Mad Men 6.01-2 “The Doorway”

 

Have you fear’d the future would be nothing to you?
Is to-day nothing? is the beginningless past nothing?
If the future is nothing they are just as surely nothing.

Walt Whitman, “To Think of Time” 

Muerto en vida

Una guadaña asoma amenazante y burlona a cada esquina -y sobre todo en cada umbral- de la flamante nueva oficina de Sterling Cooper Draper Pryce. Una de las constantes temáticas que articularon la quinta temporada de Mad Men fue la muerte, manifestándose en sus múltiples y variados rostros -y presente desde el comienzo de la serie. Don Draper observando por el hueco del ascensor el oscuro vacío en el que parece estar destinado a sumergirse, varios crímenes infames de la historia de Estados Unidos agitando a los personajes, y por supuesto, el suicidio de Lane Pryce hacia el final de la temporada. La visita que la muerte hizo el año pasado a la agencia de publicidad de la avenida Madison se ha prolongado más de la cuenta, concretamente hasta Navidad de 1967, año hacia el que Mad Men ha saltado con el primer episodio de la sexta temporada, “The Doorway”.

Como ocurrió en “A Little Kiss”, el tiempo transcurrido en las vidas de los personajes nos invita a preguntarnos una vez más quiénes son exactamente. El lapso entre el 66 y el 67 es muy evidente en la ahora duplexada oficina de SCDP: mayor diversidad, más ajetreo, y un ambiente más bohemio y distendido, reflejo de una sociedad en ebullición que sigue transformándose, y sobre la que acecha el mayo del 68. Aunque en el recién estrenado piso de arriba se mantiene el carácter almidonado de los contables y demás ejecutivos, abajo las barbas y las patillas inician su reinado, anticipando una década de los setenta que está a la vuelta de la esquina.

Matthew Weiner nos devuelve a los personajes de Mad Men siendo consecuente con los cambios que han acontecido en sus vidas, y como de costumbre, con esa fuerte insistencia en lo simbólico, en la metáfora y la alegoría, que define la serie. Los diferentes reencuentros con ellos no podrían ser más elocuentes en este sentido. A Roger Sterling lo vemos en el diván del psicólogo, haciendo chistes y hablando de rubias y morenas. A Peggy Olson nos la encontramos ejerciendo de Don Draper, y no solo porque ocupe un puesto similar al de su ex jefe en su nueva empresa, sino porque en su dicción, en la resolución al expresarse y la manera de dirigirse a sus empleados reconocemos trazas inconfundibles de Don. A Betty Francis la interrumpimos mientras recibe una multa por conducir “como una loca”. Joan Holloway solo tiene una escena, pero no podría resumir mejor a su personaje: a pesar de ser socia de la agencia sigue recibiendo trato de mujer florero. Y a nuestro pequeño trepa Pete Campbell lo vemos por primera vez este año subido a una escalera, posando altivo y orgulloso. Más claro imposible.

Pero, ¿dónde está Don? ¿Está solo? ¿Está vivo? “The Doorway” abre con una extraña y ligeramente perturbadora escena en la que vemos a un hombre aplicar primeros auxilios a una persona en el suelo. El velo de fatalismo que cubre a la serie hace que nos traslademos a los delirios febriles de Don en la temporada anterior, y que en lugar de auxilio percibamos amenaza. La muerte está en todas partes, y todos los caminos llevan a ella. Don y Megan están pasando unas vacaciones en Hawaii, y como suele ocurrir con las escapadas vacacionales del señor Draper, la epifanía es su más fiel compañera de viaje. ¿Es Hawaii el purgatorio al que llega Don Draper después de morir en la barra de un bar?

Los diez primeros minutos del episodio transcurren sin que Don diga una sola palabra. Solo lo hemos oído al comienzo, su voz en off leyendo el Infierno de Dante Alighieri: “A mitad del camino de la vida / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado”. A través de las palabras de La Divina Comedia, la crisis de identidad de Don cobra mayores proporciones. Sumergido en el Infierno de Dante, Don no se percata de que el Sol le está quemando la piel. Como siempre, se mueve de un lado a otro de su existencia en golpes de inconsciencia. Y sin saber cómo ni por qué, ha acabado dejando su traje y zapatos en la orilla, para huir nadando mar adentro. Como el “Canto primero” del Infierno prosigue, “Yo no sé repetir cómo entré en ella / pues tan dormido me hallaba en el punto / que abandoné la senda verdadera”.

Y del sueño que es Hawaii a la transfiguración de Don Draper. Su breve encuentro con un soldado de las Fuerzas Armadas despierta a Don de su letargo casi extático, dando por concluida su huelga de voz. Del enésimo enfrentamiento con Dick Whitman resurge el pánico a la muerte, la amenaza del pasado, y en última instancia, el terror de sí mismo. Don se lleva por equivocación el mechero del soldado, y con él el fantasma de Dick, que, a pesar de los esfuerzos de Don por deshacerse de él, se empeña en reaparecer una y otra vez con la intención de destruir la valla publicitaria en la que vive. Con el final de “The Doorway” se confirma: el Don Draper que conocimos al comienzo de la serie ha vuelto, y con él, el adulterio, la autodestrucción y la verdadera senda: la que lleva a la perdición.

“The Doorway”, además de entregarse por completo a lo macabro, parece a simple vista un episodio algo caótico y desorganizado, pero nada más lejos de la realidad. El discurso de Roger sobre el carácter transitorio de la vida unifica los dispersos relatos de los personajes. Nos limitamos a atravesar puertas, ventanas, puentes, umbrales, hasta que un día encontramos a la muerte al otro lado. Todos estos personajes se encuentran sumidos en un estado de transición, casi de huída, condicionado por el miedo, la incertidumbre y el tiempo que pisa los talones. Don se halla suspendido en un estado de insatisfacción mientras su mujer se convierte en una cuasi-celebridad catódica -Weiner se permite hacer un pequeño guiño a todos los detractores del personaje-, y continúa alejándose de ella, y de la cultura a la que pertenece, rechazando lo que han construido juntos –“Todo lo que tiene que ver con el matrimonio es paleolítico”. Roger se mueve por inercia, ignorando su realidad: la soledad y la obsolescencia entierran al hombre carismático y ajetreado que todo el mundo cree conocer. Sorprendentemente, la primera en reaccionar es Betty, que se tiñe el cabello de moreno en un ejercicio metafórico muy tradicionalmente televisivo. Como bien sabe Angela Chase, cambiar de pelo es cambiar de vida, y Betty, que se pasó la temporada anterior comportándose como una niña, madura así hacia su adolescencia emocional.

Como si se tratara de una composición musical, en concreto el “Nocturno en mí bemol mayor P. 9 nº2” de Chopin que Sandy toca para los Francis antes de desaparecer, “The Doorway” dispone los elementos narrativos a modo de variaciones sobre un mismo motivo -la muerte y la pérdida- que confluyen en el funeral de la madre de Roger, donde Don hace recuento de las ausencias en su vida, desde la más lejana -su madre murió después de darle a luz- a la más reciente -la de Lane Pryce, por la que se siente en parte responsable. Su incapacidad para expresar verbalmente lo que le atormenta encuentra una vía de escape física a través del vómito, algo que los demás observan como un síntoma de decadencia o una simple falta de respeto, pero cuya verdadera causa no se nos escapa ni a él ni a nosotros: Don Draper no atraviesa puertas hasta llegar a la muerte, Don Draper se encuentra con la muerte detrás de cada puerta.

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Comentarios (5)

 

  1. James Cole dice:

    Con este capítulo se me ha multiplicado por mil la sensación extraña de cada inicio de temporada de Mad Men. Es como si la serie empezara a su aire, cuando ella quiere, por donde ella quiere, como si tuviera esa entidad, y “le da igual” el espectador, el que se enganche a su tren que lo haga, pero ella no va a esperar porque está viva y tiene que seguir adelante. Durante toda la primera mitad estuve con esa deliciosa incertidumbre que solo provocan cosas como esta serie.

  2. Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

    Yo creo que Mad Men es la serie a la que más le da igual el espectador. Y eso es en parte lo que la hace tan grande.

  3. Gabi dice:

    Te odio, Pedro <3

  4. sallylastradesolteradraper dice:

    Qué afortunados somos de estar viviendo la era de Mad Men y que estés tú para darnos lecciones.

  5. Angélica dice:

    Lo que más me gustó del capítulo fue la historia de Betty y Sandy. Creo que soy de las pocas personas que no odia a Betty y me gusta que su personaje sea capaz de ser algo más que una ama de casa odiosa. He visto por ahí que hay un montón de gente indignadísima con el comentario de la violación cuando estaba hablando con su marido. A mí también me dejó algo descolocada esa conversación, pero hay que pensar que Betty ya se divorció de un hombre que le era infiel y supongo que está intentando todo lo posible por mantener el interés de su hombre. Parece ser que con el cambio de look acertó.

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