The Good Wife: impresiones de un neófito

Normalmente espero a terminar una serie por completo o a ponerme al día con su emisión original para escribir sobre ella en el blog. Me gusta tener una visión lo más global posible antes de aventurarme a analizar, realizar teorías sobre los personajes o intentar adivinar hacia dónde van las tramas. He decidido aprovechar estas vacaciones de Navidad para empezar algunas series que llevo ya varios años admirando sin haberlas visto. Me explico. Cosas como Raising Hope, que va ya por su tercera temporada, y de la que había visto (con mucho gusto) un par de episodios sueltos. O Los Tudor, una de esas series que siempre quise ver y fui dejando aparcadas por culpa del abrumador superávit de series al año. Sabía que ambas me gustarían, pero prefería ‘quitarme de en medio’ otras antes de iniciar nuevas aventuras seriéfilas. The Good Wife es sin duda una de las series que más he seguido sin haber visto un solo episodio. Siempre al tanto de sus audiencias, de su recepción crítica y del fervor de su público, tenía pensado comenzar a verla hace dos años. Por una cosa o por otra, no ha sido hasta hace una semana cuando he visto por fin el piloto. Y en apenas 5 días he devorado los 23 episodios de la primera temporada. Buena señal, teniendo en cuenta que ni las series de abogados ni los procedimentales son mi plato televisivo favorito. Y por eso he decidido no esperar hasta haber llegado a su actual cuarta temporada para contaros mis impresiones sobre la serie de CBS. Inauguro de esta manera una sección que he bautizado ‘A mi ritmo’, y en la que os hablaré de las series desde el punto de vista del iniciado, para que vosotros, desde el futuro, me podáis decir cosas como “pues ya verás cuando vayas por la tercera” o “si no te gusta ahora más te vale dejarla ya”.

A primera vista, The Good Wife no es más que un drama legal al uso. A pesar de los excelentemente caracterizados personajes y sus interesantes relaciones -interpersonales y con el mundo-, se autodefine desde el piloto como serie de abogados y de casos por semana. Sin embargo, viendo making ofs y documentales sobre estos primeros episodios, tanto equipo como reparto insisten en que si la serie se titula The Good Wife, y no The Good Lawyer, es porque no se trata de la historia de una abogada, sino del viaje personal de una mujer. Esto es cierto a medias. Episodio a episodio, caso a caso, puedo reconocer esa odisea personal de la apasionante Alicia Florrick, pero The Good Wife es, eminentemente, una serie sobre un bufet de abogados, al menos en su primera temporada (ya sabéis, si me vais a hablar de las siguientes, no spoilers!). Por supuesto, se ve claramente esa intención de adentrarse mucho más en las psiques de los personajes y en las relaciones entre abogados. Ya sea a través de la trama central que involucra el escándalo con el marido de Alicia, o su cada vez mayor implicación con sus jefes y compañeros de trabajo, The Good Wife va dedicando progresivamente más tiempo a las historias de los personajes. Y así es como este tipo de series pasan de “serie para madres” (con mi respeto a todas las madres) a serie adscrita por derecho propio a la quality television. De hecho, esto no es más que el resultado de la evolución natural de cualquier serie de corte profesional. No obstante, es difícil que un producto como este, en los tiempos que corren para la ficción catódica en abierto, sea equiparado en cuanto a aceptación crítica y favor del público más exigente, con las ofertas privadas. Y The Good Wife lo consigue de sobra.

The Good Wife es una serie de miradas -un género en sí mismo. Esto es para mí lo más destacable de su primera temporada. Una tanda de episodios que no solo constituye una gran mayoría de casos absorbentes e historias episódicas magníficamente ejecutadas -como en la época dorada de House-, sino que va poniendo con tiento, delicadeza y muy buen gusto los cimientos de esas relaciones entre personajes. The Good Wife puede alardear de contar con algunas de las miradas más elocuentes de la televisión. Es difícil encontrar una serie de estas características que no se empeñe en articular todo en palabras. La verborrea se deja para el juzgado, y para explorar a los personajes más en profundidad se opta por la sutilidad de un silencio increíblemente ubicuo, una boca que se entreabre pero se retracta a tiempo y nos deja a nosotros la tarea de adivinar qué se está pensando, o la mirada furtiva que nos da a conocer en una milésima de segundo todo el discurso completo que se pasa por la mente del personaje. Si tuviera que elegir mis citas favoritas de la serie, me sería imposible reproducirlas. Todas serían miradas.

Julianna Margulies tiene en gran parte la culpa de que The Good Wife sea considerada algo más que una serie de abogados. Su Alicia Florrick es por supuesto el alma de la serie, un personaje extremadamente rico y complejo, a ratos impredecible, un cruce entre cordero y león, profesional y novata a la misma vez. Margulies realiza un impecable trabajo construyendo a un personaje tan cautivador y enigmático, y lo hace principalmente a través de la mirada del otro. Durante la primera temporada, Alicia observa y aprende, pero sobre todo aguanta, es víctima del juicio popular y las habladurías, pasa a segundo plano cuando su marido entra en escena, ya sea físicamente o en una conversación con un extraño que cree conocerla perfectamente. Y apenas reacciona. De esta manera, el espectador no puede evitar ponerse en su piel y es casi en primera persona como llegamos a conocerla en profundidad. Ella es The Good Wife, The Good Lawyer y The Good Woman. Pero claro, como no puede ser de otra manera en una serie de estas características, el elenco que acompaña a la protagonista está repleto de personalidades particulares y llamativas, conformando un universo en el que si no te diferencias de los demás, no eres nadie. En definitiva, un paisaje puramente televisivo. De entre todos ellos, estoy deseando conocer mejor a los socios del bufet, Diane (excelente Christine Baranski) y Will (Josh Charles), que además aporta el tan socorrido componente romántico y la tensión sexual. Y no, no soy fan de Kalinda. Pero no me cierro a ello. Nunca tuve debilidad por los personajes tipo badass hermético e indescifrable. Me resultan precisamente los más precedibles y aburridos. Yo soy más duro de pelar que ella, y por ahora no ha atravesado mi coraza.

Desde el mismo piloto se nos introduce en una dinámica a la que hay que estar dispuesto a entrar si se quiere ser recompensado. No debería ser así. No deberíamos tener que pagar horas de procedimentalismo (en caso de no ser fan del género, como me ocurre a mí), por unos cuantos minutos de lo esencial a cambio. Pero es televisión en abierto. Y al menos, con la primera temporada de The Good Wife he tenido la suerte de que ‘el caso de la semana’ ha sido por lo general bastante jugoso, y el desarrollo de cada investigación muy adictivo. Tengo mis reservas, pero por ahora yo me quedo. Todo sea por una mirada de Alicia.

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Comentarios (3)

 

  1. Juan Naranjo dice:

    “La verborrea se deja para el juzgado, y para explorar a los personajes más en profundidad se opta por la sutilidad de un silencio increíblemente ubicuo, una boca que se entreabre pero se retracta a tiempo y nos deja a nosotros la tarea de adivinar qué se está pensando, o la mirada furtiva que nos da a conocer en una milésima de segundo todo el discurso completo que se pasa por la mente del personaje”.

    Lo has clavado, Pedro. Espero que la sigas viendo, y que nos cuentes tus impresiones de las siguientes temporadas y de la evolución de los personajes. Yo, particularmente, tengo debilidad por Diane.

  2. Como no se te puede decir casi nada solo un par de cosas: la serie mantiene nivel y en algunas cosas, como los casos, mejora. Hay casos que son auténticas delicias y además actuales. Y lo otro es que Diane crece mucho,sobre todo en la tercera temporada, y es un auténtico gustazo.En cuanto le dan algo de espacio se come al resto con patatas.Es muy grande

  3. Sonia dice:

    Guapo, cuando veas la segunda temporada estarás irremediablemente perdido por Kalinda y Eli, ya no tanto por Alicia.

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