Mad Men 6.04 “To Have and to Hold”

Placer culpable

Matthew Weiner ha tejido una gran maraña textual para Mad Men. Los temas que han servido como fuerza motriz del relato se han convertido casi en una obsesión para el autor, y así es como nos los ha presentado a lo largo de la quinta temporada, y en los primeros episodios de la sexta. La muerte se ha apoderado de tal manera de la historia y de los personajes que la serie ha adquirido un tono más aciago, incluso truculento. Y aunque esto no quiere decir necesariamente nada malo, un episodio como “To Have and to Hold”, más dinámico, luminoso y divertido que de costumbre (aunque igual de cargado discursivamente), sirve para aliviar algo de tensión.

Se abren nuevos frentes para seguir contando la misma historia. Nuevos espacios, subtramas dedicadas a personajes siempre en la sombra: Harry Crane y sobre todo Dawn, la secretaria afroamericana que fue introducida al comienzo de la temporada anterior para ser prácticamente olvidada. Si ha servido para algo que estos personajes hayan permanecido al fondo del plano durante tanto tiempo es para que sus lamentos y reivindicaciones en este episodio adquieran mayor empaque. Vemos por primera vez a Dawn descolgada del relato principal, en un ‘aparte‘ que sin embargo no arroja demasiada luz sobre su personaje, sino que más bien se utiliza para hablar de la agencia. Al igual que al final del episodio, cuando Dawn recibe nuevas responsabilidades en la oficina, no se nos está hablando tanto del camino hacia la emancipación de la secretaria como de la lucha de Joan -más flamígera que nunca en este capítulo- por deshacerse de los prejuicios en su nueva posición como socia de Sterling Cooper Draper Pryce, y evitar así el ostracismo -“Llevo trabajando allí 15 años y me siguen tratando como a una secretaria”. Precisamente es otro de los personajes invisibles de Mad Men, Harry, quien prende fuego a la mecha, recordando a la pelirroja -delante de todos los socios- que se ha prostituido para escalar puestos en la agencia, mientras él lleva años siendo uno de sus pilares más importantes, sin recibir reconocimiento por parte de los jefazos.

Harry salta a la palestra precisamente ahora que la televisión, área de SCDP que él dirige, está adquiriendo más importancia que nunca en Mad Men  -fijaos en cómo ha aumentado el número de escenas con los personajes absortos en la tele. Ya sea de un lado de la pantalla, para seguir mostrando imágenes de la guerra que planea sobre los personajes, como del otro, con los entresijos de la carrera televisiva de Megan Draper en una exitosa telenovela diurna, Weiner nos insiste en la creciente repercusión del medio en la sociedad y en los personajes. “You like to watch, don’t you?” -le dije una compañera de reparto de Megan a Don, mientras este observa cómo su mujer retoza con otro hombre en una escena de su serie. Y con esa pregunta, los niveles de contenido metatextual de Mad Men se salen de la gráfica. Podríamos estar hasta mañana destapando las capas de tan sencilla frase, y conectándola con todas las piezas del puzle Don Draper: su infancia voyeur, la eminencia de lo visual en su trabajo, sus problemas a la hora de distinguir fantasía de realidad, las escenas de la temporada anterior en las que este observaba a su mujer en una bobina o en el estudio de grabación, y, cómo no, el apunte indirecto al espectador de la serie: por supuesto, Matthew, nos encanta mirar. Claro que esta polivalencia se da en el 80% de los diálogos de Mad Men, así que nos detendremos ahí.

Otro de los temas subyacentes de “To Have and to Hold” es la experimentación sexual y el amor libre que caracteriza la recta final de la década de los 60. Megan hace referencia a lo difícil que es retratar el sexo en la televisión de la época por culpa de la censura, aunque la escena de cama que protagoniza en su serie es bastante subida de tono. Sin embargo, algunas de las secuencias de “To Have and to Hold” harían temblar a los censores de aquella época. Comienza la era del intercambio de parejas -tronchante escena la de la proposición al matrimonio Draper en el restaurante-, el trío y la poligamia -la sublime secuencia de Joan y Kate, su antigua compañera de Mary Kay, en el famoso club neoyorquino Electric Circus, con el “Bonnie and Clyde” de Gainsbourg y Bardot de fondo. Y que se prepare Trudy Campbell (que por cierto, sale en los créditos inciales, pero no aparece en el episodio), porque las key parties están a la vuelta de la esquina.

Y en este episodio, como no podía ser de otra manera, volvemos a ver en la cama juntos a Don y a su vecina, Sylvia. Ocurre inmediatamente después de que él haya visitado a Megan en la grabación de su tórrida escena, lo que provoca una encendida discusión entre el matrimonio. “Al menos te pensarías lavar los dientes antes de ir a casa” es una de las frases más indignantes y enfurecedoras que se han dicho a lo largo de la serie. Mientras este James Garner puede hacer lo que quiera, la mujer debe ajustarse a un código de comportamiento, y por supuesto, esta es en todo momento una propiedad, un objeto intercambiable, y por el que se puede pagar. Regresamos a la idea de la prostitución al final de “To Have and to Hold”, que insiste en mostrarnos a Don dando dinero a una mujer. Esta es una de las imágenes más recurrentes de Mad Men. Dio un cheque a su amante Midge en la primera temporada, a Alison -una de sus secretarias- una paga extra de su propio bolsillo, mantenía a Betty, a Peggy le lanzó un fajo de billetes a la cara en la quinta temporada… Volviendo al episodio anterior, “The Collaborators“, se refuerza la teoría de que la infancia de Don junto a su madrastra, y su experiencia en los burdeles, atrofiaron su percepción del sexo opuesto. Sylvia esconde un penique debajo del felpudo para avisarle de que no hay moros en la costa. Cuando esta abre la puerta, un plano detalle nos muestra la mano de Don entregando la moneda a Sylvia. Como sospechábamos, ella -que se está enamorando irremediablemente- no es más que una puta para él. Como (casi) todas las mujeres de su vida.

Pero sin duda alguna, si hay un tema que interconecte todas las tramas de este episodio tan coral de Mad Men, y que incluso se manifiesta como gran leit motif de la temporada, es la culpabilidad. La de Joan por haber utilizado su cuerpo como moneda de cambio -el verdadero precio es la soledad- y tener que enfrentarse a las repercusiones en la oficina. La de Peggy Olson por haber traicionado la lealtad de su amigo Stan, y la de su mentor -duele especialmente el uso que hace de uno de los lemas de su ex jefe: “Si no te gusta de lo que están hablando, cambia la conversación”. La de Dawn por no poder permitirse otra opción -al contrario que Megan, que se niega a sentirse culpable por su éxito. Y por último, la de Sylvia y Don: Entra en juego el factor religioso, que hasta ahora apenas había hecho acto de presencia en la serie. A través de Sylvia, se introduce la perspectiva católica de la culpa y el pecado, y se sugiere la posibilidad de expiación para Don Draper (o Dick Whitman). Ella le confiesa que reza por él. Pero nosotros, después de este episodio, nos planteamos si ya es demasiado tarde para la salvación. Y sobre todo, nos preguntamos si en el fondo deseamos que haya paz para Don Draper.

Etiquetas: ,

Comentarios (1)

 

  1. James Cole dice:

    No soy de los picajosos repelentes, pero me chirrió un poco la escena tórrida de la serie de Megan, dudo que llegara a ser tan subida de tono un programa así en ese año. Y Mad Men suele tener mucho cuidado con esas cosas… Por lo demás, perfecto 🙂

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas