It’s Always Sunny in Philadelphia: Demented Forever

Hay un pequeño rincón en televisión en el que siempre sale el sol, los pajaritos cantan y la vida te sonríe cada vez que pones un pie en la calle. Es Filadelfia, más común y cariñosamente conocida como Philly, el paraíso de Liz Lemon. Cultura, arte, historia, tardes en el parque, deporte y oportunidades. Pero el hogar de Benjamin Franklin es también la casa de Frank, Dee y Dennis Reynolds, Charlie Kelly y Mac (cuyo nombre completo no osaré desvelar). Ellos viven a su manera la experiencia Philly. Rara vez ven salir el sol porque se pasan las horas muertas en Paddy’s, el bar irlandés que regentan, o en las alcantarillas, o debajo de los puentes (el paraíso particular de Frank y Charlie). Para ellos no hay pajaritos que valgan, más bien una desgarbada y asquerosa pájara, Sweet Dee, y por supuesto las palomas de Charlie, manjares exquisitos (¿por qué gastarse el dinero en faisán si la calle está llena de palomas perfectamente comestibles?) La única historia que ellos conocen es la que se han inventado para promover su bar como lugar de interés histórico nacional y su relación con el arte se limita a un cuadro pintado por Hitler, de la colección personal del abuelo Reynolds, un nazi moribundo. A esta pandilla no les sonríe la vida, sino los vagabundos sin dientes, y el deporte nunca es para ellos una actividad saludable o un pasatiempo, sino una oportunidad para conseguir dinero fácil (que al final nunca consiguen, claro). Frank, Dee, Dennis, Charlie y Mac son el paradigma de la basura blanca, o peor aun, su hipérbole. Son la mayor escoria que os encontraréis en televisión. Apenas poseen cualidades redentoras, y a pesar de esto, es tremendamente difícil no adorarlos. Quizás sea porque en el fondo no son más que cinco niños aburridos buscando desesperadamente un juego con el que ocupar el día.

It’s Always Sunny in Philadelphia (en España “conocida” como Colgados en Filadelfia) se iba a llamar muy apropiadamente Jerks. La serie se ajusta tanto a las normas de la sitcom tradicional como las transgrede. No hay nada parecido en televisión, si acaso series de animación para adultos como South Park. Always Sunny lleva ya ocho temporadas involucrando a sus protagonistas en las aventuras más atroces y aberrantes. La corrección política es el demonio y no hay tema, por escabroso o delicado que sea, que se libre de tener su capítulo especial. Racismo, aborto, cáncer, armas, drogas: eso no es más que el principio. La cantera de ideas es inagotable, porque el ser humano es un gran contenedor de miserias. La serie no flirteó con lo serial hasta su sexta temporada, en la que el misterio sobre el embarazo de Dee dio para alargar las tramas y experimentar con el formato. Sin embargo, Always Sunny es esencialmente episódica, como los cartoons o las comedias de los noventa, y sutilmente formulaica: cada semana, los cinco urden un plan para matar el tiempo, mejorar su economía o demostrar al mundo que no son la chusma que todos saben que son. Ni que decir tiene que el éxito se les resiste en todas sus empresas. Por regla general, no importa si uno se encuentra un capítulo al azar, se podrá ver y disfrutar como una pieza independiente del resto. Solo una cosa: evitar la serie si se está comiendo. Por si acaso.

A pesar de esto, Always Sunny contiene caracterizaciones muy consistentes, gags recurrentes, estupendos secundarios y un gran componente autorreferencial (después de todo es una comedia del siglo XXI), que evidencian un magnífico trabajo por parte de sus guionistas (casi siempre los propios actores). Huelga decir que estamos ante una serie que maneja la estupidez con suma inteligencia. Jackass meets 30 Rock. Y así lleva ocho temporadas, sin perder un ápice de su frescura, haciendo que nos riamos de lo más deplorable del género humano. Es más, mejorando año tras año, y llegando a generar auténticas maravillas en sus temporadas más tardías, en las que el resto de comedias ya se han quedado secas: “The Gang Buys a Boat”, “Who Got Dee Pregnant” (probablemente el mejor episodio de toda la serie), “The Gang Gets Stranded in the Woods”, “The Gang Goes to the Jersey Shore”, “How Mac Got Fat”, “Thunder Gun Express” (probablemente el segundo mejor capítulo), o “The Gang Gets Analyzed”. Todos estos episodios forman parte de las temporadas más recientes, que han mostrado un claro interés por experimentar narrativamente y jugar con la -muy sólida- mitología de la serie. De una película de zombis (la familia McPoyle, paletos que solo se reproducen entre sí) a una sesión de terapia a la pandilla, Rob McElhenney (creador de la serie) y sus locos se las han arreglado para evolucionar sin perder su esencia y mantenerse en forma ininterrumpidamente a lo largo de los años.

El excelente -y exigente- ejercicio interpretativo de McElhenney, Charlie Day, Glenn Howerton, Kaitlin Olson y Danny DeVito (que se incorpora a la serie en su segunda temporada) combina un meticuloso trabajo de diálogo con una alta dosis de improvisación: histriónicos y geniales, insoportables y mocosos, no hablan, gritan hasta dejar los tímpanos del espectador destrozados y la cabeza a punto de estallar (mucho después de ver un episodio, seguimos oyendo el eco de sus voces), y se funden terroríficamente con sus personajes -Charlie y Mac se llaman como los actores que los interpretan, el resto prefirió poner una distancia prudencial entre ellos y sus personajes, quizás para mantener la cordura. It’s Always Sunny in Philadelphia es una de las propuestas más osadas de la televisión de la última década. Refugio para el buen mal gusto y joya trash en la que hemos visto con horror y fascinación cosas como al inconmensurable Danny DeVito emerger desnudo y empapado en sudor de un sofá de polipiel. Una serie que es toda una -temeraria- declaración de amor y compromiso y también un potente negocio familiar (Mac y Dee, y Charlie y la Camarera, son matrimonios en la vida real). Alcemos nuestras cervezas (o nuestra sopa podrida, o nuestro tubo de pegamento) y brindemos por que salga el sol en Filadelfia muchos años más.

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Comentarios (1)

 

  1. FIDLAR dice:

    Las manos rotas de aplaudir.

    Nightmaaaaaaaaaaaaaaaan!!!!!!!!!

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