The Inbetweeners: Just Dance

Para haceros una idea exacta de lo que es The Inbetweeners sin ver ni un solo minuto imaginaos Superbad (Greg Mottola, 2007), Freaks and Geeks (Paul Feig, 1999-2000) y American Pie (Paul Weitz, 1999) mezcladas y agitadas toscamente junto a un puñado de temas marca MTV y hits electrónicos con un mes de caducidad. No hay mucho más, la verdad.

Remake de la serie homónima que duró tres temporadas en el canal británico E4 (el mismo de Skins o Misfits), The Inbetweeners sigue las triadas y tribulaciones de cuatro adolescentes intentando sobrevivir al instituto, mientras hacen lo posible e imposible por perder la virginidad. Una especie de reverso masculino de Awkward., con una carga aún mayor de sexo y un humor mucho más bizarro. Aquí también tenemos voz en off, la de Will Mackenzie (Joey Pollari), el nuevo estudiante del Grove High School, que como Jenna Hamilton, se convierte en diana para bullies y el hazmerreír de toda la comunidad estudiantil. Will se lleva casi todos los palos -es estirado, remilgado, amanerado, y encima novato-, pero sus nuevos amigos también son inadaptados sociales, freaks y geeks (sobre todo freaks) con las hormonas a punto de estallar. Neil (el tonto entrañable), Simon (el sensato, con el que es más fácil identificarse) y Jay (el payaso sin gracia) reciben a Will en su grupo con los brazos abiertos. O más bien dejan que la naturaleza haga su trabajo: Pringados Assemble.

The Inbetweeners no es tan perspicaz como Awkward., ni tan entrañable como las obras de Apatow, pero tiene una virtud: el deseo de hacerlo pasar bien a toda costa. Sin embargo, esto no es suficiente. La primera temporada (12 episodios) transcurre a base de gags estúpidos y situaciones disparatadas que ponen a los cuatro amigos constantemente en ridículo mientras tratan de meterse “en los pantalones” de la chica de turno. No hay apenas evolución, ni desarrollo argumental, y además la comedia es más bien rudimentaria: por ejemplo, a Jay (Zack Pearlman) se le queda atascado el miembro en un agujero de la piscina infantil pública. Y así casi todos los episodios. Pero claro, lo que ves es lo que hay. Ni promete otra cosa, ni se le puede pedir más, y si nos quedamos es bajo nuestra propia responsabilidad. Al fin y al cabo, 20 minutos a la semana de puro escapismo descerebrado no vienen del todo mal. Es una pena que hasta el último episodio (el del baile de fin de curso, por supuesto) The Inbetweeners no recurra al sentimentalismo, que viene muy bien para amortiguar las excentricidades y los excesos y motivar a seguir viendo la serie. Es en los últimos 5 minutos de la primera temporada cuando la serie se adentra verdaderamente en terreno Apatow, con un estupendo mensaje pro-freak, un inspiradísimo discurso It Gets Better y una bonita celebración de la amistad de estos cuatro personajes. Si la serie llega a tener una segunda temporada (está difícil), ese es el camino a seguir. Que la sangre no bombee solo hacia la entrepierna. A The Inbetweeners lo que le hace falta es más corazón.

Sabes que no importa nada, ¿verdad? Nada de lo que te preocupa: las chicas, el rechazo, el sexo. Crees que tu vida es un drama enorme, pero no lo es. Créeme, toda la gente a la que estás intentando caer bien ahora no va a significar una mierda en tu vida. Así que tú baila. Baila, porque algún día tendrás cosas de las que preocuparte de verdad. Pero ahora mismo no. Ahora puedes bailar.

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