Crítica: Dando la nota (Pitch Perfect)

¡Acatotal!

Mean Girls es intocable, irremplazable, insustituible. Así que, a pesar de que Dando la nota (Pitch Perfect, 2012) se adscribe al género que perfecciona la cinta escrita por Tina Fey, es más adecuado hablar de “la nueva A por todas (Bring It On, 2000), otro clásico esencial del cine para adolescentes y no tan adolescentes. Sin ir más lejos, los propios productores de la película protagonizada por la emergente estrella Anna Kendrick (La saga Crepúsculo, Up in the Air) reconocen que la cinta de animadoras de Kirsten Dunst fue una de las principales inspiraciones para Dando la nota. Claro que el germen directo de la película se encuentra en el libro de Mickey Rapkin titulado Pitch Perfect: The Quest for Collegiate A Capella Glory. Sea como fuere, Dando la nota es en fondo y forma una comedia de instituto que, curiosamente, se ambienta en la universidad. No importa, se sigue jugando según las reglas del género teen a pesar de que algunas de las protagonistas alcancen la treintena- para construir una historia de superación, autodescubrimiento y alianzas imposibles -sí, lo habéis adivinado, hay referencias a El club de los 5– que da como resultado un clásico de culto en potencia. Una de esas películas que nos encontramos un domingo por la tarde en la tele, y a pesar de haberla visto ya muchas veces, nos quedamos viéndola hasta el final.

Pero Pitch Perfect no es perfecta ni de lejos. Y aunque no es algo que se le deba exigir en ningún momento, la coherencia interna brilla por su ausencia a lo largo de toda la película. Empecemos por ejemplo por la protagonista. Beca (Kendrick) es una chica socialmente inadaptada, huraña, descreída, y definitivamente alternativa. Pero su “músico” de cabecera es David Guetta y se dedica casi profesionalmente a realizar mash-ups. Algo falla, ¿no? Por si esas extrañas credenciales no fueran suficientes, a Beca no le gusta el cine. Es más, actúa como si nunca en su vida hubiera visto una película. ¿De qué va todo eso? No lo entendemos, pero insisto, da igual. Como también deberíamos pasar por alto a todos esos personajes borrosos al fondo del plano -de hecho, se hace alguna referencia jocosa a su invisibilidad hacia el final de la película- o esos conflictos introducidos con calzador. En Dando la nota, lo más importante es la música. No sorprende en este sentido que el realizador del filme sea Jason Moore, responsable de algunos éxitos musicales de Broadway como Avenue Q, además de experimentado director de dramas televisivos (eminentemente adolescentes) como Dawson crece o One Tree Hill. Dando la nota pone énfasis en el componente espectacular de los números musicales y brilla especialmente cada vez que las protagonistas se suben al escenario o salen a la calle a librar batallas a capela -una las secuencias más memorables de la película-, haciendo que temas de una variedad enorme de artistas -de Ace of Base a Rihanna, pasando por Miley Cyrus, Gloria Estefan o Bruno Mars– suenen de maravilla. Sin excepción. Y fuera de bromas.

Dando la nota es como Glee -comparación inevitable-, pero mucho mejor hecha -algo que no es muy difícil, la verdad sea dicha. Es el perfeccionamiento del lipdub, y toda una cantera de talentos vocales y cómicos. Destaca entre todos ellos la revelación Rebel Wilson (Amy la Gorda), que a pesar de sus evidentes limitaciones como cantante, logra desviar la atención hacia su persona en todo momento gracias a ese peculiar sentido del humor basado en la improvisación y un -muy autoconsciente- marcianismo. Wilson es la estrella involuntaria de Dando la nota –¿cuánto la quiere Tumblr?, pero el resto de actrices y actores desempeñan un trabajo igualmente ejemplar, sobre todo a la hora de ponerse bajo los focos. Kendrick demuestra que su nominación al Oscar no fue un hecho aislado (no es que lo merezca por esta, ni de lejos, pero lo suyo es talento y lo demás son tonterías), Hana Mae Lee nos regala un personaje incluso más excéntrico y absurdo que el de la robaescenas Wilson. Y el talento masculino también cuenta con una buena representación gracias a un rompecorazones geek como Skylar Astin y un tronchante Adam DeVine, ambos cantantes de primera. Por último, y aunque no canten, no podemos olvidar a Elisabeth Banks y Paul Brooks -también productores de la película- los comentaristas de las competiciones musicales que aportan impagables momentos ala Very Important Perros.

El guion de Dando la nota viene firmado por Kay Cannon, responsable de varios de los libretos nominados al Emmy de 30 Rock y co-productora ejecutiva de New GirlViendo esta película, queda patente que el cine todavía le viene algo grande a la guionista, que no siempre da con el timing adecuado para sus chistes -una criba mayor de bromas habría beneficiado al ritmo de la película sin duda. Dando la nota es tremendamente irregular en el apartado cómico, y aunque es fácil y conveniente aproximarla a otras comedias femeninas como Bridesmaids, solo domina el arte del gag en contadas ocasiones. Sin embargo, Cannon sí logra una hazaña que casi ningún representante de la comedia norteamericana actual consigue: que su guion no decaiga en la recta final. Más bien todo lo contrario. La desternillante gran pelea entre las Bellas -el vómito, ese gran recurso- y la espectacular competición final conforman un clímax in crescendo que termina por levantar los ánimos del más reacio -el crítico más implacable y cínico se odia a sí mismo al descubrirse sonriendo y marcando el ritmo con los pies. Al final, Dando la nota nos invita a despojarnos de todo prejuicio y autorrestricción, y a “levantar las manos porque está sonando nuestra canción”. Yeah-Eh-Yeah-Eh-Yeah-Eh, it’s a party in the USA.

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Comentarios (3)

 

  1. Ana dice:

    En mi casa (yanqui, por supuesto), esta película está puesta casi todos los fines de semana. Tienes razón que hay cosas del guion que hacen aguas, pero trasmite un sentimiento general de buenrollismo que se te queda un rato después de que termine.
    De acuerdo con que el personaje de Beca debería ser más coherente. Sin embargo, mi mayor cabreo con ella es que no le haga caso al pobre Jesse en toda la película cuando el chaval está ahí a pico y pala desde el principio y sin desfallecer. No es necesario que diga que tengo un crush del tamaño de un trasatlántico.
    Aunque sea una versión mejor hecha de Glee, me gustan sus momentos de autorreferencialidad: “canciones destruidas por Glee”, “esto no es el instituto, esto es la vida real”.
    Y, finalmente, lo que a mí me gana son los números musicales. Porque no tengo criterio en lo que a musicales se refiere. Porque me hacen feliz.

  2. alex dice:

    A mi me transmitió exactamente lo contrario: un Glee mal echo (si, os habla un fan de Glee). No es que no me gustara, está bien para verla un domingo de tarde en tu casa, pero ni por asomo es un peliculón, ni mucho menos es mejor que Glee. Personajes muy planos, situaciones demasiado forzadas, demasiados tópicos, demasiadas canciones famosillas y actuaciones que para que…
    Se les nota demasiado que intentan subirse al carro de los musicales.

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