Liz & Dick: el crepúsculo de una diosa

Richard: You’re a star.
Elisabeth: I’m a joke.

Lindsay Lohan está triste. ¿Por qué llora Lindsay Lohan? Muy sencillo, porque la vida le trata muy mal, mucho peor de lo que se merece. De acuerdo que ella no se ha portado del todo bien con la vida, pero es injusto que esta le ponga las cosas tan difíciles, sobre todo ahora que ha decidido ser una niña buena. Liz & Dick, la TV Movie de Lifetime sobre la relación entre Elisabeth Taylor y Richard Burton estaba llamada a ser el gran comeback de LiLo, pero la audiencia la ha ignorado y la crítica la ha despellejado salvajemente. No ha podido ser, y Lindsay no levanta cabeza. Está devastada y vuelve a adentrarse en su espiral de autodestrucción. Acaba de declarar que no va a ingresar en rehabilitación, no, no, no (después de una desafortunada trifulca en un pub). Y yo, sinceramente, no creo que lo necesite. Lo que le hace falta es trabajar más. ¿Una serie quizás? Un vehículo de lucimiento y autoparodia al estilo de Episodes o The Comeback sería lo ideal. Liz & Dick es la prueba de que la protagonista de Tú a Londres y yo a California puede devolver algo de estabilidad a su vida. Sus horas de servicio a la comunidad deberían ser horas en el set de rodaje. Así es como se evitaría todo el daño, propio y ajeno. Ahora solo necesita un par de oportunidades más. Si Rihanna se la ha dado a Chris Brown, ¿quiénes somos nosotros para negárselas a Lindsay?

Creedme, lo peor de Liz & Dick no es Lindsay Lohan. Es más, todos los aspectos técnicos y artísticos del telefilm están tan sumamente descuidados que la interpretación de Lohan acaba por diluirse en un festival de cromas horrendos y caracterizaciones que ni un disfraz de Halloween -con el maquillaje para envejecer a Lindsay ni se molestan, total, nos creemos que tenga 40 años, y 50, y los que hagan falta. Todo está aderezado además por una banda sonora que bien podría ser un plagio de la de Beethoven (sí, la del san bernardo). Pero lo más lamentable es sin lugar a dudas un guion inexistente que se limita a verter datos cronológicos sin enjundia y anécdotas, y que no se esfuerza por dar algo de vida a estos dos interesantísimos personajes públicos. Por el título de la película y los magníficos adelantos, cabía esperar más casquería, más caspa, más humor involuntario, pero ha quedado todo en agua de borrajas. Algunas críticas previas al estreno comparaban Liz & Dick con un sketch de Saturday Night Live y aseguraban que era la película ideal para ver con su correspondiente juego de chupitos. Nada más lejos de la realidad. Mira que yo empecé ilusionado con una copa de Martini, pero desistí enseguida. Liz & Dick es tan plana, tan políticamente correcta y tan poco extrema que ni apetece emborracharse viéndola. Solo Sophia Loren tendría derecho a quejarse (y a emborracharse).

“I’m bored! I’m so bored!” -Elisabeth Taylor

No voy a negar que hubo momentos en los que pensé que efectivamente estaba viendo una parodia made in NBC. Los pantallazos de la fontana di Trevi o la Piazza di Spagna o la inesperada aparición de Creed Bratton (Creed de The Office) me descolocaron un poco. Sin embargo eso fue todo. La locura no llega a cuajar en ningún momento, y el ridículo es simplemente moderado. Es más, a medida que el metraje avanzaba empecé a tomarme Liz & Dick más en serio de lo que yo jamás hubiera esperado. Y la culpa de todo es de Lindsay. Oh mi Lindsay. Durante la primera mitad de la película, la superestrella de 26 años se muestra absolutamente inerte, inexpresiva, distraída y vacía (si recordamos su más reciente participación en SNL, la anterior comparación adquiere más sentido). Los momentos de mayor naturalidad parecen haber sido “robados” a la actriz, en instantes en los que no era consciente de que las cámaras estaban grabando. Su incapacidad para mimetizarse en Elisabeth Taylor es descorazonadora. Sin embargo, esta ineptitud interpretativa va dando paso a un conmovedor ejercicio de resistencia y supervivencia que termina por salvar la función.

Lindsay Lohan acaba interpretando a Lindsay Lohan. Y es ahí donde reside el mayor acierto (aunque no haya sido buscado) de Liz & Dick. Lohan no logra interiorizar a Taylor, pero al menos consigue entenderla, poniéndose realmente en su piel sin dejar de ser ella en ningún momento. “Antes no solían publicar fotos así de mí”, dice desolada mientras mira un periódico en el que no nos extrañaría haber visto alguna de sus imágenes más infames (como esta). Y lo más importante de todo, Lindsay Lohan recuerda finalmente cómo actuar. Su mirada deja de estar perdida, y nos encuentra, a nosotros y a ella misma. Sus lágrimas son mis lágrimas. Y sus triunfos son mis triunfos. Aquella niña que dejó de serlo hace tanto tiempo (no tanto, en realidad) podría convertirse en una actriz de verdad. Si la industria, la prensa, el público y la vida le dejan, Lindsay Lohan estará pronto “lista para su primer plano”. Otra vez.

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Comentarios (2)

 

  1. rosy dice:

    PARA EMPEZAR SERIA MUY MUY DIFICIL ENCONTRAR A ALGUIEN PARECIDA A ELIZABETH TAYLOR, SU BELLEZA ES INCOMPARABLE. ESTA NIÑA LOHAN NO LE LLEGA NI A LOS TALONES AÚN CON TODO EL MAQUILLAJE QUE LE PUSIERON NO SE LE PARECE EN NADA A LIZ, TAL VEZ UNA CARA COMO LA DE LINDA CARTER EN SUS AÑOS MOZOS HUBIERA SIDO MEJOR, PERO ESTA PECOSA PARA NADA.

    • Iván Bolena dice:

      “Pecosa”, no es que deban tener una calca de la actriz, no hay mucho de hablar de belleza al menos que tú sepas mucho de ella, Lindsay es una gran actriz tal vez tengas su bajas, pero esperemos que se ponga de pie, y que esta maldita sociedad deje de juzgar y vea más el trabajo

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