Crónica 15º Festival de Cine Alemán de Madrid

Del 11 al 15 de junio de 2013 ha tenido lugar en Madrid el decimoquinto Festival de Cine Alemán, resultando un año más en un gran éxito de público. Entradas agotadas para muchas sesiones y grandes colas en los emblemáticos Cines Palafox. Mientras Barcelona lo acogía por primera vez este año (y esperemos que dure muchos más), el festival cumplía quince años en la capital. Todo un clásico, y cita ineludible para descubrir la interesante, enérgica y ecléctica filmografía alemana, y ver películas que de otra manera -y por desgracia- no encontrarían distribución en nuestro país. Este año, además de una variada selección de títulos recientes, el festival ha programado una retrospectiva homenaje a la directora Margarethe von Trotta, que presentaba su última película, Hannah Arendt, próximamente en salas comerciales españolas gracias a Surtsey Films. Así como un ciclo de cortometrajes de jóvenes promesas conocido como Next Generation Short Tiger.

Sin más, os dejo con nuestras reseñas del festival:

 

Freier Fall (Caída libre, Stephan Lacant, 2013)

(Texto de Pedro J. García)

Imaginad Brokeback Mountain (2005) ambientada en la Alemania actual, y en lugar de vaqueros, protagonizada por policías. La comparación parece muy obvia, y lo es, pero también es ineludible. Las similitudes con la película de Ang Lee son muchas, tanto en el relato en sí como en la manera de contarlo -se llega a echar en falta el célebre “I wish I knew how to quit you“. Pero esto no quiere decir que el segundo largo de Stephan Lacant salga perdiendo por la comparación (he de confesar que Brokeback Mountain nunca me pareció para tanto). Todo lo contrario. Freier Fall va dos o tres (o cien) pasos más allá en cuanto a carnalidad y carácter explícito, pero manifiesta un ejemplar temple y ojo clínico a la hora de manejar el drama.

La película no huye de tópicos, sin embargo, Lacant sabe manejarlos con suma naturalidad, sin los excesos trágicos a los que tristemente estamos acostumbrados en los “dramas homosexuales”. Quizás porque Freier Fall es antes un drama a secas y una historia de amor, que una película gay. La historia de Marc y Kay es real, y así se siente. Lo mejor de Freier Fall son sin duda las encarnadas interpretaciones de Hanno Koffler y Max Riemelt (no hablemos de riesgo, por favor, hablemos de compromiso y entrega). Sus escenas juntos, corriendo, en el vestuario, en la cama, bajo la lluvia, elevan de categoría la película. La pasión traspasa la pantalla. Koffler y Riemelt nos hacen sentir la emoción por la “caída libre”, su frenesí. Apenas se dicen nada, pero sabemos que se están enamorando. Es inevitable implicarse en esta complicada historia de amor, y en última instancia sentir el dolor de sus personajes. La de Marc y Kay es una historia tan íntima y personal como universal. Lacant ha logrado llevar a cabo, muy discretamente y sin apenas aspavientos, una de las grandes historias de amor de los últimos años.

Freier Fall se estrenó hace tres semanas en su país de origen, y ha cosechado un éxito considerable teniendo en cuenta las pocas copias que se distribuían. Su repercusión y buena acogida es tal que se ha propuesto mostrar la película en las academias de policía del país, como parte de la formación de los estudiantes. Tras las dos proyecciones de la película durante el festival, su director mantuvo coloquio con el público. Si bien Freier Fall no es ni remotamente una película escandalosa o polémica, las críticas y preguntas de los asistentes nos planteaban unas cuantas cuestiones preocupantes: ¿Es Europa un continente menos liberal y más homófobo de lo que creemos? ¿Está el público preparado para ver algo como Freier Fall y tomárselo en serio? Las sonoras carcajadas que se escucharon en las escenas más duras del filme hacen pensar que no (Lacant nos reconoció que le sorprendía, puesto que estas secuencias estaban concebidas como drama, lógicamente). Esperemos que la película encuentre distribuidor en España para poder averiguarlo. Y para que nadie se quede sin verla.

Claro que mucho más desconcertante es comprobar que las críticas más encendidas provienen del sector homosexual: ¿Se relaciona la homosexualidad con la promiscuidad y las drogas porque los personajes se toman una pastilla una noche de fiesta? ¿Se debe hacer siempre explícito el hecho de que dos hombres utilicen condón en una escena de sexo? Yo contesto a estas cuestiones con una serie de preguntas: ¿No se puede asumir que las acciones de los personajes en una película no van necesariamente unidas a la experiencia colectiva? ¿Es tan difícil aceptar que el autor de la obra es libre de hacer que sus personajes actúen como desea sin que nadie saque rancias conclusiones? ¿Nos preguntamos en cada escena de encuentro sexual entre heterosexuales si él se ha puesto el condón o ella toma la píldora? ¿Hace falta que en cada escena de sexo homosexual exista un plano que explicite que se va a usar preservativo? ¿Debe constringir al artista la necesidad de llevar la corrección política y la responsabilidad social a estos extremos? ¿Llegaremos algún día a deshacernos de los sambenitos del “cine homosexual”, que en su gran mayoría provienen del propio público gay? ¿Seremos capaces de disfrutar de una película tan sencilla y bonita como Freier Fall sin convertirla en panfleto o amenaza? La humanidad es agotadora.

 

Schuld sind immer die Anderen (Culpables son los otros, Lars-Gunnar Lotz, 2012)

(Texto de Daniel Andréu)

Culpables son los otros es el enésimo ejemplo de ese síndrome del cine dramático europeo en el que prima la ley del “más es más”. Más drama. Más lágrimas. Más gritos. Más dilemas. Más coincidencias increíbles. Pero no necesariamente más calidad. La premisa del film la hemos visto un millón de veces: chico problemático al que ofrecen una oportunidad de redención conducida por una figura adulta que hace uso de toda su paciencia para que todo llegue a buen puerto. Pero claro, es cine europeo festivalero y todo es mucho más crudo y aparentemente realista. El problema es que este realismo no se consigue a base de la saturación de elementos de tragedia, más bien todo lo contrario. Desde que el chico protagonista entra en la casa de régimen abierto para empezar con el proceso de reintegración social, se suceden las horribles coincidencias que resultan increíbles por la manera en la que se muestran. Porque esos planos detalle del tatuaje de la mujer del trabajador social para que sepamos quién es parece que están tratando de idiota al espectador.

Lo mismo pasa con un tramposo plano de beso furtivo, torpe y descaradamente falseado para crear otro de los conflictos paralelos que sobrecargan la película, el del triángulo amoroso. Para poner la guinda a este empalagoso pastel, no podían faltar la música etérea y la trama de niño muerto. Esto último es lo que da lugar a un plano final que termina por condenar a la película. Ese trabajador social gritando hasta un límite absurdo dentro del coche no puede estar más ridículo. Si hay algo que se pueda destacar en Culpables son los otros es el trabajo del joven protagonista, que si bien es tan excesivo como el resto, consigue dar la única nota de credibilidad y naturalidad a este fallido film.

 

Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, 2012)

(Texto de Pedro J. García)

La actriz fetiche de Margarethe von Trotta, Barbara Sukowa, se funde con la filósofa, pensadora y periodista judía Hannah Arendt en la película más reciente de la autora alemana. Este correcto biopic se centra en los años en los que Arendt trabajó en el polémico libro Eichmann en Jerusalem, Un estudio sobre la banalización del mal, cuyo germen son los artículos que publicó en The New Yorker después de cubrir el juicio al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann.

Von Trotta retrata en Hannah Arendt a un personaje frío, imparcial, determinado. Un carácter definido y subyugado por su inteligencia y capacidad de raciocinio. Arendt se niega a doblegarse, y conformarse con la percepción que la humanidad experimenta del bien y del mal. En sus propias palabras, “no estoy perdonando, estoy intentando entender“. Es en ese empeño por ver las dos caras de los problemas más complejos desde el punto de vista moral (la culpabilidad y la responsabilidad por hechos atroces cometidos bajo las leyes de un regimen dictatorial) donde la sociedad encuentra un motivo para condenar públicamente a la filósofa, y vincularla al pensamiento nazi. Hannah Arendt es sin lugar a dudas una propuesta estimulante, una lección alternativa de historia, provocadora e inconformista, como la propia Hannah Arendt, que plantea cuestiones muy interesantes y evita conclusiones acomodaticias. Aunque solo sea por el grandísimo trabajo interpretativo de Barbara Sukowa merece la pena echarle un vistazo.

 

Ende der Schonzeit (Fin de la veda, Franziska Schlotterer, 2012)

(Texto de Daniel Andréu)

Es comprensible que el tema del nazismo haya dejado una profunda huella en todos los aspectos sociales y culturales de Alemania, pero eso no quita que el espectador se pueda llegar a cansar cuando llega una película que hace parecer que los alemanes no saben hablar de otra cosa. Por eso, que Fin de la veda empiece como otro drama con la Alemania nazi de telón de fondo no es la mejor presentación. Sin embargo, después de la pereza inicial que provoca, uno puede empezar a respirar con tranquilidad.

Fin de la veda cuenta la historia de un joven judío, Albert, que es rescatado por un humilde granjero cuando está intentando cruzar la frontera alemana en 1942. El granjero, Fritz, y su mujer, Emma, acceden a darle escondite a cambio de ayuda en las tareas diarias. Pronto, Fritz le hace una extraña petición al cobijado: que deje embarazada a su mujer para tener un varón que herede la granja, ya que él sufre de impotencia. Todo lo que se desata después de esta extraña petición está desarrollado de la mejor forma, con una naturalidad que después de ver cosas como Culpables son los otros, resulta un gran soplo de aire fresco. La película es una oda a la sencillez y prescinde de cualquier artificio posible. El acertado casting (la película está contada en forma de flashback) consigue traspasar la pantalla e involucrar emocionalmente al espectador con unas sencillas pero efectivas interpretaciones. La preciosa música acompaña a la perfección a esta falta de pretensiones que se palpa en todos los aspectos de la película. Es de agradecer que los alemanes demuestren que siguen sabiendo hacer drama aunque no quieran quitarse de encima la tragedia nazi.

 

Die Vampirschwestern (Las hermanas vampiresas, Wolfgang Roos, 2012)

(Texto de Pedro J. García)

Esta película infantil de aventuras (y terror) está basada en la exitosa saga literaria juvenil de Franziska Gehm Die Vampirschwestern, una historia sobre dos hermanas medio vampiras, medio humanas que cuenta con nueve entregas. Las hermanas vampiresas sigue a la familia Tepes después de que esta se mude desde la remota y oscura Transilvania hasta un barrio residencial de Alemania. De madre humana y padre vampiro, Silvania y Dakaria son completamente opuestas. Silva potencia su lado humano, aspira a ser una niña normal y odia todo lo que tiene que ver con el vampirismo (volar, la sangre…). Por el contrario, Daka es una criatura de la noche, adora hacer piruetas en el aire y viste como la cantante de un grupo gothic-punk. Las dos quieren deshacerse de su lado que más odian, y encuentran la solución en un mago local que les concede su deseo. Por supuesto, todo sale al revés, y cada una recibirá justo lo contrario de lo que quiere.

Las hermanas vampiresas es una colorista y enérgica propuesta dirigida única y exclusivamente al público infantil. A pesar de potenciar el terror en un par de escenas, la película de Wolfgang Roos se mantiene vitalista y amable de principio a fin. No faltan los chistes de pedos y caca (uno de ellos se les va de las manos, por cierto), los vergonzosos efectos digitales, los enredos y malentendidos, las alianzas inesperadas y el discurso pro-freak que tanta falta hace en las escuelas. Tanto es así, que el personaje de Daka, la hermana siniestra, es claramente homosexual. No se dice explícitamente en ningún momento, pero no se deja lugar a dudas. Por desgracia, Las hermanas vampiresas no aprovecha este potencial en ningún momento. No posee ningún tipo de aspiración artística, decantándose por explorar únicamente el lado amable y simplón de los cuentos infantiles. Un niño de 6 años es demasiado viejo para ver esta película.

 

Schlussmacher (Rupturas por encargo, Matthias Schweighöfer, Torsten Künstler, 2013)

(Texto de Pedro J. García)

El actor Matthias Schweighöfer es el principal artífice de esta alocada comedia de enredos protagonizada por una imposible pareja, él mismo y el Fernando Tejero alemán, Milan Peschel. La premisa de Rupturas por encargo es una de las más inverosímiles que hemos visto últimamente en comedia, género donde definitivamente no todo vale, como demuestra esta película. Paul Voigt trabaja en Happy End, una agencia que se encarga de informar a la gente de que su pareja ha roto con ella. Paul está a punto de alcanzar el objetivo de parejas rotas que le convertirá en socio de la empresa. Pero la recta final se le complicará por culpa de una de sus últimas “víctimas”, un hombrecillo feo y torpe que se convierte en su chófer después de hacerle perder el carnet de conducir.

Rupturas por encargo podría funcionar de no ser porque el argumento principal de la película no se sostiene en ningún momento. A esto hay que añadir que la calidad de los gags, en su mayoría slapstick puro y humor escatológico, es muy deficiente. Ni siquiera la química de la pareja protagonista (que la hay) salva la película de hundirse en la mediocridad más absoluta. La película de Schweighöfer ha gozado de gran éxito en Alemania (es la tercera película más vista de 2013) y está distribuida por Fox en su país, así que no sería de extrañar que la exportasen, e incluso que consiguieran venderla para su correspondiente remake norteamericano. Echémonos a temblar.

 

Transpapa (Sarah Judith Mettke, 2012)

(Texto de Pedro J. García)

Transpapa es el proyecto fin de carrera de Sarah Judith Mettke. Y se nota. Sin embargo, solo salta a la vista en el aspecto técnico: está rodada con un presupuesto muy ajustado y en un digital que pierde calidad en su proyección en cine. En Alemania, la película se emitió por televisión, y en horario de medianoche, por el polémico tema que aborda. Transpapa es la historia de una adolescente que descubre que su padre, al que no ve desde hace unos años, es ahora una mujer. Este relato semi-autobiográfico explora con realismo y buen gusto la complicada relación que se genera a partir del encuentro entre la niña y el que ella aun ve como su padre.

Mettke sorprende por su extrema sensibilidad a la hora de abordar el tema. Quizás sea en parte porque su proximidad al problema le proporcione la experiencia necesaria para enfocarlo de manera realista, sin grandilocuencias ni excesos, o quizás sea que simplemente tiene talento y potencial. Transpapa es una película amable que, a pesar de no deshacerse nunca de su poso amargo, prefiere no ceder a la tragedia en ningún momento. La excelente interpretación de David Striesow (actor con una larga trayectoria en su país) y de la niña, Luisa Sappelt, es el núcleo y el corazón de la película. Transpapa está bien escrita y ejecutada, pero son ellos dos lo que la convierten en una obra destacable.

Comentarios (2)

 

  1. María dice:

    Hola, he llegado aquí buscando comentarios sobre la película “Caída libre” (“Freier fall”). No sé si leeréis este mensaje, teniendo en cuenta que esta entrada es de hace más de tres años. Sólo quería decir que suscribo una a una las palabras de Pedro J. García sobre dicha película. Es una película maravillosa, que mueve y conmueve. Una de las mayores historias de amor jamás rodadas. Con unas interpretaciones magistrales (Hanno Koffler se sale) y una química abrumadora entre los dos protagonistas.
    Una película preciosa y necesaria que todo el mundo debería ver. Especialmente aquellos que se ríen en las escenas dramáticas o los que se preocupan de manera absurda por si los amantes usan condón. Porque quizá, entre todos ellos, haya varios Marc futuros (o presentes) que se topen, de golpe y porrazo, consigo mismos.
    No es “cine homosexual” (malditas etiquetas!). Es una historia de amor. Sin géneros. Porque el amor no los tiene.

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      Totalmente te acuerdo contigo en todo, María. ¡Muchas gracias por tu comentario! Ojalá más gente descubriera el valor de esta película, no solo los que buscan cine LGBT+. Un abrazo!

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