Party Down: comedia crudité

Ahora que Veronica Mars ha saltado de nuevo a la primera plana de la actualidad gracias a que la esperadísima película de la serie ha sido financiada por Kickstarter (batiendo todos los récords de la página de crowdfunding), es el momento perfecto para recuperar otra malograda obra televisiva de su creador: Party Down.

Después de su experiencia con Veronica Mars en UPN/CW, Rob Thomas (no el cantante, con el que desde hace tiempo mantiene una cachonda amistad por Internet por compartir nombre y apellido) se pasó a la televisión de pago. No fue en las prestigiosas HBO o Showtime, sino que encontró su hueco en la mucho menos conocida Starz (casa de Spartacus), cuando esta comenzaba a implementar su oferta de series de producción propia. Party Down se estrenaba en marzo de 2009, recibiendo una cálida bienvenida por parte de los críticos y convirtiéndose muy rápidamente en serie de culto. Sin embargo, sus audiencias eran desastrosas, lo que llevó a que finalmente fuera cancelada después de tan solo dos temporadas, en junio de 2010.

Un agravante fue sin duda el hecho de que su protagonista, Adam Scott, hubiera firmado para incorporarse a Parks and Recreation ese mismo año, después de que al final de la primera temporada abandonase Jane Lynch. La marcha de la actriz -que ahora disfruta del éxito mainstream en Glee fue un verdadero golpe para los seguidores. Tanto que su reemplazo, Megan Mullally (la gran Karen Walker de Will & Grace) lo tuvo muy difícil para que los fans aceptasen a su personaje. Teniendo en cuenta esto -y los mencionados índices de audiencia- el jefe de programación de Starz, Stephan Shelanski, no creyó que la serie fuera precisamente a prosperar después de la marcha de Scott, así que no le quedó más remedio que hacer de verdugo. Otra serie de Rob Thomas quedaba así inconclusa. Pero como suele ocurrir de vez en cuando, de la triste (pero lógica e irrefutable) cancelación de Party Down, nació una nueva serie de culto, en la línea de Freaks & Geeks o Undeclared.

Party Down tiene muchas cosas en común con estas dos series. La sombra de Judd Apatow planea todo el tiempo sobre ella, e incluso el famoso productor y director forma parte (indirectamente) de una de las tramas principales de la segunda temporada. Rob Thomas captura parte del espíritu Apatow en Party Down, con la inestimable ayuda de Paul Rudd en calidad de productor ejecutivo. Esa fusión de sátira, humor caca-culo-pedo-pís y poso amargo que encontramos en toda obra apatowiana (ya sabéis, no hay comedia sin tragedia). Sin embargo, Thomas logra imprimir su sello personal en todo momento, ya sea con la colaboración de actores fetiche (al más puro estilo Whedon), o con ese humor afilado y cargado de referencias a la cultura pop del que hacía gala en Veronica Mars.

Pero, ¿de qué va Party Down? Para aquellos que nunca han visto la serie y estén mínimamente interesados en verla, cuenta la historia de una empresa de catering ubicada en Hollywood, cuyos trabajadores son un grupo de aspirantes a actores. Cada episodio se centra en una celebración para la que se ha contratado a la compañía (un funeral, un sweet sixteen, una orgía…) Henry Pollard (Scott) se ve forzado a regresar a su antiguo trabajo en la hostelería después de intentar en vano labrarse una carrera interpretativa para enterrar su pasado como el chico del “Are we having fun yet?” (frase de anuncio que lo convirtió en estrella fugaz). Después de varios años condenado al ostracismo, Pollard no se lo está pasando bien, no. Ahora es una suerte de Jeff Winger (Community) con unos cuantos grados más de depresión y apatía, y ha renunciado definitivamente a su futuro hollywoodiense. Del ostracismo a servir ostras en bandeja.

El equipo de catering de Party Down se completa con Ron (Ken Marino, de Veronica Mars), el iluso supervisor -una especie de Michael Scott de la hostelería-, Casey (Lizzy Caplan), de profesión cómica, Roman (Martin Starr, de Freaks and Geeks), escritor de ciencia ficción dura, Kyle (Ryan Hansen, también de Veronica Mars), el prototipo de actor rubio tonto, y Constance (Lynch), veterana y excéntrica actriz fracasada con una filmografía impresionante… solo para ella. Y como he dicho antes, Mullally reemplazó a Lynch en la segunda temporada, interpretando a la pizpireta y optimista Lydia. Todos ellos contribuyen a que esta aguda y desmitificadora visión del sueño (roto) americano resulte atinada.

La primera temporada de Party Down mostraba los clásicos síntomas de serie con potencial que lucha por encontrar el tono adecuado y a su público objetivo. El humor no llega a cuajar, y los personajes, a pesar de partir de arquetipos muy bien construidos, no enganchan. Sin embargo, para la segunda temporada, tanto Thomas como el elenco están más cómodos en sus respectivos papeles. La serie comienza a desplegar sus alas (y su mejor armamento cómico) y a brillar en episodios memorables como “Nick DiCintio’s Orgy Night” o “Party Down Company Picnic”. De la misma manera, se refuerzan los vínculos entre los personajes -cada vez más entrañables-, por lo que empezamos a sentir compasión y cariño por ellos. En este sentido, una de las mayores virtudes de Party Down es la química entre el reparto, y especialmente entre Scott y Caplan, una de esas parejas formadas en el cielo catódico.

Por desgracia, la prematura cancelación de la serie impidió que esta desarrollase verdaderamente todo el potencial que empezaba a consumar. Aunque el último episodio funciona adecuadamente como cierre para casi todos los personajes -por situarlos en el camino hacia el cambio- es inevitable sentir que nos hemos quedado a medias. A la espera de una posible película (si Arrested Development y Veronica Mars han resucitado, ¿por qué no Party Down?) nos tenemos que conformar con 20 episodios que quedan para los anales de la comedia norteamericana, gracias en parte a su estupendo plantel de estrellas invitadas: Jennifer Coolidge, Ken Jeong, J.K. Simmons, Joey Lauren Adams, o la mismísima Kristen Bell.

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Comentarios (1)

 

  1. Lucia dice:

    A mi me encantó y espero que llegue pronto una peli!

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