Crítica: Hitchcock

Rara vez una película contemporánea sobre el mundo del cine acaba recibiendo el calificativo de ‘gran cine’. Sobre todo si el filme en cuestión es un biopic, la recreación de un rodaje famoso, o ambas cosas: sin ir más lejos, Mi semana con Marilyn (My Week With Marilyn, 2011).[1] También es el caso de Hitchcock (2012), la película que nos enseña el accidentado proceso de creación de Psicosis, entre 1959 y 1960. Si acaso, la cinta de Sacha Gervasi sería una buena TV movie de HBO -de hecho, la cadena ya hizo una el año pasado: The Girl, sobre la problemática relación del director con Tippi Hedren. Puede que Gervasi fuera consciente de esto desde el principio, y por ello optase por convertir el libro de Joseph Rebello, Alfred Hitchcock and the Making of Psycho, en un melodrama con grandes dosis de comedia sobre el matrimonio Hitchcock, y una oda a la gran mujer detrás de la oronda silueta del maestro del suspense, Alma Reville.

La filmación de una de las películas más importantes de la historia del cine, -y probablemente las más universal y reconocible de la filmografía del realizador británico-, es el pretexto que el director londinense utiliza para sumergirnos en la retorcida mente de Hitchcock: la malsana y voyeurista obsesión con sus actrices protagonistas, su determinación y voluntad artística, su kamikaze ojo comercial, pero sobre todo la absoluta dependencia de su esposa en todos los aspectos de su vida profesional y personal. En Hitchcock no faltan las anécdotas conocidas por todo cinéfilo que se precie, ni se nos priva de echar un vistazo a los entresijos de celebérrimas secuencias como la de Janet Leigh en la ducha o a la sala de montaje. Sin embargo, la película se centra principalmente en lo que ocurre fuera del plató, haciendo que al final echemos en falta una mirada algo más profunda a la relación de Hitchcock con los actores de Psicosis, y dejando inexplorados los personajes de Anthony Perkins (James D’Arcy), Vera Miles (Jessica Biel), y en menor medida, Leigh.

Hitchcock es la crónica de un loco visionario tratando de sobrevivir en el encorsetado sistema de los estudios de Hollywood. Reconociéndose su estatus como cineasta en peligro (“la tele me ha rebajado”), el realizador busca desesperadamente su próximo proyecto, el último financiado por la major a la que está atado desde hace años. La elección de la novela de Robert Bloch inicia un recorrido por algunos de los recodos más oscuros su mente, llegando a flirtear con el terror en cada una de las -excesivas- apariciones de Ed Gein. No obstante, las perversiones de Hitch nunca llegan a transcender sus truculentas ensoñaciones. Gervasi se las arregla para mantener en todo momento un halo de respeto por el maestro, al que dibuja como un sociópata simpático, un viejo verde gracioso y genial, a pesar de todo. Un ser no exento de defectos (sería absurdo ocultarlos cuando todos estamos de sobra familiarizados con el mito), en todo momento amortiguados por la enorme fuerza orientadora y pacificadora de Alma.

A pesar del buen trabajo de mímesis de Anthony Hopkins, es Helen Mirren la mayor virtud de Hitchcock. La interpretación de Hopkins recae en la categoría de imitación y está condicionada inevitablemente por el maquillaje -que, a excepción de un par de planos en los que más bien parece el Pingüino de Burton, es excelente. Sin embargo, Mirren tiene mucha más libertad para construir un personaje más cercano y real, uno que ejerza de vínculo entre el espectador y Alfred. Alma no solo supervisa la dieta de Hitch y mantiene a raya su temperamento, sino que también acude al rescate del director cuando se encuentra en apuros durante el rodaje, o cuando necesita consejo profesional, manteniendo en todo momento el rumbo de su carrera cinematográfica. Alma es todo sacrificio y devoción, pero también resignación y hastío. Y Mirren se las arregla para que admiremos a la Sra. Hitchcock sin llegar a demonizar completamente al hombre que la subestima. El resto del reparto cumple con su tarea de permanecer en todo momento en un segundo, o más concretamente, tercer plano. Tan solo Scarlett Johansson es capaz de hacerse notar (cómo no, si destacar forma parte de su naturaleza), a pesar de que sigue sin deshacerse de los mohínes que impiden que la crítica se la tome en serio como actriz.

Las visitas al set de Psicosis sirven para examinar con tino la maquinaria creativa de un genio que defiende y ejemplifica la idea de que todos somos capaces de albergar violencia y terror -“¿Y si un director realmente bueno hiciera una película de terror?” Los viajes a los despachos de los grandes ejecutivos y censores (ambas especies ridiculizadas en el filme) documentan una curiosa faceta de la industria hollywoodiense. Pero el mayor interés de Gervasi reside en el dormitorio de los Hitchcock, donde conocemos realmente al hombre detrás del mito, y a la mujer que lo mantuvo a raya. Hitchcock se adentra de puntillas en lo macabro, evita la casquería amarillista, y a pesar de lo que pudo ser y no fue, nos ofrece un luminoso y divertido retrato de uno de los capítulos más conocidos de la historia del cine.

 

[1] Es más habitual encontrar grandes películas sobre el cine dentro del cine cuando estas no se basan en rodajes cinematográficos reales: De La noche americana a Mulholland Drive, pasando por la infravalorada Tristam Shandy: A Cock and Bull Story.

Requiem por la comedia USA

Enero de 2013 será recordado como el mes negro de la comedia norteamericana en televisión. Se nos marcha 30 Rock, dejando un panorama desolador en las cadenas generalistas de Estados Unidos. La situación actual de la comedia en las networks es sin duda preocupante. Audiencias que apenas superan el 1% en demos y deserciones en masa de espectadores desencantados. Solo CBS genera comedias de éxito masivo: The Big Bang Theory es un monstruo imposible de derrotar, Two and a Half Men aguanta estoicamente a pesar de la ausencia de Charlie Sheen o polémicas como la de Angus T. Jones y la Iglesia Adventista del Séptimo Día, 2 Broke Girls reúne casi todas las semanas a 10 millones de espectadores y How I Met Your Mother ha experimentado una significativa y sorprendente subida de audiencia en su actual temporada (la octava) -un misterio imposible de resolver. Por otra parte, ABC ha ganado la lotería con Modern Family, aunque el resto de sus comedias van de lo discreto a lo desastroso. Mientras, los ejecutivos de Fox y NBC lloran por las esquinas, incapaces de hallar el secreto del éxito. Lo cierto es que si echamos un vistazo a la oferta cómica de estas cadenas, y la comparamos con la de CBS, una cosa salta a la vista: el espectador medio norteamericano no quiere complicarse demasiado la vida, y prefiere que las risas enlatadas hagan el trabajo por él.

Las comedias de una sola cámara (single-cam) superan en número a las multicámara con público en plató. Es la tendencia que han auspiciado las cadenas de pago, y que lleva ya una década generado auténticas maravillas (Arrested Development, The Office…) Sin embargo, el formato pierde fuerza en favor de un renacimiento -o consolidación- de la comedia noventera, lo que ha hecho que las cadenas contraataquen con propuestas originales y diferentes -algo que agradecemos sincera y profundamente. Aun así, los experimentos se saldan con masas de fans enfadados, la sobre-utilización del término “culto” y la pérdida de repercusión de las campañas para salvar una serie. Las bajas más recientes han sido Don’t Trust the B—- in Apartment 23 (ABC) y Ben and Kate (Fox). No eran perfectas, pero las queríamos.

La primera temporada de Apartment 23 -reemplazo de midseason con tan solo 7 episodios- obtuvo una media de seis millones de espectadores, lo que la colocaba en el número 89 del ránking de series. Poco más de 4 millones regresaron para el estreno de su segunda temporada en otoño de 2012. Desde entonces, la serie ha caído en picado, llegando a estar por debajo de los 2 millones. Un desastre de proporciones épicas para ABC, que, aunque es mucho más permisiva con sus comedias, considera fracaso toda serie que baja de los 6 millones. La cancelación era inminente. Pero, ¿qué falló en Apartment 23? Quizás lo mismo que falla en las comedias NBC. La búsqueda de una audiencia demasiado específica, y un humor arriesgado y no siempre complaciente. La Bitch era una serie extraña, en ocasiones muy over the top y no se preocupaba por conectar con un sector amplio de la audiencia, sino que buscaba desmarcarse de la tónica general con un humor histérico y excéntrico no apto para todos. Por desgracia, su mayor virtud fue el último clavo de su ataúd. La gente no conectó con estos personajes, porque era un poco imposible. Y en estos tiempos de saturación y agotamiento, no podemos permitirnos aquello de “darle tiempo” a una serie o a sus personajes. El último episodio de Apartment 23 constituía un bonito e involuntario autohomenaje que servía como despedida: en la escena final, James Van Der Beek (gran revelación de la temporada) pronuncia melancólicamente mirando a cámara las siguientes palabras: “mi serie es increíble”. Lo era, James, lo era.

El caso de Ben and Kate es ligeramente distinto. La serie hacía gala de un humor mucho más accesible que Apartment 23, pero desde un principio se presentó como una propuesta excesivamente genérica y común. Tan solo el título daba pereza. A los hermanos Fox ni se molestaron en conocerlos. Desde el principio, la audiencia se resistió a darle una primera oportunidad, y a pesar de que Fox le otorgó una temporada completa (estrategia evidente y desesperada para enganchar a la audiencia), se la ha acabado cargando con tan solo 13 episodios emitidos (y dos más grabados). Los pocos que se animaron a verla, coincidían en celebrar a sus personajes femeninos (Kate es insoportablemente adorable y BJ es una estrella) y vapulear a los masculinos (sobre todo a Ben). Con muy pocos episodios, la serie conseguía encontrar el tono adecuado, tan extravagante como cálido. Pero ya no quedaba nadie para verlo. El que ha acabado siendo su series finale es quizás el episodio que mejor ilustra el desequilibrio que lastraba a la serie: Kate sí, Ben no.

Las series hermanas de Apartment 23 y Ben and Kate se encuentran en peligro constante, pero parece que las cadenas confían un poco más en ellas. The Mindy Project se mantiene estable por encima de los 3 millones y Happy Endings puede que sobreviva por motivos de sindicación (eso sí, ABC no tuvo reparos en cancelar Cougar Town con 3 temporadas). Aunque a tenor del frío recibimiento de los fans esta temporada, la sobrecafeinada y repelente actualización de Friends lo tiene difícil para sobrevivir. En ABC, sin embargo, sí hay alguna comedia de éxito: la excelente Modern Family -buque insignia de la cadena y niña mimada de la Academia- y, en menor medida, Suburgatory, son el ejemplo de que la cadena es capaz de tener éxito con otro género que no sea el drama culebronesco. En Fox se conforman con las discretas pero suficientes cifras de sus comedias de animación, y reciben semi-alegrías semanales con Raising Hope y New Girl, ambas por encima de los 4 millones.

Lo de NBC es otro tema. Community, 30 Rock, Parks and Recreation, series de culto, adoradas por la crítica (y maltratadas por los premios) que aguantan porque dan renombre. Pero ahora que la serie de Tina Fey toca a su fin, y Community (que regresa el 7 de febrero) tiene un destino muy incierto, la NBC ha decidido tontificar sus comedias, con la intención de encontrar una audiencia más heterogénea. Go On, la nueva serie de Matthew Perry, empezó con fuerza (9 millones), llegando incluso a poner a la cadena en el primer puesto de los índices durante varias semanas, pero ya está al nivel del resto de sus sitcoms –suerte en este caso merecida, en mi opinión. The New Normal se hunde irremediablemente, aunque la serie de Ryan Murphy nunca tuvo una audiencia muy espectacular que digamos. Y bueno, de Animal Practice mejor no hablar, ¿verdad? Al final, los planes de Bob Greenblatt para hacer un lavado de cara a la cadena no han surtido efecto. NBC no levanta cabeza. Y pensar que su siguiente paso es convertir Up All Night en multicámara…

Está claro, es muy difícil ser una (buena) comedia de network y no morir en el intento. Las cosas son muy distintas en las cadenas de cable y de pago. Por ejemplo, la FX se ha montado una oferta cómica muy destacable (e incluso tiene planes de crear una cadena exclusivamente dedicada al género): It’s Always Sunny in Philadelphia aguanta el tipo perfectamente después de ocho temporadas, Wilfred y Archer ofrecen algo completamente distinto a todo lo que hay ahora mismo en televisión, y Louie se ha convertido en una grande indiscutible. En HBO siguen algo desorientados con sus comedias, pero cuentan con la eminencia Larry David, y tienen Girls, que es básicamente de lo único que se  ha hablado en 2012 -y eso que la serie de Lena Dunham no llega ni al millón de espectadores a la semana. Ante este panorama, NBC, ABC y Fox buscan nuevas vías de expresión para conectar con la audiencia mainstream sin dejar de lado a la más exigente -o exquisita. Perpetrando un constante ensayo y error con cada nueva temporada, malgastan talento y tiran ideas a la basura, porque no tienen más remedio. Al final, los más afectados son los espectadores. Vemos cómo promesas se quedan sin cumplir, historias sin concluir, vivimos con miedo a que nuestras series favoritas sufran la muerte súbita de Apartment 23 o Ben and Kate. Y esto es algo que, obviamente, podemos traducir al género dramático. La televisión se resiente, pero no abandona su empeño de producir superávit de estrenos. A veces, la única solución aparente que se me ocurre es dejar de ver series. Eso, o que Judd Apatow y Tina Fey supervisen todas las comedias en emisión. ¿Sería tan descabellado?

American Horror Story Asylum: La balada de Lana Winters

“Recuerda. Si miras al mal a la cara, el mal te devolverá la mirada”. No hay mejor manera de condensar lo que ha sido la inmensa segunda temporada de American Horror Story que con esta frase, pronunciada por una luminosa Hermana Jude en un sublime primerísimo primer plano, rompiendo la cuarta pared. Jude nos dice básicamente “Mis niños, todos tenéis un lado malvado, y yo lo estoy viendo, alguien siempre lo ve, aseguraos de que vosotros también lo hacéis”. Vuelta al comienzo para cerrar un ciclo. La posterior sonrisa de Lana Winters es el verdadero punto y final a esta historia de horror en la que las criaturas deformadas y abominables han dado paso a otro tipo de monstruo, al de apariencia totalmente humana, el diablo vestido de Prada, y en la que al final, los ángeles han derrotado a los demonios.

Lana ha resultado ser la protagonista indiscutible de Asylum, el motor del relato. Por eso es justo que el último episodio se centre en su personaje, el único capaz de cerrar definitivamente tanto las puertas de Briarcliff como las historias de sus empleados y pacientes. Después de dos episodios desconcertantes y anticlimáticos en los que se ha optado por dejar atrás el psiquiátrico para hacer avanzar la historia de Lana y Kit Walker fuera de él, “Madness Ends” funciona como perfecta coda en la que se nos ha permitido despedirnos de estos personajes sin conocer sus historias completas (no había tiempo y no era necesario), pero sí con la sensación de conocerlos a ellos plenamente. Tras ver el final de Asylum, la decisión de abandonar los mugrientos pasillos de Briarcliff y cegarnos con la luz del exterior tenía su razón de ser: dar un final hermoso y optimista a tres supervivientes, Lana, Kit y Judy. Uno que nos llevase hasta el final del viaje para todos ellos, al más puro estilo “Everyone’s Waiting”, el último episodio de A dos metros bajo tierra. Una última oportunidad para la redención que sirve como precioso homenaje a estos fascinantes personajes y de paso nos proporciona las imágenes más bellas que hemos visto en mucho tiempo en televisión.

“A los hombres les gusta el sexo y nadie les llama locos. Odio esa palabra. Es feísima. A mí me gusta el placer. Desde que me metí los dedos por primera vez a los cinco años”. Desde el comienzo, Asylum ha insistido en la dualidad del ser humano: ni completamente loco, ni completamente cuerdo, esencialmente capaz de ser bueno y malo. Pero también nos ha hablado del poder del otro (la sociedad, el hombre blanco heterosexual, la ignorancia, el diablo) a la hora de definir y modificar la personalidad, de hacernos tomar un camino u otro. Y se ha centrado particularmente en la lucha de la mujer contra la opresión y las convenciones sociales establecidas que actúan como su verdugo. Con la falta de sutilidad que le caracteriza a la hora de plantear discursos moralizantes, pero ejerciendo mayor control sobre los personajes que los emiten, Ryan Murphy ha arrojado luz sobre cuestiones aun vigentes: la libertad sexual de la mujer (fantástico el personaje de Chloë Sevigny, ninfómana y orgullosa de ello) y los derechos de los homosexuales. Como si fuera Mad Men hasta arriba de metanfetaminas.

“It was one hell of an ending, just not the one that I wanted”. El final del trayecto nos lleva de la mano de tres personajes que se han ido deshaciendo de las aberraciones que han sufrido en el pasado, en busca de una vida nueva. La paz llega para Kit y Judy antes que para Lana. Después de la muerte del doctor Arden y la Hermana Mary Eunice (esta última la verdadera revelación de Asylum), y la marcha del monseñor Timothy Howard, Briarcliff es un agujero incluso más cruel e inmundo que cuando estaba bajo la administración de la Iglesia (¡Iglesia, mala!, anotado queda, Ryan). Kit y Lana regresan voluntariamente al infierno. Kit, ahora dedicado plenamente al cuidado y la educación de sus hijos, busca a la Hermana Jude. Lana busca justicia. Y fama. Ambos consiguen lo que se proponen. Briarcliff cierra sus puertas, Lana se convierte en la periodista más famosa de todos los tiempos (o algo parecido), y Kit se convierte en el padre de la década al acoger a Judy y comprometerse a cuidarla como si fuera su madre. El tiempo los pone a todos en su sitio. La conmovedora despedida de Judy nos remite al feminismo latente de Murphy: “Julia, no dejes que un hombre te diga lo que eres. Es 1971, puedes hacer todo lo que quieras”. El adiós a Kit nos muestra a un hombre que se marcha prematuramente, porque ha logrado alcanzar la plenitud de espíritu -la trama de las abducciones queda pertinentemente abierta para proporcionar al personaje una poética despedida que habría sido arruinada con una sobre-explicación. A Lana, por el contrario, le persiguen sus fantasmas hasta nuestros días. El enfrentamiento final de Lana Banana con su hijo, el Bloody Face moderno, es el verdadero propósito de que la historia de Asylum enlace pasado y presente tan precipitadamente. La muerte del asesino, que la mira a los ojos a a escasos centímetros de su rostro, deja a Lana como la única superviviente de esta historia, condenada a revivir las decisiones que ha tomado para llegar hasta donde está, y como metáfora definitiva de la imposibilidad de separar completamente el bien y el mal.

American Horror Story Asylum supone un salto de calidad enorme con respecto a la primera entrega de esta antología de terror. Más seria, poética y trascendental, preciosista y estéticamente arriesgada, pero también más demencial (lógicamente), bizarra y excesiva, Asylum es la prueba del éxito del formato. 13 episodios que conforman una historia cerrada, muy intensa, y sin cabos sueltos, que ha dominado el arte televisivo de la hibridación de géneros: nos ha sobresaltado, nos ha hecho retorcernos del asco, nos ha golpeado en las entrañas y en la conciencia, ha provocado la carcajada más loca, y en última instancia nos ha hecho partícipes del recorrido vital completo de unos personajes inolvidables. Celebración de la vida y la libertad, de la complejidad de la mente humana, de los derechos universales, y crítica al mal que aun sobrevive en nuestra sociedad, Asylum ha supuesto la consagración de Ryan Murphy -con la inestimable ayuda de su segundo de abordo Brian Falchuk– como algo más que un provocador y una fábrica de ideas. American Horror Story Asylum es la serie que lo ha revelado como un verdadero esteta, pero sobre todo, un excelente cuentacuentos.

Crítica: El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)

La comedia romántica es un género de convenciones y convicciones muy férreas. De vez en cuando aparece algún director con la intención de desmontarlas, o como mínimo hacerles un lavado de cara, aunque al final acabe jugando según las reglas de siempre. Esto es precisamente lo que ha hecho David O. Russell en su película más reciente, El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook, 2012). Lo quiera o no -lo queramos o no-, Russell pertenece a una corriente de cineastas comedidamente inconformistas y decididamente extravagantes en la que podríamos incluir (con sus debidas anotaciones) a Wes Anderson o Paul Thomas Anderson. Realizadores que desde un prisma muy personal cuentan historias sobre seres humanos rotos -es decir, seres humanos normales- y la constante lucha que estos mantienen con la vida.

El lado bueno de las cosas da cuenta de la evolución de Russell hacia un cine más accesible, a pesar de no sacrificar en ningún momento el marcianismo que lo caracteriza, y siempre interponiendo una distancia (a veces excesiva) entre el relato y el espectador. El lado bueno de las cosas deja muy atrás el existencialismo impostado de Extrañas coincidencias (I Heart Huckabees, 2004) y se entrega de nuevo al naturalismo (también impostado) de su anterior filme, The Fighter (2010), con resultados más satisfactorios. El lado bueno de las cosas no cuenta demasiado, solo una historia de amor. Eso sí, una preciosa, aunque Russell no se entregue al lado romántico de las cosas hasta el tramo final -atención: si es posible, evitad el tráiler de la película antes de verla.

Bradley Cooper (al que los seriéfilos siempre recordaremos como el Will Tippin de Alias) es Pat, un hombre diagnosticado con trastorno bipolar que sale del hospital psiquiátrico en el que fue ingresado hace ocho meses, después de un episodio violento provocado por una infidelidad de su mujer. El lado bueno de las cosas es la encarnizada lucha personal de una persona contra sí misma. A base de mantras y con la ayuda de su familia, Pat trata de recomponer su vida tal y como era, con el objetivo de recuperar a su mujer. Le trastoca los planes la irrupción en su vida de Tiffany (Jennifer Lawrence), una mujer también psicológicamente dañada (viuda y de dudosa reputación), que no obstante será la que le mostrará un camino alternativo para dar con esos “silver linings” que busca tan desesperadamente. Tiffany y Pat mantienen una química explosiva e impredecible que se transforma en una relación tan atípica como conmovedora. De confraternizar gracias a su conocimiento acerca de antidepresivos a participar juntos en un concurso de baile, a regañadientes por parte de él. Pat y Tiffany nos recuerdan a Barry y Lena de Embriagado de amor (Punch-Drunk Love, Paul Thomas Anderson, 2002), película con la que El lado bueno de las cosas guarda bastantes similitudes. Dos seres únicos hechos el uno para el otro, que vienen a hablarnos de la delgada línea que separa la locura de la cordura. “Te quiero tanto que te daría un puñetazo en la cara”.

Después de ver El lado bueno de las cosas, a uno se le antoja algo excesivo el número de nominaciones a los Oscar con los que cuenta la película (8 en total). Las candidaturas de Robert De Niro y Jacki Weaver suenan más bien a un “gracias por participar”. Sin embargo, Cooper y Lawrence se ganan a pulso el reconocimiento, así como su estatus de estrellas emergentes en Hollywood. Sobre todo ella, cuya fuerza interpretativa es por sí sola reclamo suficiente para ver la película. Y junto al excepcional trabajo de sus protagonistas, es el singular no-romance de Pat y Tiffany la mayor baza de esta ‘convencionalmente alternativa’ rom-com, una película que será recordada sobre todo por su luminoso y optimista tramo final.

The Following: el folletín de Kevin Williamson

Agujero de gusano hacia los 90. Kevin Williamson, el que fuera creador de Dawson crece y guionista de la saga Scream, tiene nueva serie, y esta vez se aleja de los dramas sobrenaturales protagonizados por adolescentes como la exitosa Crónicas vampíricas o la malograda The Secret Circle. Con The Following, Williamson da un paso más en su carrera, en busca de un reconocimiento más amplio y una audiencia más heterogénea. ¿Y cómo lo hace? Básicamente escribiendo lo mismo de siempre, igual que siempre. The Following nos devuelve la obsesión noventera por los asesinos en serie en la línea de Se7en (David Fincher, 1995). Un detective en horas bajas y un criminal al que se trata como si fuera un genio, una gran estrella. La clásica batalla de egos, el juego del gato y el ratón. El agente, Ryan Hardy, es Kevin Bacon en su primer papel como protagonista de una serie de televisión. El asesino, Joe Carroll, está interpretado por James Purefoy (Roma). El piloto de The Following funciona, quizás demasiado evidentemente, como exposición de la premisa de la serie. Una pieza casi independiente que se encarga de despachar rápidamente los acontecimientos a modo de prólogo para dar paso a lo que corre el riesgo de ser una serie policíaca al uso.

El principal problema de The Following es el mayor defecto de Williamson como guionista: cree ser mucho más inteligente y astuto de lo que en realidad es. El piloto nos introduce en la mente del asesino, un admirado ex profesor de literatura de la universidad que, influenciado por Edgar Allan Poe y su concepción de la muerte vinculada a la belleza, comienza a matar. Carroll ejecuta sus crímenes como si fueran obras de arte (“la locura como arte”, que diría Poe), y siguen una línea de coherencia interna y referencias a la obra en la que se inspira que funcionan como pistas para la policía. ¿Puede haber algo más manido? Claro que sí: la tensión entre dos policías asignados a un caso, un libro sobre el asesino escrito por el agente que lo capturó, mensajes escritos en la pared con sangre (“Nevermore“, para más inri), etc. La investigación llevada a cabo por Hardy y sus colegas sirve para recomponer la psique de este supuestamente genial asesino, y lo hace a base de sobre-explicación y la repetición del nombre de Poe hasta la extenuación -18 meses le llevó al pobre Hardy resolver el caso, y ahora quiere dejar claro que es el mayor experto en la materia. En este sentido, The Following encaja a la perfección en el género procedimental de investigaciones criminales, en el que la exposición de los acontecimientos se ejecuta a través de diálogos clónicos, la reiteración de teorías, y absolutamente nada se deja a la imaginación del espectador. Teniendo en cuenta que The Following está en Fox, no sé por qué esperaba algo distinto.

No debería sorprender tampoco la forma y fondo del piloto de The Following, conociendo la mente del perpetrador. Estamos ante un producto 100% Williamson. El productor y guionista repite esquemas, recursos narrativos y visuales, y hasta se autoplagia. La deuda de The Following a Scream es obvia. Sobresaltos al aparecer un personaje de la nada (con el necesario golpe musical), esa puerta del garaje que se eleva para desvelar a una víctima del asesino (sentada en una silla, además), víctimas rubias, hermandades, un gusto por el gore light (la violencia en The Following es más gráfica de lo habitual en una network), y por supuesto, el imprescindible componente meta, sin el que Williamson no sabría ni por dónde empezar. La última conversación entre Hardy y Carroll en prisión es una reelaboración de cualquiera de las escenas finales de la saga Scream. El asesino escribiendo su historia y utilizando a los demás como títeres en su macabro teatro de muerte y psicología barata. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de The Following es la idea que plantea Carroll en esta conversación, y que ya se exploró en Scream 4 sin Williamson: hay un poderoso culto al asesino ahí fuera que está dispuesto a seguirlo hasta el final. Y puesto que esto es lo que veremos con toda seguridad en los próximos episodios, cabe la remota posibilidad de que The Following sea un caso de “no juzgues una serie por su piloto”. Solo espero que Williamson deje escribir a los demás.

The Carrie Diaries: el nacimiento de una pasión

The Carrie Diaries, la precuela oficial del clásico de HBO Sexo en Nueva York (Sex and the City, 1998-2004), estaba condenada al ostracismo desde mucho antes de su estreno. El paso del tiempo ha devaluado considerablemente la revolucionaria comedia protagonizada por Sarah Jessica Parker y sus secuelas cinematográficas no han ayudado precisamente a que esta conserve su lugar en el panteón catódico. Una precuela en clave teen que narrase los comienzos de uno de los personajes más odiados de la historia de la televisión, y encima emitida por CW, no sonaba bien a nadie. Para empezar, la audiencia target de la serie quedaba completamente desdibujada. Ni los fans de SatC están especialmente interesados en ver su serie convertida en un producto adolescente made in CW, ni el espectador medio de la cadena bebe los vientos por los dramas ambientados en los 80: si el spin-off de Gossip Girl, Valley Girlsambientado en la década prodigiosa, no salió adelante, ¿qué hacía pensar a los ejecutivos de la cadena que The Carrie Diaries tendría alguna posibilidad? Las audiencias confirman el patinazo. Lo cual, señoras y señores, es una tragedia, porque la versión adolescente de Sexo en Nueva York no solo es buena, sino que es el mejor estreno de la cadena en muchos años, el producto que estaba llamado a devolver el lustre a la franquicia de Candace Bushnell y así remendar el desastre provocado por las incursiones cinematográficas de Carrie Bradshaw.

Los dos nombres más destacados detrás del proyecto vienen a aclarar las aspiraciones artísticas de The Carrie Diaries, pero también la confusión en la que está condenada a (intentar) sobrevivir. A Miguel Arteta, productor ejecutivo de la serie, lo conocemos por sus trabajos como realizador en series como A dos metros bajo tierra, The Big C o Enlightened, además de varias películas adscritas a ese extraño movimiento denominado indie: la laureada The Good Girl o la fallida Youth in Revolt. Arteta aporta a The Carrie Diaries su experiencia en dramas de qualité y una visión de la adolescencia algo más verosímil que lo que acostumbramos a ver en TV. Pero CW no está especialmente interesada en hacer su propia Freaks and Geeks (serie de la que Arteta también dirigió algún episodio, por cierto). Aunque a ratos lo parezca. Para equilibrar la balanza tenemos a Josh Schwartz, responsable de dos fenómenos tan importantes como efímeros: The O.C. y Gossip GirlLa combinación de sensibilidades artísticas da como resultado una serie a medio camino entre La chica de rosa y Awkward.

Efectivamente, como toda serie adolescente hoy en día, The Carrie Diaries se apoya fundamentalmente en la comedia dramática de los 80. Pero va más allá, porque tiene la oportunidad de trascender el mero homenaje y convertirse directamente en una. Y lo hace, al menos en su piloto. The Carrie Diaries explora con habilidad esa paradójica mezcla de ingenuidad y ausencia de conservadurismo que definía la experiencia adolescente de los 80. El miedo y la curiosidad sexual no provenían de la sobreprotección de la sociedad, sino exclusivamente de dentro de uno mismo. Carrie y sus amigas del instituto no responden al prototipo adolescente de la CW, no son jóvenes de vueltas de la vida, no hablan como ni siquiera hablan los adultos. Son personas que, al contrario que Chuck Bass o Serena Van Der Woodsen, parecen haber sido niños en algún momento, y de hecho, siguen siéndolo en muchos aspectos. Sin embargo, sus existencias continúan girando en torno al sexo, y este define sus comportamientos y contribuye en gran medida a la forja de sus identidades (como debe ser, como es en realidad). En el piloto se aborda el tema con franqueza y sin rodeos, en conversaciones que evocan a los brunchs de Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha (“He perdido la virginidad. Me dolió muchísimo. Fue como intentar meter una salchicha en una cerradura”). Precisamente, The Carrie Diaries resulta tremendamente fresca y diferente dentro del panorama CW porque en lugar de convertir el sexo en una experiencia estética e inocua, lo trata con naturalidad. Y esa es la principal baza del piloto, no solo en relación al sexo, sino también al comportamiento de sus protagonistas, en ningún momento drásticamente separadas de la realidad.

AnnaSohphia Robb (Un puente hacia Terabithia) es Carrie Bradshaw. No, en serio, ES Carrie Bradshaw. Robb no solo es una actriz solvente, sino que ha sido capaz de mimetizar con éxito a la protagonista de Sexo en Nueva York, y trasladar sus idiosincrasias a la edad pre-adulta. Esta Carrie teen ya muestra síntomas de drama queen total (cuando se desmaya al ver a su padre en el instituto, qué momento tan ‘Carrie’), reflexiona filosóficamente y con la misma gravedad sobre banalidades y tragedias familiares, y la dicción en off de AnnaSophia nos transporta directamente al apartamento de Manhattan en el que Bradshaw escribía/escribirá su columna semanal. No hay duda de que nos encontramos ante el mismo personaje (es más, ante una versión mucho más soportable del mismo). Lo de la nariz lo pasamos por alto. Efectivamente, Carrie es Carrie, pero The Carrie Diaries no es Sexo en Nueva York (aunque lo guiños nos la recuerden constantemente), porque no han querido que lo fuera, porque no debía serlo. The Carrie Diaries es un relato iniciático, el comienzo de una historia de amor apasionada y eterna, la de Carrie Bradshaw y Manhattan. Y también, por qué no decirlo, el germen del mariliendrismo de su protagonista.

Carrie es una pueblerina que sueña con la gran ciudad (literalmente, todas las noches recrea en su mente la célebre cabecera de Sexo en Nueva York). La revista Interview es su Biblia, y Rob Lowe su hombre ideal. La casa de Carrie es un refugio casi intemporal, en el que de no ser por los pósters de Joy Division o Depeche Mode costaría creer que estamos en los 80, concretamente en 1984. El armario de su madre fallecida ejerce de puente hacia los verdaderos 80, los de los colores estridentes, los estampados de leopardo, las hombreras imposibles y el exceso en general. El instituto es la parada obligada en su viaje (las Jens, evocando a las Heathers de Escuela de jóvenes asesinos, representan fielmente la estética de la década). Manhattan es el destino final. La ambientación de la Gran Manzana es uno de los grandes aciertos de The Carrie Diaries. Una cortinilla con imágenes de Andy Warhol o Debbie Harry ejerce de transición definitiva entre ambos mundos. Sin miedo al rechazo por parte de la audiencia hambrienta de sofisticación irreal, no hay reparos en mostrar el estrafalario sentido de la moda del momento. Carrie opina que el vestido de su nueva BFF es “precioso” (en realidad es horroroso, claro), y su jefa dice que el traje de fiesta de Carrie “es algo que podría llevar Madonna“, el mayor cumplido que le podían hacer. La música también ejerce su función cronológica a la perfección, con temazos ochenteros, o sus correspondientes versiones más baratas sonando todo el tiempo. Lo único que hace falta para lograr la recreación histórica perfecta sería algo de humo de tabaco.

The Carrie Diaries nos sumerge en un mundo pre-nuevas tecnologías, en el que los diarios en blanco de la madre de Carrie preceden a su Mac (ella nunca se llevó bien con los aparatos tecnológicos), y los teléfonos fijos (¡ese modelo Red Lips!) son la única manera de comunicarse a distancia. La esencia es la misma: Carrie nos cuenta todo lo que se le pasa por la cabeza mientras se enfrenta a los grandes dilemas de la vida: ¿mi cuelgue del insti o mi gran oportunidad en Manhattan? ¿Metro o taxi? ¿Pelo suelto o recogido? WWCBD. Pero la forma es distinta a todo lo que hay ahora mismo en televisión. Quizás en otra cadena tendría alguna oportunidad de librarse de su destino predeterminado y dignificar el legado de la que es una de las series más esenciales (e infravaloradas) de la historia de la televisión. Pero hay que asumirlo, el sambenito de The Carrie Diaries es doble: la CW y las odiosas comparaciones. Ni la aparición de unas Samantha, Charlotte y Miranda adolescentes sería capaz de salvarla. Disfrutemos de nuevo de los fabulosos paseos de Carrie por el asfalto de Manhattan, mientras podamos.

Resumen en tweets de los Globos de Oro ’13

(Hora Costa Oeste – PST)

03:14 PM En directo con la alfombra de los Globos de Oro. Empiezan a llegar los que no son nadie.
03:31 PM Bryan Cranston, créete lo de People Magazine. Eres sexy.
03:35 PM Hayden Panettiere, la Marisa Tomei de esta noche.
03:39 PM Ya ha llegado casi todo el mundo de la tele. Lo mejor para el final, ¿no? Perdón, pero Mad Men, Breaking Bad, Downton Abbey
03:40 PM ¿Va a poder aguantar Tina Fey el equilibrio en el escenario con ese pelazo?
03:41 PM Emily Mortimer disfrazada de sobras de restaurante
03:44 PM Sarah Hyland disfrazada de Sofía Vergara
03:53 PM Morena Baccarin, ¿por qué te has vestido esta noche como si fueras Glenn Close?
03:55 PM Amy Poehler y Tina Fey van de boda lesbiana (L)
03:59 PM John Krasinski. Bragas al suelo.
04:00 PM Mi apuesta arriesgada de la noche: Lucy Liu. La criticarán mucho, pero me fascina, como en los Emmy.
04:06 PM Para una persona que se dedica a la comedia, a Judd Apatow parece que le duele sonreír
04:07 PM Jon Hamm. Bragas a la pared.
04:08 PM John Krasinski es muy guapo, pero se ha equivocado y se ha puesto la chaqueta de la comunión
04:08 PM Subámonos todos a los pechos de Jennifer Lawrence
04:15 PM Con cada entrega de premios nos hacemos la misma pregunta sobre la mujer de Hugh Jackman: ¿POR QUÉ?
04:20 PM La mujer de Jon Hamm y la de Hugh Jackman son la misma persona, en todos los sentidos. Ganas de matar aumentando
04:25 PM Eres mala Taylor Swift
04:33 PM Marion Cotillard ha dicho que ama a Kristen Bell. Estas son las cosas que a mí me hacen feliz
04:36 PM Llega Sofía Vergara. De repente nadie tiene frío
04:57 PM Muy a favor de Robert Pattinson. Hoy y siempre. De los más guapos y elegantes de la noche

05:00 PM Comienza la gala
05:01 PM ¿Por qué nadie ha aplaudido cuando Tina y Amy han dicho su nombre? Yo me habría vuelto loco
05:03 PM Tina Fey y Amy Poehler hablando de Lena Dunham es porno
05:04 PM Pero por favor, estas dos mujeres son DIOS. Am I right? Am I right? Y James Cameron se ha hecho ateo.
05:06 PM Nunca había visto al público de los Globos pasándoselo tan tan TAN bien
05:19 PM Game Change mejor miniserie. Jonathan Meyers viviendo la secuela de “Superstar”
05:22 PM La categoría de mejor actriz secundaria de miniserie debería estar dominada por actrices de American Horror Story Asylum
05:22 PM Julianne Moore es como de la familia, ¿no?
05:33 PM El premio era de Damian Lewis. Lo raro es que no se lo hayan dado en la alfombra roja
05:35 PM ¿Damian no ha dado las gracias a Claire? ¿De qué va?
05:38 PM ¡Spoilers de Homeland a traición! Mi culpa por no haberla visto aun, lo sé
05:50 PM Taylor Swift, es tu turno de hacer un Kanye, róbale el momento a esa mamarracha
05:55 PM Si gana Benedict Cumberbatch, Tumblr va a vivir el mayor colapso de su historia
05:58 PM Ok, falsa alarma. Puedo seguir haciendo scroll-down como un poseso en Tumblr. Ha ganado Kevin Costner
06:04 PM Ya tenemos presentadores para la gala del año que viene: Kristen Wiig y Will Ferrell
06:06 PM Tommy Lee Jones no está de acuerdo conmigo. Él no quiere a Wiig y Ferrell como presentadores el año que viene. Él los quiere matar.
06:07 PM Jennifer Lawrence es la estrella que llevábamos tantos años esperando. Enhorabuena.
06:12 PM ¡Anuncio del regreso de Community! ¡Lo mejor de la noche!
06:13 PM John Krasinski y Kristen Bell, casaos conmigo, los dos a la vez
06:17 PM Otro premio que podrían haber mandado por UPS hace días. Ve preparando el discurso de los Oscars, Anne Hathaway. Te quiero.
06:18 PM Anne Hathaway me haría llorar hablando de charcos
06:21 PM La Princesa de Genovia y la Monja Voladora han subido muchos enteros la gala. Discurso perfecto.
06:23 PM Anyway, a mi parecer los premios este año le pertenecen por su Catwoman (lo único destacable de Batman 3) más que por su Fantine.
06:29 PM Sorpresón de la noche. Don Cheadle, mejor actor de comedia por House of Lies, serie que reivindiqué en su momento aquí.
06:36 PM Michael Haneke recibiendo un Globo de Oro de la mano de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone. ¡Ya lo he visto todo! ¡Me puedo morir!
06:37 PM Malcolm Reynolds, señoras y señores
06:39 PM Claire Danes tiene CUATRO Globos de Oro. Y más que le deberían dar. Angela Chase, no te olvidamos nunca.
06:50 PM Brave. No es un premio tan obvio como otros triunfos de Pixar, pero sí igual de justo y merecido.
06:50 PM ¡¡Michael Bluth!! *suspiro*
06:52 PM Lisa Dunham FTW
06:52 PM TOMA. TOMA. TOMA. LENA DUNHAM. TOMA. TOMA. TOMA.
06:53 PM Y ponen a Robyn mientras sube a recoger el premio. Estoy hecho un flan.
06:57 PM El discurso de Lena me ha recordado a mis exposiciones en el instituto. No tenía que haber leído, pero qué más da. ¡Globo para GIRLS ya!
06:59 PM GLENN CLOSE BORRACHA, LA AMA
07:01 PM Admiro a Robert Downey Jr. por estar en todo momento a punto de pasarse de guay pero no hacerlo nunca. Maestro.
07:07 PM Robert Downey, da un par de lecciones a Jodie Foster, que ella sí se está pasando un poco de guay. Entiendo la euforia, pero she’s trying too hard.
07:09 PM Estoy a punto de dar al MUTE. Lo de Jodie Foster está siendo doloroso. Vuelve a regar tus geranios, por favor.
07:22 PM GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS GIRLS
07:27 PM Me encanta Modern Family, pero que Girls haya derrotado a ese monstruo me provoca el éxtasis de Santa Lena
07:33 PM Ya iba siendo hora de que se empezase a reconocer el enorme talento de Hugh Jackman. Enhorabuena.
07:42 PM ¿Puede alguien apartar la mirada de Anne Hathaway abrazando a Amanda Seyfried?
07:51 PM Y Daniel-Day Lewis sube a recoger su premio como el que va a comprar el pan. Enhorabuena.
08:05 PM #WrappingUp: Tina y Amy (ha sabido a poco), los dos premios de GIRLS, Hugh y la Princesa de Genovia. Y Tommy Lee Jones DOES NOT APPROVE.

TODOS LOS PREMIADOS

Televisión

Mejor serie (drama): Homeland
Mejor interpretación femenina en una serie (drama): Claire Danes por Homeland
Mejor interpretación masculina en una serie (drama): Damian Lewis por Homeland
Mejor serie (comedia): Girls
Mejor interpretación femenina en una serie (comedia): Lena Dunham por Girls
Mejor interpretación masculina en una serie (comedia): Don Cheadle por House of Lies
Mejor miniserie o telefilm: Game Change
Mejor interpretación femenina en una miniserie o telefilme: Julianne Moore por Game Change
Mejor interpretación masculina en una miniserie o telefilme: Kevin Costner por Hatfields & McCoys
Mejor interpretación secundaria femenina en una serie, miniserie o telefilm: Maggie Smith por Downton Abbey
Mejor interpretación secundaria masculina en una serie, miniserie o telefilm: Ed Harris por Game Change

Cine

Mejor película (drama): Argo
Mejor interpretación por una actriz en una película (drama): Jessica Chastain por La noche más oscura
Mejor interpretación por un actor en una película (drama): Daniel-Day Lewis por Lincoln
Mejor película (comedia o musical): Los Miserables
Mejor interpretación por una actriz en una película (comedia o musical): Jennifer Lawrence por El lado bueno de las cosas
Mejor interpretación por un actor en una película (comedia o musical): Hugh Jackman por Los miserables
Mejor dirección: Ben Affleck por Argo
Mejor actriz de reparto: Anne Hathaway por Los miserables
Mejor actor de reparto: Christoph Waltz por Django desencadenado
Mejor guion: Quentin Tarantino por Django Unchained
Mejor partitura original: Mychael Danna por La vida de Pi
Mejor canción original: ‘Skyfall’, de Skyfall (compuesta por Adele y Paul Epworth)
Mejor película en lengua extranjera: Amor
Mejor película de animación: Brave
Premio Cecil B. DeMille: Jodie Foster

GIRLS: Un repaso a la primera temporada

Vuelve la serie más adorada y odiada pero sobre todo más comentada de 2012. El estreno que redefinió los términos hype y backlash, e ilustró mejor que nada ni nadie la relación que hay entre ellos. La Lana Del Rey de las series. Vuelve GIRLS. Y lo hace envuelta en una promoción brutal (3 de cada 5 artículos de la New York Magazine son sobre la serie) y tras 9 meses de avasalladora sobreexposición de su creadora, Lena Dunham. Su cambio de look, la inminente publicación su primera novela, sus ensayos en las publicaciones más prestigiosas, lo que le gusta y lo que no (le gusta Taylor Swift, Katy Perry, y no le gustas tú por criticar a estas dos grandes artistas), lo que come o deja de comer, su cuerpo, su mente, su c**o. Todo esto ha sido increíblemente relevante en el mundo del entretenimiento durante el pasado 2012. Lena ha logrado mantenerse en el candelero a base de trabajo constante, pero también de falta de contención, de ensayo y error, y de subírsele peligrosamente a la cabeza eso de que es “la voz de su generación” -que lo es, por supuesto. Recientemente contó a Vanity Fairconcretamente en el número especial de comedia editado por su colega Judd Apatow– lo que ha aprendido de todo esto: “La vanidad y la autocrítica van de la mano. Si se utilizan correctamente, hacen que sigas adelante”; “La gente siempre va a encontrar algo que criticar en tu trabajo. Acostúmbrate a que te pongan los pies en la tierra, a ensordecer el ‘ruido’, a cuestionarte a ti mismo, y a darte cuenta de que uno de cada seis de esos cretinos tendrá razón”. Lena no es humilde, eso está claro, pero lo suyo no es despotismo, nada más lejos de la realidad. Lena está en sus años de formación, y a ver quién es capaz de mantenerse totalmente humilde habiéndose convertido a los 26 en una de las personalidades más influyentes del negocio del espectáculo. A Lena la tenemos hasta en la sopa (¿veremos en 2013 la Lena Dunham edition del crucigrama del Times?), y es así como saltan a la vista los defectos de una persona que se vendió desde el principio como un ser imperfecto pero que nunca se ha culpado a sí misma de nada, y que, de hecho, se comporta como una diva -una de andar por casa. Un proyecto de mujer que, a pesar de no atinar siempre con sus declaraciones y sus bromas, nos ha dado a todos en las narices con la incómoda realidad: lo que no nos gusta de Lena es probablemente lo que menos nos gusta de nosotros mismos.

Antes del estreno de la segunda temporada de GIRLS me gustaría hacer un repaso por los diez episodios que conformaron la primera. De la perfección formal y la elocuencia discursiva del piloto al catártico y conmovedor libre albedrío de la season finale. Diez bloques que dan cuenta del breve pero completo recorrido creativo de Dunham hasta la fecha y que nos presentan a estas cuatro chicas que aun no conocemos bien del todo (ni ellas, claro está), pero de las que estamos deseando saber más.

1×01 Pilot

Entramos de lleno en el mundo de Hannah Horvath. Autoindulgente, autoconsciente e inconsciente, a partes iguales, tan presuntuosa como insegura, una niña de papá que vive el sueño de Nueva York sin habérselo ganado. Hannah es una veinteañera de las afueras con ínfulas de Carrie Bradshaw y una distorsionada percepción de la realidad. Quiere ser escritora, ser la voz de todos los jóvenes de su edad que están en la misma situación que ella (precaria en teoría, viviendo por encima de sus posibilidades en la práctica). Los padres de Hannah se cuestionan la dirección que lleva su hija en la vida y deciden cortar todo tipo de ayuda económica y así dejar de costearle su fantasía burguesa. Hannah se refugia en la situación económica actual y se niega a trabajar en McDonalds porque está sobrecualificada. Por otro lado tenemos a Marnie Michaels (Allison Williams), que trabaja en un museo y es la mejor amiga de Hannah, la supuesta voz de la razón, algo estirada y muy aburrida de su vida, de su novio, y de todo en general. Shoshanna Shapiro (Zosia Mamet), estudiante que representa la fase inmediatamente anterior a la que atraviesa Hannah, universitaria que vive sola en un piso y se pasa el día viendo series y películas en el sofá, y en consecuencia comparando toda su existencia con ellas. Una persona que tiene la vida solucionada desde el principio y que tarde o temprano comprobará que la realidad no es tal y como la pintan en Sexo en Nueva York. Por último está Jessa Johansson (Jemima Kirke), prima de Shoshanna, espíritu libre y bohemio, y a la vez una chica completamente desorientada y a la deriva. Esta es la historia de una generación perdida, no por ser la más preparada cuando menos se la necesita, sino por no estar lo suficientemente preparada para valerse por sí misma en este mundo cruel. Si queréis leer un análisis en profundidad sobre el piloto de GIRLS, os dejo con mi artículo GIRLS: Madame Dunham.

1×02 Vagina Panic

El segundo episodio de GIRLS se sumerge en la controversia sin dar rodeos. En su momento, “Vagina Panic” escandalizó a muchos y sorprendió gratamente a otros tantos por la casi inaudita franqueza con la que se aproxima a la siempre polémica cuestión del aborto en televisión. Marnie planea un ‘día especial’ en una clínica para mujeres: aborto para Jessa y examen vaginal para Hannah. Jessa no se presenta, lo que indigna y enfurece profundamente a Marnie. Hannah le contesta con una de las mejores frases de la primera temporada: “¿Cómo ha podido arruinar esta preciosa fiesta del aborto que le has organizado?” Ella está en la clínica porque se ha enterado de que Adam (Adam Driver), el chico con el que mantiene una extraña pseudo-relación, no es monógamo. Durante el examen, Hannah da rienda suelta a su jodida visión de la vida, como si estuviera en un confesionario, solo que sin bragas y con las piernas abiertas. Su miedo al SIDA proviene de Forrest Gump, pero planteándose la posibilidad de haber contraído el VIH, se da cuenta de que quizás no tenga miedo al virus, sino que en el fondo lo quiera contraer, porque “así nadie te preguntaría si has encontrado trabajo o si has hecho un curso de html”. Entonces, la doctora le dice “eso es una gilipollez muy grande”, y en ese momento es ella la que se convierte en nuestra voz. Hannah, eres imbécil. Por último, pero no por ello menos importante, Shoshanna revela que es virgen, a lo que Marnie responde “No sé qué decir. Una vez atropellé a un cachorro con el coche”. Lena, eres un genio. Y no podemos olvidar que en “Vagina Panic” está la que es quizás una de las mejores escenas de 2012: la épica “We’re the Ladies“.

1×03 All Adventurous Women Do

Muchos de los espectadores más reticentes a GIRLS sucumbieron con este episodio, que profundiza en la amistad entre Hannah y Marnie, desde el comienzo uno de los objetivos principales de Dunham. Sin dejar de lado la sátira y la autocrítica en ningún momento, GIRLS muestra un lado más amable y liviano a pesar de la seriedad de los acontecimientos: Hannah ha adquirido una enfermedad de transmisión sexual (el VIH no, el VPH), pero resulta que no ha sido Adam el que la ha contagiado, así que decide informar a Elijah (Andrew Rannells), su antiguo novio de la universidad. En “All Adventurous Women Do” se alcanza una armonía absoluta entre drama y comedia que se puede comprobar en excelentes escenas como el tórrido encuentro entre Marnie y un arrogante artista, la conversación entre Hannah y Elijah en la que ella descubre que él es gay (“Me largo. Tu padre es gay”) o la secuencia final, en la que Hannah y Marnie bailan al ritmo de “Dancing On My Own” de Robyn. Hannah abraza a Marnie por la espalda y los créditos aparecen. No nos hace falta nada más.

1×04 Hannah’s Diary

El teaser de este episodio muestra claramente la clase de compromiso que Lena Dunham mantiene con su serie. Hannah recibe una foto del pene de Adam por error. Al descubrir que ella no era la destinataria, reacciona mandándole una foto desnuda. Es la primera vez que le vemos los pechos a Dunham, que a partir de aquí no tendrá reparo alguno en volver a enseñarlos, como tampoco en ponerse a ella y sus compañeras de reparto en las situaciones sexuales más bizarras, crudas y en definitiva, más realistas. Con su comportamiento, Hannah muestra un tipo de sumisión que no es sino un mecanismo de defensa. No quiere salir escaldada de una relación por involucrarse más de la cuenta, a pesar de que finalmente comprende que eso es precisamente lo que quiere: tener un novio. Y que este solo se acueste con ella. Hace falta un amago de ruptura para que Adam le haga saber que él también está dispuesto a tener una relación exclusiva con ella. Hannah se muestra por fin tal y como es ante él. Y es entonces cuando ella, y el espectador, comienza a conocer de verdad a Adam. Por otro lado, Shoshanna tiene un encuentro con un antiguo amigo del campamento de verano, Matt (Skylar Astin), con el que se propone perder la virginidad. Todo sale mal cuando Matt descubre que Shoshanna no lo ha hecho nunca y la deja tirada a medias; Jessa se cuestiona el mero sentido de trabajar ahora que hace de niñera: “¿Sabes qué es lo más raro de tener un trabajo? Que tienes que ir todos los días, incluso los que no te apetece“. Hannah también tiene nuevo trabajo, donde su jefe se propasa con las empleadas mostrándose demasiado afectivo, e incluso dándole pellizcos en el culo. Dunham reflexiona así sobre los límites que imponemos a los demás en nuestras vidas privadas y profesionales, lo que es aceptable y lo que no, lo que debería serlo y lo que no. Y hablando de límites, Charlie (Christopher Abbott) y Ray (Alex Karpovsky) encuentran el diario de Hannah, lo leen y convierten una de sus entradas en una canción, “Hannah’s Diary”. Al oírla en directo, con público y sus amigas presentes, Marnie descubre lo que Hannah piensa realmente de ella y de su relación con Charlie: “Marnie tiene que dejar de quejarse y romper con él de una vez. Por supuesto que será doloroso, pero ella ya vive sumida en la agonía, encerrada en la prisión de su bondad”.

1×05 Hard Being Easy

Después de que Charlie rompa con ella, Marnie intenta volver con él, para posteriormente darse cuenta de que la llama se ha apagado y lo único que quería era sentir que controlaba la situación de algún modo (tanto tiempo pensando en dejarlo para que al final sea él el que te deja a ti, qué rabia, tía). Somos transportados mediante un flashback al momento en el que se conocieron, en una fiesta de la universidad, y comprobamos que la relación comenzó con un profundo afecto, que se iban a necesitar el uno al otro; pero también que todo se acaba. “Hard Being Easy” nos muestra a las girls en situaciones en las que su juicio está fuera de servicio. Marnie se arrastra con intención de manipular egoístamente a Charlie, Jessa flirtea con su jefe y acaba tirándose a un chico con novia, y Hannah se plantea llevar a cabo las fantasías que supuestamente tiene su jefe con ella, para a continuación amenazarlo con demandarlo por acoso -“Hannah, apenas posees la capacidad de llegar al trabajo a las 10:00. Y mucho menos de demandar a alguien. No tienes aplicación para poner demandas en el iPhone”. En la escena final, Hannah observa a Adam masturbándose en la cama para a continuación insultarlo y humillarlo al ver que este se excita ante la dominación de una mujer. Dunham abandera el girl power en su forma más radical y justifica el comportamiento de sus personajes femeninos convirtiéndolos en víctimas de los masculinos, poniéndolos en su sitio, o sea, debajo de sus zapatos. Aunque no es todo tan blanco o negro. En este power play nadie es peor o mejor, todos son víctimas y todos son verdugos. Estas chicas no son malas personas, simplemente tienen que vivir de acuerdo una serie de exigencias y convenciones que por lo general no se imponen a los hombres, y esto las lleva a comportarse de manera errática. Con el final de “Hard Being Easy”, Dunham pone a cada uno en su sitio. Girls just wanna have fun. Que se jodan los hombres.

1×06 The Return

El guion “The Return” está co-escrito por Judd Apatow, que le da a todo un aire muy Freaks and Geeks -de hecho estamos en Michigan, donde se ambientaba la serie de Paul Feig. Hannah vuelve a casa de sus padres para celebrar su 30º aniversario de casados. Alejada de la burbuja de Brooklyn, se plantea si fue un error mudarse a la gran ciudad para perseguir su sueño profesional. ¿No sería mejor que todos regresáramos a los barrios y los pueblos donde nos criamos y abandonásemos el sueño de una ciudad que no nos quiere? Hannah experimenta una regresión total a través de una serie de encuentros con antiguos amigos del instituto. También vemos su habitación, que está intacta –los padres de las nuevas series ya no convierten las habitaciones de sus hijos en gimnasios, los tiempos han cambiado. Nos imaginamos cómo fue su vida antes de inventarse a una nueva Hannah. Y conocemos un poco mejor a sus padres -para descubrir que su madre sobreprotege a su niña aun más que su padre. Ellos le proponen la posibilidad de un empleo en el pueblo, pero ella responde implacable “si vais a hacer esto todo el fin de semana, mejor parad”. Pobre Hannah.

Ella tiene una idea muy definida de lo que le gustaría ser en la vida, y opta por buscar su propio camino, a pesar de que las expectativas choquen violentamente con la realidad. Y ellos no son capaces de poner cortapisas a su ilusión, de detener su autoengaño. La fantasía y el espejismo de Nueva York impide ver las verdaderas posibilidades que se le brindan. Ya no se trata de conseguir un trabajo y subsistir, sino de conseguir un trabajo para el que supuestamente nos han preparado, uno a nuestra altura. En efecto, se nos caen los anillos. Nos negamos a que la generación más preparada se tenga que conformar con menos. Menos es digno, pero no es justo. Y ese es el problema de Hannah, y de una parte de su generación. Que se cree mejor que los demás. Una generación que se engaña buscando el grial de la profesionalidad, que persigue lo que ha visto en el cine y la televisión. Queremos ser profesionales y esperamos que nos caiga todo del cielo por haber estudiado una o más carreras. La crisis tiene la culpa, claro, pero en el momento en el que esta se convierte en una excusa, en la única excusa, la culpa deja de ser exclusivamente de ella. “Me preocupa realmente. ¿En qué se convierte una persona como ella?” -se plantea Tad Horvath (Peter Scolari)- “¿En qué momento se dará cuenta de que no va a ser lo que quiere ser de mayor? ¿Y si de repente se despierta un día, con 30 años, y no sabe cómo hacer nada?” Por si fuera poco, estas personas solo son capaces de reconocer este defecto en otros. Como Hannah en su ex amiga del instituto que, al igual que ella, manifiesta grandes aspiraciones artísticas. No oses juzgarme, no me digas cómo tengo que vivir mi vida, pero yo tengo todo el derecho a hacerlo contigo. “¿No crees que se está engañando a sí misma?” -le dice a su ligue del fin de semana- “No bailaba mal si la mides en términos amateur, pero Heather se muda a California para convertirse en bailarina profesional. En teoría debería hacernos sentir mal con nosotros mismos, pero es muy ridículo. Y nadie se lo va a decir. Se va a ir a Los Ángeles, va a vivir en un apartamento de mierda, sola, asustada y triste. Tiene una buena vida aquí. A mí me gustaría tener su vida. Quizás debería mudarme aquí”. A lo que él responde con una oferta de trabajo en la floristería. “Esto… no, yo querría tener un trabajo de verdad, como profesora o algo así”.

Hannah vive en Nueva York. Eso ya es un logro, la convierte en alguien: “Eres de Nueva York” -se dice mirándose al espejo- “por tanto eres interesante por defecto. No es tu responsabilidad llenar los silencios. Lo peor que digas va a sonar mejor que lo mejor que los demás digan”. Hannah se muestra así más vulnerable que nunca. Se pone en evidencia, pero solo ante nosotros. Es en esta escena donde vemos al personaje más desnudo. Los del pueblo la consideran una persona de éxito, y ella actúa como tal, pero en el fondo es perfectamente consciente de su fracaso. Hannah prosigue con la farsa por orgullo, por terquedad, pero también por miedo a decepcionar a sus padres. Hay una posibilidad de que algún día se convierta en la persona que finge ser. Quizás lo mejor que le ha pasado a Hannah es que sus padres le negasen cualquier ayuda económica. La prueba está en que cuando su madre se la ofrece otra vez, esta la rechaza. “Estamos orgullosos de ti”.

1×07 Welcome to Bushwick a.k.a. The Crackcident

Después de un episodio que invita tanto a la reflexión y que engloba uno de los temas principales de GIRLS, “Welcome to Bushwick” nos lleva de regreso a Brooklyn, de hecho hasta el mismo corazón de la escena hipster, Bushwick, la nueva Williamsburg, en un episodio totalmente desenfadado y alocado. La fiesta en la que debes estar si quieres ser/crees que eres alguien es el escenario de las nuevas idas y venidas de Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna. Lo más destacable de “Welcome to Bushwick” es el acontecimiento al que hace referencia el título alternativo del episodio: Shoshanna se coloca de crack y la paranoia se apodera de ella: “Dios mío, no se lo cuentes a mi madre. De hecho, no me lo cuentes a mí. Estoy matriculada en la NYU y acabo de fumar crack”. Bravo, Zosia Mamet. Ray hace de niñera de Shoshanna, lo que lleva a un acercamiento entre ambos -“puedo masajearte la entrepierna de manera no sexual”. Por otro lado, Jessa se encuentra con su jefe en la fiesta y llega a la conclusión de que lo que está haciendo con él es un error cuando se ve a sí misma cargando con el peso muerto de un hombre mucho mayor que ella. Al reconocer al fin su parte de responsabilidad en todo el asunto, pone fin al juego, a lo que él responde con un “eres una calientapollas”. Se veía venir. Marnie conoce a la nueva novia de Charlie y se vuelve a dar cuenta de que ya no come de su mano, lo que le enfurece profundamente. Y por último, Hannah se propone conocer de verdad a Adam (¡que por primera vez se pone una camisa!) cuando, hablando con sus amigos, se da cuenta de que no sabe quién es en absoluto. El trozo de carne con cara de Alfalfa y orejas de soplillo sufre así un interesante proceso de humanización de cara al espectador y da una lección a Hannah, que ha estado tan centrada en sí misma que no se ha preocupado en comunicarse realmente con él. Hannah deja de poseer la única perspectiva de la relación y permite a Adam que se muestre ante ella. “¿Quieres que sea tu novio?”, le dice enfadado. Pues claro, eso es lo que quería todo el tiempo, pero es tan egocéntrica que no era capaz de decírtelo. Liberados del principal lastre que les impedía avanzar, Hannah y Adam se convierten oficialmente en pareja, aunque parezca que se han peleado. La amplia sonrisa de Hannah al final del episodio es un poema.

Casi se me olvidaba: esos créditos iniciales alternativos. ¿No son geniales?

1×08 Weirdos Need Girlfriends Too

Judd Apatow le dijo a Lena que no tuviera miedo al romance, y ella confiesa que es el mejor consejo que le han dado nunca. Este episodio es una comedia romántica en toda regla -una urdida por Apatow, claro está. Se descarga la serie de ese poso de amargura que tan presente ha estado hasta ahora y vemos a Hannah y Adam en la que es la primera fase de un noviazgo: haciendo jogging juntos, comiendo helado (ella, porque a él no le gusta) a dos milímetros el uno del otro, “cuelga tú”, “no tú”, “¡tú!”, pajaritos piando, corazoncitos en los ojos. Pero también una lluvia dorada no deseada en la ducha y una conversación inapropiada y grotesca en la cama: “¿Te habrías follado a mi versión de cuatro años? Dime lo gorda que estabas. Seguro que empezaste a andar y a ir al baño sola muy tarde“. Lo dicho, amor en tiempos de Apatow. Adam se desnuda figurativamente por primera vez. El muro empapelado con la palabra “sorry” aporta las dosis de azúcar necesarias para contrarrestar el cinismo y la crueldad con la que se trata todo el rato a estos personajes. “Weirdos Need Girlfriends Too” explora el juego de las expectativas y de la negociación dentro de una relación. Nos damos cuenta de que Hannah juega según las reglas de Shoshanna -o sea, las de Carrie Bradshaw- y Adam le ayuda a comprender que en una relación se arriesga a que ciertos límites desaparezcan. Este es episodio en el que conocemos definitivamente a Adam, que no es más que otra víctima de sí mismo: “Prefiero no hacer nada el resto de mi vida a que mi nombre esté vinculado a algo mediocre. Tu integridad es lo único que importa”. Es la idea de autoengaño que sobrevuela la serie en todo momento. Sin embargo, tanto él como Hannah viven un momento de lucidez. Él accede a hacer la obra que se negaba a firmar por no estar a su altura y ella se traga su orgullo y acepta un trabajo “mediocre”, como camarera en la cafetería de Ray. Algo es algo. “Weirdos Need Girlfriends Too” también estrecha lazos entre Marnie y Jessa, hasta ahora amigas por aproximación. Marnie está destrozada por Charlie y Jessa la anima a su manera (elogiando su belleza y criticando a Hannah). Las dos se van con un soltero de oro (Chris O’Dowd) a su apartamento y acaban liándose entre ellas. ¿Por qué no?

1×09 Leave Me Alone

El existencialismo se apodera de GIRLS en un episodio que hace recuento de las vidas de sus protagonistas. Es la hora de la verdad. Hannah se defiende como puede en su nuevo trabajo (llega tarde e intenta imponer sus reglas, como no podía ser de otra manera). Shoshanna busca pareja en “la web de contactos más cara”; y Jessa llega por fin a la conclusión de que no sabe hacia dónde se dirige su vida, de que no es la persona que hace unos años pensaba que sería. Y esa es la clave para entender a todos estos personajes. Ninguno es quien quiere ser, quien finge ser. Al final de “Leave Me Alone” asistimos a una fuerte pelea entre Marnie y Hannah. Resulta dolorosamente realista. Reproches, secretos y verdades salen a la luz en una disputa por ver quién de las dos tiene los problemas más graves. La conclusión es la de siempre: Hannah se cree el ombligo del mundo.

1×10 She Did

Tras el agrio final del episodio anterior, las cosas entre Marnie y Hannah se han enfriado, y Hannah se marcha del apartamento que comparten. Cuando una amistad consume a uno o a sus dos miembros, lo más sensato es poner espacio y tiempo de por medio. No es un final, solo un descanso. Para Marnie esto supone la oportunidad definitiva para empezar de nuevo. Ha perdido a su novio, a su mejor amiga, y se empieza a cuestionar seriamente si su visión de la vida es la acertada. Para sorpresa de todos, Jessa se casa con Thomas-John (O’Dowd) y a Marnie le parece genial. Es su manera de despojarse de las cadenas que le impiden disfrutar de la vida. Dejar de juzgar a los demás es el primer paso. Bailar es el segundo. Comer pastel como si no hubiera mañana y besar al primer chico que se le ponga por delante no es más que su evolución natural. La boda de Jessa es una experiencia catártica para Marnie, pero no ocurre lo mismo con Shoshanna, cuyo mayor drama es ir vestida de blanco a una boda (si esto no es una caracterización redonda, ¿qué lo es?), algo que perderá toda su importancia cuando un poco más tarde pierda la virginidad con Ray, después de que este confiese sus sentimientos por ella. Por último, Hannah experimenta un recorrido similar al de Marnie. Una vez ha conseguido lo que llevaba persiguiendo durante meses se da cuenta de que no sabe si es realmente lo que quería. Adam le pide que se vaya a vivir con él, pero ella lo rechaza y le pregunta a su ex si se puede mudar a su apartamento. Marnie tenía razón. Hannah es profundamente egoísta, pero también está aterrorizada. Lógicamente, esto provoca una pelea entre ella y Adam. Hannah utiliza la autocompasión como arma, “Me odio a mí misma más que a nadie”, pero Adam está harto de toda esa mierda. Ella acaba sola en un vagón de metro con un trozo de tarta de boda. Se queda dormida y al despertarse no sabe dónde está. “Estás en el Cielo. Bienvenida al Cielo”, le gritan jocosamente unas chicas que están de fiesta en una azotea. La realidad está ahí fuera, la gente que odia el cinturón que creías que te convertía en alguien único y especial, las vivencias que desafiarán tu perspectiva de la realidad y las falsas expectativas con las que afrontas la vida. Hannah está sola. Y no pasa nada. Le esperan mayores decepciones y alegrías, la cagará mil y una veces más, y todo saldrá bien al final. Hannah se come el trozo de pastel. ¿De verdad importan tanto cinco kilos de más?

The Office: Diario de la novena temporada, Parte II

The Office ha regresado después de las vacaciones de Navidad, con el episodio que hace diez esta temporada. Ya queda poco más de la mitad para el gran final. El nivel ha bajado ligeramente en esta segunda tanda de capítulos, pero la serie sigue manteniendo el tipo sorprendentemente en su noveno año en antena. Episodios como el especial de Navidad o eventos como el regreso de Jan nos transportan directamente a la edad dorada de The Office. Veamos los aciertos y los fallos de los episodios 9×06-10:

 

9×06 “The Boat” (08-11-12)

Mi risómetro coloca este episodio de The Office en la parte baja de lo que llevamos de temporada. Eso sí, me he reído mucho con Kevin. Con ese momento en el que salva a Óscar de ser descubierto por Angela y después reconoce que lo que pasaba era que se le había olvidado completamente que estaba liado con el senador. Classic Kevin. Y con el teaser, claramente inspirado en Lilo & Stitch. Por lo demás, más bien desinspirado todo.

Está claro que se han propuesto convertir a Andy en un capullo integral. Si algo le ha caracterizado siempre es su bondad innata, y por mucho que justifiquen su comportamiento con un drama familiar, es impropio de él y me incomoda mucho verlo así. Erin, ven que te abrace yo antes de que lo haga el Nuevo Jim (me he propuesto no aprenderme su nombre).

Vaticino momento lacrimógeno cuando Angela se entere de lo de su marido y Óscar. Ahora nos estamos divirtiendo a su costa, como siempre, pero si la serie sigue por el camino de las primeras temporadas, como hasta ahora, me veo venir el momento en el que poder congelar el fotograma exacto en el que a Angela se le rompe el corazón. Y no me va a gustar.

No ha habido apenas Pam y Jim en este episodio. Raro teniendo en cuenta que hasta ahora la temporada se ha centrado bastante en ellos. Me parece bien. Estoy volviendo a enamorarme de ellos, y no quiero cansarme otra vez antes de que acabe la serie.

La broma de esta semana a Dwight se les ha ido de las manos. Hasta hubo un momento en el que perdí el hilo (porque perdí interés). Lo mejor de esa trama es haber visto a Nellie tan integrada con sus compañeros de trabajo. Y a Pam tan exaltada participando improvisadamente en la broma como Sondra Mick. Bravo Jenna Fischer.

Que Andy no invite a Erin a pasar con ella las tres semanas en el barco ha sido un golpe duro. A Erin no se le hace daño. NO SE LE HACE DAÑO.

 

9×07 “The Whale” (15-11-12)

Después de dos episodios más bien olvidables, The Office vuelve a brillar esta temporada con “The Whale”, en el que aumenta la interacción entre todos los personajes, y todo sigue desprendiendo un halo muy “primeras temporadas”.

Tanto es así que tenemos a Jan de vuelta. ¿Cuán grande es Jan? La ex de Michael Scott regresa más rara y extrema que nunca. Es ley de vida en The Office. A medida que avanza la serie, los personajes excéntricos se sumen en la locura más absoluta, mientras los “normales” permanecen (cuasi)inmunes a ella. La trama de Jan ha quedado abierta, así que la volveremos a ver esta temporada. Espero oírla cantar de nuevo. Pero esta vez en directo.

Como decía, se potencia la interacción entre los trabajadores de Dunder Mifflin más allá de la oficina. Por primera vez en mucho tiempo, Dwight me ha parecido el gran personaje que fue, o que se supone que fue (yo nunca fui fan de Schrute si os digo la verdad). Mostrarlo dispuesto a ser humanizado por Pam y Phyllis me ha ayudado a reconciliarme con él. Y su escena final con Pam, en la que le dice que cuando se haya ligado a la secretaria de Jan se lo contará “porque eres mi amiga, y eres una mujer” me ha emocionado. Y Dwight nunca me emociona. Quizás tenga que ver el hecho de que Pam se esté confirmando como la “amiga” por excelencia. Su relación con Nellie y Dwight es de lo mejorcito de lo que llevamos de temporada.

Y luego están Angela y Oscar. Hasta ahora su trama se había reducido a breves encuentros y desencuentros con el senador, para jugar con la complicidad del espectador que conoce un secreto. Pero al final del episodio, Angela descubre la verdad. Y su rostro es un poema. ¿Habrá drama verdadero en el próximo episodio de The Office?

Toby, Toby, Toby. “Sonría si le gustan las próstatas”. ¿QUÉ es Toby?

Nuevo paso en la inminente ruptura de Andy y Erin y emparejamiento de esta con Nuevo Jim: Nuevo Jim se afeita el bigote porque Erin casi vomita cuando lo ve. A la mierda el cáncer de próstata. Y mientras, Andy se transforma en langosta ante la mirada de disgusto de Erin, que es más o menos la misma que le dedica al bigote de Nuevo Jim. Y yo me pregunto ¿se sorprenderá alguien cuando terminen su relación? ¿Dirá alguien “ah, ¿pero es que estabais juntos?”

 

9×08 “The Target” (29-11-12)

Me gusta cómo después de nueve años, hay amistades y relaciones en The Office que no han sido del todo exploradas. Cuando se tiene un elenco tan amplio y la mayoría de episodios se centran en un puñado de personajes fijos (Jim/Pam, Andy, Dwight), quedan por conocer a todas esas personas aburridas y fascinantes a partes iguales que juegan al Solitario, hacen punto o duermen la siesta detrás de sus mesas.

En este excelente episodio Jim interactúa con Stanley y Phyllis, con una conclusión emotiva: aunque no se lo demuestren a diario, estas dos personas sienten mucho aprecio por Jim y su mujer Pam. Ambos son grandes secundarios, y lo demuestran cada vez que tienen un segundo y medio de pantalla a la semana. Ha sido muy grande ver a Phyllis borracha preguntando si sus manos son sus manos o arrancando una botella de vino decorativa del restaurante. Podríamos decir que estos personajes están desaprovechados, pero para nada sería cierto. Sus presencias están dosificadas de la mejor manera posible.

Y la relación en la que más se profundiza esta semana es por supuesto la de Angela y Oscar. Angela está devastada al descubrir que la persona que creía que era su amigo le ha traicionado de la manera más ruin. Ha sido muy bonito (ya me entendéis) ver a Angela tan enfadada y decepcionada, pero sobre todo ha sido triste, como yo esperaba. Entonces entra Dwight, que confunde aun más a la menuda rubia al recordarle que ella fue la primera adúltera (Dwight, en qué clase de héroe te estás convirtiendo). Hacía tiempo que yo quería un acercamiento de estos dos (Dwight llama “monkey” a Angela mientras la consuela). Es el momento idóneo, ahora que todo está terminando, que se hace necesario el cierre de ciclo y que la serie está recuperando gran parte de su esplendor. La extraña pareja brilla en este episodio. Varios diálogos que me han parecido magníficos dentro de un episodio con un nivel muy bueno en general:

Angela: I don’t know what you’re talking about.
Dwight: Your nostrils tell a different story.

Angela: I feel so stupid.
Dwight: You’re not stupid. Jazz is stupid.
Angela (llorando): Jazz is stupid! I mean, just play the right notes!

Y por supuesto, el final, con los dos personajes interrogando a Toby sobre la homosexualidad (y sin que sus preguntas nos pillen por sorpresa):

Dwight: Where does gayness come from and how is it transmitted?
Angela: What is it called when two men intertwine their penises, like the snakes on the medic-alert bracelet? Is it called “red-vining”? People red-vine?
Dwight: Where are gay men’s vaginas? When two gay men have sex, how do they know whose penis will open up to accept the other person’s penis?

Muchos abrazos y achuchones en este capítulo ♥ Jim a Phyllis y Stanley, Kevin a Pam, Angela y Dwight.

Otros grandes momentos de “The Target”: Los pensamientos negativos de Creed. La bonita conclusión del episodio que nos brinda Pam, cuando se anima por fin a pintar el mural, sin importar lo que piensen los demás (quiero ver a Hide más), y sin miedo a los errores (como harían Creed y Meredith, sus nuevos modelos a imitar).

Es oficial: Erin ya está enamorada hasta las trancas de Nuevo Jim.

Un último diálogo para enmarcar:

Meredith: You couldn’t even poop on a butterfly.
Pam: No, I wouldn’t. And I can’t even relate to that impulse.

 

9×09 “Dwight Christmas” (06-12-12)

Segundo episodio consecutivo de esta temporada de The Office en el que acabo llorando. Desde que Pam se despide de Jim en el taxi, hasta que vuelve y Dwight le da un abrazo, lo he visto todo muy emborronado. Dwight mirando por la ventana enfadado y decepcionado por el padre que deja a su mujer y a su hijo solos el día de Navidad por culpa del trabajo me parecido un detalle precioso. Y no vamos ni por la mitad de la temporada. Cuando llegue el momento de despedir a estos personajes, y cuando llegue la escena en la que Jim y Dwight se demuestren su profundo cariño a pesar de todo, me voy a deshidratar. Qué bien lo que están haciendo con Dwight esta temporada, ¿eh? Y bueno, con todo.

Acercamiento casi definitivo de Erin y Nuevo Jim. El subnormal de Andy ha decidido quedarse más semanas descubriéndose a sí mismo (gracias en parte a Life of Pi), o sea, dejando tirada a Erin más tiempo. Adoro lo bipolar que es Erin, y me encanta (e incomoda) ver cómo habla a Nuevo Jim cuando recibe noticias de Andy. No puede contener la ira y pierde las formas (si es que algunas tuviere). Me parece un rasgo muy auténtico y muy coherente con el personaje.

Pensadlo, este ha sido el último episodio de Navidad de The Office, y el último capítulo festivo. Y sí, ha estado definitivamente a la altura de los mejores. Echaré enormemente de menos estos episodios, el party planning commitee y los piques entre Phyllis, Angela y Pam, Meredith desatada (más de lo normal), el profundo amor de Stanley y Kevin por la comida (el berrinche de Kevin ante la idea de los minicupcakes, genial), y sobre todo el conmovedor empeño de Dwight por imponer sus extrañas tradiciones festivas.

Por último, el beso de Nellie a Toby. ¿Por qué no?

 

9×10 “Lice” (10-01-13)

El primer episodio de The Office después del parón navideño ha sido uno de esos que, a pesar de un par de buenos momentos, es mejor olvidar. Ni las escenas graciosas han sido lo suficientemente graciosas, ni las bonitas lo suficientemente emotivas. Y el problema principal de “Lice” es su argumento principal: los trabajadores de Dunder Mifflin pillan piojos… De acuerdo, da para un par de buenos gags. Meredith y Creed tienen sus momentos de gloria gracias a una trama que les viene al pelo (pun intended). Y Pam protagoniza una escena entrañable de conexión amistosa con Meredith que no llega a tocar tanto como las que ha tenido últimamente con Nellie, pero que está bien igualmente. Lo que está claro es que Pam se está revelando definitivamente como el nexo de unión entre todos los compañeros de la oficina. El corazón de Dunder Mifflin.

¿Soy yo o el teaser de este episodio es el más anodino y estúpido en mucho tiempo? Jim se muerde el labio tres veces. Ya está. En serio, no hay más. Esperaba un chiste o un giro absurdo, pero no, Jim se muerde el labio tres veces. Y no hay más. Hay que esforzarse un poco más, ¿no?

Darryl y Val. ¿Me podrían interesar menos esos dos? NO.

Venga, vale, he decidido aprenderme el nombre de Nuevo Jim. Llamadlo propósito de año nuevo si queréis. Y el caso es que no va a ser difícil después de todo. Es tocayo mío. A lo que iba, Pete se quita la camisa y a Erin se le caen las bragas. Estamos a uno, o como mucho dos episodios del beso. ¿Volverá a tiempo Andy para pillarlos in fraganti?

Mis momentos favoritos de “Lice”: Nellie diciendo que Brandy le ayudó a superar su ruptura, “la cantante, no el licor”; Dwight dejando caer la bomba de gas en la oficina; y este diálogo entre Meredith y Angela: -“Take a picture, it’ll last longer” – “We don’t want it to last longer. It’s horrible”.

Y para terminar, una curiosidad: en la última imagen de los créditos ya no aparece Andy, sino Pam y Jim besándose.

Bunheads: Talk, talk, talk, talk, talk

Cinco años después del final de Las chicas Gilmore, Amy Sherman-Palladino (ahora sin el “Palladino”, pero dejad que me acostumbre) se las ha arreglado para devolver su creación a la televisión. ¿Cómo? Clonándola y ofrefiéndola como una nueva serie. No es ningún secreto que Bunheads es un calco de Gilmore Girls en todos los sentidos. La guionista traslada a sus personajes de las estrellas al paraíso, de Stars Hollow a Paradise, otro pequeño y entrañable pueblo repleto de personalidades excéntricas y peculiares, esta vez al sur de California. Solo hace falta pasearse por Paradise durante un par de minutos para sentirse como en casa. Lo único que se echa en falta es aquella icónica glorieta en el centro del pueblo. Por lo demás, todo sigue intacto.

En esta ocasión, la acción principal se traslada a la escuela de ballet, regentada por Madame Fanny, que no es otra que Kelly Bishop haciendo de nuevo de Emily Gilmore. A pesar de los esfuerzos -más bien escasos- por dotar a este nuevo personaje de un pasado bohemio alejado de Emily -y más cercano a la propia Bishop-, el carácter de Fanny no dista en absoluto del de la abuela de Rory. Y para potenciar esta personalidad aun más entra en escena Michelle Simms, la protagonista oficial de Bunheads, bailarina de Las Vegas a la que se le empieza a pasar el arroz, una Lorelai Gilmore (mucho más irritante, ¿quién lo iba a decir?) que viene a ocupar el puesto de hija-muy-a-su-pesar de Fanny después de casarse con el hijo de esta. Sin apenas disimularlo, Amy repite la dinámica Emily-Lorelai. Pero Michelle es aun más incontrolable e impredecible que el personaje interpretado por Lauren Graham. Y mucho más insufrible. Está interpretada por Sutton Foster, actriz de teatro incapaz de dominar sus excesivos mohínes, algo que sin embargo encaja a la perfección en el artificioso estilo de la Palladino, y que contribuye a resaltar su incapacidad para controlar el pulso de la comedia.

Tanto Michelle como las cuatro adolescentes a las que acaba dando clase en la escuela de ballet de Madame Fanny después de la repentina muerte de su nuevo marido, y como casi todos los habitantes de Paradise, hablan a razón de 10 palabras por segundo. Ese vicio incontrolable de la creadora de la serie pone de nuevo en evidencia a una guionista con graves problemas de contención y, por qué no decirlo, de falta de humildad. La proporción de chistes o one-liners por segundo o los eternos diálogos on cue (los personajes esperan turnos para intervenir, como si no estuvieran escuchando a su interlocutor en ningún momento) son los recursos básicos de una escritora que prefiere la cantidad a la calidad, porque entre tanto diálogo, algo verdaderamente divertido habrá, ¿no? O quizás lo que le ocurre es que de verdad cree que todo lo que se le pasa por la cabeza es digno de acabar en las páginas del guion. Si habéis visto a Amy en alguna entrevista (pobrecitos), os inclinaréis a pensar esto último.

Bunheads no atina siempre con la comedia, pero sí lo hace a la hora de establecer ese poderoso vínculo entre personajes, y entre estos y el espectador, que es lo que hacía de Las chicas Gilmore una serie tremendamente disfrutable a pesar de sus imperfecciones. Y esa es la razón principal por la que, a pesar de todos los inconvenientes que encuentro a la serie, regreso siempre a Paradise, y cuando la dejo me quedo con ganas de más. Esa extraña adicción tiene que ver también con el hecho de que no hay un solo minuto aburrido en ellaQuizás, después de todo, a Amy le funciona su técnica. Al no dejar respirar a sus personajes, o parpadear a sus espectadores, se genera una especie de efecto hipnotizante o de contrato vinculante que nos impide apartar la mirada de la pantalla. Lo cierto es que la serie siempre compensa sus defectos con pequeños momentos que pillan desprevenido al más reticente (o sea, a mí). Sirva de ejemplo el final de “You Wanna See Something?”, el episodio con el que Bunheads ha regresado esta semana después de un largo parón, para continuar la primera temporada donde la dejó: los personajes vuelven más irritantes si cabe (Michelle y el hummus, Fanny y el martini, las cuatro bailarinas aun por definir, y sobre todo, la madre de Boo embarazada, insoportable mash-up de Lorelai y Sookie). Cuarenta minutos de talk, talk, talk, talk, la restauración de la normalidad después del cambio, y después de eso, dos escenas finales con las que lloro y me río con apenas un minuto de separación. Se me cae una lagrimilla con la reacción de Sasha al ver a Michelle, y me río con la coreografía de Fanny al ritmo del vídeo de YouTube (¿cuántas series han usado ya ese recurso cómico?) Lo tengo claro, Bunheads es mi nueva serie odiada favorita. Y yo me odio un poco a mí mismo, porque siempre quiero más. Amy Sherman es el diablo.