Sons of Anarchy: secretos y mentiras

Bobby: Has tenido una oportunidad de ser diferente.
Jax: Quizás no sea tan diferente.

Se suele decir que la quinta temporada de una serie es la de mayor inflexión, en la que los defectos del producto se hacen más evidentes, el cansancio se apodera de la historia y la repetición se convierte en norma (¿cuántos montajes musicales al final de cada episodio puede uno aguantar?). Sons of Anarchy ha finalizado su quinta entrega mostrando estos preocupantes síntomas. Sin embargo, se las ha apañado para hacer lo que hace siempre: enganchar con una gran trama de mil y una ramificaciones que fluye sin dar tregua al espectador y escarba en todos sus recovecos narrativos pasados para no dejar ningún cabo suelto. Con todo, la serie de Kurt Sutter necesita revitalizarse. Sus personajes siguen siendo de los más interesantes del panorama catódico actual, pero sus circunstancias comienzan a clonarse, y en consecuencia, a cansar. “J’ai Obtenu Cette”, la season finale, debería haber reorientado la historia, pero en lugar de eso, la resetea una vez más, como si Charming fuera la mansión de El Ángel Exterminador y sus habitantes no pudieran escapar de ella. Para la sexta temporada esperad más de lo mismo.

Jax Teller ha sido el protagonista absoluto de esta temporada. En las cuatro entregas anteriores lo vimos crecer, convertirse en un hombre. Como diría Shirley Bassey, la historia se repite. Siempre. La de Jax Teller es la historia de John Teller. Una reescritura más o menos fiel por parte de su hijo, que después de seguir los pasos de papá e intentar sacar al club del tráfico de armas (y ya de paso del de drogas), se da cuenta de que tiene dos opciones: seguir siendo su padre y sufrir el mismo destino que él, o entregarse al lado oscuro y convertirse en Clay Morrow. Inicialmente, su idealismo parece llevar a SAMCRO hacia una edad dorada cimentada en los valores de John Teller: “Estoy harto de ser aplastado por el peso de hombres avariciosos que no creen en nada” / “Hoy voy a ser el hombre que mi padre intentó ser. Hoy os voy a hacer sentir orgullosos”. Sin embargo, Jax lo tiene difícil para cumplir su promesa. El asiento del presidente acaba corrompiéndolo. Jax se convierte en un personaje profundamente dual. No abandona del todo su empresa de redefinir los parámetros del club, pero se ve forzado a actuar de manera implacable, por el bien de los suyos y del club. Jax comienza a matar sin contemplaciones, cruel y vehemente, se lleva por delante a todo aquel que le estorba, a todo el que ponga en peligro a su familia, o sus planes. “Opie tenía razón, el mazo corrompe. No puedes sentarte en esta silla sin convertirte en un salvaje”, reconoce en “Darcy” (5.12) después de amenazar a la madre de su primer hijo, Wendy, y clavarle una jeringuilla. Antes de esta epifanía, lo habíamos visto en “Ablation” (5.08) asesinando a sangre fría a un chaval negro ante la mirada perpleja de sus compañeros moteros. Dos episodios más tarde, en “Crucifixed”, hacía lo mismo, pero en lugar de ser el verdugo, ordena a Chibs ejecutar a la víctima. “¿Quién coño eres tú?”, le preguntan.

‘¿Quién es Jax Teller?’ es efectivamente la cuestión que mejor resume esta temporada. En cierto modo podríamos decir que Charlie Hunnam es Jax Teller. El viaje del personaje es el viaje del actor. El joven intéprete de Newcastle ha declarado recientemente que las dos primeras temporadas de Sons of Anarchy fueron para él un campo de pruebas. La carga dramática y la tensión que desprende su personaje provenían principalmente de su preocupación por el acento. Charlie estaba incómodo y no fue hasta la tercera temporada cuando se convirtió realmente en Jax. A partir de entonces, hemos visto cómo el actor se ha mimetizado con el personaje al que da vida. Lo de Hunnam en la quinta temporada ha sido verdaderamente meritorio (y también ha dado algo de miedo). Hemos sido capaces de sentir el asco y el odio extremo que ha dominado al personaje, lo hemos visto en su mirada y en sus muecas. Era real. Y hemos compartido con él su lucha y la frustración que esta conlleva. Hunnam haría sentir muy orgulloso a Stanislavski.

Y no solo Jax ha alcanzado una fase definitiva e irreversible en su transformación. Tara ha evolucionado al compás. “I’m an old woman and I’m protecting my man” (5.09). Quizás de manera más evidente y forzada, la mujer de Jax se ha convertido en la mujer de John. Hemos visto a Tara coger el cigarro como lo hace Gemma. Por el amor de Dios, hasta se puso mechas en un episodio (discretas, pero mechas al fin y al cabo). Tara lleva varias temporadas mutando en old lady, sacrificando su personalidad, o más bien redefiniéndola, por adoptar el exigente papel que ha elegido. Como Jax, Tara roza la corrupción y pierde el control sobre sí misma: la vemos despertar a Thomas pisando el piano de juguete con una mirada fría, impasible, como si estuviera vacía, y más tarde asistimos a un episodio oscuro en su historia, cuando se masturba pensando en su encuentro con Otto Delaney en la cárcel, perfume de Luann mediante (con olor a semen y patchouli). Tara entra en contacto directo con su yo más terrorífico. Pero es el precio a pagar. Los gajes del oficio.

Sin embargo, lo de la nueva esposa de Jax Teller no es nada comparado con la espiral de autodestrucción en la que se sume Gemma esta temporada. “Creo que nuestra madre está un poco perdida” (Chibs, “Crucifixed). La reina de SAMCRO se entrega por completo a la mala vida sin ningún tipo de control (como el que, paradójicamente, le proporcionaba su marido y maltratador Clay). Drogas, sexo y rock’n’roll. Y un nuevo amor, interpretado por un adorable Jimmy Smits. A Jax no le hace gracia nada de esto, especialmente cuando pone en peligro a sus hijos. Es por ello que inicia una desagradable dinámica con su madre basada en la autoridad y la superioridad. El cachorro se convierte en el rey de la manada, y hasta su madre tiene que doblegarse y mostrarse mansa ante él. Jax la utiliza como herramienta contra Clay, obligándole a volver con él. Es el castigo que le impone desde su endiosada posición. “¿Y qué pasa si no puedo estar con él?”, le pregunta Gemma. A lo que él responde “Estarás con él, te acostarás con él”. Hace dos temporadas Gemma le habría cruzado la cara. Ahora es él quien manda.

Clay se ha mantenido al margen, viviendo su discreta y (siempre) falsa historia personal de redención. Hasta ha reforzado su relación con un miembro del club, el “inocente” Juice. Lo de estos dos esta temporada ha sido un romance en toda regla. Qué manera de acercarse el uno al otro. Cuánto amor. Pero como siempre, y como todos, Clay sigue mintiendo. Y esa es la verdadera protagonista de Sons of Anarchy. La mentira. Ocultar información, engaños y manipulaciones, dolorosos secretos, y el pasado que vuelve a moder a todos en el culo. Según Clay, la verdad no beneficia a “la mesa”. La solución no es destapar lo que se ha hecho ante el club, sino confesarlo a uno de sus miembros, compartir ese secreto con un colega, para reforzar un vínculo y crear una amistad más profunda, como la suya con Juice. Los secretos definen a estos personajes, sus interacciones y sus destinos. Todos ocultan algo a alguien, todos creen poder vivir con la verdad que solo ellos conocen, a pesar de que la experiencia les debería hacer pensar lo contrario. Pero Clay tiene razón en algo, compartirlos establece alianzas y genera lealtad, algo que el espectador aprecia porque permite conocer mejor a los personajes y estrecha su propio vínculo con ellos. No obstante, estos secretos complican todo, y por ello precisamente son la base de esta enrevesada historia. En una comunidad tan férrea y unida, en la que los “te quiero” salen sin esfuerzo (solo los machos lo dicen tantas veces), y se valora la honradez dentro de un “código“, todas las relaciones están lastradas por la mentira y la traición. En última instancia, los secretos sirven a Jax para elaborar su plan maestro y poner a Clay Morrow en el punto de mira por todos sus crímenes pasados. ¿Hay salvación para Jax Teller ahora que se ha deshecho de Clay o por el contrario acabará sustituyéndolo definitivamente? “No se trata de mí. Es esa silla”, que le habría dicho su padrastro.

La quinta temporada de Sons of Anarchy ha concluido dejando claras dos cosas: en primer lugar, que no pretende (o no puede) cambiar -terminamos con la vieja cantinela de Gemma “No te vas a llevar a mis niños a ninguna parte” y con otro personaje en la cárcel, esta vez Tara, que no pasará mucho tiempo en el trullo; y en segundo, que es una de las series más violentas de la televisión. Muertes cada vez más brutales y sangrientas (aquí nadie está a salvo, que se lo digan a Opie), planos diseñados meticulosamente para que el espectador vea todo de la manera más gráfica posible, sesos por todas partes, auto-mutilaciones (¡Otto, por Dios! ¿Qué haces?! ¡Mi lengua!). Y después de todo eso, los personajes se escandalizan al ver una pila de perros muertos después de un círculo de peleas clandestinas. “Esto está muy mal”, dice Tig conmocionado. Tiene su gracia, ¿no?

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Comentarios (3)

 

  1. jorge dice:

    men de acuerdo con todo o bueno con casi todo, creo tener la explicacion para lo de los perros, como pudiste ver el unico que se escandalizo fue tig, creo q es por q el unico amor de su vida fue una perra (incluso creo que peleo con kozik por ello), creo q en la proxima temporada nos contaran esa historia, al final puedes ver a tig muy encariñado con la perrita, asi que creo que es por el asunto con kozik, en la sexta temporada lo veremos 😉

    • tavo dice:

      Completamente de acuerdo con lo que dice Jorge sobre tu análisis. El unico amor que tuvo Tig fue una perra, como el lo dijo despues de una de tantas peleas con kozik. Al final del capitulo se ve cuando saca la foto, enclareciendolo todo al verlo a el con su perra. Tig tiene mucha tolerancia a muchas cosas, pero parece que cuando se trata de perros o lealtad al club se sale de sus casillas.

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