Mad Men 6.12 “The Quality of Mercy”

La mano izquierda

Tenemos que hablar de Sally. Al final de “Favors“, la pequeña miss Draper descubrió a su padre en actitud carnal con Sylvia, la vecina. Al comienzo de “The Quality of Mercy” nos encontramos a Don dormido en posición fetal en la cama de su hija, mientras su mujer intenta en vano acortar distancias con él. Sally se dispone a dar un nuevo salto hacia la adultez, y Don se aferra a lo que pueda quedar de inocencia en su hija, haciendo asimismo una (nueva) regresión a la infancia más temprana. Pobre criatura desangelada e indefensa, que hasta que no se lo grita un adulto, no se da cuenta de que en el fondo es un monstruo, como todos los niños. Wah, wah, wah!

Sally es como Campanilla. Ya es toda una mujer, pero también es tan pequeña que solo le cabe en el cuerpo un sentimiento a la vez. Odio para su madre u odio para su padre. Después de su última experiencia traumática, Sally ha decidido alejarse todo lo posible de Don, al que -como Peggy- también ve como un monstruo, y además por razones parecidas. Completamente decepcionada con el hombre que “nunca le dio nada” -eso es mentira, pero entendemos que lo digas-, Sally presiona a su madre para que la mande a un internado (no a uno cualquiera, al que asistió Jackie Kennedy). Los previos escarceos con el lado salvaje de la adolescencia dan lugar a su primera experiencia verdadera como rebelde sin causa. Y no por casualidad coincide con la reaparición en su vida de Glen Bishop, ese crío asqueroso e inquietante que babeaba por su madre.

Crecimos juntos“, dice Sally con toda la razón -y el doble sentido- del mundo. Pero más han crecido durante el tiempo que han estado separados. Glen es ahora una suerte de cool kid, un proyecto de rockabilly setentero que aun parece salido de una película de Wes Anderson, pero que ha dejado atrás sus años de bicho raro. Lo más importante que ocurre durante la noche en el internado no es que Sally beba alcohol por primera vez, o que esté a punto de ser víctima de abuso, sino que descubra el poder que puede llegar a ejercer sobre los hombres. La sonrisa de Sally al observar a Glen peleándose por ella nos remite directamente a la Betty Draper que conocimos al comienzo de Mad Men. Don se preocupa de que su hija siga sus pasos, sin ser consciente de que sus actos han empujado a Sally hacia su madre, en todos los sentidos. Por si no quedara claro, la escena de camino de vuelta a casa, en la que Betty deja fumar a Sally, lo confirma. Lo que la mirada contemporánea podría percibir como algo escandaloso, como otro indicio de la falta de criterio de Betty como madre, es todo lo contrario, es un instante de confraternidad, de entendimiento mutuo -aunque no sea consciente. Sally no va camino de convertirse en Don, Sally se está convirtiendo en su madre. Y no hay monstruo más fascinante que Betty.

Volviendo a Don, hemos perdido la cuenta del anillo por el que va ya. Nunca lo habíamos visto tan demacrado y marchito. Ser alcohólico ya no es lo que era. En “The Quality of Mercy”, cuando no está tumbado o caminando como un muerto viviente, está llevando a cabo un sabotaje contra sus colegas de profesión. Una joya. Don tiende una emboscada emocional a Peggy y Ted, a los que ha estado observando muy de cerca -en este episodio la sutilidad brilla por su ausencia-, llegando a la conclusión de que él ha perdido el juicio porque se ha enamorado de ella. Según Ted, Peggy va detrás del Clio que Don ganó años antes. Y lo cierto es que su carrera siempre ha estado orientada a recibir ese reconocimiento, y muchos más. Don actúa como un niño celoso, solo que este niño tiene armas escondidas y recursos maquiavélicos cuyo impacto no sabe controlar. Con su boicot mata a dos pájaros de un tiro: pone en evidencia a Peggy y Ted, que no son capaces de disimular lo que sienten el uno por el otro, y trunca las posibilidades de conseguir el premio para Peggy, al vincular su idea a la del fallecido Gleason. Golpe maestro.

Los celos de Don provienen de varios flancos. Por un lado, Peggy amenaza su estatus como superhombre, como genio creativo y eminencia del mundo publicitario. Solo él merece el Clio, solo él merece estar a su altura. Como mucho él y un hombre muerto. Por otro lado, Don parece sentir otro tipo de celos. No son exactamente de naturaleza sentimental, o sexual, sino que como de costumbre, tienen que ver con su ego. Puede que a Don le incomode la conexión que Peggy y Ted sienten, que siga dándose cuenta de que ya no es el hombre irresistible que fue. Y tal vez, aunque nunca estuvo interesado en llevarse a Peggy a la cama, no puede soportar la idea de que Peggy no esté a sus pies y su mundo no siga girando alrededor de él. Nunca ha querido ese juguete, pero cuando su madre se lo da a otro niño, rabieta. Don castiga a Peggy por ello, pero sobre todo por haber sido la única persona que ha llegado a conocerlo plenamente. Y a Ted por ser el (buen) hombre que él no sabe ser. No tenemos muy claro si Don es realmente tan inconsciente del daño que provoca a su alrededor. Al fin y al cabo, y aunque conozcamos sus motivos ocultos, es cierto que tanto Ted como Peggy están cegados por el amor, y que las acciones de Don benefician a la agencia, y de algún modo a ellos. Cuando lo vemos de nuevo en posición fetal en el sofá al final del episodio, nos asalta la duda: ¿es este monstruo consciente de su monstruosidad? Definitivamente, su mano izquierda está compinchada con su mano derecha, pero puede que él no lo sepa. El niño vuelve a llorar a escondidas, porque se da cuenta que la bronca de su mamá es merecida.

Y mientras Don se esfuerza en vano por mantener su identidad intacta en territorio (y tiempo) hostil, otra persona en la agencia sigue sus pasos. Si en “Favors” obteníamos una nueva pista para descifrar ‘El enigma Bob Benson‘ -aunque más que aclararnos las cosas nos despistó aun más-, en “The Quality of Mercy”, descubrimos por fin quién es Bob. Y resulta que después de todo, Bob Benson es Don Draper. Pete, aun agitado por la declaración de amor de Bob, y sobre todo amenazado por su escalada profesional, se propone echar a su competidor de la agencia. Recurre a los servicios como sabueso de Duck, que descubre toda la verdad de Bob: trabajaba como sirviente hasta que un día se desvaneció y se construyó una nueva identidad para conseguir un trabajo “en la agencia lo suficientemente tonta como para no hacer preguntas”. Duck dice “Nunca había visto nada igual”, a lo que Pete responde “Yo sí” -y pasamos a un plano de Don, confirmando lo que os decía de la sutilidad en este episodio.

Como Don, Bob Benson se ha construido una realidad a su medida, y aunque se le ha dado mejor eso de mantener el pasado en el pasado, su actitud sospechosamente grata y servicial -probablemente deformación profesional-, así como sus prontos de sociópata, le han acabado delatando. Pete, que en su día se chivó de Dick Whitman a Bertram Cooper y no sirvió para nada, hace las cosas de otra manera esta vez. “Se rinde”. Ha aprendido que todos somos impostores, y también aquello de “mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos aun más cerca“. Pero no demasiado cerca, claro. Aun no conocemos a Bob del todo, y dudo que lleguemos a hacerlo. Pero, ¿conocemos de verdad a Pete Campbell? ¿Se acabará “rindiendo” otra vez y saldrá del armario? Mantén a tus enemigos cerca, y a tus pretendientes homosexuales aun más cerca.

No podía concluir este artículo sin hacer mención al descacharrante español (por llamarlo de alguna manera) de Bob Benson, un golpe de humor involuntario dentro de un episodio ágilmente dirigido y montado, como si de una screw-ball comedy se tratase, y repleto de gags y one-liners: “How about a bowl of chicken soup?” –Joan con acento judío. Megan en su telenovela, una francófona con falso acento francés. El atuendo estival de Harry en Los Ángeles. Roger contando batallitas: “Lee Garner Jr. made me hold his balls”. Y sobre todo, Ken Cosgrove: “El trabajo me va a matar”. Es la segunda vez esta temporada que estamos a punto de gritar: “¡Han matado a Kenny! ¡Hijos de puta!

Etiquetas:

Comentarios (2)

 

  1. Alicia dice:

    Extrañamente, le estoy cogiendo cariño a Kenny :S A lo que iba, en este episodio me pareció que Don tenía bastante razón respecto a Peggy y Ted. Y eso me preocupa. Pero quizá sea porque, personalmente, me escandaliza demasiado que se hayan saltado el presupuesto a la torera.

  2. Nico dice:

    me parecio que don hizo lo correcto al delatar a ted y peggy pero creo que no tenia ninguna intencion de hacer lo correcto, pero como es costumbre en esta serie cada vez que alguien hace algo bueno, castigo, prueba es el pobre kenny, el unico ser humano decente de la agencia y le disparan

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas