Críticas: Dead Man Down, Maternity Blues, La Estrella

Dead Man Down: La venganza del hombre muerto (Niels Arden Oplev, 2013)

Del director de Los hombres que no amaban a las mujeresla primera entrega de la saga Millenium, nos llega Dead Man Down, el debut norteamericano de Niels Arden Oplev, con un reparto internacional encabezado por el irlandés Colin Farrell y la sueca Noomi Rapace. La venganza del hombre muerto -el subtítulo que se le ha añadido en España- es una clásica historia de venganza sobre un hombre, Victor, infiltrado en una banda de asesinos y traficantes, responsables de la muerte de su mujer y su hija años atrás. Beatrice, la vecina de enfrente (que también vive atrapada por su pasado) echa el ojo a Victor y acaba involucrada en la turbia trama criminal.

Dead Man Down recurre a todos los tópicos del género, pero es incapaz de combinarlos de manera que no sintamos que estamos viendo la misma película de siempre. Así, la sensación de déjà vu es inevitable. Oplev se mueve constantemente en la delgada línea que separa el thriller serio de la película de acción desmadrada y su cinta acaba sumiéndose irremediablemente en la indiferencia, y en última instancia en la inverosimilitud y el absurdo. El reparto hace lo que puede para destacar por encima de la endeble historia, pero ni Farrell ni Rapace tienen el talento suficiente para desviar la atención hacia ellos. La presencia de Isabelle Huppert solo sirve para descolocar y desorientar aun más, pero el alivio cómico que proporciona la actriz francesa es quizás lo mejor de la película.

Dead Man Down supone el reencuentro del director de la primera Millenium con la Lisibeth Salander original. Sin duda el reclamo más interesante para acudir al cine a ver este thriller de sobremesa.

Maternity Blues (Fabrizio Cattani, 2011)

Drama italiano que explora el lado más oscuro de la maternidad. Maternity Blues es la historia de Clara (la húngara Andrea Osvárt), una mujer que ingresa en un hospital psiquiátrico tras una temporada en la cárcel por haber matado a sus dos hijos. Allí conoce a un variopinto grupo de mujeres que han llevado a cabo el mismo crimen.

Fabrizio Cattani adapta la obra de teatro From Medea, con la colaboración de su autora, Grazia Verasani, para sumergirnos en la psique de unas mujeres completamente perdidas en sí mismas después de cometer el acto más atroz que puede concebirse. Sin grandes aspavientos, Cattani nos muestra cómo una mujer puede alcanzar tal estado de depresión y desesperación como para cometer infanticidio, y ofrece a sus personajes un camino hacia la redención, sobre todo gracias a la amistad que se forja entre ellas.

Sin embargo, la arriesgada premisa de Maternity Blues se diluye en una acumulación de tópicos y caracterizaciones poco trabajadas que impiden que establezcamos la conexión necesaria para comprender y perdonar a estas mujeres, aunque ellas sean conscientes de que no hay perdón alguno para ellas. Lo que salva Maternity Blue es su cualidad de ‘película de manicomio’, una Maternity, Interrupted en la que las alianzas y amistades inesperadas -es un decir, porque todo en Maternity Blues es predecible- constituyen el mayor atractivo de la propuesta. Lo peor, una escena musical que hará que nos olvidemos de los crímenes de Clara y sus compañeras para concentrar nuestra ira juiciosa en Cattani.

La Estrella (Alberto Aranda, 2013)

Estrella es una joven limpiadora que trabaja en un cementerio de Santa Coloma. Vive con su novio, Salva (Marc Clotet), en un piso de los padres de ella. Cuando él consigue un puesto de trabajo importante, la distancia entre ambos se hace más grande, y mientras ella mantiene su carácter alegre y optimista, él se endurece y empieza a mostrar síntomas del peor machismo. Por otro lado, Trini, una amiga del trabajo de Estrella, es víctima de malos tratos por parte de su marido. La joven se vuelca con ella y la ayuda a regañadientes de su novio. Todo esto ocurre además en un panorama caracterizado por la reconfiguración urbana y el racismo vecinal del municipio barcelonés.

Drama social. Con eso tenéis suficiente, ¿no? Pues eso no es nada. La Estrella hace aguas por todos los lados, y nos obliga a preguntarnos por qué esto, y por qué ahora. Dos estrellas emergentes del cine español de los 90 (Ingrid Rubio y Fele Martínez) demostrando que nunca debieron emerger. Costumbrismo artificioso, naturalidad impostada, diálogos de auténtica vergüenza ajena, y el abuso más flagrante de todos los tópicos del género (imaginaos, una limpiadora andaluza en Barcelona). Un desastre del que solo se salva una correcta Carmen Machi, que destaca porque lo que tiene alrededor se lo pone fácil. Más que “duende”, esta película tiene “troll”. La Estrellá. Así nos va…

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