Crítica: El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)

La comedia romántica es un género de convenciones y convicciones muy férreas. De vez en cuando aparece algún director con la intención de desmontarlas, o como mínimo hacerles un lavado de cara, aunque al final acabe jugando según las reglas de siempre. Esto es precisamente lo que ha hecho David O. Russell en su película más reciente, El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook, 2012). Lo quiera o no -lo queramos o no-, Russell pertenece a una corriente de cineastas comedidamente inconformistas y decididamente extravagantes en la que podríamos incluir (con sus debidas anotaciones) a Wes Anderson o Paul Thomas Anderson. Realizadores que desde un prisma muy personal cuentan historias sobre seres humanos rotos -es decir, seres humanos normales- y la constante lucha que estos mantienen con la vida.

El lado bueno de las cosas da cuenta de la evolución de Russell hacia un cine más accesible, a pesar de no sacrificar en ningún momento el marcianismo que lo caracteriza, y siempre interponiendo una distancia (a veces excesiva) entre el relato y el espectador. El lado bueno de las cosas deja muy atrás el existencialismo impostado de Extrañas coincidencias (I Heart Huckabees, 2004) y se entrega de nuevo al naturalismo (también impostado) de su anterior filme, The Fighter (2010), con resultados más satisfactorios. El lado bueno de las cosas no cuenta demasiado, solo una historia de amor. Eso sí, una preciosa, aunque Russell no se entregue al lado romántico de las cosas hasta el tramo final -atención: si es posible, evitad el tráiler de la película antes de verla.

Bradley Cooper (al que los seriéfilos siempre recordaremos como el Will Tippin de Alias) es Pat, un hombre diagnosticado con trastorno bipolar que sale del hospital psiquiátrico en el que fue ingresado hace ocho meses, después de un episodio violento provocado por una infidelidad de su mujer. El lado bueno de las cosas es la encarnizada lucha personal de una persona contra sí misma. A base de mantras y con la ayuda de su familia, Pat trata de recomponer su vida tal y como era, con el objetivo de recuperar a su mujer. Le trastoca los planes la irrupción en su vida de Tiffany (Jennifer Lawrence), una mujer también psicológicamente dañada (viuda y de dudosa reputación), que no obstante será la que le mostrará un camino alternativo para dar con esos “silver linings” que busca tan desesperadamente. Tiffany y Pat mantienen una química explosiva e impredecible que se transforma en una relación tan atípica como conmovedora. De confraternizar gracias a su conocimiento acerca de antidepresivos a participar juntos en un concurso de baile, a regañadientes por parte de él. Pat y Tiffany nos recuerdan a Barry y Lena de Embriagado de amor (Punch-Drunk Love, Paul Thomas Anderson, 2002), película con la que El lado bueno de las cosas guarda bastantes similitudes. Dos seres únicos hechos el uno para el otro, que vienen a hablarnos de la delgada línea que separa la locura de la cordura. “Te quiero tanto que te daría un puñetazo en la cara”.

Después de ver El lado bueno de las cosas, a uno se le antoja algo excesivo el número de nominaciones a los Oscar con los que cuenta la película (8 en total). Las candidaturas de Robert De Niro y Jacki Weaver suenan más bien a un “gracias por participar”. Sin embargo, Cooper y Lawrence se ganan a pulso el reconocimiento, así como su estatus de estrellas emergentes en Hollywood. Sobre todo ella, cuya fuerza interpretativa es por sí sola reclamo suficiente para ver la película. Y junto al excepcional trabajo de sus protagonistas, es el singular no-romance de Pat y Tiffany la mayor baza de esta ‘convencionalmente alternativa’ rom-com, una película que será recordada sobre todo por su luminoso y optimista tramo final.

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Comentarios (2)

 

  1. El Cinéfago dice:

    No coincido en los de De Niro, está soberbio. Su mejor actuación en años. Weaver sí es posible que esté de más en los Oscar, pero la Academia parece que le ha cogido cariño…

  2. Juan Naranjo dice:

    Acabo de llegar del cine, y vengo calentito.
    – No creo que De Niro esté soberbio… Creo que ha hecho el mismo papel de padre/suegro peculiar que lleva haciendo desde hace diez años.
    – No entiendo como se puede nominar a un Oscar a una actriz con un papel tan testimonial y anecdótico como el de Jacki Weaver.
    – No creo que esta peli sea recordada por “su luminoso y optimista tramo final”. Si algo recordase yo de ella sería, precisamente, el peculiar principio, hasta que aparece Jlaw y todo se convierte en una película de lo más ordinaria.
    – No creo que nominarla a ocho Oscars sea “algo excesivo”, creo que es una majadería.
    Y nada más. No me ha gustado la peli, pero sí tu crítica de ella (que no quiero quedar de gruñón).

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