Crítica: R3sacón (The Hangover Part III)

Corría el lejano año 2009 cuando Todd Phillips, conocido por obras imprescindibles como Road Trip: Viaje de pirados o Starsky y Hutch, arrasaba la taquilla mundial con su nueva comedia, Resacón en Las Vegas (The Hangover), llevándose incluso un Globo de Oro a Mejor Comedia e iniciando una corriente de comedias Rated R manufacturadas para competir con los blockbusters estivales. La película seguía las extrañas peripecias de un trío de hombres afectados de síndrome de “crecimiento detenido” -algo parecido al de Peter Pan, pero con muchas más dosis de desviación sexual y retraso mental- después de despertarse con la mayor resaca de sus vidas, y sin acordarse de nada de lo que había acontencido la noche anterior. A partir de ahí, los tres debían reconstruir los acontecimientos a base de encuentros, reencuentros y desencuentros en la ciudad del neón.

La fórmula tuvo tantísimo éxito que en lugar de entonar el prudente “es la última vez en mi vida que bebo”, tanto público como estudio se quedaron con ganas de más. Así se engendró Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! (The Hangover Part II), que era exactamente la misma película– mismo guion, mismos conflictos, mismos chistes-, con la única variación del lugar donde transcurría la acción. Como bien explica el subtítulo español: Tailandia. Ver Resacón 2 era como cuando un niño pequeño hace una monería, los adultos le ríen la gracia y a continuación la repite exactamente igual. Por esto se hacía necesario dar un cierre algo más digno a una serie que había comenzado con tan buen pie.

R3sacón (The Hangover Part III), supuestamente la última parte de una trilogía cerrada, evita a toda costa reproducir paso a paso el esquema narrativo de las dos entregas anteriores. Tanto es así que no hay resacón propiamente dicho, sino que los personajes se enfrentan a las represalias de sus dos desventuras anteriores igual de imbéciles, pero completamente sobrios de principio a fin. La franquicia cómica da paso así a una cinta que se apoya mucho más en la acción desmadrada -tiroteos, persecuciones en coche, saltos al vacío-, perdiendo así el espíritu con el que se presentó.

La secuencia inicial, sin duda la más comentada y celebrada junto al epílogo -no os marchéis del cine en cuanto aparezcan los créditos- tira la casa por la ventana. O más bien la jirafa por la autopista. Como declaración de intenciones, esta escena que parece un fuck you a PETA funciona perfectamente, como gag no tanto. Y ese es el presagio de lo que va a ocurrir en las próximas dos horas. Como tantas y tantas secuelas nos han enseñado a lo largo de nuestra vida, más no es mejor. R3sacón es más políticamente incorrecta, más cerda, más explícita, más loca. Y paradójicamente, es la más emotiva y humana. Algo que a estas alturas ya no encaja. Hasta ahora habíamos detectado pocos atributos redentores en este grupo de personajes, sin embargo, en esta entrega se estrechan los lazos, la manada refuerza sus vínculos y el trío de amigotes se transforma en hermandad.

R3sacón busca marcharse con el beneplácito de un público que ya está hastiado después de tan solo dos entregas, y lo hace elevando el protagonismo de los dos personajes revelación de Resacón en Las Vegas, los de Zach Galifianakis y Ken Jeong. Estos robaescenas llevan todo el peso cómico de la cinta, reduciendo a Bradley Cooper y Ed Helms a meras presencias de figuración -y mejor así porque el primero es el personaje más antipático de la saga y el segundo no consigue deshacerse de sus irritantes mohínes. Sin embargo, ni ellos, ni el aburrido villano de turno (John Goodman), ni siquiera la participación de una omnipresente Melissa McCarthy salvan a la película de hundirse en la indiferencia.

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