta de lo mucho que ha cambiado la percepción del cine animado para todos los públicos. Si no ven ningún niño en su sesión de Gru 2 – Mi villano favorito, no se extrañen.

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Comentarios (3)

 

  1. Juan Pazos dice:

    La primera Despicable es una de mis pelis de animación favoritas de los últimos años y no creo que tenga gran cosa que envidiar a otras más reconocidas. La devoción incondicional a Pixar es comprensible porque la calidad media de su producción es elevadísima pero no me siento cómodo con esa especie de ceguera de marca que me recuerda al talibanismo pro-Apple.

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      Estoy de acuerdo contigo, Juan. Creo que ya ha quedado demostrado con creces que no hay que menospreciar a las compañías que no son Pixar, porque tienen mucho que ofrecer. Yo creo que esa “ceguera de marca” ya no existe como antes. Pero también opino que Pixar, a pesar de la secuelitis que le está haciendo perder prestigio, sigue haciendo cosas muy por encima de la media, tanto en calidad técnica como de guion.

  2. Javier dice:

    Buena reseña, solo un apunte… El giro sera de 180 grados , de 360 se quedaria como estaba.

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