The Good Wife: impresiones de un neófito

Normalmente espero a terminar una serie por completo o a ponerme al día con su emisión original para escribir sobre ella en el blog. Me gusta tener una visión lo más global posible antes de aventurarme a analizar, realizar teorías sobre los personajes o intentar adivinar hacia dónde van las tramas. He decidido aprovechar estas vacaciones de Navidad para empezar algunas series que llevo ya varios años admirando sin haberlas visto. Me explico. Cosas como Raising Hope, que va ya por su tercera temporada, y de la que había visto (con mucho gusto) un par de episodios sueltos. O Los Tudor, una de esas series que siempre quise ver y fui dejando aparcadas por culpa del abrumador superávit de series al año. Sabía que ambas me gustarían, pero prefería ‘quitarme de en medio’ otras antes de iniciar nuevas aventuras seriéfilas. The Good Wife es sin duda una de las series que más he seguido sin haber visto un solo episodio. Siempre al tanto de sus audiencias, de su recepción crítica y del fervor de su público, tenía pensado comenzar a verla hace dos años. Por una cosa o por otra, no ha sido hasta hace una semana cuando he visto por fin el piloto. Y en apenas 5 días he devorado los 23 episodios de la primera temporada. Buena señal, teniendo en cuenta que ni las series de abogados ni los procedimentales son mi plato televisivo favorito. Y por eso he decidido no esperar hasta haber llegado a su actual cuarta temporada para contaros mis impresiones sobre la serie de CBS. Inauguro de esta manera una sección que he bautizado ‘A mi ritmo’, y en la que os hablaré de las series desde el punto de vista del iniciado, para que vosotros, desde el futuro, me podáis decir cosas como “pues ya verás cuando vayas por la tercera” o “si no te gusta ahora más te vale dejarla ya”.

A primera vista, The Good Wife no es más que un drama legal al uso. A pesar de los excelentemente caracterizados personajes y sus interesantes relaciones -interpersonales y con el mundo-, se autodefine desde el piloto como serie de abogados y de casos por semana. Sin embargo, viendo making ofs y documentales sobre estos primeros episodios, tanto equipo como reparto insisten en que si la serie se titula The Good Wife, y no The Good Lawyer, es porque no se trata de la historia de una abogada, sino del viaje personal de una mujer. Esto es cierto a medias. Episodio a episodio, caso a caso, puedo reconocer esa odisea personal de la apasionante Alicia Florrick, pero The Good Wife es, eminentemente, una serie sobre un bufet de abogados, al menos en su primera temporada (ya sabéis, si me vais a hablar de las siguientes, no spoilers!). Por supuesto, se ve claramente esa intención de adentrarse mucho más en las psiques de los personajes y en las relaciones entre abogados. Ya sea a través de la trama central que involucra el escándalo con el marido de Alicia, o su cada vez mayor implicación con sus jefes y compañeros de trabajo, The Good Wife va dedicando progresivamente más tiempo a las historias de los personajes. Y así es como este tipo de series pasan de “serie para madres” (con mi respeto a todas las madres) a serie adscrita por derecho propio a la quality television. De hecho, esto no es más que el resultado de la evolución natural de cualquier serie de corte profesional. No obstante, es difícil que un producto como este, en los tiempos que corren para la ficción catódica en abierto, sea equiparado en cuanto a aceptación crítica y favor del público más exigente, con las ofertas privadas. Y The Good Wife lo consigue de sobra.

The Good Wife es una serie de miradas -un género en sí mismo. Esto es para mí lo más destacable de su primera temporada. Una tanda de episodios que no solo constituye una gran mayoría de casos absorbentes e historias episódicas magníficamente ejecutadas -como en la época dorada de House-, sino que va poniendo con tiento, delicadeza y muy buen gusto los cimientos de esas relaciones entre personajes. The Good Wife puede alardear de contar con algunas de las miradas más elocuentes de la televisión. Es difícil encontrar una serie de estas características que no se empeñe en articular todo en palabras. La verborrea se deja para el juzgado, y para explorar a los personajes más en profundidad se opta por la sutilidad de un silencio increíblemente ubicuo, una boca que se entreabre pero se retracta a tiempo y nos deja a nosotros la tarea de adivinar qué se está pensando, o la mirada furtiva que nos da a conocer en una milésima de segundo todo el discurso completo que se pasa por la mente del personaje. Si tuviera que elegir mis citas favoritas de la serie, me sería imposible reproducirlas. Todas serían miradas.

Julianna Margulies tiene en gran parte la culpa de que The Good Wife sea considerada algo más que una serie de abogados. Su Alicia Florrick es por supuesto el alma de la serie, un personaje extremadamente rico y complejo, a ratos impredecible, un cruce entre cordero y león, profesional y novata a la misma vez. Margulies realiza un impecable trabajo construyendo a un personaje tan cautivador y enigmático, y lo hace principalmente a través de la mirada del otro. Durante la primera temporada, Alicia observa y aprende, pero sobre todo aguanta, es víctima del juicio popular y las habladurías, pasa a segundo plano cuando su marido entra en escena, ya sea físicamente o en una conversación con un extraño que cree conocerla perfectamente. Y apenas reacciona. De esta manera, el espectador no puede evitar ponerse en su piel y es casi en primera persona como llegamos a conocerla en profundidad. Ella es The Good Wife, The Good Lawyer y The Good Woman. Pero claro, como no puede ser de otra manera en una serie de estas características, el elenco que acompaña a la protagonista está repleto de personalidades particulares y llamativas, conformando un universo en el que si no te diferencias de los demás, no eres nadie. En definitiva, un paisaje puramente televisivo. De entre todos ellos, estoy deseando conocer mejor a los socios del bufet, Diane (excelente Christine Baranski) y Will (Josh Charles), que además aporta el tan socorrido componente romántico y la tensión sexual. Y no, no soy fan de Kalinda. Pero no me cierro a ello. Nunca tuve debilidad por los personajes tipo badass hermético e indescifrable. Me resultan precisamente los más precedibles y aburridos. Yo soy más duro de pelar que ella, y por ahora no ha atravesado mi coraza.

Desde el mismo piloto se nos introduce en una dinámica a la que hay que estar dispuesto a entrar si se quiere ser recompensado. No debería ser así. No deberíamos tener que pagar horas de procedimentalismo (en caso de no ser fan del género, como me ocurre a mí), por unos cuantos minutos de lo esencial a cambio. Pero es televisión en abierto. Y al menos, con la primera temporada de The Good Wife he tenido la suerte de que ‘el caso de la semana’ ha sido por lo general bastante jugoso, y el desarrollo de cada investigación muy adictivo. Tengo mis reservas, pero por ahora yo me quedo. Todo sea por una mirada de Alicia.

Gossip Girl: hasta pronto, chocho

Queridos seriéfilos, nos han engañado a todos. Llevamos seis años oyendo a Gossip Girl decir que “nunca” revelaría su identidad, pero por fin sabemos quién se esconde tras la escandalosa web que ha destapado las vergüenzas de este grupo de upper-eastsiders pre-adultos, poniendo sus vidas del revés semana a semana, y ayudando al personal a echarse unas buenas siestas. El desenlace de una de las series más importantes de CW, antaño fabulosa y desde su segunda temporada en permanente agonía, es sorprendentemente satisfactorio. Un festival de nostalgia, un best of repleto de cameos (el más grande el del mismísimo alcalde de Nueva York, Michael Blooberg), guiños al pasado y frases célebres (“tres palabras, ocho letras”); y un magnífico cierre para (casi) todos los personajes. En definitiva, un último episodio que prácticamente obvia todo lo ocurrido en las últimas temporadas para funcionar como conclusión de aquel inolvidable primer año. Todo lo que el final de Gossip Girl debía ser y temíamos que no fuera.

Gossip Girl es Dan Humphrey. ¿Cómo os quedáis? Me consta que algunos se lo esperaban, pero a mí, que había abandonado la serie al final de su tercera temporada y me reenganchaba para el fin de fiesta, me ha pillado totalmente por sorpresa. Y ha sido una muy agradable. Porque a pesar del abandono de la coherencia interna, y de las incongruencias y agujeros argumentales que podríamos encontrar echando la vista atrás (yo no seré quien lo haga), tiene mucho sentido y es muy significativo que Dan sea Gossip Girl. No, no es un deus ex machina, sino todo lo contrario, un final hábilmente justificado que encaja a la perfección con la trayectoria de la serie y del personaje. Dan Humphrey es escritor. Siempre lo ha sido. Y siempre ha deseado a Serena Van Der Woodsen. Qué mejor manera de adentrarse en el mundo que le cierra las puertas por no haber nacido por encima de la calle 59 que escribiéndose dentro de él. Es la gran historia americana. ¿Qué te parece, F. Scott Fitzgerald?

Como si de un teatro de marionetas muy caro se tratase, Dan ha movido los hilos desde el principio, mucho antes de encontrarse con Serena en Grand Station Central, aquella icónica e histórica secuencia que, como no podía ser de otra manera, se recrea en este “New York, I Love You XOXO”: un flash-back nos da a conocer el verdadero momento en el que Dan se cuela por Serena y su maquinaria creativa se pone en marcha. Serena escucha la historia en una sobria y elegante escena y a partir de ahí todo cobra sentido. Su narración, acompañada de un estupendo resumen en imágenes, dispone en pocas palabras toda la esencia de la serie y explica lo que la hizo tan importante en su primer año: “Adolescentes actuando como si fueran adultos, adultos comportándose como adolescentes, ocultando secretos, difundiendo rumores, todo condicionado por la abundancia y la opulencia. […] Cuando Serena volvió del internado, escribí mi primer post sobre mí. Puede que fuera un pringado, pero al menos todo el mundo hablaba de mí”. Y de todo eso iba precisamente Gossip Girl al principio, aunque se les olvidase muy pronto.

Así es como todos los personajes descubren la verdad (todos menos Jenny, que la conocía desde hacía tiempo). Las reacciones no se hacen esperar, pero no hay cristales rotos. Porque no hay tiempo para más giros o conflictos, y hay que poner el lazo a esta historia. Serena se da cuenta de que no está enfadada con Dan por todo lo que ha hecho, al contrario, denomina sus acciones como una “carta de amor” a todos ellos (no sé si me parece precioso o lo más estúpido que he oído nunca) y convence en dos segundos a los demás para que lo perdonen también -casi tanto como lo que tardan Blair y Chuck en ser exculpados y liberados. Lo que viene a continuación es una desternillante escena en la que todos desvelan quién creían que era Gossip Girl. “Todos sabíamos que era uno de nosotros, ¿no?” (Chuck). Las teorías de los personajes coincidían con las de los espectadores: Dorota, Eric, Jenny… Y una de las más extendidas, la que situaba a Kristen Bell como un personaje desconocido que aparecería en el último momento con toda la verdad, es desarmada por una excelente escena en la que la actriz ensaya junto a ¡Rachel Bilson! los diálogos para una audición de la película basada en el libro de Dan Humphrey. Bell nos mira a los ojos y dice “Hola, upper-eastsiders, aquí Gossip Girl”. Nos asustamos, pero todo es una broma. Una de muy buen gusto. ¿O no?

Los diez últimos minutos de “New York, I Love You XOXO” son probablemente los mejores de la serie, y desde luego, los más destacables de la finale -con permiso del gran momento en el que Blair y Chuck huyen de la ley al ritmo de una versión de “Bonnie & Clyde” de Gainsbourg, lo más pasable de un penoso primer acto. A los cameos de Bell y Bilson se unen los de viejos conocidos del reparto, Vanessa, Agnes, Juliet, y en el flash-forward final, los hermanísimos, Jenny Humphrey (que ha crecido ocho palmos) y Eric van der Woodsen (que los ha menguado). No hacen absolutamente nada, pero contribuyen a esa sensación de cierre total. Aunque el mérito lo tengan realmente las dos bodas y el hijo repelente de Blair y Chuck (!!). Pero el cameo más importante desde mi punto de vista (con permiso de Lisa Loeb, OMG) es el de las escaleras del Met, donde transcurrieron las escenas que definieron esta serie, y donde volvemos en este capítulo que, cómo no, también constituye una oda a Nueva York. Decimos adiós a unos personajes que por fin han hallado la paz, que a pesar de actuar como adultos desde los 15, no sabían realmente lo que esto significaba hasta ahora -mientras, los verdaderos adultos son completamente ignorados y sus historias se quedan incompletas. Pero Gossip Girl no se despide de su audiencia sin dejar una puerta abierta para la siguiente generación de cotillas. Remitiéndonos directamente al final de The O.C. (también de Josh Schwartz), en el que Ryan se reconoce a sí mismo en un desangelado chaval de la calle, vemos a otro Dan Humphrey paseándose entre niños ricos, mientras Gossip Girl nos asegura que siempre existirá. Ciclo completo. Final redondo. Gossip Girl, no te extrañaré nada, pero me alegro de haber asistido a tu fiesta de despedida. Alcemos todos las copas y brindemos: por Kristen Bell.

Sons of Anarchy: secretos y mentiras

Bobby: Has tenido una oportunidad de ser diferente.
Jax: Quizás no sea tan diferente.

Se suele decir que la quinta temporada de una serie es la de mayor inflexión, en la que los defectos del producto se hacen más evidentes, el cansancio se apodera de la historia y la repetición se convierte en norma (¿cuántos montajes musicales al final de cada episodio puede uno aguantar?). Sons of Anarchy ha finalizado su quinta entrega mostrando estos preocupantes síntomas. Sin embargo, se las ha apañado para hacer lo que hace siempre: enganchar con una gran trama de mil y una ramificaciones que fluye sin dar tregua al espectador y escarba en todos sus recovecos narrativos pasados para no dejar ningún cabo suelto. Con todo, la serie de Kurt Sutter necesita revitalizarse. Sus personajes siguen siendo de los más interesantes del panorama catódico actual, pero sus circunstancias comienzan a clonarse, y en consecuencia, a cansar. “J’ai Obtenu Cette”, la season finale, debería haber reorientado la historia, pero en lugar de eso, la resetea una vez más, como si Charming fuera la mansión de El Ángel Exterminador y sus habitantes no pudieran escapar de ella. Para la sexta temporada esperad más de lo mismo.

Jax Teller ha sido el protagonista absoluto de esta temporada. En las cuatro entregas anteriores lo vimos crecer, convertirse en un hombre. Como diría Shirley Bassey, la historia se repite. Siempre. La de Jax Teller es la historia de John Teller. Una reescritura más o menos fiel por parte de su hijo, que después de seguir los pasos de papá e intentar sacar al club del tráfico de armas (y ya de paso del de drogas), se da cuenta de que tiene dos opciones: seguir siendo su padre y sufrir el mismo destino que él, o entregarse al lado oscuro y convertirse en Clay Morrow. Inicialmente, su idealismo parece llevar a SAMCRO hacia una edad dorada cimentada en los valores de John Teller: “Estoy harto de ser aplastado por el peso de hombres avariciosos que no creen en nada” / “Hoy voy a ser el hombre que mi padre intentó ser. Hoy os voy a hacer sentir orgullosos”. Sin embargo, Jax lo tiene difícil para cumplir su promesa. El asiento del presidente acaba corrompiéndolo. Jax se convierte en un personaje profundamente dual. No abandona del todo su empresa de redefinir los parámetros del club, pero se ve forzado a actuar de manera implacable, por el bien de los suyos y del club. Jax comienza a matar sin contemplaciones, cruel y vehemente, se lleva por delante a todo aquel que le estorba, a todo el que ponga en peligro a su familia, o sus planes. “Opie tenía razón, el mazo corrompe. No puedes sentarte en esta silla sin convertirte en un salvaje”, reconoce en “Darcy” (5.12) después de amenazar a la madre de su primer hijo, Wendy, y clavarle una jeringuilla. Antes de esta epifanía, lo habíamos visto en “Ablation” (5.08) asesinando a sangre fría a un chaval negro ante la mirada perpleja de sus compañeros moteros. Dos episodios más tarde, en “Crucifixed”, hacía lo mismo, pero en lugar de ser el verdugo, ordena a Chibs ejecutar a la víctima. “¿Quién coño eres tú?”, le preguntan.

‘¿Quién es Jax Teller?’ es efectivamente la cuestión que mejor resume esta temporada. En cierto modo podríamos decir que Charlie Hunnam es Jax Teller. El viaje del personaje es el viaje del actor. El joven intéprete de Newcastle ha declarado recientemente que las dos primeras temporadas de Sons of Anarchy fueron para él un campo de pruebas. La carga dramática y la tensión que desprende su personaje provenían principalmente de su preocupación por el acento. Charlie estaba incómodo y no fue hasta la tercera temporada cuando se convirtió realmente en Jax. A partir de entonces, hemos visto cómo el actor se ha mimetizado con el personaje al que da vida. Lo de Hunnam en la quinta temporada ha sido verdaderamente meritorio (y también ha dado algo de miedo). Hemos sido capaces de sentir el asco y el odio extremo que ha dominado al personaje, lo hemos visto en su mirada y en sus muecas. Era real. Y hemos compartido con él su lucha y la frustración que esta conlleva. Hunnam haría sentir muy orgulloso a Stanislavski.

Y no solo Jax ha alcanzado una fase definitiva e irreversible en su transformación. Tara ha evolucionado al compás. “I’m an old woman and I’m protecting my man” (5.09). Quizás de manera más evidente y forzada, la mujer de Jax se ha convertido en la mujer de John. Hemos visto a Tara coger el cigarro como lo hace Gemma. Por el amor de Dios, hasta se puso mechas en un episodio (discretas, pero mechas al fin y al cabo). Tara lleva varias temporadas mutando en old lady, sacrificando su personalidad, o más bien redefiniéndola, por adoptar el exigente papel que ha elegido. Como Jax, Tara roza la corrupción y pierde el control sobre sí misma: la vemos despertar a Thomas pisando el piano de juguete con una mirada fría, impasible, como si estuviera vacía, y más tarde asistimos a un episodio oscuro en su historia, cuando se masturba pensando en su encuentro con Otto Delaney en la cárcel, perfume de Luann mediante (con olor a semen y patchouli). Tara entra en contacto directo con su yo más terrorífico. Pero es el precio a pagar. Los gajes del oficio.

Sin embargo, lo de la nueva esposa de Jax Teller no es nada comparado con la espiral de autodestrucción en la que se sume Gemma esta temporada. “Creo que nuestra madre está un poco perdida” (Chibs, “Crucifixed). La reina de SAMCRO se entrega por completo a la mala vida sin ningún tipo de control (como el que, paradójicamente, le proporcionaba su marido y maltratador Clay). Drogas, sexo y rock’n’roll. Y un nuevo amor, interpretado por un adorable Jimmy Smits. A Jax no le hace gracia nada de esto, especialmente cuando pone en peligro a sus hijos. Es por ello que inicia una desagradable dinámica con su madre basada en la autoridad y la superioridad. El cachorro se convierte en el rey de la manada, y hasta su madre tiene que doblegarse y mostrarse mansa ante él. Jax la utiliza como herramienta contra Clay, obligándole a volver con él. Es el castigo que le impone desde su endiosada posición. “¿Y qué pasa si no puedo estar con él?”, le pregunta Gemma. A lo que él responde “Estarás con él, te acostarás con él”. Hace dos temporadas Gemma le habría cruzado la cara. Ahora es él quien manda.

Clay se ha mantenido al margen, viviendo su discreta y (siempre) falsa historia personal de redención. Hasta ha reforzado su relación con un miembro del club, el “inocente” Juice. Lo de estos dos esta temporada ha sido un romance en toda regla. Qué manera de acercarse el uno al otro. Cuánto amor. Pero como siempre, y como todos, Clay sigue mintiendo. Y esa es la verdadera protagonista de Sons of Anarchy. La mentira. Ocultar información, engaños y manipulaciones, dolorosos secretos, y el pasado que vuelve a moder a todos en el culo. Según Clay, la verdad no beneficia a “la mesa”. La solución no es destapar lo que se ha hecho ante el club, sino confesarlo a uno de sus miembros, compartir ese secreto con un colega, para reforzar un vínculo y crear una amistad más profunda, como la suya con Juice. Los secretos definen a estos personajes, sus interacciones y sus destinos. Todos ocultan algo a alguien, todos creen poder vivir con la verdad que solo ellos conocen, a pesar de que la experiencia les debería hacer pensar lo contrario. Pero Clay tiene razón en algo, compartirlos establece alianzas y genera lealtad, algo que el espectador aprecia porque permite conocer mejor a los personajes y estrecha su propio vínculo con ellos. No obstante, estos secretos complican todo, y por ello precisamente son la base de esta enrevesada historia. En una comunidad tan férrea y unida, en la que los “te quiero” salen sin esfuerzo (solo los machos lo dicen tantas veces), y se valora la honradez dentro de un “código“, todas las relaciones están lastradas por la mentira y la traición. En última instancia, los secretos sirven a Jax para elaborar su plan maestro y poner a Clay Morrow en el punto de mira por todos sus crímenes pasados. ¿Hay salvación para Jax Teller ahora que se ha deshecho de Clay o por el contrario acabará sustituyéndolo definitivamente? “No se trata de mí. Es esa silla”, que le habría dicho su padrastro.

La quinta temporada de Sons of Anarchy ha concluido dejando claras dos cosas: en primer lugar, que no pretende (o no puede) cambiar -terminamos con la vieja cantinela de Gemma “No te vas a llevar a mis niños a ninguna parte” y con otro personaje en la cárcel, esta vez Tara, que no pasará mucho tiempo en el trullo; y en segundo, que es una de las series más violentas de la televisión. Muertes cada vez más brutales y sangrientas (aquí nadie está a salvo, que se lo digan a Opie), planos diseñados meticulosamente para que el espectador vea todo de la manera más gráfica posible, sesos por todas partes, auto-mutilaciones (¡Otto, por Dios! ¿Qué haces?! ¡Mi lengua!). Y después de todo eso, los personajes se escandalizan al ver una pila de perros muertos después de un círculo de peleas clandestinas. “Esto está muy mal”, dice Tig conmocionado. Tiene su gracia, ¿no?

Lo más fuertecito 2012: lo mejor y peor del año en televisión

La temporada de las listas ya está aquí, y yo no soy nadie si al menos no elaboro una. Este año he sido más exhaustivo que nunca en mi tarea autoimpuesta de estar al día de todas las novedades en ficción televisiva (qué año de pilotos más malo, ¿eh?), así que he decidido crear mi lista definitiva de lo mejor (y un poco de lo peor) de la tele a lo largo de 2012 -eminentemente compuesta de series norteamericanas, pero se cuela alguna británica también.

Para decidir las categorías de “Lo más fuertecito 2012” me he inspirado en las listas y encuestas de TIME, NY Magazine, Entertainment Weekly y TV.com entre otras, pero me he tomado la libertad de añadir unas cuantas secciones muy personales. Esas son las que diferencian a una lista normal de una lista “fuertecita”. Ahora lo comprobaréis.

Antes de nada, he de hacer un inciso muy importante. A pesar de que, como he dicho, este 2012 ha sido el año que más series he visto, no he logrado aun ponerme al día con unas cuantas imprescindibles de toda lista que se precie este 2012. Notaréis ausencias importantes como Homeland, Breaking Bad, Parks and Recreation Louie, series que copan las selecciones de todas las publicaciones anteriormente mencionadas. Confío en que sepáis entender que puesto que este blog no es colectivo, y los científicos aun no han encontrado la manera de controlar el tiempo a nuestro antojo, me ha sido imposible ponerme al día con todas las series que sigo. Pero estoy en ello. Espero que me perdonéis estas lagunas y sepáis que guardo estas series en alta estima, pero no he visto sus temporadas más recientes, así que no considero que deba incluirlas en esta lista -aunque seguramente lo merezcan.

Sin más dilación, os dejo con mi visión del año en televisión, un 2012 caracterizado por el final de varias series clave de la presente Edad Dorada de la TV, la consagración de algunas series veteranas o en su segunda temporada, y la imposibilidad de las cadenas por traernos “la nueva gran serie de televisión”.

 

Mejor serie

Mad Men

Por llevar cinco años llegando a su cima creativa con cada temporada y estar constantemente en busca de la perfección narrativa. La serie de Matthew Weiner regresó este año tras un parón de 18 meses, lo que, lejos de menguar el interés de la audiencia, causó mayor expectación de cara al estreno de la quinta temporada, convirtiéndola en la más vista hasta ahora. 2012 ha sido un año de cambio para Mad Men, y no todo el mundo se ha mostrado receptivo a ello (los primeros los académicos de Hollywood, que por primera vez en sus 5 años de emisión no le otorgaron el Emmy a Mejor serie dramática). Sin embargo, la serie de AMC se sigue caracterizando por su su meticulosa y casi enfermiza precisión (discursiva, estética, documentaria), y a pesar de encontrarse en la temporada de inflexión en la que casi todas las series empiezan a caer en picado, Mad Men ha logrado construir 13 episodios que juntos conforman una ordenada y coherente maraña de discursos, temas y caracterizaciones de personajes como yo no he visto nunca en otra serie, ni en 2012, ni en ningún año.

 

Mejor comedia

Community

La tercera temporada de Community bien podría ser el testamento de la serie de Dan Harmon, puesto que es el último año que cuenta con su creador y padre amantísimo en la producción (Harmon fue despedido fulminantemente este verano). A la espera (recelosa) de la cuarta temporada, algunos de los episodios de la tercera de Community siguen resonando con fuerza. 2012 supuso el regreso de la serie tras un largo hiato en el que la incertidumbre acerca de su futuro se acrecentó enormemente. La comedia de culto de NBC se ha puesto el listón más alto que nunca durante este 2012. En lugar de sucumbir ante las presiones de la cadena, que pedían “una serie más accesible”, Harmon y compañía se propusieron el más difícil todavía, con episodios que eran todo lo contrario a accesible (menos mal). Community arriesgó en 2012 (como suele hacer, pero más), y ganó.

Finalistas:

2. Girls
3. Modern Family
4. 2 Broke Girls
5. Weeds

Mejor drama

Mad Men

Por las razones anteriormente expuestas, y por lógica matemática, Mad Men es la mejor serie dramática de 2012. He de reconocer que lo mío con la serie de Weiner es bastante personal. No es que me falten argumentos para considerarla la mejor serie del año (y de los últimos 5 años, por supuesto), pero sí que es verdad que la miro con otros ojos, con ojos de enamorado. No obstante, lo mío con Mad Men no es un romance ciego, que quede claro. Este año ha sido la primera vez desde mi adorada Dollhouse que he realizado reseñas en profundidad de todos los episodios de la temporada, y quizás por ello me he involucrado mucho más con la serie. Ya queda menos para la primavera, y desde aquí os prometo el mismo tratamiento en el blog para la sexta temporada de Mad Men.

Finalistas:

2. Juego de Tronos
3. Sons of Anarchy
4. The Newsroom
5. American Horror Story: Asylum

Mejor nueva comedia

Girls

 

Finalistas:

2. Don’t Trust the B—- in Apartment 23
3. Ben and Kate
4. The Mindy Project
5. Veep

Mejor nuevo drama

The Newsroom

 

Finalistas:

2. Last Resort
3. Vegas
4. Nashville
5. Bunheads

Mejor serie que no estás viendo

Don’t Trust the B—- in Apartment 23

 

Finalistas:

2. Him & Her
3. Ben and Kate
4. Awkward.
5. Episodes

Mejor serie de animación

Adventure Time

 

Finalistas:

2. Futurama

Peor estreno del año

Revolution

 

Finalistas:

2. Guys With Kids
3. The Mob Doctor
4. Beauty and the Beast
5. Go On

Serie veterana con su peor temporada en 2012

Cómo conocí a vuestra madre (temporadas 7 y 8)

 

Finalistas:

2. True Blood (temporada 5)
3. The Office (temporada 8)
4. Anatomía de Grey (temporada 8)
5. Sons of Anarchy (temporada 5)

Mejor episodio de comedia

“All Adventurous Women Do” de Girls

 

Finalistas:

2. “Sexy People” de Don’t Trust the B—- in Apartment 23
3. “Pilot” de The Mindy Project
4. “The Last Walt” de Modern Family
5. “Curriculum Unavailable” de Community

Mejor episodio de drama

“The Other Woman” de Mad Men

 

Finalistas:

2. “Far Away Places” de Mad Men
3. “Blackwater” de Juego de Tronos
4. “Welcome to Briarcliff” de American Horror Story: Asylum
5. “Raving” de Teen Wolf

Mejor piloto

“We Just Decided To” de The Newsroom

 

Finalistas:

2. “Pilot” de Girls
3. “Pilot” de The Mindy Project
4. “Captain” de Last Resort
5. “Pilot” de Awake

Mejor episodio final

“It’s Time, Parts I & II” de Weeds

 

Finalistas:

2. “Finishing the Hat” de Mujeres desesperadas

Mejor interpretación femenina de comedia

Mary-Louise Parker (Weeds)

 

Finalistas:

2. Julie Bowen (Modern Family)
3. Gillian Jacobs (Community)
4. Kat Dennings (2 Broke Girls)
5. Lena Dunham (Girls)

Mejor interpretación masculina de comedia

Ty Burrell (Modern Family)

 

Finalistas:

2. James Van Der Beek (Don’t Trust the B—- in Apartment 23)
3. Eric Stonestreet (Modern Family)
4. Jesse Tyler Ferguson (Modern Family)
5. David Duchovny (Californication)

Mejor interpretación femenina de drama

Lily Rabe (American Horror Story: Asylum)

 

Finalistas:

2. Christina Hendricks (Mad Men)
3. Jessica Lange (American Horror Story: Asylum)
4. Sarah Paulson (American Horror Story: Asylum)
5. Elisabeth Moss (Mad Men)

Mejor interpretación masculina de drama

Charlie Hunnam (Sons of Anarchy)

 

Finalistas:

2. Jared Harris (Mad Men)
3. Jack Gleeson (Juego de Tronos)
4. Jon Hamm (Mad Men)
5. Jason Isaacs (Awake)

Mejor reparto coral

Modern Family

 

Finalistas:

2. Community
3. The Office
4. It’s Always Sunny in Philadelphia
5. Mujeres desesperadas

Mejor interpretación infantil

Maisie Williams (Juego de Tronos)

 

Finalistas:

2. Aubrey Anderson-Emmons (Modern Family)
3. Kiernan Shipka (Mad Men)
4. Maggie Elisabeth Jones (Ben and Kate)
5. Marten Holden Weiner (Mad Men)

Mejor cameo

Robin Williams (Wilfred)

 

Finalistas:

2. Mark-Paul Gosselaar (Don’t Trust the B—- in Apartment 23)
3. Busy Philipps (Don’t Trust the B—- in Apartment 23)
4. Jane Kaczmarek (Wilfred)
5. Walton Goggins (Sons of Anarchy)

Robaescenas del año

Jennifer Coolidge (2 Broke Girls)

 

Finalistas:

2. Lucy Punch (Ben and Kate)
3. Catherine Tate (The Office)
4. Jim Rash (Community)
5. Kristin Bauer van Straten (True Blood)

Peor interpretación

Sarah Michelle Gellar (Ringer)

 

Finalistas:

2. Colton Haynes/Tyler Posey (Teen Wolf)*
3. Laura Linney (The Big C)
4. Madeleine Martin (Californication)
5. Vanessa Williams (666 Park Avenue/Mujeres desesperadas)

*Pero os quiero.

Mejor villano

Joffrey Baratheon (Jack Gleeson, Juego de Tronos) + Cersei Lannister

 

Finalistas:

2. Clay Morrow (Ron Perlman, Sons of Anarchy)
3. Victoria Greyson (Madeleine Stowe, Revenge)
4. Jim Moriarty (Andrew Scott, Sherlock)
5. Señor Chang (Ken Jeong, Community)

Mejor nuevo personaje

Sister Mary Eunice (Lily Rabe, American Horror Story: Asylum)

 

Finalistas:

2. Shoshanna Shapiro (Zosia Mamet, Girls)
3. Chloe (Krysten Ritter, Don’t Trust the B—- in Apartment 23)
4. BJ (Lucy Punch, Ben and Kate)
5. Kate Fox (Dakota Johnson, Ben and Kate)

Peor nuevo personaje

Ryan King (Matthew Perry, Go On)

 

Finalistas:

2. Jane Van Veen (Rachael Taylor, 666 Park Avenue)
3. Michelle Simms (Sutton Foster, Bunheads)
4. Todos los de Revolution
5. Lincoln Potter (Ray McKinnon, Sons of Anarchy)

Mejor sidekick

Stiles Stilinski (Dylan O’Brien, Teen Wolf)

 

Finalistas:

2. John Watson (Martin Freeman, Sherlock)
3. Tamara (Jillian Rose Reed, Awkward.)
4. Dra. Eleanor O’Hara (Eve Best, Nurse Jackie)
5. Wilfred (Jason Gann, Wilfred)

Personaje más infravalorado

Haley Dunphy (Sarah Hyland, Modern Family)

 

Finalistas:

2. Britta Perry (Gillian Jacobs, Community)
3. Meredith Grey (Ellen Pompeo, Anatomía de Grey)
4. Megan Draper (Jessica Paré, Mad Men)
5. Sookie Stackhouse (Anna Paquin, True Blood)

Pareja no romántica con más química

Max Black y Caroline Channing (Kat Dennings y Beth Behrs, 2 Broke Girls)

 

Finalistas:

2. Stiles y Scott (Dylan O’Brien y Tyler Posey, Teen Wolf)
3. Don y Joan (Jon Hamm y Christina Dendricks, Mad Men)
4. Troy y Abed (Donald Glover y Danny Pudi, Community)*
5. Phil y Luke (Ty Burrell y Nolan Gould, Modern Family)

*Sé lo que me vais a decir. No hay relación más romántica que esta. Pero tenía que incluirla aquí o en la siguiente categoría, y me he decidido por esta.

Pareja romántica con más química

Steve y Becky (Russell Tovey y Sarah Solemani, Him & Her)

 

Finalistas:

2. Hank y Karen (David Duchovny y Natasha McElhone, Californication)
3. Cam y Mitchell (Eric Stonestreet y Jesse Tyler Ferguson, Modern Family)
4. Phil y Claire (Ty Burrell y Julie Bowen, Modern Family)
5. Meredith y Derek (Ellen Pompeo y Patrick Dempsey, Anatomía de Grey)

Mejor pareja de slash fiction

Sterek (Derek Hale y Stiles Stilinski, Teen Wolf)

 

Finalistas:

2. Princess Bubblegum y Marceline (Adventure Time)
3. Sherlock Holmes y John Watson (Sherlock)
4. Eric y Bill (True Blood)
5. House y Wilson (House)

Mujer más guapa de la tele

Kat Dennings

 

Finalistas:

2. Morena Baccarin
3. January Jones
4. Christina Hendricks
5. Gillian Jacobs

Hombre más guapo de la tele

Tyler Hoechlin

 

Finalistas:

2. Jon Hamm
3. Taylor Kinney
4. Evan Peters
5. Barry Sloane

 

Wilfred: acabo de conocerte y ¿ya te quiero?

Se supone que encariñarse de un perro es muy fácil, pero a mí me ha costado mi tiempo aprender a querer a Wilfred. Será que soy un hueso duro de roer, o que soy demasiado perro viejo para aceptar nuevas series (sobre todo si son comedias, con las que suelo ser mucho más exigente). No sé. Con la de FX -que ha concluido su segunda temporada y prepara ya la tercera- me ha ocurrido algo que me suele pasar con series que a priori no me convencen, pero a las que doy una y mil oportunidades por si acaso: no sé si ha cambiado ella o he cambiado yo. La respuesta probablemente sea “las dos cosas”.

Wilfred comenzó como una comedia sin demasiadas pretensiones que se apoyaba principalmente en el gag gamberro y hacía gala de un humor algo deprimente y nihilista. O quizás sea más adecuado llamarlo “humor de fumados” (deprimidos y nihilistas, eso sí). Jason Gann es el responsable junto a Adam Zwar de la serie homónima australiana estrenada en 2007 en la que se basa Wilfred. Para la tarea de adaptar su obra a la televisión norteamericana, el tándem recurrió a David Zuckerman, uno de los principales guionistas de Padre de familia (Family Guy). Y he ahí la clave. Servidor nunca ha sido muy fan de la serie de Seth McFarlane, ni de ninguna de sus obras (es más, podéis llamarme hater si gustáis, no os lo voy a negar), y Wilfred desprendía un insoportable halo mcfarlaniano (o en su defecto, zuckermaniano) en sus primeros episodios.

Elijah Wood es Ryan Newman, un joven abogado que cree que su vida no va a ninguna parte y por ello decide suicidarse. Tras planear su última noche meticulosamente y justo en mitad del gran momento, la vecina de Ryan, Jenna (Fiona Gubelmann) le pide que cuide de su perro Wilfred. Para para sorpresa de Ryan, Wilfred es un humano vestido con un disfraz de perro (el propio Gann, que también fue Wilfred en la versión australiana), y al parecer, Ryan es el único que puede verlo, mientras los demás lo perciben como un perro normal y corriente. A partir de ahí, ambos desarrollarán una profunda y disfuncional amistad que mostrará a Ryan el valor de la vida, y todas esas cosas. Imaginaos Infelices para siempre (Unhappily Ever After) protagonizada por una versión adulta y descarrilada de Doug de Up. Wilfred es físicamente similar al conejo Floppy, y el grueso de sus escenas con Ryan transcurre principalmente en un sofá del sótano de su casa. También podemos encontrar paralelismos indiscutibles precisamente con la primera película de Seth McFarlane, Ted, no hace falta que os cuente por qué.

¿Qué hace que Wilfred me acabe pareciendo una propuesta interesante a pesar de sus similitudes con otras obras y mi reticencia inicial? Precisamente es el abandono progresivo de ese humor deliberadamente agrio y extraño el que va conquistándome a medida que la historia se complica. Está claro que hacia la mitad de la primera temporada, y especialmente durante la segunda, yo ya me he encariñado con estos personajes, pero es que Wilfred muestra claros síntomas de evolución más allá del caca-culo-pedo-pis y el humor-entre-humos, y acaba transformándose en una serie de misterio que bien podría haber perpetrado David Lynch (si no estuviera muerto en vida desde hace años). Las cuestiones existenciales que se plantea Ryan y el “¿qué será real y qué no?” con el que se marea al espectador se intensifican en una segunda temporada que se adentra por completo en terreno alucinógeno. La serie encuentra así su razón de ser y su continuidad, todo sin abandonar del todo la pipa de marihuana, por supuesto. Pero al final, su mayor virtud es sin duda la exquisita e introspectiva caracterización de Wilfred, un perro de verdad se mire como se mire. Ni los enigmas, ni los excelentes cameos, ni los chistes que te hacen gracia pero no te sacan la carcajada en ningún momento. Es precisamente ese perro avieso y manipulador, y sobre todo su hermosa amistad con ese humano desastrado con la cara de Frodo Bolsón y el cuerpo de un hipster prototipo, lo que hacen que me comprometa a cuidar a Wilfred más allá del capricho inicial.

Consejos útiles (y solidaridad) para superar el “bloqueo del escritor”

De parte de Joss Whedon:

No tenía muy claro cómo empezar esto, así que lo he hecho y punto. Me he enfrentado a bloqueos creativos muchas veces en mi vida, aunque puede que menos que otros. Voy a establecer las reglas que yo sigo cuando tengo que luchar contra el bloqueo. Y creo que ya he señalado una de ellas.

Ejerce control sobre el entorno. Que nadie esté entrando y saliendo. Debes estar solo, con tiempo suficiente no solo para escribir, sino también para llegar al momento en el que estás preparado para hacerlo, algo que puede tardar bastante en ocurrir. Nada de Internet ni teléfono. Ponte música. Puede aumentar la motivación y además te separa de las personas que hay al otro lado de la pared. (Yo escucho bandas sonoras cuando escribo. Nada con letra, distrae demasiado. Las bandas sonoras de películas modernas pueden ser muy hipnotizantes -en el buen sentido- para el escritor. Pura emoción prolongada. Hans ZimmerRachel PortmanCarter BurwellMychael Danna… hay muchísimos). Asegúrate de que tu mesa esté orientada hacia el lugar correcto. (Yo tengo que estar mirando a la habitación, no a la pared). Que no esté demasiado abarrotada. No hay que descuidar nada.

Empieza a escribir. Puedes darle mil vueltas a cualquier cosa. Si dejas el folio en blanco corres peligro de adentrarte en una espiral frenética de inercia. Escribe algo en el papel. (No dibujes nada. En cuanto hago algún garabato me doy cuenta de que ya no voy a escribir nada en ese folio. La hoja en blanco da miedo, pero es sagrada. No la mancilles). Cualquier cosa puede ser reescrita… menos la nada.

Sé concreto. Quieres escribir algo. ¿Por qué? ¿Qué es lo que buscas exactamente? Da igual que estés empezando a escribir la frase o la tengas a medias, debes tener bien claro lo que estás persiguiendo. ¿Verosimilitud? ¿Risa? ¿Dolor? ¿Algo que rime con “naranja”? Sea lo que sea, esfuérzate en definir ese propósito. De esa manera, si abandonas, al menos lo harás teniendo ese objetivo claro.

Deja de escribir. Ten claro el momento en el que debes parar, es decir, cuando estés forzando la máquina. Esto es peligroso, porque es muy fácil volverse vago, pero buscar la inspiración cuando no está ahí acabará por agotarte y la siguiente sesión será igual de infructuosa. Creo que Stephen King lo comparó con besar a un cadáver. Pero claro, él lo haría de verdad. Sal de ahí, relájate, y lo mejor que puedes hacer es…

Ver algo. Ver, escuchar, leer –rellena el depósito de creatividad. Esto nos recuerda la razón por la que nos pusimos a escribir, y muy a menudo nos ayudará a encontrar la clave para el desbloqueo. Eso no quiere decir que vayáis a ver algo y plagiarlo inconscientemente (aunque esto no es cierto al 100%), simplemente ayuda al escritor bloqueado a acceder al lugar donde se encuentra la creatividad. Yo muchas veces veo una película, y esta me habla de lo que estoy escribiendo, algo que por supuesto no guardará al final ninguna similitud con esa película. Simplemente averiguaré cómo quiero sentirme cuando esté escribiéndolo yo. (El episodio 10 de la tercera temporada de Buffy se lo debo completamente a La última tentación de Cristo).

Imponte una fecha tope. Probablemente no terminaría de escribir nada si no hubiera que rodarlo a la semana siguiente. Soy un gran procrastinador, lo que quiere decir que la adrenalina que provoca el pánico de tener que hacer algo en el último momento es mi amiga. (He de reconocer tristemente que es lo que me mantuvo a flote en el colegio. Tengo una atención con déficit de disciplina. Y no había acrónimo para esa aflicción cuando era pequeño). Pero tú mismo puedes ponerte fechas límite. Los amigos pueden ser de gran ayuda. Haceos responsable el uno del otro (“tienes que tener tal número de palabras para tal fecha”, así para los dos). Puede que a veces no cumplas el plazo (o nunca), pero te hará ser consciente de que lo que escribes puede ser importante para alguien además de para ti.

Date una recompensa. Es decir, galletas. De hecho, voy a comer galletas cuando termine esto. ¿Hay algo más importante? Gánatelas y disfrútalas.

¡Que tengáis suerte!

No, espera. ¡Que escribáis bien!

No, que seáis felices escribiendo.

Aargg. ¡No! Eh… y por tanto y como he argumentado esas son las principales causas de… bla bla.

Joss, firmando… ¿qué? No.

¡Que aproveche! ¡Rosebud! ¡Nadie es perfecto! ¡Hasta el infinito y… me rindo. Nunca seré capaz de encontrar el final perfecto.

Voy a por una galleta.

(Texto escrito íntegramente por Joss Whedon y publicado originalmente en Rookie. Traducción de Pedro J. García)

Liz & Dick: el crepúsculo de una diosa

Richard: You’re a star.
Elisabeth: I’m a joke.

Lindsay Lohan está triste. ¿Por qué llora Lindsay Lohan? Muy sencillo, porque la vida le trata muy mal, mucho peor de lo que se merece. De acuerdo que ella no se ha portado del todo bien con la vida, pero es injusto que esta le ponga las cosas tan difíciles, sobre todo ahora que ha decidido ser una niña buena. Liz & Dick, la TV Movie de Lifetime sobre la relación entre Elisabeth Taylor y Richard Burton estaba llamada a ser el gran comeback de LiLo, pero la audiencia la ha ignorado y la crítica la ha despellejado salvajemente. No ha podido ser, y Lindsay no levanta cabeza. Está devastada y vuelve a adentrarse en su espiral de autodestrucción. Acaba de declarar que no va a ingresar en rehabilitación, no, no, no (después de una desafortunada trifulca en un pub). Y yo, sinceramente, no creo que lo necesite. Lo que le hace falta es trabajar más. ¿Una serie quizás? Un vehículo de lucimiento y autoparodia al estilo de Episodes o The Comeback sería lo ideal. Liz & Dick es la prueba de que la protagonista de Tú a Londres y yo a California puede devolver algo de estabilidad a su vida. Sus horas de servicio a la comunidad deberían ser horas en el set de rodaje. Así es como se evitaría todo el daño, propio y ajeno. Ahora solo necesita un par de oportunidades más. Si Rihanna se la ha dado a Chris Brown, ¿quiénes somos nosotros para negárselas a Lindsay?

Creedme, lo peor de Liz & Dick no es Lindsay Lohan. Es más, todos los aspectos técnicos y artísticos del telefilm están tan sumamente descuidados que la interpretación de Lohan acaba por diluirse en un festival de cromas horrendos y caracterizaciones que ni un disfraz de Halloween -con el maquillaje para envejecer a Lindsay ni se molestan, total, nos creemos que tenga 40 años, y 50, y los que hagan falta. Todo está aderezado además por una banda sonora que bien podría ser un plagio de la de Beethoven (sí, la del san bernardo). Pero lo más lamentable es sin lugar a dudas un guion inexistente que se limita a verter datos cronológicos sin enjundia y anécdotas, y que no se esfuerza por dar algo de vida a estos dos interesantísimos personajes públicos. Por el título de la película y los magníficos adelantos, cabía esperar más casquería, más caspa, más humor involuntario, pero ha quedado todo en agua de borrajas. Algunas críticas previas al estreno comparaban Liz & Dick con un sketch de Saturday Night Live y aseguraban que era la película ideal para ver con su correspondiente juego de chupitos. Nada más lejos de la realidad. Mira que yo empecé ilusionado con una copa de Martini, pero desistí enseguida. Liz & Dick es tan plana, tan políticamente correcta y tan poco extrema que ni apetece emborracharse viéndola. Solo Sophia Loren tendría derecho a quejarse (y a emborracharse).

“I’m bored! I’m so bored!” -Elisabeth Taylor

No voy a negar que hubo momentos en los que pensé que efectivamente estaba viendo una parodia made in NBC. Los pantallazos de la fontana di Trevi o la Piazza di Spagna o la inesperada aparición de Creed Bratton (Creed de The Office) me descolocaron un poco. Sin embargo eso fue todo. La locura no llega a cuajar en ningún momento, y el ridículo es simplemente moderado. Es más, a medida que el metraje avanzaba empecé a tomarme Liz & Dick más en serio de lo que yo jamás hubiera esperado. Y la culpa de todo es de Lindsay. Oh mi Lindsay. Durante la primera mitad de la película, la superestrella de 26 años se muestra absolutamente inerte, inexpresiva, distraída y vacía (si recordamos su más reciente participación en SNL, la anterior comparación adquiere más sentido). Los momentos de mayor naturalidad parecen haber sido “robados” a la actriz, en instantes en los que no era consciente de que las cámaras estaban grabando. Su incapacidad para mimetizarse en Elisabeth Taylor es descorazonadora. Sin embargo, esta ineptitud interpretativa va dando paso a un conmovedor ejercicio de resistencia y supervivencia que termina por salvar la función.

Lindsay Lohan acaba interpretando a Lindsay Lohan. Y es ahí donde reside el mayor acierto (aunque no haya sido buscado) de Liz & Dick. Lohan no logra interiorizar a Taylor, pero al menos consigue entenderla, poniéndose realmente en su piel sin dejar de ser ella en ningún momento. “Antes no solían publicar fotos así de mí”, dice desolada mientras mira un periódico en el que no nos extrañaría haber visto alguna de sus imágenes más infames (como esta). Y lo más importante de todo, Lindsay Lohan recuerda finalmente cómo actuar. Su mirada deja de estar perdida, y nos encuentra, a nosotros y a ella misma. Sus lágrimas son mis lágrimas. Y sus triunfos son mis triunfos. Aquella niña que dejó de serlo hace tanto tiempo (no tanto, en realidad) podría convertirse en una actriz de verdad. Si la industria, la prensa, el público y la vida le dejan, Lindsay Lohan estará pronto “lista para su primer plano”. Otra vez.