Críticas: El gran Gatsby, The Lords of Salem, Kauwboy, Mareal letal

 

El gran Gatsby (The Great Gatsby, Baz Luhrmann, 2013)

Enorme expectación la que se ha levantado alrededor de la adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald de la mano del director de Moulin Rouge! o Australia, el siempre excesivo, siempre interesante Bazz Luhrmann (creo yo soy uno de los pocos que defienden su anterior filme). Y lo cierto es que después de tantos retrasos en la fecha de estreno (en teoría para mejorar el acabado técnico de cara a una mejor experiencia en 3D), tantos adelantos y un gran despliegue publicitario, El gran Gatsby no está a la altura de las expectativas y provoca indiferencia.

La festiva, histriónica y explosiva visión del autor no logra ajustarse del todo al material original. Luhrmann propone de nuevo una serie de rupturas (sobre todo de prejuicios y barreras creativas) que esta vez funcionan a medio fuelle (¿se ha quedado anticuado?) Excepto una. Como era de esperar, su utilización de la música es sencillamente magistral. Remitiendo a los delirios indies de Sofia Coppola en Maria Antonieta, Luhrmann retrata la opulencia y prosperidad de los años 20 norteamericanos con la ayuda del tronío de una banda sonora producida por Jay Z. Un sonido 100% contemporáneo con ostentosos temas de Lana Del Rey (se podría decir que Young and Beautiful es, muy justamente, la pieza central), The xx o Florence + the Machine, y el inconfundible martilleo de will.i.am, que convierten las fiestas de Jay Gatsby en raves con perlas, boquillas y champán.

Y poco más. Mucho metraje para ‘poca’ historia. Destellos de retrato generacional que, como vimos hace poco en On the Road de Walter Salles, traza una línea entre la ociosa y desmotivada juventud de comienzos del siglo pasado y la nuestra, para hablarnos del surgimiento de una nueva sociedad capitalista. Y actores correctos: Leonardo Dicaprio elaborando una interpretación rica en matices pero lejos de ser lo extraordinaria que requiere un personaje como Gatsby, un Tobey Maguire resucitando para (seguramente) volver a desaparecer y una eternamente lánguida Carey Mulligan, que en esta ocasión se convierte en la robaescenas oficial. Luhrmann orquesta todos estos elementos con el brío creativo que lo caracteriza, pero falla a la hora de insuflar vida a una historia que quizás no estaba hecha para él.

The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012)

Rob Zombie vuelve a las andadas con la que es quizás su película más ‘zombie’ hasta la fecha. Tan personal es, que asciende a su mujer, Sheri Moon Zombie, siempre a sus órdenes (y enseñando el culo) en papeles secundarios, a protagonista absoluta de la historia. The Lords of Salem es, como cabe esperar de su autor, un recorrido sucio, incómodo y tremendamente lisérgico a través sus mayores obsesiones. Una historia de brujas que despiertan de su letargo de siglos gracias a una melodía satánica que una DJ local, Heidi Hawthorne (Mrs. Zombie) difunde en su exitoso programa de radio. Viejas desnudas, rituales satánicos, cabras, imaginería cristiana perturbada, música heavy. The Lords of Salem abarca mucho, demasiado. Y no acierta con todo, pero al menos logra quedarse en la retina.

El bizarrísimo batiburrillo de ideas e imágenes demenciales puede ahuyentar hasta al más dispuesto. Está claro que Zombie no se decide en ningún momento por hacer una película de terror o una videoinstalación. Sin embargo, de esta confusión (y pretensión) surgen algunos de los planos más sorprendentes e inolvidables que un servidor ha visto en mucho tiempo. Contribuye al balance positivo la excelente ambientación (pasé miedo de verdad) y la fuerte presencia de Judy Geeson, Dee Wallace (la madre de Elliott en E.T.) y Patricia Quinn (Magenta en The Rocky Horror Picture Show). Después de hacer que nos preguntemos constantemente qué ‘demonios’ estamos viendo, The Lords of Salem acaba dejando completamente aturdido. La voz de Nico en “All Tomorrow’s Party” de la Velvet es el colofón perfecto. Cuando aparecen los créditos finales, solo queda sentirse estafado, asqueado o con suerte, simplemente desorientado. Una pena que las ansias de provocación y la autoindulgencia de Zombie acaben truncando lo que podía haber sido un clásico moderno de terror.

Por favor, que alguien me saque esa terrorífica melodía de la cabeza.

Kauwboy (Boudewijn Koole, 2012)

Jojo (Rick Lens) es un niño de diez años cuya situación familiar (madre ausente y padre inestable) le obliga a buscar refugio en los pequeños detalles del día a día, como haría cualquier niño de su edad. Jojo encuentra una cría abandonada de grajo y decide llevársela a casa para cuidarla. La relación del niño con el pájaro pondrá de manifiesto la madurez forzada de Jojo, y la reversión de roles padre-hijo que tiene lugar en su casa.

Con un comienzo precioso y prometedor que recuerda inevitablemente a Donde viven los monstruos (Spike Jonze, 2009), Kauwboy se acaba entregando, por desgracia, a su lado más melodramático y convencional. Las bucólicas y oníricas imágenes de Jojo y el grajo, así como la inocencia y el anecdotismo de su relación con una niña del pueblo, dan paso a una recta final que se apoya en el drama más telefilmesco, y que incluso fuerza el conflicto de manera inverosímil para introducir el desenlace. Kauwboy queda al final en un ‘lo que pudo haber sido y no fue’. Sin embargo, su luminoso comienzo y el estupendo trabajo de su niño protagonista elevan la valoración del conjunto.

La película fue seleccionada por Holanda como candidata a Mejor Película de Habla no Inglesa en los Oscars de este año, ha participado en numerosos festivales internacionales y cuenta con prestigiosos galardones como el Premio de la Juventud y Mejor Ópera Prima en Berlinale 2012; Mención Especial en BAFICI 2012; Premio del Jurado Joven de European Film Awards 2012 y Premio European Discovery de Fipresci, entre otros.

Marea letal (Dark Tide, John Stockwell, 2012)

Kate (Halle Berry) es una bióloga marina experta en tiburones que vive en Ciudad del Cabo (Sudráfrica). Tras una tragedia en el mar, se distancia de su marido y compañero de profesión, Jeff (Olivier Martínez), y abandona la pasión de su vida: nadar sin jaula junto a los tiburones blancos. Ahora dedicada exclusivamente a las visitas guiadas en barco y con graves problemas económicos, Kate recibe una oferta por parte de un millonario que desea nadar con los tiburones junto a su hijo. Reunida con Jeff, todos se adentran en altamar en busca de los tiburones, a pesar de que el temporal no augura una excursión precisamente pacífica.

Parece mentira que John Stockwell tenga experiencia como realizador de películas marinas (En el filo de las olas, Inmersión letal), su ineptitud a la hora de rodar Marea letal, una aventura con tintes de melodrama que coquetea con el terror, es antológica. Claro que con su currículum tampoco es de extrañar. Lo único realmente destacable de esta increíblemente machista e inconsistente película es la presencia de los escualos. Marea letal podría interesar a aquellos obsesionados con el temible y fascinante animal, y por supuesto a los fans de los pechos de Berry. No así a los de sus cualidades interpretativas, aquí sumergidas en las más recónditas profundidades.

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