Mad Men 6.03 “The Collaborators”

La diva y el gigoló

En su célebre introducción a Grandes esperanzas de Charles Dickens, George Bernard Shaw escribió “Los que avanzan en este mundo son los que se ponen en pie y buscan las circunstancias que desean, y si no las encuentran, las crean ellos mismos”. Esta es una idea que, por sí sola, podría resumir a grandes rasgos Mad Men. Sin embargo, en el episodio de esta semana, “The Collaborators”, se plantea una cuestión que la modifica: hasta qué punto la educación y el pasado de estos personajes influye en sus decisiones, en el camino que toman para lograr lo que desean y en su manera de relacionarse con el mundo. En un ejercicio freudiano de regresión a la infancia en busca de traumas y detonantes, se nos muestra cómo Don Draper -y en cierto modo el resto de personajes- están condicionados por lo que se les enseñó cuando eran niños, por los modelos de comportamiento que tuvieron. Puede que las circunstancias que estos personajes se esfuerzan en construir vengan predeterminadas y prediseñadas por el pasado o incluso por un efímero instante que no acaba nunca.

El affair que Don mantiene con su vecina, Sylvia (interpretada por Linda Cardellini en colaboración con una peluca con personalidad propia), despierta en ambos un ardiente sentimiento de temeridad y emoción ante el peligro -y para él quizás signifique además una posibilidad de ponerse en la piel de otro, una vez más. Ella, condicionada por las apariencias y el qué dirán, hace gala de una falsa modestia que Don destapa y aniquila con un discurso que roza el softcore porn: “Quieres sentirte como una mierda hasta que te quite el vestido”. Cuando por indisposición de sus respectivas parejas, se quedan solos en un restaurante, Sylvia imagina cómo sería una relación con él (“No podemos enamorarnos”, le dice más tarde en la cama). Es entonces cuando Don se encarga de recordarle lo que ella significa para él, algo que ya le había insinuado -nada sutilmente- en un encuentro anterior, dejándole un fajo de billetes después de que esta le limpie el sudor postcoital de la frente. Sylvia, que ya no tiene razones para seguir interpretando a la ingenua que nunca fue, pide al camarero un “steak diavolo”. Es decir, un buen trozo de bistec Draper. ¡Marchando una ración de infierno! Y todo esto ocurre mientras suena el aria Casta Diva”, de la ópera de Bellini Norma. Por supuesto.

Es evidente que la relación de Don con las mujeres es uno de los temas centrales de Mad Men. Los flashbacks al comienzo y al final de “The Collaborators” nos dan la opción de ubicar el origen del comportamiento profundamente dual que este mantiene con el sexo opuesto en una ¿tormentosa? experiencia durante su preadolescencia. Don Draper es un gigoló y también un caballero de brillante armadura, dos expresiones de un mismo rostro, dos manifestaciones de un mismo pasado: Mommy issues, claro. Dick crece sin su madre biológica, criado por su tío y la mujer de este, a la que una noche ve a través de una cerradura manteniendo relaciones sexuales. Su temprana toma de contacto con el sexo servirá como catalizador del futuro Don Draper, que tratará a la mujer o bien como un trozo de carne -esperando el mismo trato hacia él, como ya hemos visto- o como un animalillo frágil e indefenso al que hay que proteger de buitres y demás criaturas carroñeras; Joan es actualmente la damisela en peligro de Don, aunque ella no necesite a un hombre que la rescate, se basta y se sobra con su mordaz repertorio: “Yo sé que hay una parte de tu cuerpo que no has visto en años”, le dice al baboso Herb. Entonces, ¿cuál de los dos es el Don más misógino? ¿El que trata a la mujer como a una prostituta o el que asume que es el sexo débil? Al final de “The Collaborators”, Don se derrumba -literalmente-, al son de “Just a Gigoló” de Bing Crosby, demostrando que, a pesar de que pueda parecer que es víctima de la pasión que nubla el juicio y ciega la razón, él es en todo momento consciente de la autodestrucción en la que ha vuelto a sumirse, así como de su vacua existencia.

Y mientras asistimos al renacimiento del Don Draper primordial, reconocemos trazas de Betty en Megan Draper, que en “The Collaborators” desvela un secreto que ha estado atormentándola desde Hawaii: estaba embarazada de seis semanas y abortó durante las vacaciones. Después de despedir a su criada sin piedad -en una escena que nos remite directamente a Betty echando a Carla de su casa-, Megan se desahoga con Sylvia. La mujer de Don es totalmente inconsciente de lo que está ocurriendo entre su marido y la vecina. Sylvia es mayor que ella, es una simple ama de casa, tradicional y anticuada (como su horrible peinado indica), no plantea desafío alguno. Durante la conversación, Sylvia se muestra hostil hacia Megan, a la que claramente envidia -mientras ella se siente culpable por ver la televisión durante el día, Megan sale por la televisión durante el día-, y recuerda el tema subyacente en todas las tramas del episodio: Sylvia, en un alarde de hipocresía brutal, deja claro a Megan que ella es consecuente con su educación religiosa, y le reprocha sentirse aliviada por no tener que decidir si quedarse o no con el bebé, algo que para empezar nunca fue decisión suya. Cuando Megan habla por fin con Don sobre el tema, este se muestra preocupado por ella. La primera pregunta que él hace no es “¿Por qué no me lo habías contado?”, sino “¿Estás bien?” Emerge el Don caballeroso y protector, que nos hace plantearnos una vez más qué mueve al personaje a hacer daño a alguien a quien evidentemente ama.

La fidelidad y el compromiso con los principios y fundamentos aprehendidos es otra vertiente del tema que articula las historias de “The Collaborators”. Trudy Campbell siempre aspiró a ser un ama de casa sacada de un cuadro de Norman Rockwell, porque eso fue lo que le enseñaron. La educación de Pete y Trudy fue similar, y por ello los dos compartían el sueño común de crear una familia de postal en las afueras. Sin embargo, mientras Trudy ha seguido esforzándose por que su fantasía suburbana no se resquebraje, Pete ha sucumbido a la mala vida draperiana que el pobre practica como buenamente puede. Cuando en la temporada anterior Trudy concedió a Pete el deseo de mantener un piso en Manhattan, no estaba pecando de ingenua, sino más bien todo lo contrario. En “The Collaborators” descubrimos que Trudy está dispuesta a vivir en una farsa antes que asumir el fracaso. Lo suyo con Pete nunca tuvo que ver con el amor, sino con la educación y las expectativas. Y como bien dice Pete, con la imagen: “Todo se reduce a las apariencias”, y en eso se basa precisamente el negocio al que él se dedica y el matrimonio en el que ella trabaja a tiempo completo. Una castrante -y bravísima- Trudy informa a Pete de las nuevas condiciones de su relación (abierta para él, como si fuera uno de los personajes de Hair que tanto detesta): “Voy a trazar un radio de 80 kilómetros alrededor de esta casa y como se te ocurra bajarte la bragueta, aunque solo sea para orinar, te destruiré”. Estas son las circunstancias para las que Trudy ha trabajado tan duro, y antes la muerte que el divorcio. Porque, ¿qué pensarían los vecinos? Trudy Campbell es nuestra nueva heroína favorita.

Por último, Peggy es quizás el personaje de Mad Men menos definido y constringido por su pasado lejano. Ella también representa la idea de la lealtad a aquel que te hizo, y el respeto a los principios que te moldearon. Sin embargo, a Peggy la hizo Sterling Cooper Draper Pryce -de acuerdo, Peggy se hizo a sí misma, pero siempre bajo la tutela de SCDP y Don Draper. Su resistencia a cortar los lazos con su antiguo hogar la pone en una disyuntiva cuando su nuevo jefe le propone bombardear (figurativamente) SCDP. Matthew Weiner carga el episodio de referencias cronológicas que anticipan una guerra entre agencias publicitarias: Munich, Korea, Vietnam, el incidente del USS Pueblo. Como viene siendo habitual desde la temporada anterior, el tumulto exterior es un fiel reflejo de lo que ocurre en las vidas de estos personajes, que se encuentran en plena contienda contra el pasado.

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Comentarios (2)

 

  1. Txema dice:

    Muy bueno el análisis. Me había quedado la duda de si el aborto de Megan fue natural o buscado, ahora ya despejada. Muy buen capítulo centrado en las mujeres. MAD WOMEN.

  2. James Cole dice:

    No sé si era yo, el momento en el que estaba, pero vi este capítulo como un poco desordenado y batiburrillo. Con tu análisis lo veo todo algo mejor.

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