Por qué el final de The Office fue tan perfecto

“I wish there was a way to know you’re in the good old days before you’ve actually left them”, es decir, algo así como “Ojalá hubiera una manera de saber que estás viviendo los mejores momentos de tu vida antes de que ya hayan pasado”. No hay mejor forma de sintetizar lo que The Office ha acabado significando para todos después de estos 9 años. O espera. Sí que la hay. De hecho, hay muchas maneras de condensar la esencia de la serie, y da la casualidad de que todas tienen cabida en “Finale”. Efectivamente, The Office se despidió el pasado jueves con un episodio absolutamente redondo que lograba con éxito la dificultosa tarea de hacernos pasar de la risa al llanto en una milésima de segundo. Y además, escena tras escena. Una preciosa y tremendamente emotiva coda que constituye un triunfo sobre todo porque está construida como homenaje a todos los empleados de Dunder Mifflin -así como a los actores que los interpretan-, y, cómo no, a los espectadores que los hemos acompañado en sus largas jornadas laborales durante tanto tiempo.

Se puede decir que los grandes conflictos de la novena temporada (lo de “grandes” es un decir, porque The Office nunca fue una serie de dramatismos excesivos) quedaron resueltos en los episodios anteriores, reservando “Finale” para las despedidas, los reencuentros, los abrazos. Para echar la vista atrás y poner un pie en el futuro. Después de tanto tiempo, ya había quedado casi olvidada la premisa de la serie que puso de moda el mockumentary en la televisión norteamericana: los trabajadores de una empresa distribuidora de papel son los protagonistas/objetos de estudio de un documental para la televisión. Llevábamos muchos años sin ser demasiado conscientes de la presencia de las cámaras y los micros en la oficina de Dunder Mifflin (más allá de los testimonios que los personajes daban en cada episodio). Sin embargo, la novena temporada ha estado en gran medida marcada y articulada por el fin de la grabación y por el inminente estreno de The Office: An American Workplace. Los personajes han interactuado más con el equipo de televisión que los grababa (qué disgusto estuvo a punto de darnos Billy) y este ha vuelto a adquirir la importancia que tuvo en los orígenes de la serie.

Gracias al tema del documental, The Office ha podido elaborar el final más perfecto posible, al que aspira toda serie longeva. Por si no tuviéramos suficiente con ver a estos personajes celebrando a sus compañeros y los inolvidables (e insignificantes, anodinos, estúpidos, absurdos) momentos que han vivido juntos, el final está salpicado de imágenes de archivo que ilustran los mensajes de despedida y los discursos que ponen broche a esta importante etapa de sus vidas. Cada una de estas imágenes del pasado nos aprieta más y más el nudo del estómago con el que empezamos a ver el episodio. La primera parte, centrada en las despedidas de soltero y soltera de Dwight y Angela, y el panel que conmemora el fin de emisión del documental, allana el terreno para lo que será una segunda parte que no nos dará tregua alguna. Yo no soy de llorar en las bodas, pero en esta he sido incapaz de cerrar el grifo.

Es admirable que una conclusión de 50 minutos sea capaz de hacer justicia a un reparto tan numeroso. Ni un solo personaje se queda sin su momento de gloria. Es más, casi todos tienen varios. Incluso Creed, que cuando uno piensa que no lo va a ver más, lo encuentra de incógnito entre los asistentes a la boda -y por si eso fuera poco, acaba tocando la canción que servirá de acompañamiento musical al lacrimógeno montaje final. E incluso Kelly y Ryan, que vuelven para resolver de una vez por todas esa tensión sexual resuelta-des-resuelta-y-revuelta, de la manera más bizarra posible. Esos dos grandísimos gilipollas abandonan a un bebé para huir juntos hacia el atardecer. Tal para cual. Y si esa adorable escoria tiene su final feliz, imaginaos el resto de personajes.

Es imposible hacer recuento de todos los momentos en los que se demuestran el amor, la amistad y la lealtad que se profesan (pero lo intentaré). Parece mentira que estemos hablando de la misma serie que se estrenó allá por 2005, esa sitcom basada en la serie homónima de Ricky Gervais, sátira incómoda, dolorosamente real y poco complaciente que se ha transformado a lo largo de los años en una serie esencialmente norteamericana, en todos lo sentidos. Lo amargo y desagradable ha ido cediendo a lo amable, a lo enternecedor. Y así es como se marchan los personajes, arropados por el cariño de unos compañeros que durante años se han ignorado, vilipendiado, saboteado mutuamente, pero que nunca han dejado de quererse. Como ocurre en toda familia.

La figura de madera que Stanley talla para Phyllis -“Todos dicen que Stanley Hudson es un viejo cascarrabias. Pero, ¿haría un viejo cascarrabias algo así? Soy yo. Soy yo”; Phyllis llevando a Angela al altar sobre su espalda; Erin encontrando a sus padres; Dwight confesando que Pam es su mejor amiga, y haciendo recuento de sus “subordinados”; y por supuesto, Michael Scott. MICHAEL SCOTT. Se llevaba especulando desde hacía meses con un posible cameo del ex jefe de Dundler Mifflin, y aunque nos convencíamos de que él ya tuvo su final y no era necesario que volviera, su ausencia no habría sido del todo coherente. La aparición de Michael en el episodio es quizás el primer gran golpe al estómago. Contenerse ya es completamente imposible. Qué manera de entrar, con el “That’s What She Said” más bonito de la historia. A partir de aquí nos deshidratamos. Sí que era posible darle un final aun más cerrado y satisfactorio al personaje: ¡Michael tiene tantas fotos de sus hijos que las tiene que guardar en dos móviles! (Sí, estoy llorando mientras escribo esto). Y, ¿qué me decís de su gran frase final? “Siento que todos mis niños han crecido y se han casado entre ellos. Es el sueño de todo padre”. ¿Habría sido bueno el final de The Office sin Michael? Muy probablemente. Seguro. Pero no habría sido tan increíblemente perfecto.

“He pintado el mural perfecto. Nuestra historia. La de todos”.

Después de la boda de Angela y Dwight, el grupo de Dunder Mifflin regresa a la oficina. ¿Dónde si no puede -y debe- acabar la serie? Es la última vez que todos estarán juntos allí. Que empiece la traca final. Comenzamos con los guiños al pasado para cerrar ciclo, y el bombardeo -sin piedad- de imágenes del principio de la serie. Pam responde al teléfono de recepción mientras Jim está sentado en su lugar de siempre en la oficina. Estos dos han sido el corazón de The Office prácticamente desde el comienzo -con permiso de Michael-, y han llevado el peso de esta última temporada. Han aportado la estabilidad, han potenciado el realismo de la serie, han servido de nexo de unión entre el espectador y los extraños seres de la oficina, y ahora ofrecen la moraleja (o moralejas) definitivas: “Me llenaría el corazón si alguien viera este documental y se dijera ‘sé fuerte, confía en ti, quiérete, conquista tus miedos. Persigue lo que quieres, y hazlo rápido, porque la vida no es tan larga’“. Durante estos nueve años, se nos ha dejado ver el lado extraordinario de este grupo de seres convencionales, convertidos en maridos y mujeres, socios, amigos de por vida, obligados a compartir condena sus días en “un trabajo estúpido, maravilloso, aburrido, increíble“. Nueve años -algunos mejores que otros- de los good old times a los que Andy se refería, de papiroflexia emocional y de destellos de belleza escondida en el desagradable género humano. Después de todo, un dibujo a acuarela de un simple y monótono edificio gris puede ser la obra de arte más hermosa.

Etiquetas:

Comentarios (5)

 

  1. Juan Naranjo dice:

    Maldito Fuertecito… ¡otra vez me ha hecho llorar!

  2. Bea Niega dice:

    El día que publicaste ésto en Facebook tuve que ocultarlo. Acabo de ver el final y he vuelto para leer tu review. Genial, llevo dos horas llorando!!

  3. Esteban dice:

    La verdad que recien hoy pude ver el episodio final y en seguida me puse a buscar si a alguien le habia parecido lo mismo que a mi… es increible tu descripcion y el final es realmente perfecto, todas las emociones aparecen en el capitulo, uno (por lo menos hablo por mi) no quiere que el capitulo no termine nunca pero fue exelente, soy de ver series y no recuerdo ninguna que tenga un final y una previa al final tan perfecta como esta.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas