Estrenos de cine 27-03-13


G.I. Joe: La venganza
 (G.I. Joe: Retaliation, Jon M. Chu, 2013)

Más que una secuela de la primera G.I. Joe -una de las películas más casposas de los últimos años-, G.I. Joe: La venganza es un reboot de la franquicia que sigue indudablemente la estela de Transformers (otra propiedad de Hasbro, como la que nos ocupa) y que reformula completamente los elementos de la saga. Más trama militar, mejores escenas de acción (algunas como la de las montañas quitan el hipo), efectos digitales mucho más dignos y un sentido del humor más acorde con el tipo de público al que se dirige.

G.I. Joe: La venganza hace borrón y cuenta nueva y se olvida del enfoque camp y tontorrón de la primera entrega, convirtiéndose en una superproducción que sigue al pie de la letra las exigencias de un blockbuster veraniego (aunque se estrene en primavera). Además, cuenta con la presencia de dos héroes del cine de acción, un Bruce Willis algo desubicado pero dejando patente su estatus de eminencia testosterónica, y Dwayne ‘The Rock’ Johnson, que se confirma como uno de los actores-montaña-de-músculos más carismáticos. Ambos intérpretes evidencian la determinación de G.I. Joe por dejar atrás el fallido primer intento de poner en marcha la saga, replanteándola como una cinta al más puro estilo Michael Bay que además se permite incluir escenas cómicas por encima de la media en este tipo de películas: atención a la satírica secuencia de la reunión de los presidentes mundiales. Con todas sus fantasmadas y ridículos agujeros de guion -o precisamente por todo ello-, G.I. Joe acaba siendo más que recomendable para los aficionados al género, y compensará ligeramente la decepción que recientemente ha supuesto La jungla: un buen día para morir. A los que no les vaya mucho la acción explosiva y patriótica (yanqui, se entiende), que ni se molesten, claro.

 


Grandes esperanzas
(Great Expectations, Mike Newell, 2012)

No hay nada verdaderamente reprochable en esta película además del hecho de que nadie la pidió. Esta nueva adaptación de una de las bildungsromans por excelencia no aporta nada con respecto a sus predecesoras, y a pesar de tener un acabado más que aceptable, resulta básicamente innecesaria. Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, Harry Potter y el cáliz del fuego) se aproxima a la obra de Charles Dickens desde el más absoluto respeto. Y en el tiento y la preocupación por ser fiel al referente, Newell orquesta una película que lleva la sensación de déjà vu fílmico a otro nivel. El realizador británico hace un buen trabajo a la hora de identificar y disponer los puntos nodales de la historia, y el guionista David Nicholls controla a la perfección el relato original, sabiéndolo adaptar al lenguaje cinematográfico sin necesidad de hacer una película de tres horas. Sin embargo, la propuesta peca de ingenuidad al confiar en el apoyo del público -sobre todo un año después de la reciente miniserie para la televisión británica. En el apartado interpretativo ocurre lo mismo. Helena Bonham Carter nació para dar vida a la señorita Havisham -como nació para interpretar a cualquier personaje excéntrico y esperpéntico-, aunque no consigue deshacerse de la sombra de la gran Miss Dinsmoor de Anne Bancroft en la mucho más interesante adaptación de Alfonso Cuarón de 1998. Y el inexperto y cauteloso Jeremy Irvine (War Horse) es una acertada elección para un personaje como el de Pip. En definitiva, la película es tan correcta en todos los aspectos que resulta prácticamente olvidable. Eso sí, los aficionados a las adaptaciones de clásicos de la literatura, y al cine de época, encontrarán el mayor atractivo en una ambientación muy lograda y el suntuoso diseño de vestuario de Beatrix Aruna Pasztor.

 

La soledad de los números primos (La solitudine dei numeri primi, Saverino Costanzo, 2010)

Con nada más y nada menos que tres años de retraso nos llega a España la italiana La soledad de los números primos -ni que fuera de Ghibli. Pero en el caso de esta película, y a pesar de sus irregularidades, podemos decir bien alto lo de “más vale tarde que nunca”. El filme de Saverino Costanzo, basado en la exitosa novela homónima de Paolo Giordano, bien podría haberse titulado Los invonvenientes de ser un marginado, al menos hasta que nos adentramos en su último acto. La primera hora y media de la película transcurre a base de saltos en el tiempo (si no se ha leído la novela, es más que probable que la historia resulte confusa al principio y los personajes no se distingan con claridad) y frecuentes cambios de tono y ritmo. El relato nos muestra de manera alternada una cara más amable y otra mucho más cruda, optando por el camino más deprimente y pesadillesco en su última media hora. La soledad de los números primos es hasta ese momento un certero ejercicio de reflexión sobre la importancia de las experiencias vitales durante la infancia y la adolescencia y las decisiones de los padres en la formación y forja de identidad de una persona. Sin embargo, las valiosas conclusiones a las que llega se van al traste en un desenlace que, como si de un giallo se tratase -esto no es una apreciación gratuita, me entenderéis cuando veáis la película- se deshace de todo lo que se ha construido durante la película en busca del impacto y la controversia.

Bates Motel: Los diarios de Norman

“Norma y Norman. Qué… raro”.

Estaba preparadísimo para entonar el “Si Hitchcock se levantara de la tumba” a la hora de escribir sobre Bates Motel, la precuela de una de sus mayores obras maestras, Psicosis (Psycho, 1960), pero después de ver su piloto, no puedo hacerlo. De momento, Hitchcock puede descansar tranquilo. Ya le avisaré yo si tiene que levantarse a atormentar a alguien, pero por ahora no es necesario, porque Bates Motel no es ningún sacrilegio, no es ningún insulto. Es sencillamente un buen piloto de lo que podría ser -y esperamos que sea- una buena serie.

Lo más sorprendente de la nueva serie de A&E es que se ambienta en la actualidad, a pesar de que oficialmente sea precuela de una historia que tuvo lugar en la década de los 50. El propio piloto juega con las expectativas del espectador -del que se adentra en la serie sin conocer ese pequeño detalle, como hice yo-, que durante el teaser cree encontrarse en el pasado. Vemos una televisión antigua con una película en blanco y negro -concretamente una de 1940Luna nueva, de Howard Hawks-, y el único indicativo cronológico específico es una tele de plasma que pasa desapercibida al fondo -no vemos lo que no queremos ver-, por lo que muchos damos por sentado que la historia transcurre entre los 40 y 50. Sin embargo, después de los títulos de crédito (algo abruptos, pero adecuados) vemos a Norman Bates escribiendo en su iPhone. Gran sorpresa -insisto, para los que no lo sabíamos- que en un principio no tiene por qué alterar demasiado la esencia de Psicosis, a la que el primer capítulo de Bates Motel se mantiene fiel en todo momento sin ser absolutamente dependiente de ella.

Efectivamente, en esta serie se respira un gran halo de respeto tanto a la obra de Hitchcock como a la novela de Robert Bloch en la que se basa. No hay grandes aspavientos, ni excesivas salidas de tono, solo un marcado interés por explorar la mente de Norman Bates a través de la disfuncional y edipesca relación que mantenía con su madre. Se muestra desde un principio la extraña y retorcida naturaleza de la misma, a base de afilados diálogos cargados de tensión -de todas las clases, incluso sexual– y momentos traumáticos. La dualidad de ambos personajes está muy bien ejecutada, pero es sin duda Vera Farmiga la que mayor elogios merece por su fantástica interpretación de madre amantísima/asfixiantísima, una mujer desequilibrada y bipolar que toma más malas decisiones en un episodio que Betty Draper y Nancy Botwin juntas.

Bates Motel es una historia de orígenes, un Norman Bates Begins, pero también un The Norman Diaries, puesto que se nos permite echar un vistazo a la vida social del futuro asesino, ahora geek moderno, entre taquillas de instituto y animadoras. Freddie Highmore es una buena elección de casting para interpretar a un adolescente inadaptado y creepy de manual. Sin embargo, el joven actor parece no estar del todo cómodo en su papel. Le daremos tiempo para que se meta en la piel de Norman Bates, tarea cuya dificultad no podemos subestimar. En “First You Dream, Then You Die” conocemos a fondo al enmadrado y subyugado Norman, que desde pequeño es testigo de horribles acontecimientos que dan forma a su personalidad. Por si la muerte de su padre no fuera suficiente, tiene que presenciar la violación de su madre y el sangriento asesinato del violador a manos de Norma, además de acompañarla en una agradable excursión en barco para deshacerse del cadáver. Es a grandes rasgos lo que ocurre en un primer episodio cargado de acontecimientos, un piloto de excelente ambientación y factura que maneja el suspense con habilidad y dispone con acierto -haciendo suyos- los elementos más perturbadores de una historia conocida por todos.

Además de adentrarnos en la icónica mansión de los Bates y las mugrientas habitaciones de su motel de carretera, es posible en todo momento identificar en el relato las características del célebre personaje interpretado originalmente por Anthony Perkins. Ahora en la piel de Highmore asistimos a los primeros indicios de su voyeurismo enfermizo -del que Norma es la primera víctima, como vemos en una de las mejores y más incómodas escenas del episodio-, y nos preguntamos hasta qué punto su posesiva madre y la devoción que se profesan mutuamente –nunca un “te quiero” había sonado tan inquietante– es la única y verdadera responsable del monstruo. Es decir, como Michael Haneke nos planteó con La cinta blanca¿el monstruo se hace o se nace? -por cierto, ¿habrá escena estilo La Pianista entre Norman y su madre? Si dependiera de mí, la habría.

Bates Motel refleja una sociedad norteamericana obsesionada con sus asesinos en serie, en la que parece existir una especie de inconfeso elogio al psicópata adolescente -“Eres raro. En el buen sentido”. Y en consecuencia, la serie es digna representante de una televisión que desde hace años se desvive por los antihéroes, los protagonistas amorales y criminales. Está claro que tenemos que hablar de Norman.

Crítica: Por la cara (Identity Thief)

Remake inconfeso de Mejor solo que mal acompañado (Planes, Trains & Automobiles) de John HughesPor la cara (Identity Thief) es una road movie/buddy film protagonizada por el encasillado pero encantador Jason Bateman (condenado a interpretar a su Michael Bluth de Arrested Development hasta el fin de los días) y una Melissa McCarthy incontenida e incontenible.

Sandy Patterson es un hombre de negocios normal y corriente, casado y con dos hijas, cuya visión de la vida es algo encorsetada y no asume riesgos de ningún tipo. Hasta que un día descubre que alguien en Florida ha robado su identidad y está gastando los ahorros de su vida con tarjetas de crédito falsificadas. El impostor es una mujer que aprovecha el nombre “unisex” de Sandy para llevar a cabo su plan sin levantar demasiadas sospechas. Cuando se percata del asunto, y ante la falta de colaboración de la policía, que se lava completamente las manos, Sandy inicia la búsqueda de la mujer que le ha robado el nombre y está poniendo en jaque el futuro de su familia.

Partiendo de esta simpática aunque inverosímil premisa, Por la cara transcurre en todo momento por la zona segura, incapaz de arriesgar o sorprender a un espectador que sabe siempre lo que va a ocurrir y anticipa las escenas mucho antes de que estas lleguen. A la previsibilidad de la historia se le añade un humor más blanco del habitual, lo que la distancia considerablemente de otras comedias norteamericanas actuales, y la convierte en un producto endeble y a medio gas. Seth Gordon parece tener miedo a llevar a los personajes al extremo, cuando es eso precisamente lo que están pidiendo a gritos en todo momento. Y esto desemboca en lo peor que puede ocurrir en una comedia: la indiferencia.

A Por la cara le hacía falta una dosis mayor de locura y absurdo, y un poco menos de corazón. El factor emotivo empieza a estar preocupantemente sobreutilizado y sobrevalorado en este tipo de películas, y en esta en concreto es particularmente difícil de tragar -sobre todo hacia su desenlace. Hay escenas que están a punto de conseguir el tono adecuado -las persecuciones en coche, la secuencia en el bosque- pero en el momento de la verdad, Por la cara siempre esconde la cola. Ni Bateman ni McCarthy ponen de su parte para compensar lo insulso de la propuesta -ninguno de los dos hace nada que no hayan hecho en todos sus trabajos anteriores-, aunque sea fácil conectar con sus personajes. El principal problema es que ya hemos visto esta película antes, y sabemos exactamente cómo va acabar, por lo que necesitamos un atractivo que desvíe nuestra atención. Y aunque salte a la vista que Gordon no está intentando llevar a cabo la comedia del siglo, es incapaz de  proporcionar algo que mantenga nuestro interés despierto durante este largo viaje.

Crítica: The Host (La huésped)

Cuatro son compañía

La de ideas desaprovechadas que, con el tono adecuado, podrían haber dado como resultado una cinta inolvidablemente camp. Pero no, The Host (La huésped) se queda en simplemente olvidable, y no lo suficientemente camp (que es mucho peor que totalmente camp).

The Host es otro triángulo (o más bien cuarteto) amoroso de la marca Stephenie Meyer que como su anterior trabajo, La Saga Crepúsculo, engatusa y lobotomiza con una historia de pasión reprimida y amor más grande que el universo, y que además esta vez viene disfrazada de gran fábula humanista. Por eso contaron para la escritura y la realización de la película con Andrew Niccol (pobre), que tiene experiencia en la ciencia ficción más existencialista –Gattaca, el guion de El show de Truman.

Esta vez, Meyer nos propone una historia más “adulta” (son sus palabras, no las mías) que el vampírico romance de Bella y Edward, aunque sus protagonistas sigan siendo más o menos adolescentes. El componente “maduro” (esto lo digo yo, pero el entrecomillado es necesario) lo aporta una serie de ideas sobre la deshumanización a la que nos dirigimos irrefrenablemente, la identidad como arma contra la pérdida de la libertad, y en última instancia, la importancia del amor para salvarnos. Sin embargo, el habitualmente confuso y contradictorio discurso de Meyer impide que estas ideas lleguen a tener un mínimo impacto.

No faltan los mensajes ¿feministas? y conservadores (claro que luego es todo un putiferio) y una extraña apología del suicidio que aunque se retracte, ahí queda. Lo de Meyer, efectivamente, es de otro mundo. Sin embargo, lo que salva The Host es que, en el fondo, es toda una screw-ball comedy. Una involuntaria, por supuesto. Los mejores momentos de esta hormonada cinta futurista nos los dan las discusiones dentro de la cabeza de Melanie Stryder -una inerte Saoirse Ronan– y los tórridos encuentros de esta con el chico que está enamorado de ella y el que está enamorado de Wanda, el extraterrestre que ocupa su cuerpo -¡Qué lío!, como diría Maruja. Es en esta retorcida y moralmente ambigua relación a cuatro bandas donde se encuentra la mayor baza de The Host, que como era de esperar, no es recomendable tomarse demasiado en serio si se quiere disfrutar de alguna manera.

Crítica: Los Croods, una aventura prehistórica

De la factoría Dreamworks (y por primera vez en colaboración con 20th Century Fox) nos llega otra aventura endiablada de esas que están medidas hasta el más mínimo detalle para que tanto niños como adultos puedan disfrutarla y la taquilla así lo refleje. Los Croods, como bien indica su subtítulo español, es una aventura prehistórica de ritmo vertiginoso sobre una familia de cavernícolas que viven ocultos en una cueva, regidos por las estrictas normas del patriarca (voz original de Nicolas Cage), y con la formación de los continentes como telón de fondo. La joven Eep (Emma Stone haciendo de nuevo de Emma Stone) es la hija mayor, una inquieta y curiosa muchacha que se niega a vivir condicionada por el miedo a lo desconocido que obsesiona a su padre. Eep es en esencia una “princesa” clásica de animación, es más, el parecido con la Merida de Brave y con la Ariel de La Sirenita no se detiene en el frondoso cabello pelirrojo.

Los Croods posee esa cualidad de atracción de parque temático de la que ya pocas películas dirigidas al público infantil prescinden (el 3D mató el cine para niños). La vigorosamente animada secuencia inicial -después de unos títulos de créditos magníficos– es toda una declaración de intenciones, y desde ese momento hasta el final, Los Croods parece transcurrir a contrarreloj. Un imprescindible pero aburrido slapstick se alterna con gags más afortunados (Eep sintiéndose halagada cuando le llaman gorda; bravo) e instantes emotivos de esos que Pixar ha perfeccionado a lo largo de los años. La dinámica padre-hija es el núcleo de la película, y el viaje de auto-conocimiento en el que se embarca Grug gracias a Eep acaba dando buenos momentos. Sin embargo, tanto lo hiperactivo como lo entrañable de la película se ve contrarrestado por un discurso manido y, peor aun, explicado hasta la saciedad una escena detrás de otra.

Estamos ante una de esas películas que tratan al niño como a un ser menos inteligente de lo que es. Al que, en teoría, es necesario recordarle cada dos minutos el mensaje de la película. No resulta tan insultante como en otras sagas de animación de cuyo nombre no quiero acordarme, pero hace que, al final, Los Croods esté por debajo de las mejores propuestas de la compañía -aunque muy por encima de otras- por apostar demasiado sobre seguro.

Y hablando de las mejores películas de Dreamworks, uno de los dos directores de Los Croods es Chris Sanders, responsable de dos de las cintas de animación más destacables de los últimos años, Lilo & Stitch y Cómo entrenar a tu dragón, ambas en tándem con Dean DeBois. ¿Podemos decir que ya sabemos quién de los dos posee el talento? Con Los Croods, Sanders y De Micco optan por la vía fácil y usan el patrón al que recurren casi todas las películas de animación actualmente. El resultado, empacado en un envoltorio técnicamente sobresaliente, divertirá a pequeños y no horrorizará a mayores. Algo es algo.

10 consejos de Joss Whedon para escribir un guion

Hace unos meses os traía los consejos de Joss Whedon para superar el ‘bloqueo creativo’, extraídos de un artículo de la (recomendadísima) revista online  Rookie. Ahora nos llega una lista de 10 tips para escribir una película. La crítica de cine Catherine Bray entrevistó a Whedon en 2006 (la época en la que preparaba Wonder Woman) para la revista británica Hotdog, en la que el creador de Buffy y Dollhouse le dio diez consejos, tan personales como universales, para llevar a cabo con éxito la escritura de un guion. Ven la luz ahora, y yo os los traduzco a continuación:

 

1. TERMÍNALO
He decidido que “llegar al final” sea el paso número uno. Quizá os riáis, pero es la verdad. Tengo muchos amigos que han escrito dos tercios de un guion y después se han pasado tres años reescribiendo eso. Terminar un guion es, en primer lugar, muy difícil, y en segundo, una experiencia muy liberadora. Aunque no sea perfecto, aunque sepas que vas a tener que seguir trabajándolo, sigue tecleando hasta el final. Obtener cierre es necesario.

2. ESTRUCTURA
Tener una estructura conlleva saber hacia dónde te diriges, asegurarte de que no te vas a ir por las ramas. Algunos directores que se suelen ir por las ramas, como Terrence Malick o Robert Altman, han hecho películas geniales, pero hoy en día ya no se hace tan bien y no lo recomiendo. Yo soy un loco de la estructura. Hasta me hago tablas. ¿Dónde ponemos los chistes? ¿Las emociones fuertes? ¿El romance? ¿Quién sabe qué? ¿Cuándo se entera? Es necesario que estas cosas ocurran en el momento adecuado, y debes levantar la estructura alrededor de esta idea: qué sentimientos quieres despertar en tu audiencia. Tablas, gráficos, bolígrafos de varios colores, cualquier cosa que evite que empieces el guion a lo loco será útil.

3. TEN ALGO QUE DECIR
Bueno, esto debería estar en el número 1. Aunque estés escribiendo un plagio de La jungla de cristal, asegúrate de tener algo que decir sobre los plagios de La jungla de cristal. La cantidad de películas que no van sobre lo que en teoría se proponen es increíble. Es muy raro, sobre todo en el cine de género, encontrarse con una película que se base en una idea fija en lugar de estar concebida como una mera sucesión de set-pieces. Por ejemplo, The Island se convierte en una película de persecuciones en coche, y los momentos más satisfactorios son los que tienen que ver con la clonación, en los que piensas cómo te sentirías si fueras uno de esos personajes.

4. TODOS TIENEN UNA RAZÓN PARA VIVIR 
Todo el mundo tiene una perspectiva. Cada persona que tienes en la escena, incluyendo a los matones que flanquean al villano, tienen un motivo. Tienen su propia voz, su identidad, su historia personal. Si la intervención de un personaje solo sirve para dar pie a la frase de otro, eso no es parte de un diálogo, es simplemente un extracto de audio. No todos los personajes tienen que ser graciosos, ni adorables, ni encantadores, y no todo el mundo tiene que hablar, pero si no sabes quién es cada uno y por qué están ahí, por qué sienten lo que sienten y actúan de esa manera, estás en apuros.

5. ELIMINA ALGO QUE TE ENCANTE
Este truco lo aprendí al principio de mi carrera. Si algo no funciona, si la historia que tienes se ha quedado parada y no sabes cómo hacer que avance, busca tu escena favorita, tu mejor idea o secuencia, y bórrala. Es muy cruel, pero a veces es inevitable. Seguro que más adelante es posible recuperarla, pero cortar algo así es, por lo general, un gran ejercicio de liberación.

6. ESCUCHA
Cuando me contratan como doctor de guiones es normalmente porque otra persona no ha sido capaz de llevar el texto al siguiente nivel. Es cierto que reemplazar al guionista es el último recurso del productor ejecutivo, cuando ya no sabe qué hacer, y es algo horrible, pero la verdad es que todos los guiones con los que he trabajado necesitaban al doctor, aunque luego no se me haya permitido hacer algo bueno con ellos. Lo que ocurre a veces es que el guionista se ha quedado bloqueado, se ha oxidado, que está tan atrapado dentro de su cabeza que no ve a los que están alrededor. Es muy importante saber cuándo insistir en tu idea, pero también es crucial escuchar absolutamente a todo el mundo. Puede que la persona más tonta de la sala tenga la idea más valiosa.

7. MONITORIZA LO QUE SIENTE LA AUDIENCIA 
Tu objetivo principal es el siguiente: conectar con tu audiencia. Por tanto, tienes que llevar la cuenta de lo que sienten en todo momento. Uno de los problemas que más me suelo encontrar viendo películas es que cuando pienso “Esta parte me resulta confusa” la película me contesta “Esto es lo que estoy intentando transmitir”, y entonces los personajes empiezan a articular en palabras sus intenciones. Nada de eso tiene que ver con mi experiencia como espectador. Piensa en lo que la audiencia piensa. Cuando los espectadores están en el cine, o se dan cuenta de que se les ha dormido el culo o no. Si has hecho bien tu trabajo no se darán cuenta. Hay mucha gente que piensa que los pases de prueba son una atrocidad, y es verdad que muchos estudios hacen que lo sean. Les entra el pánico, regraban escenas, o dicen cosas como “Brazil no puede no tener un final feliz”. Toda una historia de terror. Pero bueno, también pueden tener mucho sentido.

8. ESCRIBE COMO SI FUERA LA PELÍCULA
Escribe pensando en la película acabada siempre que puedas. Si una escena es muy llamativa y está llena de detalles, descríbela de manera que salte de la página.; si algo no es demasiado importante, no te detengas en ello. Haz que la lectura del guion se asemeje a la experiencia de la película; eso te facilita el trabajo, así como el del director y los productores, que en todo momento pensarán en cómo será lo que has escrito en imágenes.

9. NO ESCUCHES
Ya os he aconsejado que escuchéis a todo el mundo, y ahora os tengo que dar el consejo contrario, porque al final, el mejor resultado proviene de mandar a la mierda el sistema, de hacer lo inesperado y dejar que tu propia voz irrumpa en la experiencia mecánica que es hacer una película. Escoge bien tus batallas. No tendríamos a Paul Thomas Anderson o Wes Anderson si el todo el cine estuviera cortado por el mismo patrón. Pero el proceso te guía en esa dirección; es homogeneizante, y tienes que luchar contra eso. Hubo un momento durante la producción de Firefly en el que le dije a la cadena que la rechazasen. Habían empezado a hablar de una serie completamente distinta a la que yo quería hacer.

10. NO TE VENDAS
Yo ahorré el primer penique que me gané. Después me aseguré de que nunca tuviera que aceptar un trabajo solo por necesidad. Por supuesto que el trabajo siempre era una necesidad, pero conseguí aceptar solo los que me encantaban. Eso incluye Waterworld, y la gente normalmente frunce el ceño cuando lo digo, pero creo que la idea de la película es maravillosa. Cualquier cosa puede ser buena. Incluso El último gran héroe podría haber sido buena. Hay una idea que subyace de casi todas las películas: si eres capaz de encontrar en ella algo que amas, puedes hacerla. Si no encuentras nada, da igual lo bueno que seas: te estás prostituyendo.

(Texto original publicado en Aerogramme Writers’ Studio)

 

Yo veo The Following por el trío

[Esta entrada contiene spoilers de la serie hasta el episodio 9]

O sería más adecuado decir “Yo veía The Following por el trío”. Porque a) ya no existe tal trío, b) probablemente deje de ver la serie porque ha perdido uno de los atractivos más grandes -o el único- que tenía para mí.

Mi relación con esta serie es, por mucho que me cueste reconocerlo, la que uno tiene con un guilty pleasure, en su forma más pura. Hace ya tiempo que dejé de tener placeres culpables. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo avergonzándose, o peor aun, justificándose porque te gusta algo que no “debería” gustarte (por ejemplo, estos días no paro de escuchar lo nuevo de Justin Timberlake, a pesar de que Bowie me mira mal por detrás del recuadro blanco de The Next Day). Hacía mucho que no me sentía tan contrariado por disfrutar algo como esta serie (lo de Justin no me preocupa tanto).

Reconozco que con The Following voy un poco a contracorriente. No es una serie popularmente considerada guilty pleasure, porque en general tiene una aceptación bastante buena (me cuesta entenderlo). La culpabilidad proviene exclusivamente de mí mismo, de mi criterio y mis contradicciones. No tuve reparos en poner a parir el piloto aquí. Y sigo reafirmándome en mis palabras. Pero un día, no preguntéis por qué, decidí no hacerme caso y me puse a ver el segundo episodio, a pesar de que había abandonado la serie oficialmente.

Supongo que me quedaba un resquicio de curiosidad por saber qué harían después de un piloto con un argumento tan cerrado. Pensé “quizás lo que venga ahora sea una serie distinta, es más, debe serlo”. Pues bien, el segundo episodio me sorprendió gratamente. Seguía reconociendo a un Kevin Williamson anclado en el pasado y en los clichés del thriller de asesinos en serie. Pero había algo más. Un trío. La investigación del agente más torpe y poco profesional de la historia de la televisión, Ryan Hardy (Kevin Bacon), me importaba más bien poco. Pero Jacob, Paul y Emma eran reclamo suficiente como para darle otra oportunidad a la serie, y aguantar lo que menos me gustaba de ella. Porque lo que más me gustaba, ellos tres, me gustaba mucho.

De Truffaut a Araki, pasando por Bertolucci, Honoré o el español Salvador García Ruiz, el trío (que no exactamente triángulo) amoroso ha sido siempre uno de los recursos argumentales  más interesantes y desafiantes dentro del drama o la comedia romántica (normalmente de la más marginal). Como es lógico, tres personas multiplican las aristas de una historia de amor. La pasión, la aventura, y también el miedo y la fatalidad, se magnifican considerablemente. Sin embargo, este tipo de relatos suelen estar caracterizados desde su concepción por la idea de que tarde o temprano acabarán mal. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido esta semana en The Following.

Williamson ha demostrado una cosa con su nueva serie: no le falta riesgo y compromiso con su creación. Va a por todas (o eso parece). El creador de Dawson crece ha sabido impactar a la audiencia, y no solo a base de violencia (de la más gráfica que hemos visto nunca en una cadena generalista), sino con las cuestiones morales que plantea a través del gran número de psicópatas que siguen a Joe Carroll, y el tratamiento ultra-romántico (la culpa la tiene Poe) con el que se aproxima a todos ellos. Hasta ahora eran Emma, Paul y Jacob los followers que más conocíamos. Se nos dejó entrar en su casa, en su alcoba, y se nos permitió echar un vistazo dentro de sus retorcidas y dañadas mentes.

Un hombre y una mujer hetero y un hombre gay. Nico TortorellaValorie Curry Adan Canto, dos guapos imposiblemente guapos y una mujer con pinta de niño de 11 años. Sí, algo perturbador. Paul está enamorado de Jacob. Jacob quiere a Emma, pero después de hacerse pasar por la pareja de Paul durante dos años, ha empezado a sentir algo por él. Emma los quiere a los dos, o más bien quiere controlarlos, dominarlos. Es una relación compleja, pero todo se soluciona en la ducha, y más tarde en la cama. Aunque sea solo el sueño de una noche de verano. A lo largo de los episodios no han faltado escenas sugerentes y alguna que otra más explícita de lo habitual en una network.

Por no hablar del subtexto, claro. La tensión sexual entre Jacob y Paul nos ha dado buenos momentos cargados de erotismo furtivo. “No creo que debas usar el cuchillo grande. Es tu primera vez, y probablemente tus puñaladas serán… indecisas. Mejor algo más pequeño y afilado, como esto” (Paul a Jacob). Los paralelismos entre la sexualidad de Jacob y su primera vez matando a una persona han sido constantes. Y mientras Emma se ha ido alejando de los dos para acercarse a su líder, Paul y Jacob se han apoyado el uno en el otro. Y las miradas entre ellos han sido cada vez más elocuentes. Tras la marcha de Emma, el trío se ha convertido pareja (es un decir), y en “Love Hurts”, esta apasionante historia de amor da sus últimos coletazos. Con la muerte de Paul a manos de Jacob (tranquilo, Williamson, no se nos escapa la ironía ni la poesía del asunto) se cierra un capítulo en The Following que debería haber durado mucho más. Hemos sido voyeurs de excepción de este trenzado romance entre psicópatas, y aunque se haya acobardado y no haya llegado hasta las últimas consecuencias -¡¿por qué un beso en la frente, Jacob?!- se agradece que haya existido.

Y ahora me encuentro en una disyuntiva. Jacob sigue vivo (Emma también), y la semilla de la duda ya ha sido plantada en él, por lo que me interesa conocer la evolución del personaje a partir de ahora. Sin embargo, sigo sin conectar con la gran meta-historia de The Following (mucho menos con el triángulo Joe-Claire-Ryan), y me pregunto hasta cuándo podrá seguir estirándose. A pesar de los muchos peros que le pongo, la serie ha sabido proporcionarme algunos momentos de tensión al más puro estilo Scream, y no puedo negar que, casi sin darme cuenta -y es más, oponiendo mucha resistencia- he acabado enganchándome. Y esa es la palabra clave. Si no estoy seguro de si quiero cumplir o romper la promesa de dejar la serie en el momento en el que el trío desapareciese, será por algo. Venga, un capítulo más…

Estrenos de cine destacados – Viernes 15/03/13

Anna Karenina (Joe Wright, 2012)

La tercera colaboración de Joe Wright y Keira Knightley nos transporta a la Rusia de finales de siglo XIX donde (re)conocemos a la aristócrata infelizmente casada Anna Karenina. La historia de esta adúltera consumida por la pasión, los celos y la presión social victoriana supone otro ejemplo de la excelente labor de diseño de producción y vestuario del cine de Wright. La exquisita puesta en escena de Anna Karenina se sustenta principalmente en preciosas imágenes que evocan el teatro de la época y enmarcan a los personajes dentro de bellísimas estancias de tres paredes y pictorialistas escenarios que oprimen sus existencias. Anna Karenina es un filme coreografiado hasta el más mínimo detalle (no en vano, Wright contrató un coreógrafo para todas las escenas, no solo las de baile), un musical encubierto que juega con los elementos del género para construir el devenir de sus personajes. Todo está orquestrado poniendo mayor interés en la experiencia del espectador que en la de estos personajes. Sin embargo, la aparente frialdad con la que se acomete el relato no es más que un fiel reflejo de la psique de su protagonista, y de la naturaleza de esta historia. Anna Karenina es impresionantemente hermosa, y también apasionante y conmovedora, solo que los grandes artificios dramáticos no provienen de las interpretaciones -aunque sean destacables, sobre todo la de Aaron Taylor-Johnson– o el tono de la historia, sino que lo proporcionan los elementos de producción, que enmarcan, definen y nos exponen cruelmente a sus personajes. La vida no es sino un gran escenario.

 

Món petit (Mundo pequeño) (Marcel Barrena, 2012)

Documental sobre un chico de 20 años que viaja junto a su novia desde su casa de Barcelona al punto geográfico exactamente contrario del mundo, en Nueva Zelanda. La particularidad de la aventura es que Albert va en silla de ruedas. O no, porque como él mismo nos dice en el documental, para él, esto es como llevar gafas, y no debería condicionar su vida, ni cómo la gente lo trata.

Pues bien, eso mismo voy a hacer. La gran moraleja de la historia es válida: deberías hacer lo que quieres hacer cada día, lo que te hace feliz. Y eso es lo que hace este muchacho desde bien pequeño, animado (y financiado, como es normal) por sus padres. Antes de los 18, Albert ha viajado por todo el mundo, y lo hace sin dinero, recibiendo la ayuda, el cobijo y el donativo de la gente que se encuentra en su camino. ¿Cómo hace para viajar de un país a otro cuando no es suficiente con el auto-stop? Se cuela en los trenes y barcos fingiendo que se cae al suelo mientras espera en la cola para entrar, y con “el revuelo de ver a un inválido en el suelo” se les olvida pedirle el billete (los aviones, a él y a la novia, que se cansa del viaje pero se reengancha al final en China, se los pagan los padres, o la productora del documental en este caso). En varios momentos de la película, Albert menosprecia a aquellos que hacen turismo pagando, y en especial a los mochileros que “creen que están viviendo una aventura pero en realidad están siendo turistas como los demás”. Tampoco son de su gusto las personas que se levantan cada mañana y hacen lo mismo todos los días. “Yo no podría vivir así”. Albert querido, llegará un día en que no tendrás más remedio que hacerlo.

Las fuertes contradicciones de este aventurero hacen temblar los cimientos del documental y ponen en duda el mensaje que desea transmitir. Albert es feliz, y yo me alegro, vaya, y comparto su opinión de que deberíamos hacer siempre lo que nos hace felices. Pero tanto él como su familia poseen una visión algo distorsionada de la libertad que practica y defiende el chaval. Esta no es una historia de superación. Albert no tiene nada que superar. Es la historia de un chico privilegiado que utiliza su “handicap” para lo que le interesa. Pues qué bien. A cada uno lo que le vaya bien para conseguir su felicidad…

 

Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)

Tan excesiva como excelente, las “Spring Breakers” de Harmony Korine no dejan indiferente a nadie. Esta cinta se merece todo el culto que va a tener y más. Además de su unusual cast (desde dos chicas Disney hasta la mujer del propio director), el gran punto fuerte de la película es su ausencia completa de moralina. Durante todo el metraje, no veremos ni un solo juicio de valor moral. Si acaso notaremos la censura autoimpuesta de cada personaje sobre ciertas situaciones, pero no dejan de ser rasgos de cada uno de los caracteres (Faith y su cristianismo, Cotty y su promiscuidad y las twinsies Brit y Candy, adoradoras del Tony Montana’s way of life). Todo lo que vemos en Spring Breakers es real. Es tan real como una película, como un sueño. Es decir, tan real como nuestro Edén, como ese lugar al donde ir y nunca volver. Spring breakers forever. Si a esto añadimos una excelente factura estética y Britney Spears…¿Qué más podemos pedir? Otra “película del año”.

(Texto de Spring Breakers escrito por David Lastra)

 

Otros estrenos: Jack el cazagigantes (Bryan Singer), El chico del periódico (Lee Daniels), Amor y letras (Josh Radnor), Días de pesca en Patagonia (Carlos Sorín), A puerta fría (Xavi Puebla) y The Art of Flight (Curt Morgan)

La película de Veronica Mars ya es una realidad

Marshmallows del mundo, por fin tendremos nuestra ansiada película de Veronica Mars. Y no, esta vez no se trata de especulaciones, noticias que se olvidan al día siguiente, falsas esperanzas o planes de futuro indefinidos que al final se quedan en nada. Estamos hablando de un hecho, una realidad. Veronica Mars: The Movie existirá, y si todo sale según lo previsto, podremos verla en 2014.

La culpa de que este -casi siempre desesperanzador- viaje de siete años vaya a llegar a buen puerto es en primer lugar de un productor y unos actores que nunca han abandonado el sueño de llevar la historia de esta detective adolescente a la gran pantalla -y así darle la conclusión de la que se nos privó en su momento-, pero sobre todo de nosotros, de los fans de la serie de UPN/CW, los marshmallows. La campaña de Kickstarter que Rob Thomas ha puesto en marcha para conseguir financiamiento para la película ha supuesto en menos de un día uno de los mayores éxitos de la historia del crowd-funding. En 11 horas se llegaba al objetivo de 2 millones de dólares, garantizando la realización del largometraje, y el apoyo de Warner Bros., que había prometido dar luz verde al proyecto si Thomas demostraba que este tenía el respaldo de la audiencia. [Actualización 14/03/13 – 23:32: Warner no aportará fondos al presupuesto de la producción, pero sí se compromete a financiar la campaña de marketing y la distribución de la película].

Las donaciones han ido desde 1 dólar a 10.000, y en el momento de escribir este artículo, la campaña suma 2.679.000 dólares, y todo esto con 29 días aun por delante. Hasta el próximo 13 de abril tenemos la oportunidad de convertirnos en backers del proyecto con nuestras donaciones -todas conllevan una recompensa, a mayor precio se pague, más jugosa- o aumentando la que ya hemos realizado. No sabemos qué techo de ingresos alcanzará, pero si seguimos a este ritmo, acabaremos viendo dinosaurios en Neptune.

Los actores de la serie, capitaneados por Kristen Bell, han estado dispuestos a retomar sus papeles desde que esta fuese cancelada en 2007. Algunos de ellos, como Jason DohringRyan Hansen y Enrico Colantoni, lo demuestran en el vídeo que han grabado para Kickstarter (más arriba). Por su parte, Bell ha mostrado en todo momento su apoyo público a Thomas y el gran compromiso que siente hacia su popular personaje, estando preparada en todo momento para darnos el cierre que la historia de Veronica Mars merece. No contaré lo que ocurre en el último episodio de la serie, porque estoy seguro de que muchos y muchas se animarán a descubrirla después de conocer el fenómeno que ha supuesto este crowd-funding, pero sí diré que la historia quedó tristemente inacabada, y las tramas de los personajes en suspenso. Con la series finale de Veronica Mars no ocurre como con la de My So-Called Life y otras series de culto: no podemos conformarnos con ella y extraer una conclusión por nuestra cuenta. “The Bitch Is Back” no es como “In Dreams Begin Responsibilities”. Nunca sería un final, por mucho que nos esforzáramos en que lo fuera.

Por eso, la materialización de la película de Veronica Mars es todo un sueño hecho realidad -aun difícil de creer- para los admiradores de esta serie, que durante tres años luchó contra los bajos índices de audiencia, pero aguantó gracias a la lealtad de un fandom muy comprometido. Estamos hablando de la serie que en su primer año fue proclamada “la nueva Buffy, cazavampiros -en VM no hay elemento sobrenatural, pero su rubia protagonista debe mucho, o todo, a la Buffy Summers de Sarah Michelle Gellar. El propio Joss Whedon se declaró fan de Veronica Mars (“Es la mejor serie actualmente en antena”, dijo en 2008), e incluso su fangirlismo le llevó a realizar un cameo en un episodio de la segunda temporada. Veronica Mars fue la serie teen de culto definitiva, la última quizás. Y su esperadísimo regreso es motivo de celebración para toda la comunidad geek y seriéfila. Definitivamente, the bitch is back!

Tras alcanzar el objetivo, Thomas no ha tardado en pronunciarse con respecto a la abrumadora respuesta del público: “Me ha estallado la cabeza. Llevaba mucho tiempo fantaseando con esto y siempre me tenía que decir a mí mismo ‘Déjalo, Rob, no seas tonto. Te estás exponiendo a una gran decepción’. Pero lo de hoy ha superado mi sueños más imposibles. Madre mía. Más nos vale hacer una buena película. Nuestros maravillosos fans nos han puesto las pilas. Tenemos que cumplir“.

Kristen Bell, que escribió una adorable carta dirigiéndose directamente a sus marshmallows para pedir su colaboración, se ha referido también a ellos con unas palabras de agradecimiento: “Yo ya sabía que los fans de Veronica Mars eran geniales, pero no tenía ni idea de que tenían este gran poder de congregación. Son imparables -como la propia Veronica. A partir de ahora voy a estar eternamente ruborizada, me siento muy afortunada de formar parte de todo esto”. Además de estas declaraciones la actriz ha bromeado en su Twitter: “Querido Papa: Siento que los fans de Veronica Mars te hayan quitado el protagonismo en tu primer día. Bueno, no lo siento tanto, pero he pensado que sería educado por mi parte decirlo. Besos”.

Solo hay una pega que empaña este jubiloso momento: que los fans de fuera de Estados Unidos no tenemos la oportunidad de recibir las recompensas que cada aportación económica conlleva (póster de la película, DVD, camisetas…) A través de su cuenta de Twitter, Thomas ha asegurado que están haciendo lo posible por incorporar opciones de envío al extranjero. Daos prisa, los fans en España, Europa y parte de Neptuno sentimos la necesidad de sumarnos a esos casi 50.000 marshmallows que ya pueden presumir de haber contribuido a este proyecto. Algunos románticos y generosos fans no-yanquis han participado sin esperar nada a cambio, pero no todos podemos, claro. Vamos, tomad nuestro dinero -que no nos sobra precisamente- y hacednos la mejor película posible, como sabemos que sois capaces.

Y mientras Veronica Mars: The Movie ingresa en su inminente fase de preproducción –se habla de este verano para el inicio del rodaje– ¿qué tal si empezamos a plantear crowd-fundings para otras películas basadas en series que llevamos siglos necesitando? ¿Una de Xena, la princesa guerrera? ¿Una tercera película de Expediente X que cierre de una vez por todas la historia de Mulder, Scully y la conspiración extraterrestre -aunque 2012 ya haya pasado? O, ejem, Joss, ejem. Por favor, tú mejor que nadie conoces el poder del fandom, que hizo volar a la Serenity de nuevo en 2005, y lleva pidiendo un nuevo despegue desde entonces. No me digas que lo de Veronica Mars y Kickstarter no te ha animado a retomar la historia. Tú y yo, y todos los whedonites, sabemos que es posible. Porque no se puede detener la señal. Ya hemos demostrado que nunca se puede.

Las claves del póster de la sexta temporada de Mad Men

Los episodios de la sexta -y casi seguro penúltima- temporada de Mad Men están a la vuelta de la esquina. El próximo 7 de abril, la serie de Matthew Weiner vuelve a AMC con un estreno de dos horas, al igual que el año pasado.

Esta semana se ha dado a conocer el que es el póster oficial de la temporada (y si ocurre como el año pasado, la portada del DVD). Habituados a imágenes sugerentes llenas de sentido oculto o a pósters minimalistas como aquel de la silueta cayendo en el vacío absoluto, el nuevo cartel de Mad Men ha sorprendido a todos con una imagen colorista hecha a mano. Eso es, el póster es una ilustración, y está realizada por un verdadero ad man de los 60, el británico Brian Sanders, que ahora tiene 75 años.

La idea de realizar un póster al estilo 60s por primera vez en 6 años de una serie precisamente ambientada en ese mundo provino -cómo no- del propio Weiner, en concreto de un recuerdo de la infancia sobre una carta de menú en un vuelo con la T.W.A. (Trans World Airlines). El creador de la serie realizó una labor exhaustiva de recopilación de libros de ilustraciones de los 60 y 70 y las mandó al equipo de marketing de la serie. Sin embargo, este no supo dar con lo que Weiner quería exactamente.

El equipo de Weiner se remontó a la fuente, y dio con la persona que había llevado a cabo la mayoría de estas ilustraciones que obsesionaban al productor -muchas de ellas vistas en el libro Lifestyle Illustration of the 60s. Y afortunadamente para todos, Brian Sanders aun estaba en activo a pesar de su edad. El ilustrador aceptó encantado el encargo de Weiner, firmó la estricta cláusula de confidencialidad que hasta ahora ha respetado, y se puso manos a la obra.

Para el “anuncio”, Sanders ha sabido adaptar las ideas de otros pósters de Mad Men a un estilo casi comic book que remite directamente a la década en la que se ambienta la serie. Al igual que el póster del año pasado -Don Draper mirando a dos maniquíes en un escaparate-, la de esta temporada es una imagen sugerente llena de guiños y detalles que nos permiten elucubrar mil y una teorías. ¿Quién es la mujer que da la mano a Don? ¿Megan? ¿Betty? ¿Otra? ¿Qué están mirando los policías al fondo? La temporada transcurre durante el tumultuoso 1968, por lo que es lógico que Weiner vaya a reflejar los acontecimientos de mayo de ese año en los nuevos episodios -tema que ya introdujo en la quinta temporada. ¿Por qué hay dos Don Draper? (Esta es la más compleja pero la más evidente de las preguntas, puesto que la dicotomía Don/Dick siempre ha estado ahí). Y, ¿la importancia de la revolución llevará la serie en algún momento hacia las bulliciosas calles de Manhattan, que parecen replegarse sobre Don en la ilustración? Esperemos que sí. Si hay algo que suelo echar de menos en Mad Men son los exteriores.

Sanders confiesa que llevaba muchos años sin utilizar el estilo que Weiner le pedía para el póster, acuñado por su colega Roger Coleman como “bubble and streak” -básicamente consiste en hacer burbujas con los acrílicos sobre el papel. El artista confiesa que gracias a este encargo volvió 50 años atrás en el tiempo. “Ya no trabajo de esa manera, pero me sorprendió lo rápido que regresó todo a mí, la habilidad para utilizar de nuevo esa técnica”, confiesa Sanders.

El artista ya había realizado trabajos de cartelería para el cine durante la década de los 60. De hecho, el mismísimo Stanley Kubrick, fascinado por sus trabajos menos comerciales, le pidió que se acercara al rodaje de 2001: una odisea del espacio y buscase inspiración para hacer un póster ilustrado de la película. Sus imágenes no fueron usadas finalmente, pero esta experiencia de hace cinco décadas aun es valiosa para Sanders, que la retoma para crear una nueva imagen que combina abstracción y concreción.

Volviendo a Mad Men, Sanders confiesa que había visto la serie anteriormente, y que aunque “fue una sorpresa agradable” no pudo evitar sentir reservas cuando los productores de la serie le ofrecieron el trabajo -puede que simplemente no se lo creyera. Sin embargo, Weiner asegura que utilizar a un ilustrador para la promoción de la serie es en cierto modo una reivindicación del trabajo artesano que estaba desapareciendo a finales de los 60, eclipsado por la fotografía. Sanders se las arregló en su momento para permanecer siempre empleado, a pesar de que la época dorada de las ilustraciones en las portadas de revista tocaba a su fin. En el fondo, el dibujante sabía que no podía rechazar la oportunidad de volver a ver su trabajo en marquesinas, autobuses, edificios, en el metro y en páginas web.

Al final, la experiencia de Sanders colaborando con la serie de AMC fue muy satisfactoria, e incluso tremendamente nostálgica. Como dice Weiner, Mad Men refleja un mundo al que él pertenecía”. Ver la serie a la vez que realizaba la ilustración devolvió al artista a las oficinas en las que trabajaba en los 60. Estas no estaban en Nueva York, pero el artista reconoce que en Gran Bretaña estaba ocurriendo lo mismo que allí, y que por eso le gusta la serie. Aunque Sanders confiesa que desde el principio evitó el alcohol a la hora de hacer su trabajo, por primera vez en 30 años tuvo la tentación de fumarse un cigarrillo.

Fuentes: New York Times, The Guardian

Por qué AnnaSophia Robb SÍ es Carrie Bradshaw

En una reciente entrevista para la revista online de moda Net-a-Porter, Sarah Jessica Parker se ha pronunciado sobre la precuela de Sexo en Nueva York que está llevando a cabo la cadena CW. Orientada al público adolescente -como casi toda la oferta de la cadena de Mark PedowitzThe Carrie Diaries se adentra en la vida de Carrie Bradshaw a los 16 años, edad en la que empieza definitivamente a formarse la persona y el personaje que acabará siendo años más tarde en la mítica comedia de HBO. Parker, a la que le preguntaron qué sentía al ver a otra actriz interpretando a “su personaje”, contestó “No estoy segura… Creo que es una de esas cosas que ponen a prueba tu generosidad. AnnaSophia Robb es una chica encantadora y quiero que esté cómoda haciéndolo, pero es… raro”.

Parece que a la protagonista de Novia por contrato y Tentación en Manhattan no le termina de convencer la idea de compartir algo tan suyo, tan personal. Y no es a la única. A muchos de los seguidores y seguidoras de Sexo en Nueva York que se han atrevido con su precuela, les resulta imposible reconocer a Carrie en AnnaSophia Robb. Claro que el argumento más esgrimido a favor de esta postura es que ni en un millón de años luz una chica tan mona (a pesar de las cejas) como Robb acabaría convirtiéndose en una mujer -casi universalmente- fea como Sarah Jessica Parker (y que me perdonen sus admiradores, que ya sabemos que la belleza es lo más subjetivo que existe, y todo eso, pero esto es un hecho). Lo cierto es que esta es una teoría muy sólida. De no ser por la voluminosa cabellera rubia y rizada que luce Robb en su serie, sería completamente imposible ver a Sarah Jessica Parker en ella a primera vista.

¿Se trata de envidia por parte de la protagonista de ¿Qué fue de los Morgan? y Salvando las apariencias? Más bien yo creo que es recelo, porque a su temprana edad, Robb ha demostrado con creces que sus aptitudes interpretativas están muy por encima que las de la actriz de 47 años. La tarea de dar vida a la versión adolescente de un icono no debe ser fácil. El personaje ha de ser reconocible, pero no puede ser una imitación, puesto que, por muy romántica que sea la idea de que nunca dejamos de ser adolescentes, nadie es igual a los 15 que a los 30. En este sentido, AnnaSophia ha conseguido hacer suyo el personaje sin sacrificar la esencia de la Carrie Bradshaw que todos conocíamos.

Dejando a un lado el evidente no-parecido físico entre ambas actrices (y en este caso no me vale lo de que en 15 años una persona puede cambiar mucho), yo SÍ veo a Carrie Bradshaw en la pequeña y adorable Anna Sophia Robb . Eso sí, a una versión mejorada y más soportable de ella -o quizás la de Sarah Jessica sea una versión echada a perder de esta, más bien. A continuación os enumero y explico las razones:

 

Su dicción

Si revisamos Sexo en Nueva York antes de ver The Carrie Diaries, nos daremos cuenta de que el trabajo de Robb es mucho más completo y complejo de lo que parece. La voz en off en es muy importante en esta saga, y Robb es una gran elección de casting en este sentido, puesto que su timbre es muy similar al de Sarah Jessica Parker. Además, la actriz se esfuerza en adoptar el mismo tono al narrar sus aventuras y las de sus amigos, poniendo siempre el énfasis en las palabras exactas. A veces, si cerramos los ojos podemos ver a Sarah Jessica Parker sentada frente a su Mac, en lugar de a AnnaSohpia acostada con las piernas en cruz escribiendo en su diario -bueno, que si no queréis que se os aparezca de repente SJP, no me hagáis caso, no cerréis los ojos y disfrutad de la 80s Carrie sin más.

Su inconfundible sentido de la moda

Está claro que desde un principio se nos está insistiendo en el peculiar gusto de Carrie a la hora de vestir y complementarse. De su famoso bolso protagonista de un reportaje en Interview a sus modelitos para apoyarse en las taquillas del instituto, la Carrie de TCD ya muestra el gusto por el riesgo y el atrevimiento de la Carrie noventera. Las faldas que son casi tutús, los tocados y broches, y sobre todo, los colores chillones hacen que esta Carrie sea el paso inmediatamente anterior a la mujer disfrazada de bailarina que vimos tantas veces en los inolvidables créditos de Sexo en Nueva York. De todos modos, no eran tan difícil conseguir esto: Sexo en Nueva York se estrenó en 1998, que visto desde 2013 no deja de ser una prolongación de los 80.

Su lealtad y sentido de la amistad

Había ocasiones en las que parecía que las cuatro protagonistas de Sexo en Nueva York no eran tan tan tan amigas. Pero cada cierto tiempo, la serie nos recordaba lo mucho que se querían, llegando siempre a la conclusión de que su amistad era la relación más inquebrantable en sus vidas. En The Carrie Diaries se nos insiste en casi todos los episodios en ese vínculo que Carrie establece con sus amigas (y su amigo), y que muestra al personaje como un nexo de unión, una especie de líder, la voz de su generación, o de su pandilla. Cuando vemos a Carrie, Mouse, Maggie y Walt en el diner sosteniendo conversaciones sobre chicos, sexo o sus familias -y a veces sobre películas, qué alegría-, no podemos evitar pensar en Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha.

Su mariliendrismo latente

Además de a sus tres mejores amigas, Carrie tenía a Stanford Blatch, que era el amigo gay que toda mujer cosmopolita debía tener en los 90, un accesorio fabuloso imprescindible. En TCD, Carrie hace su primera toma de contacto con el “mundo gay” de Manhattan, gracias a uno de los empleados out and proud de Interview –ella es todo naturalidad al respecto, claro. Pero más importante que él, está Walt, novio de una de sus dos mejores amigas – la beard Maggie- un homosexual latente que aun no ha descubierto su verdadera identidad sexual. Su gran compatibilidad con Carrie (ambos mitómanos, adoran Interview, la moda) hace de esta la hag perfecta, como seguirá siendo el resto de su vida. Aunque de momento ninguno de los dos sea consciente de ello.

Su drama-queenismo

El momento en el que más claramente pude ver a la Carrie Bradshaw adulta en AnnaSophia Robb fue hacia el comienzo de la serie, en una escena en la que el padre de Carrie aparece sin avisar en el instituto y esta se desmaya al verlo. Todos recordamos las diatribas de Carrie en Sexo en Nueva York, los dilemas aparentemente sencillos que para ella eran el fin del mundo, los granitos de arena que se convertían en montañas. La Carrie de Robb ya presenta claros síntomas de drama queen en el instituto. En cada episodio debe tomar una decisión complicadísima, ir a la prom o a un club en Manhattan, el chico malo o el chico bueno, mentir y ser feliz o ser honesta y desdichada. ¡Qué dramas!

Sus fetiches 

En “Hush Hush” (1×08), Carrie era introducida en el apasionante mundo de la adicción a los zapatos. “Cuando una puerta se cierra, una caja de zapatos se abre”. ¡Esta es nuestra Carrie! Larissa le regala sus primeros Manolo Blahnik y le enseña a pronunciar el nombre. Es sin duda el inicio de una eterna historia de amor. Además, en ese mismo episodio Carrie se bebe su primer Cosmopolitan. “Creo que esta va a ser mi bebida”, dice.

Su romanticismo palpitante

La Carrie de Sarah Jessica Parker no era excesivamente promiscua, y no fueron tantos los galanes con los que se metió en la cama a lo largo de las seis temporadas de Sexo en Nueva York (sobre todo si los comparamos con Samantha). Carrie siempre fue una romántica empedernida, y como ahora hace Ted Mosby, se encontraba en una constante y ardua búsqueda de su media naranja. En The Carrie Diaries ya podemos ver los destellos de este idealismo amoroso de Carrie: sus suspiros de enamorada, sus planes de futuro (“a los 30 estaremos todas casadas”), y su fijación en un hombre: en este caso Sebastian Kidd, su Teen Mr. Big. Mientras sus amigas pierden la virginidad, ella prefiere tomarse las cosas con calma para conseguir que sus experiencias románticas sean de película.

Su amor por Manhattan

Está claro que la gran historia de amor de Sexo en Nueva York es la de Carrie Bradshaw con Manhattan, y esta es una de las ideas principales que sustentan The Carrie Diaries. En ella asistimos a las primeras citas entre Carrie y la Gran Manzana, a los primeros destellos en la mirada, al éxtasis de las primeras veces. Es amor a primera vista, y también es amor eterno. A través de los ojos de Robb mientras contempla fascinada las bulliciosas calles de la ciudad, sus modernos habitantes y sus rascacielos, podemos ver a la de Parker, y es entonces cuando queda más claro que nunca que son el mismo personaje.

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Tercera y última jornada

La 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico llega a su fin en Madrid con un domingo cargado de proyecciones clásicas. Solo fueron dos los largometrajes de estreno. Por la mañana, La Muestra ofrecía El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) con acceso libre. La tarde comenzaba con la sesión continua Alien (Ridley Scott, 1979) y Desafío Total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990), dentro del Phenomena Experience.

Leticia Dolera cedió el micrófono a Nacho Cerdá, creador del evento que recupera películas míticas de las décadas de los 70, 80 y 90, que nos prometió que se estaba haciendo todo lo posible por traer el Phenomena a Madrid de manera fija y con periodicidad mensual. La oportunidad de ver clásicos del cine de la talla de Alien, Desafío total, La princesa prometida o Dentro del Laberinto en pantalla grande es de agradecer eternamente por la generación de la nostalgia (que está llenando, con gusto, las arcas de Cerdá). Nada que decir sobre los pases de las cintas de Scott y Verhoeven, solo que han aguantado el tiempo mejor que muchas películas de hace 5 años. También estuvieron en el escenario el director y los actores del corto español Horizonte, que se proyectó a lo largo de la jornada.

Dolera se despidió del público de La Muestra celebrando el frikismo en la sala y en el mundo una vez más, y se marchó, no sin antes incidir en su amor a las palabras malsonantes (que con su voz suenan a gloria) y hacer de encargada de objetos perdidos (en esta ocasión un paraguas). Bravo por la chica de los patines de Al salir de clase, y hasta el año que viene (esperamos). Ahora las reseñas de las dos (olvidables) películas que pudimos ver después del Phenomena:

Cockneys vs. Zombies (Matthias Hoene, Gran Bretaña, 2012)

Siguiendo la alargada estela del clásico moderno de culto Shaun of the Dead (en España Zombies Party), Matthias Hoene nos propone la enésima revisión en clave de parodia british del género zombi. Cockneys vs. Zombies es una historia semi-reivindicativa sobre un grupo de adolescentes que atracan un banco para salvar el asilo de sus abuelos, pero se encuentran con más obstáculos de los que creían: principalmente una plaga de no-muertos en las calles de Londres. Hoene toma todos los clichés del género y los amasa en un producto que, a pesar de varios golpes de humor efectivos, resulta perezoso e insulso. La película se mueve por inercia, repitiendo los chistes y situaciones que ya hemos visto en muchas otras películas de este tipo, y nos hace pensar que el género se está agotando peligrosamente. Va siendo hora de dejar al mundo descansar de los zombis durante un tiempo, a menos que a alguien se le ocurra algo para revitalizarlo o desmontarlo: Goddard, Whedon, ¿no os interesa?

Horizonte (Aitor Uribarri, España, 2012) / El último exorcismo 2 (The Last Exorcism Part II, Ed Gass-Donnelly, Estados Unidos, 2013)

Horizonte es un corto muy largo (qué pasa, ¿que en España no sabemos hacer cortos de 8 minutos) sobre una España post-apocalíptica en la que existen seres monstruosos que solo salen de noche (suerte de Übervamps de Buffy). Uribarri se pasa por el forro las reglas del cortometraje, elaborando lo que en su cabeza era claramente un largo, y demostrando una enorme torpeza a la hora de condensar su historia en 20 minutos. Desdibujado, sobredramático e infantil, Horizonte solo se salva en el aspecto técnico.

El último exorcismo 2 es la innecesaria secuela del éxito de 2010 El último exorcismo (The Last Exorcism, Daniel Stamm). Regresa Ashley Bell (la Anna Faris de saldo, imaginaos) como Nell Sweetzer, que tras los eventos de la primera película intenta llevar a cabo una nueva vida alejada del mal. Sin embargo, el demonio que la atormentó regresa, enamorado de ella (quizás la única buena idea de la película), y con la intención de penetrar en su cuerpo una vez más. El último exorcismo 2 -que a ratos es más bien Scary Movie 7– nos muestra los progresos de Nell en una residencia para jóvenes descarriadas, salteados con trilladísimas escenas de misterio y sustos de manual basados en el golpe de música estruendoso o la aparición de un personaje de imprevisto que dice “hola” y ya está. Por no hablar de que las escenas más interesantes ocurren fuera de plano -mientras el demonio mata, nosotros vemos ventanas y neumáticos de coches, qué bien-, seguramente para conseguir la calificación PG-13 (un gran abucheo a esta vergonzosa ausencia de riesgo). El clímax, único momento en el que empieza a ocurrir algo de verdad, acaba siendo un exorcismus interruptus. El insulto final es un desenlace que no se puede considerar tal, que deja la “acción” en suspenso y a nosotros con la sensación de haber perdido dos horas de nuestras vidas. Y no me hagáis hablar del título, ¿se puede añadir un “2” a “El último exorcismo”? En la primera se refería al último que llevaba a cabo el cura. Pero en la segunda, ¿qué sentido tiene? Aunque tenga fácil explicación, no deja de ser desafortunado. Un desastre absoluto se mire por donde se mire.

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda Jornada

El segundo día de La Muestra -tercero si contamos el preestreno de Oz– nos dejó ver cinco caras muy distintas del género fantástico. Una película de animación, un cuento de fantasmas, un sci-fi experimental, un clásico moderno de terror y una locura de las que solo saben y pueden hacer los nipones. Entre película y película, Leticia Dolera volvió a amenizarnos la espera con su natural y cercana presencia y sus bellísimas rimas consontantes– y también con una mayor interacción con el público, al que lanzó chocolatinas Twix con fuerza sobrehumana antes de la proyección de Twixt. También hubo tiempo para la denuncia (de soslayo) a la piratería, y para una historia de amor, la de una pareja cuya primera cita dependía de conseguir entradas para The Cabin in the Woods. Alguien en el público gritó en un momento de la noche “¿Pero esto no es un festival de cine?” A lo que Dolera respondió exltada: “¡¡Esto es un festival del amor!!” Y tenía toda la razón, ¿no es verdad? Bueno, paso a reseñaros las películas que pudimos ver ayer en La Muestra:

Wolf Children (Ôkami Kodomo no Ame to Yuki, Mamoru Hosoda, Japón, 2012)

Preciosa fábula licántropa sobre una madre humana que debe afrontar sola la educación de sus dos lobatos. Wolf Children es un cuento enternecedor y devastador a partes iguales que nos narra las dificultades de la joven Hana para criar a sus dos niños, Ami y Yuki, y el viaje de ellos dos hacia la maduración y la independencia. El camino de Ami y Yuki en busca de su propia identidad está lleno de sorpresas, alegrías y decepciones, y Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo) nos lo muestra a través de imágenes preciosistas en un relato íntimo y costumbrista que se apoya en la belleza y el reto que supone el día a día. A ratos, Wolf Children parece una respuesta directa a las películas del estudio Ghibli. Pero por mucho que esperemos una aparición estelar de Totoro en la casa de campo de esta singular familia, nunca llegará. Sin embargo, el Estudio Chizu logra conmover y sorprender al espectador con un estilo propio, y la historia de Hana, Ami y Yuki resulta personal y universal a partes iguales. Un triunfo del anime que ningún aficionado debe perderse.

Twixt (Francis Ford Coppola, Estados Unidos, 2011)

Parece mentira que el director de las dos primeras partes de El padrino sea capaz de perpetrar una película que parece concebida por el más perezoso y alelado de los productores televisivos y ejecutada por un grupo de estudiantes de primero de Comunicación. Con Twixt, Francis Ford Coppola propone una historia mil veces contada sobre un escritor que viaja a un pueblo misterioso donde encontrará la inspiración para su próxima novela de misterio. Las referencias directas a Stephen King se usan como (inservible) escudo protector y Edgar Allan Poe (qué pesados con Poe todos, siempre) tiene reservado un papel en la película, como guía onírico de este novelista interpretado por un Val Kilmer que no se decide por la seriedad o la autoparodia en ningún momento. Twixt no es una TV Movie de HBO (eso sería un insulto a la cadena), es más bien una de Lifetime (y no estoy seguro de si no sería un insulto para ella también). Resulta especialmente descorazonador comprobar cómo un director reputado que ha aportado algunas de las películas más importantes a la historia del cine tira su carrera por el retrete con un despropósito como este.

Antiviral (Brandon Cronenberg, Canadá/Estados Unidos, 2012)

Esperado debut en el largometraje del hijísimo de David Cronenberg. Brandon comparte con su padre la sensibilidad artística y la misma visión deshumanizada del mundo y la sociedad. Con Antiviral propone una especie de resurrección (que nadie ha pedido) de la Nueva Carne, una suerte de Nueva-nueva carne que se antoja algo anticuada en sus postulados. A pesar de que el sentido de la estética y la planificación de Cronenberg Jr. es sublime, la aturullada historia que nos cuenta acaba por truncar toda posibilidad de transgresión o impacto verdadero. Brandon pretende hacernos reflexionar sobre nuestra sociedad consumista y mitómana, la sobreexposición de las celebridades, y por ende, sobre nuestras vacías existencias. Lo hace con una historia que elabora metáforas tan evidentes como una carne sintética a partir del ADN de los famosos, que podemos adquirir para comer en casa. El mensaje es tan insultantemente condescendiente que impide que las poderosas imágenes que nos presenta Cronenberg acaben teniendo el impacto deseado.

Voiceover (Martín Rosete, España, 2011) / The Cabin in the Woods (Drew Goddard, Estados Unidos, 2011)

El corto español Voiceover nos propone un curioso relato al estilo Elige tu propia aventura en el que una voz en off (en fancés) nos narra el clímax de tres historias , la de un astronauta, un soldado y un náufrago, en las que el protagonista está a punto de perecer intentando llevar a cabo una hazaña.

El componente metanarrativo de Voiceover ejerce de adecuada antesala a The Cabin in the Woods, filme de terror que desarma los mecanismos argumentales del género en un astuto ejercicio de deconstrucción narrativa. La historia detrás de la película dirigida por Drew Goddard, y co-escrita por Joss Whedon, es conocida por todos. El periplo de los autores para llevarla a la gran pantalla no es nada comparado con lo que el fan español ha tenido que aguantar. Su estreno en salas se canceló para pasar directamente al mercado doméstico. Otoño de 2012 era la fecha para que la película fuera editada en DVD en España, pero su distribuidora aplazó indefinidamente el lanzamiento, en teoría, por culpa de la piratería. Desde aquí hago un (otro) llamamiento a la casa que posee los derechos de The Cabin in the Woods: si lo de ayer en los cines Callao fue indicio alguno, deberíais tener ya claro que la gente está dispuesta a pagar por ella, y que su estatus (inmediato) de película de culto garantiza el interés del consumidor que más os conviene contentar. La gente pide a gritos (ayer en La Muestra literalmente) la distribución oficial de The Cabin in the Woods en España. La culpa de que nos la hayamos descargado todos es vuestra. Ahora compensadlo permitiéndonos que podamos añadirla a nuestra videoteca. Polémicas aparte, para muchos The Cabin in the Woods supone la revitalización y reinvención del género. Para mí, La cabaña en el bosque es un sólido entretenimiento con momentos de auténtica lucidez que articula a la perfección lo que el espectador, cada vez más ducho y preparado, siente al ver el tipo de películas que esta parodia/homenajea/comenta. Pero no cuento más. Próximamente crítica completa en fuertecito no ve la tele.

Dead Sushi (Deddo sushi, Noboru Iguchi, Japón, 2012)

Y si Boneboys el día anterior nos dejaba a todos con la mandíbula desencajada, Dead Sushi hace que se nos caiga al suelo, pero esta vez no solo por no creer lo que se está viendo (que también), sino de la risa. Anoche, la carcajada colectiva y continua de los cines Callao debía resonar en todo Madrid. Dead Sushi es la búsqueda constante del absurdo más enloquecido y camp. Ninguna sinopsis será capaz de capturar lo que la película de Noboru Iguchi supone. Digamos que si el primer acto de la película desató el desenfreno de los asistentes a La Muestra, que no dejaron (dejamos) de reír un solo minuto seguido, imaginaos cuando por fin aparece el sushi asesino volador. Muerte por ataque de risa. Dead Sushi es físicamente agotadora. No hay descanso para el espectador, no hay escena que no suponga un WTF antológico, no sabemos exactamente lo que vimos, pero da igual. ¡Te queremos, Huevón!

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada

Un día después del preestreno oficial en Callao de Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful, Sam Raimi, 2013) –aquí podéis leer mi crítica-, la 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico inicia su primera jornada maratoniana de películas fantásticas, de ciencia ficción y de terror. La anfitriona de este año ha sido “un monstruo de dos cabezas”. Macarena Gómez sustituyó el jueves 7 a Leticia Dolera en las labores de presentación de la Muestra, con una respuesta más bien negativa por parte del público en la sala -claro que la respuesta a Oz más tarde fue peor. Una desubicada Macarena, que se saltó el guion en pos de una improvisación que hizo taparse la cara a más de uno -y mira que el público de #LaMuestra absorbe la vergüenza ajena con más temple que el público “normal”- se midió en aplausos con la que ha sido casi todos los años la reina del festival, y lógicamente, salió perdiendo.

El viernes 8 de marzo Dolera acudía al rescate, y la cosa mejoraba considerablemente. Juntas hicieron pasar un buen rato lleno de aseveraciones tan elegantes y reivindicativas como “A [REC]3 le dieron ocho Goyas como ocho pollas“. Con esta frase, Dolera incitaba una protesta en contra de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que suele ignorar el cine de género en sus nominaciones a los rancios premios Goya. Entre poesía (“Canino: pa tu culo mi pepino”), objetos perdidos (Dolera aprovechó una de las presentaciones para buscar al dueño de un ticket de parking perdido) y la visita de Eduardo Casanova y Ana Polvorosa -que venían a presentar el corto Amor de madre, transcurrió un completo primer día de #LaMuestra. Desde las 17:00 hasta las 2 de la madrugada pudimos ver cuatro películas y un cortometraje que os comento a continuación:

Kenshin, el guerrero samurái (Rurôni Kenshin: Meiji kenkaku roman tan, Keishi Ohtomo, Japón, 2012)

Fiel adaptación del popular manga de Nobuhiro Watsuki, que gozó en los 90 de un gran éxito mundial, durante la época dorada del cómic japonés. En España alcanzó una gran popularidad sobre todo gracias a su versión anime. En esta ocasión, la historia del menudo y afeminado vagabundo samurái cobra vida a través de personajes en carne y hueso y el tratamiento de superproducción nipona. Sin embargo, Kenshin, el guerrero samurái es una película de dos horas y media que trata de condensar el mayor número posible de elementos del manga, y falla por no esforzarse un poco más en la historia que se cuenta (que se puede resumir con el insistente y simplón mensaje “matar no está bien”). Gustará a aficionados del cine moderno de samuráis, y por supuesto a los fans del manga y el anime en el que se basa, que encontrarán sin duda una gran satisfacción en ir reconociendo a sus personajes y tramas a lo largo del metraje. Claro que su ritmo exasperante y su constante divagación narrativa pueden hacer que hasta el más fan de Rurouni Kenshin pierda el interés continuamente. Si se busca un buen filme de samuráis contemporáneo, acúdase mejor a Takashi Miike.

Grabbers (Jon Wright, Irlanda, 2012)

Wright nos propone un homenaje a las películas ochenteras de invasión extraterrestre y bichos asesinos con una historia sobre una especie de seres alienígenas (anos gigantes con tentáculos) que llegan a un pueblo costero irlandés sedientos de sangre. Dos policías se encargarán de librar a los habitantes de la plaga que los acecha con la ayuda de un gran descubrimiento: la kryptonita de los grabbers (trincadores en su versión subtitulada) es el alcohol. Imaginad, irlandeses borrachos contra alienígenas asesinos. El resultado está a la altura de la propuesta (a pesar de un inicio preocupantemente soso), y Grabbers divierte y hace reír gracias a magníficos gags y el buen hacer de los intérpretes. En la línea de Attack the Block (Joe Cornish, 2011), la película de Wright da la sensación de no tomarse nunca en serio, pero en el fondo sabemos que estamos viendo algo más que un subproducto: Grabbers tiene momentos de auténtica inspiración cómica. A destacar la química de la pareja protagonista –Richard Coyle y una esplendorosa Ruth Bradley-, y la participación del siempre eficaz, siempre entrañable, Russel Tovey (Doctor Who, Him & Her y casi cualquier serie británica de los últimos 7 años). Por cierto, mirad el póster. Toda una declaración de intenciones, ¿verdad?

Amor de madre (Eduardo Casanova, España, 2013) / Boneboys (Duane Graves, Justin Meeks, Estados Unidos, 2012)

El cortometraje Amor de madre, dirigido por Eduardo Casanova y protagonizado por su amiga y compañera de reparto en Aída, Ana Polvorosa, es según palabras de su director, un melodrama trágico. Casanova debuta como director con un corto demasiado largo en el que se ponen de manifiesto todos los defectos del principiante, de los que el más irritante es la insistencia por que el espectador (re)conozca los referentes del realizador. Casanova nos dijo que le encantaría que el público jalease durante la película, “como en Cecil B. Demente. Pero lo que hizo el público fue resoplar, dormirse, y en última instancia gritar “¡vaya truño!” Pues eso, un desastre. Ah, y salen zombis. No sabemos por qué.

Nadie podía esperar lo que se nos venía encima a continuación con Boneboys, de la mano de Kim Henkel, productor y guionista de La matanza de Texas, sus secuelas y otras películas de terror parecidas. Cuando Boneboys comienza uno sabe que va a ver la clásica historia de adolescentes extraviados (en Texas, cómo no) que se convierten en víctimas de sádicos asesinos. La misma película de siempre, vamos. Y esto es cierto hasta que Boneboys abandona toda lógica cinematográfica y humana y se entrega por completo a la demencia más indescriptible (el torture porn es lo de menos). En serio, no es posible articular en palabras la locura que es esta película. Boneboys es básicamente otro remake de La matanza de Texas, pero con el absurdo, el bizarrismo y el exceso elevado a la millonésima potencia, un “¿QUÉ COÑO ES ESTO?” constante del que es mejor no saber nada antes de adentrarse en su mundo. Pero que no, no es posible describirlo, no lo es. Hay que verla para creerla. O para no creerla.

John Dies at the End (Don Coscarelli, Estados Unidos, 2012)

La nueva película de Don Coscarelli (El señor de las bestias, Phantasma) está basada en una novela de terror publicada originalmente en Internet por Jason Pargin (con el pseudónico David Wong), y es básicamente un cómic de Vertigo en movimiento. Pero uno con gracia. John Dies at the End parece a ratos una versión alucinada de Supernatural, pero es esencialmente un viaje psicotrópico deudor de Hunter S. Thompson, y en su defecto, de David Cronenberg. La película amalgama con ingenio y un gran sentido del humor una apabullante cantidad de ideas y motivos propios de la serie Z. El ritmo desfallece en su tramo final, pero John Dies at the End se las arregla para permanecer imprevisible y estimulante la mayor parte del tiempo. La primera película en diez años de Coscarelli es un ejercicio evidentemente autoindulgente que no oculta su deseo de recibir la categoría de película de culto, pero que, intenciones del autor aparte, la merece.

Crítica: Oz, un mundo de fantasía

A mediados de los 80, Disney ya se sumergió en los mundos de L. Frank Baum con una demencial secuela del clásico El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) titulada Oz, un mundo fantástico (Return to Oz, Walter Burch, 1985). Ahora se atreve con la historia de cómo Oscar Diggs llegó a la Ciudad Esmeralda para convertirse en el magnánimo y todopoderoso regente de Oz. Titulada casi idénticamente a la secuela protagonizada por Fairuza Falk -por cierto, Willy Wonka and the Chocolate Factory también se llamó Un mundo de fantasía en Latinoamérica y España-, Oz, un mundo de fantasía es la colorista y ultradigital visión de Oz que nos proponen Sam Raimi (Evil Dead) y Joe Roth (productor de la Alicia de Burton).

A los aficionados al cine de Raimi les alegrará comprobar que el realizador consigue que su sello personal se haga un pequeño hueco en la película. En Oz, un mundo de fantasía hay alguna que otra concesión al estilo que Raimi ha cultivado en sus películas de terror: la tensión expresada a base de zooms y ángulos propios de la serie B, la presencia (muy breve y camuflada) de su muso Bruce Campbell, y una clara voluntad por potenciar el aspecto terrorífico y grotesco de la historia, particularmente en su recta final. Pero no nos engañemos, el auteurismo que nos empeñamos en encontrar en Oz no es lo más destacable de la película, y por supuesto, no redime el fracaso artístico que acaba siendo. La identidad de Raimi se disuelve por completo en esta orgía de cromas y secuencias manufacturadas exclusivamente para el 3D que debería estar en Disneyland, y no en una sala de cine. Claro que lo peor de esta Oz no es su cualidad de atracción de parque temático, sino la absoluta desgana con la que se ha acometido la historia, y el triste desaprovechamiento de unos personajes que podrían haber dado mucho de sí.

La culpa también es de un reparto del que solo se salva -afortunadamente- el protagonista. James Franco es un verdadero acierto de casting. Su amplia sonrisa de bribón y sus ademanes chulescos pero infantiles lo convierten en el Oscar Diggs perfecto. Franco resulta creíble como el paso evolutivo inmediatamente anterior al Oz que todos conocemos. Pero su encanto no es suficiente para aguantar todo el peso de una película tan desbordantemente inconsistente. El relato también nos muestra los orígenes de tres de las brujas de Oz. Pero Mila Kunis, Rachel Weisz y Michelle Williams parecen competir encarnizadamente por el título de ‘peor interpretación de la película’. Sinceramente, me resulta imposible decantarme por una. ¿Una Kunis irritante dejando en evidencia sus desoladoras carencias como intérprete de drama, una Williams que se desplaza torpe y desganada frente la pantalla verde y que no se deshace de la misma mueca en toda la película o una Weisz que parece estar imitando a la Charlize Theron de Blancanieves y el cazador? Se mire por donde se mire, un auténtico desastre.

Oz, un mundo de fantasía es básicamente la misma película que Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, con todo lo que ello conlleva. Ambas parecen pertenecer al mismo universo de trágicos cromas y desprenden ese acomodadizo sentido del espectáculo basado en la seguridad que proporciona el digital. Se salvan los personajes secundarios, impresionantemente animados, del mono volador y la niña de porcelana con daddy issues -el único gran personaje de la película, malgastado como todos. Sin embargo, la historia hace aguas en todo lo demás. El guion parece un primer borrador, con unos diálogos que transmiten la sensación de haberse conformado con lo primero que ha venido a la mente -porque lo importante es el despliegue visual y el plus por las gafas 3D- y una ineptitud alarmante a la hora de sorprender o transmitir cualquier tipo de emoción. No son suficiente reclamo los incesantes paralelismos con la película de 1939, es necesario construir un relato con entidad propia, y Oz, un mundo de fantasía no lo hace. Escudándose constantemente en dos leit motifs -“con fe todo es posible” y “más vale ingenio que magia”– la película de Raimi elabora un mensaje que pone en duda continuamente los meros cimientos de su discurso. Oz, un mundo de fantasía celebra en última instancia el trampantojo, la ilusión, el encanto de la artesanía manual y la técnica, pero lo hace después de habernos llevado en un agotador y mareante viaje a través de un mundo en el que nada es verdad. Puede que la película nos esté pidiendo -o exigiendo- que asumamos que esta es la nueva magia del cine de Hollywood, e incluso sugiriendo que si Meliés existiera en nuestro presente, sería un mago de lo digital. Pero a mí me cuesta enormemente tener fe en este futuro del cine.

Crítica: Los amantes pasajeros

Cherish: We can fuck now?
Cecil: From here to Timbuktu!
(Cecil B. Demente, 2000) 

Se habla de Los amantes pasajeros como el gran regreso de Pedro Almodóvar a la comedia. Si bien es cierto que desde Kika (1993), el realizador manchego no había hecho una cinta eminentemente cómica, todos sus melodramas, tragedias y giallos (…) de las dos últimas décadas no se entenderían sin su particular sentido del humor. O en su defecto, sin la enorme presencia de Chus Lampreave, almodovariano alivio cómico por excelencia -que desgraciadamente no aparece en esta película. De la misma manera, sus comedias nunca prescinden del poso trágico, en especial a la hora de elaborar las historias de fondo de los personajes, y lo comprobamos en este último trabajo una vez más. Comedia, tragedia, tragicomedia, qué más da. Almodóvar y punto.

Los amantes pasajeros será publicitada hasta la saciedad -como todo lo que hace Almodóvar- como el regreso a los orígenes de su director, la vuelta del humor de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Pero, aunque todo desprenda un halo a underground manufacturado, esto es solo cierto a medias. Los amantes pasajeros no es solo un trabajo de retrospección o recuperación, es sobre todo otro paso más en la evolución de su cine. Uno hacia la libertad total, a través del despojo absoluto de prejuicios y preocupaciones por la crítica -siempre dividida y tan visceral o más que su cine. En este sentido, Almodóvar está más John Waters que nunca. Pero claro, es un Waters tardío. La extrema libertad de Pink Flamingos (1972) no es la misma que la de Los sexoadictos (A Dirty Shame, 2004), de la misma manera que el punk cerdo de Pepi, Luci y Bom (1980) no tiene nada que ver con el caos carnal de Los amantes pasajeros. La declaración de principios se descarga de afectación y el guerrillerismo desaparece. Aparentemente, la única causa que persigue Almodóvar con Los amantes pasajeros es la risa del espectador, y para lograr el éxito, se deshace de toda restricción y yugo creativo, propio y ajeno, dando rienda suelta a una celebración por todo lo alto de la pluma sin concesiones y sin remordimientos. Y es que, ¿por qué habría de tenerlos? El resultado es una obra decididamente ligera que nos devuelve a un Almodóvar que, una vez más, ha hecho la película que quería hacer.

Ahora bien, la locura en Los amantes pasajeros tarda un poco en desatarse. La primera hora de la película fluctúa entre lo patético de unas interpretaciones acartonadas -marca de la casa- y unos diálogos desinspirados que siembran el pánico. ¿Nos han enseñado en el tráiler lo único verdaderamente gracioso de Los amantes pasajeros? Tranquilos, no es el caso. Los amantes pasajeros se toma su tiempo para despegar -aunque Almodóvar es de la opinión de que las comedias no deben durar más de 90 minutos, así que en qué estaba pensando. Pero cuando lo hace, no pone el piloto automático en ningún momento. El peso cómico de Los amantes pasajeros recae principalmente en el trío de azafatos que ejercen de anfitriones de este loco camarote volador de los hermanos Marx. Unos inconmensurables Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo nos invitan a soltarnos la melena (o sacudir el flequillo a lo Whip My Hair), entregándose en cuerpo y alma, culo y lengua, cadera y muñeca, al libérrimo exceso de sus personajes. Llega un momento en Los amantes pasajeros en el que es imposible no abanderar el “I’m so excited, and I just can’t hide it. I’m about to lose control and I think I like it. I LIKE IT”.

Por supuesto, no es casual -como nada en el cine de Almodóvar- que el hit de The Pointer Sisters sea la única canción con protagonismo de la película (menos mal). “I’m So Excited” se convierte en himno, declaración de intenciones, biblia y mantra, y en último lugar, catalizador del irrefrenable deseo del espectador por entregarse a la vorágine de liberación y guarrería que está observando en la pantalla. Estoy a punto de perder el control y creo que me gusta. Definitivamente, ¡me gusta! Es hacia el tramo final de Los amantes pasajeros cuando más salta a la vista la influencia de Waters en Almodóvar, sobre todo durante ese apoteósico y catártico clímax erótico que remite directamente a la secuencia final de la imprescindible Cecil B. Demente (Cecil B. Demented, 2000) o, como ya he mencionado, a Los sexoadictos en su totalidad.

Los amantes pasajeros solo se encuentra con turbulencias cuando insiste en profundizar en las vidas de los pasajeros del vuelo. El gran recurso cómico que resulta ser la avería del teléfono que permite a todo el pasaje oír al interlocutor se ve truncado cuando, a través de él, el relato se desplaza a tierra firme. Sobra la subtrama de Willy Toledo y Blanca Suárez. Como también desentona ligeramente la crítica social que Almodóvar lleva a cabo a través del banquero corrupto. Sin embargo, la verdadera denuncia no es sino el mero hecho de la existencia de esta película, que una vez más pasa por encima de la empalizada del cine en este país, y del gobierno que lo financia. Los amantes pasajeros es muy en el fondo un retrato, astutamente revestido de comedia, de la situación de precariedad en la que nos encontramos actualmente -el pasaje turista dormido al completo, el avión que sobrevuela España sin poder aterrizar en ella-, pero es sobre todo un corte de mangas a todo el que pone cortapisas a la creatividad de una industria en crisis permanente. “Soy Almodóvar, y aquí tenéis mi película. Hay semen en la comisura de los labios, mescalina con olor a ano y zafios chistes sobre la afición del rey a las prostitutas. ¿Y qué?”

“Tonight’s the night we’re gonna make it happen / Tonight we’ll put all other things aside / Give in this time and show me some affection / We’re going for those pleasures in the night”. En Los amantes pasajeros, todos los personajes se entregan a esos placeres trasnochados, y lo hacen en un tiempo y espacio literalmente suspendido, con la posibilidad de la muerte inminente guardada en el compartimento del equipaje. Y esta es la moraleja definitiva y cósmica de esta película. Si eres gay, sé gay. Si quieres follar, folla. Si quieres bailar, baila. España, y el mundo, se precipita hacia el vacío. No nos queda otra que entregarnos a nuestros deseos y pulsiones más primarias. Tal y como, una vez más, Almodóvar ha hecho con su cine.

Crítica: Dando la nota (Pitch Perfect)

¡Acatotal!

Mean Girls es intocable, irremplazable, insustituible. Así que, a pesar de que Dando la nota (Pitch Perfect, 2012) se adscribe al género que perfecciona la cinta escrita por Tina Fey, es más adecuado hablar de “la nueva A por todas (Bring It On, 2000), otro clásico esencial del cine para adolescentes y no tan adolescentes. Sin ir más lejos, los propios productores de la película protagonizada por la emergente estrella Anna Kendrick (La saga Crepúsculo, Up in the Air) reconocen que la cinta de animadoras de Kirsten Dunst fue una de las principales inspiraciones para Dando la nota. Claro que el germen directo de la película se encuentra en el libro de Mickey Rapkin titulado Pitch Perfect: The Quest for Collegiate A Capella Glory. Sea como fuere, Dando la nota es en fondo y forma una comedia de instituto que, curiosamente, se ambienta en la universidad. No importa, se sigue jugando según las reglas del género teen a pesar de que algunas de las protagonistas alcancen la treintena- para construir una historia de superación, autodescubrimiento y alianzas imposibles -sí, lo habéis adivinado, hay referencias a El club de los 5– que da como resultado un clásico de culto en potencia. Una de esas películas que nos encontramos un domingo por la tarde en la tele, y a pesar de haberla visto ya muchas veces, nos quedamos viéndola hasta el final.

Pero Pitch Perfect no es perfecta ni de lejos. Y aunque no es algo que se le deba exigir en ningún momento, la coherencia interna brilla por su ausencia a lo largo de toda la película. Empecemos por ejemplo por la protagonista. Beca (Kendrick) es una chica socialmente inadaptada, huraña, descreída, y definitivamente alternativa. Pero su “músico” de cabecera es David Guetta y se dedica casi profesionalmente a realizar mash-ups. Algo falla, ¿no? Por si esas extrañas credenciales no fueran suficientes, a Beca no le gusta el cine. Es más, actúa como si nunca en su vida hubiera visto una película. ¿De qué va todo eso? No lo entendemos, pero insisto, da igual. Como también deberíamos pasar por alto a todos esos personajes borrosos al fondo del plano -de hecho, se hace alguna referencia jocosa a su invisibilidad hacia el final de la película- o esos conflictos introducidos con calzador. En Dando la nota, lo más importante es la música. No sorprende en este sentido que el realizador del filme sea Jason Moore, responsable de algunos éxitos musicales de Broadway como Avenue Q, además de experimentado director de dramas televisivos (eminentemente adolescentes) como Dawson crece o One Tree Hill. Dando la nota pone énfasis en el componente espectacular de los números musicales y brilla especialmente cada vez que las protagonistas se suben al escenario o salen a la calle a librar batallas a capela -una las secuencias más memorables de la película-, haciendo que temas de una variedad enorme de artistas -de Ace of Base a Rihanna, pasando por Miley Cyrus, Gloria Estefan o Bruno Mars– suenen de maravilla. Sin excepción. Y fuera de bromas.

Dando la nota es como Glee -comparación inevitable-, pero mucho mejor hecha -algo que no es muy difícil, la verdad sea dicha. Es el perfeccionamiento del lipdub, y toda una cantera de talentos vocales y cómicos. Destaca entre todos ellos la revelación Rebel Wilson (Amy la Gorda), que a pesar de sus evidentes limitaciones como cantante, logra desviar la atención hacia su persona en todo momento gracias a ese peculiar sentido del humor basado en la improvisación y un -muy autoconsciente- marcianismo. Wilson es la estrella involuntaria de Dando la nota –¿cuánto la quiere Tumblr?, pero el resto de actrices y actores desempeñan un trabajo igualmente ejemplar, sobre todo a la hora de ponerse bajo los focos. Kendrick demuestra que su nominación al Oscar no fue un hecho aislado (no es que lo merezca por esta, ni de lejos, pero lo suyo es talento y lo demás son tonterías), Hana Mae Lee nos regala un personaje incluso más excéntrico y absurdo que el de la robaescenas Wilson. Y el talento masculino también cuenta con una buena representación gracias a un rompecorazones geek como Skylar Astin y un tronchante Adam DeVine, ambos cantantes de primera. Por último, y aunque no canten, no podemos olvidar a Elisabeth Banks y Paul Brooks -también productores de la película- los comentaristas de las competiciones musicales que aportan impagables momentos ala Very Important Perros.

El guion de Dando la nota viene firmado por Kay Cannon, responsable de varios de los libretos nominados al Emmy de 30 Rock y co-productora ejecutiva de New GirlViendo esta película, queda patente que el cine todavía le viene algo grande a la guionista, que no siempre da con el timing adecuado para sus chistes -una criba mayor de bromas habría beneficiado al ritmo de la película sin duda. Dando la nota es tremendamente irregular en el apartado cómico, y aunque es fácil y conveniente aproximarla a otras comedias femeninas como Bridesmaids, solo domina el arte del gag en contadas ocasiones. Sin embargo, Cannon sí logra una hazaña que casi ningún representante de la comedia norteamericana actual consigue: que su guion no decaiga en la recta final. Más bien todo lo contrario. La desternillante gran pelea entre las Bellas -el vómito, ese gran recurso- y la espectacular competición final conforman un clímax in crescendo que termina por levantar los ánimos del más reacio -el crítico más implacable y cínico se odia a sí mismo al descubrirse sonriendo y marcando el ritmo con los pies. Al final, Dando la nota nos invita a despojarnos de todo prejuicio y autorrestricción, y a “levantar las manos porque está sonando nuestra canción”. Yeah-Eh-Yeah-Eh-Yeah-Eh, it’s a party in the USA.

Reyes, espadas, cuervos y dragones. Estudio del fenómeno televisivo Juego de Tronos.

Ya está a la venta el libro Reyes, espadas, cuervos y dragones. Estudio del fenómeno televisivo Juego de Tronos, en el que he tenido el placer de participar.

Elaborado por profesores e investigadores de la Universidad de Sevilla llega un completísimo volumen sobre Juego de Tronos -así como la saga literaria en la que se basa- que analiza el imparable fenómeno televisivo desde una perspectiva multidisciplinar, abarcando todos los aspectos que conforman la aclamada serie de HBO.

Mi aportación a Reyes, espadas, cuervos y dragones viene en forma de dos capítulos que se incluyen en el primer bloque temático del libro. Uno de ellos, escrito mano a mano con Irene Raya Bravo, se titula “El camino hacia Juego de Tronos: Nuevas tendencias en la fantasía cinematográfica y televisiva del nuevo milenio“, y es un recorrido por el audiovisual fantástico en el que se contextualiza la serie. El otro capítulo, ya en solitario, tiene por título “La serie-novela HBO. Juego de Tronos en la era de la televisión por entregas”, donde profundizo en los mecanismos narrativos de la serie y hablo de la imagen de marca HBO, elaborando un estudio de la serialidad y la fragmentación en las dos primeras temporadas.

Pero eso es solo el principio (literalmente). El exhaustivo monográfico incluye una gran variedad de investigaciones, desde un completo análisis audiovisual a un estudio de la maquinaria publicitaria de la serie, pasando por un repaso por los cambios efectuados con respecto a las novelas, una aproximación al fandom de Juego de Tronos, o un detallado desglose de todos sus personajes desde el prisma de los estudios de género. En total, 584 páginas que dan testimonio de la importancia de la serie en la nueva era del drama televisivo, y también, por qué no, la pasión y el ahínco con el que se ha trabajado en este proyecto.

Ha sido más de un año de trabajo, y desde fuertecito no ve la tele deseo agradecer y dar la enhorabuena públicamente a los coordinadores del proyecto, Javier Lozano Delmar, Irene Raya Bravo y Francisco J. López Rodríguez, que han luchado con espada y sin escudo durante todo este tiempo para que saliera adelante, así como a todos los autores que participan en él.

Edita este trabajo FRAGUA -a la que también damos las gracias por la confianza depositada en el libro- dentro de su colección Fragua Comunicación, y podéis adquirirlo a través de su web oficial, en el siguiente enlace: http://www.fragua.es/14-medios-audiovisuales/reyes-espadas-cuervos-y-dragones-estudio-del-fenomeno-televisivo-juego-de-tronos-9788470745683 o físicamente en su sede central, en la calle Andrés Mellado, 64, de Madrid. Aunque sería de agradecer eternamente que lo solicitaseis para vuestras librerías más cercanas o bibliotecas, para promover así la distribución.

Para terminar, os dejo con la descripción del libro que nos facilita Fragua en su página:

“La saga literaria Canción de Hielo y Fuego creada por George R. R. Martin, cuya adaptación está llevando a cabo el canal estadounidense HBO, se ha convertido en una de las producciones televisivas con mayor éxito de audiencia y repercusión internacional de los últimos tiempos. La serie, titulada Juego de Tronos, se enmarca en el contexto reciente de Quality Television y está redefiniendo la noción de fantasía audiovisual a través de una compleja narrativa hiperserial y una excelente puesta en imagen. El presente volumen ofrece un estudio exclusivo y en profundidad de las dos primeras temporadas que conforman Juego de Tronos desde el ámbito de la Comunicación. En esta obra diversos autores analizan las características más destacables prestando especial atención a aspectos como la adaptación de la novela (en términos narrativos y visuales), la construcción audiovisual, el uso de estrategias publicitarias para la promoción de la serie, y los discursos sobre género, poder y religión presentes en esta superproducción televisiva. A través de este enfoque multidisciplinar el lector podrá valorar y comprender mejor la relevancia de Juego de Tronos como uno de los fenómenos televisivos más destacados de la última década”.

Juego de Tronos regresa con su tercera temporada el próximo 31 de marzo en Estados Unidos y el 9 de abril en España. ¿Qué mejor manera de prepararse para volver a los Siete Reinos que leyendo Reyes, espadas, cuervos y dragones? Para acometer el visionado de los nuevos episodios con lo deberes hechos, y ya de paso, hacer su espera más llevadera.