Crítica: Mamá

No es lo mismo asustar que dar miedo (del de verdad, del que provoca congoja, desazón, angustia). Y si no que se lo digan al argentino Andrés Muschietti, que debuta en la dirección de largometrajes con Mamá (Mama, 2013), irregular cinta de terror hispano-canadiense basada en su corto homónimo de 2008. Le acompañan en el guion su hermana y socia Barbara Muschietti y Neil Cross (Doctor Who, Luther), y viene avalado desde la producción ejecutiva por el mecenas del género fantástico Guillermo del Toro -que advierte en todas las entrevistas que uno no debe esperar de ella un producto made in Del ToroMamá es puro terror de diseño. Tras solo cinco minutos de metraje salta a la vista que los principales responsables de la película provienen del mundo de la publicidad. Estilo y estética que se anteponen a la coherencia narrativa y dan como resultado un producto industrial y prefabricado, que sin embargo cumple su principal cometido: sobresaltar al espectador.

Mamá agota por completo el catálogo de clichés del género: cabaña en el bosque, psiquiátrico abandonado, presencia fantasmal de cabellos largos y oscuros, siniestra canción de cuna, criaturas que se retuercen por escaleras y paredes como si tuvieran ‘huesos de cristal’, monstruos en el armario, luces parpadeantes y espíritus con asuntos pendientes. La de Muschietti es una película de terror japonés en toda regla, un remake que en realidad no lo es. Mezcla exacta entre La maldición (Ju-on), Dark Water y The Ring (Ringu) -los títulos más populares e influyentes del ya desinflado fenómeno-, que viene a contestar a las más recientes tendencias del género, como el torture porn, o el resurgimiento del slasher. No hay en el filme un solo ápice de originalidad, sino más bien una labor de recopilación de lugares comunes y recursos argumentales que conforman un greatest hits del J-HorrorPero el filme no solo hunde sus raíces en el cine japonés. Mamá evoca ocasionalmente al trabajo del realizador de videoclips Chris Cunningham, y a muchos también recordará por momentos a la española [REC]. En definitiva, todo un festival de ideas recicladas y triquiñuelas visuales que ponen en evidencia a Muschietti y revelan sus carencias como narrador.

En el apartado interpretativo, Jessica Chastain da un tropezón en su imparable carrera, con un personaje tan forzado y desdibujado como la película en sí. Su Annabel es una chica dura que toca en una banda de punk, dice “fuck you” en su mensaje del buzón de voz y viste con camisetas rockeras de H&M. Mención aparte merece esa desafortunada peluca -la Chastain canalizó a la líder del grupo Crystal CastlesAlice Glass, para construir al personaje. Todo en consonancia con el sintético estilo de la película, en la que hay secuencias que bien podrían ser un anuncio de coches. Acompaña a Chastain Nikolaj Coster-Waldau (Juego de Tronos), que se pasa toda la película tumbado. Son las interpretaciones de las niñas protagonistas, Victoria (Megan Carpentier) y Lilly (Isabelle Nélisse), las que merecen el mayor reconocimiento, sobre todo la de la pequeña, entrañable y espeluznante a partes iguales.

Como ocurre a menudo con este tipo de thrillers sobrenaturales, la historia está repleta de agujeros narrativos e incongruencias que impiden que la película vaya más allá de los sustos y las imágenes asépticamente perturbadoras. De esta manera, la conexión psicológica con el espectador es difícil de establecer, lo cual resulta especialmente lamentable en una película que insiste en explorar un poderoso vínculo como el materno-filial. La fábula de Mamá pierde fuelle a medida que se van desvelando los detalles de la trama, el CGI pasa a primer plano y la historia va tomando forma (es un decir). Las cuestiones se acumulan y la coherencia interna termina por abandonarse en favor de un clímax melodramático e incluso poético. No importa mucho, para cuando esto ocurre, uno tiene claro que lo que busca Muschietti no es revolucionar el género, sino crear una pieza visualmente atractiva y provocar algún que otro infarto. Si la miramos exclusivamente desde ese prisma, Mamá hasta podría considerarse un éxito. Por desgracia, esto no subsana su mayor defecto: que ya no estamos en 2004.

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