Los niños bien de la comedia

Los reyes de la comedia tienen el siguiente relevo más que preparado. No es que Larry David, Tina Fey o Louis C.K. vayan a retirarse pronto (esperemos que no lo hagan nunca). Nada más lejos de la realidad. Pero si quisieran hacerlo podrían estar tranquilos, porque la nueva generación de cómicos estadounidenses viene pisando fuerte y con muchas ganas de hacerse oír (y hacer caja mientras los escuchamos).

Ser cómico en Norteamerica equivale cada vez más a ser pluriempleado y polifacético. Los tres nombres anteriores han desarrollado a lo largo de los años una reconocible imagen de marca, un exitoso emporio de productos culturales que llevan el sello inmediato de calidad antes de ser generados. Algo parecido está ocurriendo con los jóvenes veinte y treintañeros que están destacando en la televisión norteamericana en los últimos 5 años. Siguiendo los pasos de Fey, gente como Mindy Kaling o Lena Dunham se han propuesto desde el comienzo explotar sus personalidades y sus experiencias vitales para crear una marca de autor que ya están imprimiendo no solo en series de televisión, sino también en el mundo editorial. Algunos incluso se aventuran en otras artes, como la música. Y no tardarán en dar el salto al cine, aunque estén más que cómodos donde están ahora mismo. Están empezando pero ya son millonarios y lo más importante, enormemente influyentes. Estos chicos han nacido con una flor en el culo.

Girls no tendrá una audiencia espectacular, pero HBO la ha renovado recientemente para una tercera temporada, cuando la segunda aun no ha sido emitida (se estrena en enero de 2013). La serie de Lena Dunham es probablemente la que más ríos de tinta hizo correr la temporada pasada. Gracias a ella, Dunham conoció de primera mano la brutal fuerza del hype y el backlash. Puede estar contenta, con tan solo 26 años se ha convertido sin lugar a dudas en lo que ella quería: la voz de su generación. Una voz que no siempre acierta en sus declaraciones, pero que refleja fielmente las idiosincrasias de una juventud acomodada, apática y auto consciente. Dunham hace comedia con lo que más duele y mientras se auto proclama, a través de su Hannah Horvath, como prototipo de ese joven que dice que no puede trabajar pero lo que pasa es que en el fondo no quiere, ella no descansa ni un solo minuto. Recientemente ha firmado un contrato para escribir su primer libro, Not That Kind of Girl: Advice by Lena Dunham. Le pagan 3,5 millones de dólares por él. Random House, la editorial que la ha contratado, tiene fe ciega en la creadora/directora/productora/guionista de Girls. Más que comprar un material ya existente, ha adquirido un nombre, una gran marca, con la esperanza de publicar el próximo Bossypants.

Está claro que actualmente son ellas las que controlan el cotarro. En la comedia denominada “low-brow” despuntan otras mujeres jóvenes (aunque no tan jóvenes como Lena) que están desarrollando su carrera principalmente en televisión. Los nombres de Chelsea Handler o Whitney Cummings no sonarán con tanta fuerza como los de Fey o Dunham, pero están detrás de un importante imperio mediático. Por supuesto, no podemos olvidar a Amy Poehler (regresamos a lo “high-brow”, evidentemente), y ya de paso, a su compañera en Parks and Recreation Aubrey Plaza, de la que esperamos grandes cosas en un futuro próximo. Por otro lado, Mindy Kaling también sigue los pasos de Tina Fey (de quién si no), quizás más evidentemente que Dunham. Con apenas 25 años era una de las guionistas principales de The Office. A lo largo de ocho temporadas, Kaling se ha labrado un nombre y una reputación que ha utilizado para capitanear su propio proyecto: The Mindy Project. Sus compañeros en The Office siempre han coincidido en que era la mejor escritora de la plantilla y que sus personajes brillaban cuando los escribía ella. Kaling también ha escrito un best-seller: Is Everyone Haning Out With Me? (And Other Concerns)Y como Tina, ella también utiliza sus experiencias personales, junto a su particular y certera visión de la sociedad, para crear un agudo material que “es gracioso porque es verdad”. Sin embargo, como le ocurre a Dunham, Kaling también despierta cierta antipatía en un sector de la audiencia, que o bien no conecta con su humor o bien no aguanta al personaje público que se ha creado. No se puede tener todo. No todo el mundo puede ser Tina Fey.

De entre los nuevos cómicos jóvenes destacan un par de nombres masculinos, pero su repercusión en el medio es mucho menor que la de las autoras de las que hemos hablado hasta ahora. Mientras su compañera de The Office se visibiliza completamente y explota su imagen y su personalidad, B.J. Novak permanece a la sombra. Novak también era uno de los guionistas más destacados de la serie de NBC, pero está aun por ver si será capaz de desarrollar su potencial más allá de ella. Ellos dos representan fielmente el tipo de humor que esta generación está cultivando, profundamente anclado en la realidad (una ilusoria y embellecida) y en la actualidad, dependiente de las nuevas tecnologías y las redes sociales (“¿No has visto mi Tumblr?, que decía Ryan Howard), y basado en el ahora más efímero. Estas herramientas son astutamente utilizadas para generar personajes y situaciones universales que reflejan las características más destacables de los veinteañeros y treintañeros: la inseguridad, la incertidumbre por un futuro que debería haber llegado ya, el miedo a quedarse solo.

Se puede hablar de un salto generacional muy sutil pero relevante entre el grupo de autores y cómicos que en los últimos 10 años han destacado en cine y televisión y el que actualmente comienza a dominar la escena. La generación geek da paso a la generación hipster. Aquellos que fueron fans en los 80 llevan ya unos años generando productos que dependen en gran medida de la cultura popular de las últimas décadas y que hacen de la referencia pop una de sus mayores bazas. Dunham y Kaling también tienen un lado geek, sobre todo la segunda -sus personajes que autodefinen en base a las películas románticas de los 90. Sin embargo, sus discursos se construyen a partir del presente y no tienen esa obsesión casi enfermiza por saturar sus relatos de guiños para que el espectador juegue a reconocerlos. Si se les llama geeks es sobre todo por su extraño comportamiento social.

El material que escriben estos jóvenes es eminentemente autobiográfico (como suele ocurrir en este género). Si ellas se han centrado en las vidas románticas y las aspiraciones profesionales de sus personajes, Donald Glover (dos años mayor que Dunham) suele remontarse a su infancia para fabricar un humor agresivo pero entrañable que revisita constantemente sus mayores traumas. Pero, ¿tan mal lo pasó Glover? Más bien no. En el colegio lo llamaban “Oreo” y “maricón”, pero no creáis que hay mucho más. Glover se queja de que la gente no lo tome en serio como “negro” porque no es un delincuente o no ha matado a nadie. Sus pataletas vienen a decirnos que está harto del racismo dentro de su propia raza, y que quiere deshacerse de los lugares comunes que la rodean. Glover es un hipster negro, y según él, esto no está bien visto en su comunidad. Por eso, el “único negro que verás en un concierto de Sufjan Stevens” ha decidido utilizar la comedia (en concreto los monólogos) para reivindicar su particular personalidad. Su siguiente paso creativo será una serie “de autor” al estilo de Fey (que fue su mentora en 30 Rock) o Kaling. En ella nos contará su vida desde la infancia (¿será igual que Everybody Hates Chris?), y con suerte, nos ayudará a comprender mejor esos fantasmas que le persiguen desde entonces. Además de su trabajo en televisión, Glover ha creado un alter ego en el mundo de la música. Con su proyecto rap Childish Gambino, el actor de Community insiste en su mensaje racial y se sigue desnudando para el que esté interesado en saber todo lo que se le pasa por la cabeza.

Estos chicos y chicas han demostrado con creces el enorme talento que poseen y lo incansables que son trabajando. No hay quien los pare. Reciben críticas por practicar un humor que en ocasiones resulta poco humilde, y por adoptar una postura de referente generacional sin que nadie se lo haya pedido. Pero en muchas ocasiones, estas críticas vienen de parte de aquellos que no se sienten cómodos viendo en sus pantallas un tipo de realidad con el que se sienten tristemente identificados. Por otro lado, estos comediantes se diferencian de los veteranos en que no practican tan abiertamente el nihilismo en sus trabajos. Ellos no están deprimidos, son fabulosos, o al menos aspiran a serlo (y ahí está la gracia casi siempre). Glover es un rapero hipster que odia que los de su raza no lo acepten, pero que igualmente se ríe del blanco si le viene bien. Dunham ha convertido en heroína moderna a un parásito de la sociedad, y encima se ha llevado con ella a tres “hijísimas” (los padres de Zosia Mamet, Jemima Kirke y Allison Williams son todos gente importante del mundo de la cultura). Además, como también le ha ocurrido a Kaling, se la ha acusado de racista. A la creadora de Girls por no incluir en su platilla actrices negras, y a la de The Mindy Project por haber escrito a un personaje poco complaciente y bastante inapropiado a la hora de hacer comentarios raciales. Es más, cuando se juntan, el odio hacia ellos se multiplica. Recientemente, Dunham, Kaling y Novak mantuvieron una polémica conversación en Twitter en la que hablaban de disfrazarse para Halloween como populares asesinos en serie adolescentes. No sentó bien y Dunham tuvo que disculparse (solo ella, a los otros dos nadie les dijo nada). ¿Niños mimados o artistas transgresores? En el marco de una ficción televisiva que se ha despojado ya de todo límite y censura, esta nueva generación de talentos quiere hacer ver que nos podemos reír de todo. Que nadie se lo tome tan serio. Es solo comedia.

Anatomía de Grey 9×06 – “Second Opinion”

Qué alegría que por fin saquen a Arizona de la cama y le cambien un poco la cara (hasta hay amago de sonrisa, o algo parecido). No podía aguantar a Agriazona un solo capítulo más. Lo mejor es que el cambio se introduce de la manera más simpática, con Bailey manipulándola como a un niño pequeño (Chandra Wilson dirige el episodio, por cierto, y he comprobado que cuando lo hace parece que su personaje está más relajado y entrañable). Todo muy desenfadado, buenrollista y hasta semi-emocionante (como toda trama de “volver a andar” debe ser).

Pero lo mejor de “Second Opinion” es sin duda ver a Cristina Yang de nuevo en el Seattle Grace Mercy West. Es decir, verla con el uniforme azul marino. Y sobre todo verla junto a Meredith. Este episodio no ha contado con demasiados momentos entre las dos, pero la temporada acaba de comenzar, así que no nos faltarán. Como era de esperar, Medusa tiene competencia, y los interns caen rendidos ante los dictatoriales encantos de Yang, una figura de mando que despierta odio, admiración y pasión entre sus pupilos a lo largo del episodio. La escena en la que les pone nombres de enanitos es Classic Grey al 100% Hacen falta más momentos como ese en la serie.

Por fin la relación entre Jakson y April parece avanzar. Con la declaración de Avery espero que en los próximos episodios esta historia ingrese en una nueva fase, porque empezaba a cansar verlos en la cama y nada más. Está claro que ambos estarán siempre a la sombra de Mer, Cristina y Karev. Nunca se desharán del sambenito de ser los segundones, los que llegaron cuanto estaba ya repartido todo el pastel, pero eso no quiere decir que no se les pueda dar algo de evolución. Son ya tres temporadas en la serie, ya va siendo hora de hacerles sentir como en casa, y de hacer que a nosotros nos interesen algo estos personajes.

Hablando de secundarios. ¿Escenas exclusivamente dedicadas a los nuevos? No, por favor. Esta serie tiene muchos, demasiados personajes. Menos tiempo en pantalla para los novatos, que no son más que un instrumento para las tramas de los nuevos attending, y más presencia de Hunt, Bailey y los de siempre. Para spin-off de Grey’s ya tenemos (o teníamos) Private Practice.

El final de “Second Opinion” nos devuelve el caserón de Meredith, Villa Intern. Me parece un gran acierto volver a habitarlo con Karev (el nuevo propietario), y Cristina, su inquilina. Será interesante ver la dinámica entre estos dos. Karev siempre ha tenido especial afinidad con Meredith (adoro esa amistad), pero nunca ha conectado tan bien con Cristina. A ver qué sale de este experimento. Espero que muchas risas. Echo de menos esos momentos tan Friends de las primeras temporadas. Estos personajes tienen una química increíble y me apetece verlos desayunar en casa, porque esas escenas suelen ser siempre de lo más divertido de la serie. Merdina y Karev 4ever.

Lo peor de este episodio es que es uno de esos que se mueve por inercia, que es igual que otros cien episodios de la serie y que parece que se ha escrito solo, o un mono del señor Burns con una plantilla. Grey’s de manual, vaya. Los pacientes de la semana son el sopor y el agotamiento personificado, como casi siempre. Lección de humildad para los doctores, historia de superación y autoayuda, todo muy Born This Way, todo muy ZzzzZZZZZzzzzz. Entre eso y los novatos, al menos hay 20 minutos desechables en el capítulo.

Por último, me está resultando mucho más interesante de lo que yo esperaba toda la trama de la demanda por el accidente de avión. Creo que están exprimiendo bien las posibilidades y están aprovechando al máximo lo ocurrido para explorar amistades y relaciones entre estos personajes, algunas de ellas algo estancados desde hace tiempo. Ejemplos: Cristina y Owen, y sobre todo en este episodio Callie y Derek. Seguid así.

Un inciso: estoy desarrollando un girl crush muy serio por Avery. ¿Qué me pasa, doctor?

En defensa de ‘Don’t Trust the B—- in Apartment 23’

Si hay una serie que merezca este año el distinguido reconocimiento de “mejor serie que no estás viendo“, esa sería Don’t Trust the B—- in Apartment 23. Entre mil y una propuestas decepcionantes, este otoño ha sobrevivido una pequeña gran sitcom, cuya primera temporada fue un reemplazo para la mid-season anterior, contando con tan solo 7 episodios. La ABC apostó por los chicos del apartamento 23 a pesar de haber pasado completamente desapercibida, y la incluyó en su programación de otoño, emparejándola con Happy Endings. Pero esta segunda oportunidad no ha visto mejores resultados. Todo lo contrario. Con apenas 3 millones de espectadores, Don’t Trust the B—- in Apartment 23 se encuentra en peligro inminente de cancelación. Lo cual es un ¡¡drama total!!

¿Por qué? Porque actualmente no hay otra serie como esta en televisión. De acuerdo, comedias bizarras tenemos unas pocas, sin embargo ninguna llega a los niveles de demencia que alcanza Apartment 23. Lo más parecido sería 30 Rock, pero la serie de Tina Fey se nos acaba ya, y con tamaña pérdida los niveles de disparate en televisión se desploman. Y es que las virtudes de este tipo de series son a la vez su mayor handicap dentro de una parrilla generalista en la que las cadenas optan cada vez más exclusivamente por la comedia para todos los públicos -quizás en un canal de cable la serie encontraría más fácilmente su nicho de audiencia. Al igual que 30 Rock o también Community, Apartment 23 es un producto excéntrico, ocasionalmente extremo y que no pone cortapisas a la creatividad y a la locura. En consecuencia, una serie poco accesible, minoritaria y que no tiene posibilidad de ampliar su espectro de audiencia sin antes cambiar radicalmente (es lo que va a intentar Up All Night, a ver cómo les sale el experimento). Otra de las bazas de la serie que a la vez juegan en su contra es su alto componente meta y su dependencia de la actualidad más inmediata. Veamos por ejemplo la trama del último episodio emitido en Estados Unidos, “Sexy People”, una gozada se mire por donde se mire:

June (Dreama Walker) espera ansiosa el número anual de la revista People en el que se elige al “hombre vivo más sexy”. Desde que era pequeña, June sueña con el de la portada como si fuera el hombre perfecto, para disgusto de James Van Der Beek, que se lamenta de ser siempre ignorado en esa lista. Chloe (Krysten Ritter) pretende demostrar que June forma parte del rebaño y que se enamoraría de cualquier hombre que People le dijera que es el más sexy del mundo. Por eso, y para hacer feliz a su mejor amigo, se infiltra en la redacción de la revista haciéndose pasar por jefa (Ritter está inmensa en estas escenas). Chloe (im)pone a James en el número uno, y por consiguiente, lo coloca en la portada de People. Al ver la revista, June se sentirá irremediablemente atraída por James, que está pletórico con su nuevo estatus, y que posa desnudo de cintura para abajo sobre un caballo para el reportaje de la revista…

Ahí tenéis. Un argumento completamente inverosímil que es a la vez un fiel reflejo de la actualidad y que hasta se atreve a jugar con acontecimientos que han tenido lugar en la misma semana de emisión del episodio (se menciona a Channing Tatum, el verdadero “hombre vivo más sexy” según el especial de People este año). Y el resultado es uno de los capítulos más descacharrantes y absurdamente deliciosos que he visto en mucho tiempo. Uno de esos que hará que la pérdida, en caso de ocurrir, sea más dolorosa.

Don’t Trust the B—- in Apartment 23 es carne de serie de culto, pero aún no lo sabe, ni ella ni la audiencia. Es cierto que no siempre da con el tono adecuado y que en ocasiones su humor pilla desprevenido hasta al más dispuesto. Pero es ese riesgo lo que convierte a la serie en un producto original, único e irresistible, especialmente dentro del cada vez más aburrido panorama de las networks. El trío de protagonistas se entrega en cuerpo y alma a la locura, regalándonos unos personajes llevados constantemente al límite -hasta June, la más “normal”, es un caso de manicomio-, y con diez episodios en total, hemos asumido que en un capítulo de Apartment 23 puede pasar cualquier cosa. Y nos encanta. Ojalá más gente estuviera dispuesta a confiar en la zorra del 23, y a perder completamente la cabeza con nosotros.

Anatomía de Grey 9×05 – “Beautiful Doom”

En el episodio de esta semana Shonda aparca temporalmente las tramas de casi todos los doctores del Seattle Grace para centrarse en las dos principales protagonistas de Anatomía de Grey: Meredith y Cristina. Apenas vemos a los demás personajes, que participan casi a modo de cameo. Si parpadeas puede que te pierdas a Jackson. El resultado, como de costumbre, un interesante experimento en el que nos adentramos con dudas y del que salimos con la sensación de haber visto algo ligeramente distinto. Sin embargo, no deja de resultar paradójico, porque todo en “Beautiful Doom” remite de nuevo a las primeras temporadas de Grey’s.

Dejamos los dramas familiares y románticos para volver al quirófano. En este visceral episodio (en todos los sentidos), los pacientes sirven para poner a prueba una vez más la madera de la que están hechas estas doctoras. Se suele relacionar la aburrida y altamente ficticia vida del paciente con el estado emocional del doctor, pero esta vez los pacientes están calladitos y abiertos en canal, como a mí me gustan. Más Urgencias que Grey’s en algunos momentos, “Beautiful Doom” (qué título más acertado) resulta contundente y los momentos azucarados, que los hay (faltaría más), son mucho más sutiles y están mucho mejor diluidos a lo largo del episodio.

Como hemos visto, el capítulo gira en torno a Meredith y Cristina, cada una en una ciudad, pero siempre juntas. Seguimos dando vueltas a su shock postraumático, pero como son ellas, no es tan obvio y melodramático como el de otros personajes (como el de Arizona, que por suerte no aparece en el episodio de esta semana). Es en el último segundo del episodio cuando confirmamos que Meredith ha estado todo este tiempo en fase de negación: “Lexie está muerta”. A lo que Cristina responde con un emotivo y extrañamente cómico: “Todo el mundo está muerto”. Ya sabemos cómo es Meredith. A lo largo del episodio la vemos intentando compaginar su vida laboral con la maternidad, lo que nos remite directamente al principal trauma en su vida: su madre. Pero hay algo más. Meredith echa de menos a Lexie. Apenas nos lo ha demostrado, pero su sobreprotección hacia Zola y, sobre todo, su estado nervioso ante una paciente grave de la misma edad y que muestra las mismas heridas que su hermana nos lo indicaban. Meredith obtiene una segunda oportunidad de salvar a su hermana, y la aprovecha. Por eso “Beautiful Doom” resulta tan efectivo, porque se apoya en los personajes más interesantes y complejos de la serie, y porque nos da a una Meredith nueva (Medusa) sin abandonar a la Meredith de siempre.

Lo he dicho en infinidad de ocasiones, pero lo volveré a decir, porque nunca está de más: la amistad entre Cristina y Meredith no solo es lo mejor de Anatomía de Grey, sino que es una de las mejores relaciones entre personajes que yo haya visto en cualquier serie de televisión. Son el corazón (y la mente) (y la bilis) de Grey’s, y cuantos más minutos tengamos de ellas a la semana, mejor será la serie. Está comprobado. Estamos bastante hastiados de las grandes tragedias y las posteriores temporadas de ‘recuperación’, así que se hacía necesario un catalizador para que Cristina dejase de tener miedo a volar y volviese a los brazos de su mejor amiga, de su “persona”. La muerte del doctor Thomas se veía venir. Y se agradece por lo que conlleva. La escena en la que se desploma durante la operación es Grey’s en estado puro. Cristina sigue operando y salva la vida de su paciente mientras su “Meredith de Minnesota” yace muerto en el suelo. Volvemos a dar vueltas alrededor del tema de siempre: Cristina está destinada a ser grande. Pero con una nueva perspectiva, la de la eminencia jurásica que hace ver las cosas de otra manera a la doctora: “Serás la cirujana de tu generación. Lo vi nada más conocerte. Me gustaría que se me conociera en la comunidad médica como la persona que te entrenó”. Craig hace que Cristina valore su trabajo en el presente, poniendo en su cabeza de nuevo la idea de que un día en el futuro será una leyenda, una de la que otros jóvenes brillantes como ella aprenderán. Cristina ha vuelto (otra vez). Podemos estar tranquilos, las hermanas retorcidas vuelven a caminar juntas.

“Beautiful Doom” es Anatomía de Grey al 100%, un episodio que sabe a nuevo, pero que se apoya completamente en el modelo de las primeras temporadas: rápidos diálogos, tensión en el quirófano con la “How to Save a Life” de turno al fondo, y esos momentos de humor estúpido con los que no sabes si reírte o taparte los ojos hasta que pasen (el baile de 30 segundos para celebrar el éxito de la operación). Este episodio es además la enésima muestra de que Shonda no se cansa de buscar nuevas vías creativas, aunque estas fracasen estrepitosamente: dividir el episodio en dos y mostrar con pantalla partida lo que ocurre en Seattle y Minnesota es buena idea. Crear un eco en las conversaciones por teléfono de Meredith y Cristina NO.

Ser ‘actor Whedon’ y no morir en el intento

Joss los junta y ellos se crían.

Hay muchas maneras de identificar una obra de Joseph Hill Whedon: por sus increíbles heroínas de acción, por sus rápidos diálogos y sus frases lapidarias, por una serie de temas en común (emancipación femenina, poder y corrupción, identidad). Pero sin duda, el modo más rápido y directo de catalogar una obra como whedoniana es hallar en ella una de las numerosas caras conocidas del Whedonverso. Si está Fran Kranz, Summer Glau o Amy Acker hay un 80% de posibilidades de que nos encontremos ante una serie, película o webserie del creador de Buffy, cazavampiros.

Whedon ama a sus personajes y considera familia a los actores que los interpretan. De esta manera, el autor ha conseguido rodearse de un amplio plantel de intérpretes que acuden a su llamada como un perro a la campana de Pávlov. La fidelidad y el compromiso que estos profesan al Gran Jefe Geek prueba dos cosas: que Whedon es un buen director de actores… y que a algunos de ellos solo los quiere él. Porque no nos engañemos, más allá de sus trabajos con Joss, los actores whedonistas no han cosechado grandes éxitos ni recibido laureles por sus interpretaciones. Whedon es sin duda el que mejor ha sabido exprimir el talento de este masivo grupo de eternos secundarios. Hay excepciones, por supuesto, pero por regla general un ‘actor whedon’ brillará bajo la batuta del director de Los Vengadores, y se dará el batacazo en cuanto abandone su cálido regazo.

Firefly es en mi opinión la mayor cantera de talento interpretativo de las que ha generado una obra de Whedon. Summer Glau, gato negro de las series (si se cruza en una de ellas, la cancelan), brinda la que es quizás la interpretación más sólida y premiable de la serie. Su River Tam se replica más adelante en otro personaje de otra serie, Terminator: The Sarah Connor Chronicles, y sigue habiendo residuos de ella en Bennett Halverson de Dollhouse. ¿Encasillamiento? Sí, pero del bueno. Me explico. La de Glau es una personalidad magnética, y el hecho de que haya nacido para interpretar a un prototipo de personaje (la chica misteriosa, socialmente extraña, “robótica”) no quiere decir que esté impedida para otros. Es como Clint Eastwood o Leonardo Dicaprio (sí, los estoy comparando, ¿qué pasa?), pocos dudan de las dotes actorales de estos dos intérpretes que rara vez se salen del mismo registro. La joven actriz, que empezó en esto de whedonismo con un pequeño papel invitado en uno de los mejores episodios de Angel, “Waiting in the Wings”, merece mayor reconocimiento, y sobre todo, un éxito televisivo. A ser posible como protagonista.

De Firefly también sale Nathan Fillion, otro “actor maldito” (pero profundamente admirado en el universo geek) que, tras una serie de catastróficas cancelaciones, ha encontrado su hueco en el prime time de ABC, con su modesto éxito (pero éxito al fin y al cabo) Castle. En la línea de esta serie de investigaciones criminales lleva triunfando ocho temporadas Bones, protagonizada por otro antiguo alumno Whedon, David Boreanaz. Sin embargo, entre Fillion y Boreanaz hay muchas diferencias. Para empezar, el protagonista de Angel tardó poco en encontrar trabajo estable, mientras que el legendario Malcolm Reynolds probó suerte durante años hasta que dio con el goloso papel de Richard Castle. Y para terminar, David Boreanaz se desvinculó de Whedon, mientras que Fillion ha permanecido a su lado todo este tiempo. Desde su aparición estelar como Padre Caleb en la recta final de Buffy, el actor ha repetido con Whedon siempre que ha podido: lo hemos visto como Capitán Hammer en Dr. Horrible’s Sing-Along Blog y lo veremos como Dogberry en la nueva versión de Mucho ruido y pocas nueces. En definitiva, la suerte del buen actor el Boreanaz se la lleva.

Alan Tudyk es quizás uno de los Whedon Alumni más versátiles. Cuando Firefly fue cancelada por Fox tras 11 episodios emitidos, Whedon se apresuró a reubicar a algunos de sus actores en sus otras series, iniciando así una especie de patrón: los miembros de la tripulación de la Serenity se van convirtiendo poco a poco en villanos finales de Buffy y Angel. Como hemos visto, Nathan Fillion participó en el desenlace de Buffy. Por otro lado, Gina Torres es la Big Bad de la cuarta temporada de Angel, y Adam Baldwin representa a Wolfram & Hart en la última pelea de Angel contra el mal que vemos en la serie. Años más tarde, Whedon recuperaría esta tendencia, dando a Tudyk un papel de villano en Dollhouse. Su Alpha es la prueba irrefutable del talento del actor, y su actual papel en Suburgatory confirma sus excelentes dotes para la comedia. Por último, Sean Maher es otro de los actores de Firefly que ha mantenido una buena relación con su creador. Quizás el más modesto interpretativamente hablando de todos los mencionados hasta ahora, Maher no ha tenido suerte con sus elecciones profesionales (la cancelación de The Playboy Club con tan solo tres episodios emitidos fue un gran golpe para él). Eso sí, lo veremos, como a casi todos, en Much Ado About Nothing.

Buffy, cazavampiros duró siete años en antena, tiempo suficiente para que los espectadores analizáramos en profundidad las virtudes y defectos de sus actores. Como decía al principio de este artículo, Whedon exprimirá al máximo el talento de estos jóvenes, sacando las que con toda seguridad son las mejores interpretaciones de sus carreras. No pueden aspirar a más y la mayoría de ellos lo tienen claro -sobre todo Nicholas Brendon, que se gana la vida paseándose por todas las convenciones de fans habidas y por haber. Por muy triste que resulte, y por mucho que luchemos para negarlo, todos ellos llegaron a su cima artística en Buffy. Cuando uno ve a Sarah Michelle Gellar en una película o serie posterior no puede creerse que sea la misma que nos hizo llorar en “Lover’s Walk” o “The Body”. Tanto ella como Hannigan y Brendon, son actores con evidentes limitaciones y preocupantes desequilibrios. Alyson llora como nadie (si tiene que moquear y ponerse hecha un adefesio, lo hace) pero es una gran víctima de sus mohínes, y Sarah Michelle destaca -ocasionalmente- en el aspecto dramático mientras que demuestra un gran déficit de vis cómica. Pero todo esto en Buffy. Después de Buffy no hay nada. Ni la irrisoria Ringer ni Lily Aldrin.

Los protagonistas originales de Buffy, el core-4 que los llamamos los whedonites, dejaron atrás a Whedon para centrarse en otros proyectos –Anthony Stewart Head mostró su interés en el spin-off de Giles, aunque fue en vano. Tan solo Alyson Hannigan ha hallado el éxito mainstream, gracias a Cómo conocí a vuestra madre (en la que por cierto hemos visto coincidir a whedonistas como Amy Acker, Alexis Denisof, Danny Strong, Morena Baccarin o Tom Lenk). Curiosamente, son varios actores secundarios de Buffy los que han proseguido su carrera whedoniana, algunos de ellos alcanzando mayor notoriedad. Es el caso de Felicia Day, que tras interpretar a Vi, una de las cazadoras potenciales de la séptima temporada de Buffy, ha desarrollado una excelente relación profesional con Whedon, en el que se ha inspirado para crear su propio emporio audiovisual. La emprendedora Day triunfa como creadora de la webserie The Guild y se ha convertido en una suerte de princesa geek gracias a su vinculación al mundo del cómic y los videojuegos. Whedon ha contado con ella para casi todos sus proyectos más recientes, y la veremos en la secuela de Dr. Horrible, que se encuentra en pre-producción. Por otro lado, Tom Lenk, el entrañable Andrew Wells, sigue los pasos de Felicia, labrándose una imagen pública de geek profesional, y volviendo a las órdenes de Whedon siempre que ha tenido la ocasión. Lo veremos próximamente en el filme de terror La cabaña en el bosque (que Whedon escribe y produce) y en Much Ado. Caso aparte es el de Eliza Dushku, que después de interpretar a la cazadora rebelde Faith Lehane, no quiso saber nada del Whedonverso hasta que en 2009 Joss le ofreciera el papel principal de Dollhouse. Echo es quizás el ejemplo perfecto de personaje Whedon que saca lo mejor y lo peor que hay en el actor. La carga dramática de personajes tan complejos como aquel suele desbordar a gente como Dushku, que destaca en la acción, y se queda corta en todo lo demás.

Del spin-off de Buffy, Angel, Joss Whedon rescata a dos de sus principales actores fetiche, Alexis Denisof y Amy Acker, les da trabajo en Dollhouse y los elige como pareja protagonista (Benedick y Beatrice) de su adaptación de Mucho ruido y pocas nueces. A Denisof incluso lo enchufa en Los Vengadores como el misterioso personaje El Otro, del que solo oímos su voz. En el mash-up superheroico de Marvel también hace un cameo otro actor conocido de Whedon, Enver Gjokaj (Victor en Dollhouse), probablemente uno de los actores más solventes del Whedonverso junto a Alan Tudyk -nunca olvidaremos su perfecta imitación de Topher Brink. Enver es un ejemplo de actor capaz de sobrellevar con soltura la carga de un personaje tan complejo y poco agradecido para el actor como el de un doll/activo de Dollhouse.

En la etapa más reciente de la carrera profesional de Whedon, caracterizada por su titánico trabajo en Los Vengadores, el realizador/productor/guionista ha renovado considerablemente su ejército. De su experiencia en la Casa de las Ideas, el autor se ha llevado varias amistades de las que destaca la que mantiene con Clark Gregg (el agente Coulson). A Gregg también lo veremos en Much Ado, interpretando a Leonato, y además retomará su personaje de Los Vengadores en el piloto de S.H.I.E.L.D., la serie sobre la agencia secreta del universo Marvel cuyo piloto dirige Whedon. En La cabaña en el bosque (que finalmente se comercializará directamente en DVD en España) y como Claudio en Much Ado, podremos disfrutar del que quizás es en estos momentos el ‘actor whedon’ por antonomasia: Fran Kranz, que interpretó al fascinante Topher en Dollhouse. Incluso se podría decir que Neil Patrick Harris se ha convertido por méritos propios en un actor whedoniano, puesto que después de interpretar a Dr. Horrible, Whedon se lo llevó a Fox para que apareciera en el episodio de la primera temporada de Glee que se encargó de dirigir. Que a nadie extrañe que lo veamos en próximos proyectos del autor (aparte, por supuesto, de Dr. Horrible 2).

La lista es interminable. Podríamos seguir buscando los “dos” grados de separación de estos actores dentro del Whedonverso, y nos llevaría un buen rato. Desde Buffy, y después de cinco series de culto y tres largometrajes (cuatro si contamos La cabaña en el bosque), es raro que un ‘actor whedon’ no aparezca en al menos dos de sus obras. Esta gran familia que Joss Whedon ha reunido a lo largo de más de una década (de hecho, alguno lo es de verdad, como su cuñada Maurissa Tancharoen) es el ejemplo de la devoción y el cariño con el que estas personas acometen cada proyecto, y sobre todo de la confianza que el autor deposita incondicionalmente en ellos. Está claro que ninguno ganará un Emmy próximamente, pero mientras Whedon siga trabajando, y nosotros sigamos siendo los fanboys y fangirls de siempre, a ellos no les faltarán las oportunidades para desarrollar su potencial.

Adventure Time: ¡Total y absolutamente matemático!

“Morir será una gran aventura” -J.M. Barrie

¿Es una serie de dibujos? ¿Es un objeto de culto? ¿Es una obra de arte? Es todo lo anterior, y mucho más. Es Hora de aventuras, un auténtico fenómeno televisivo y social, y toda una revolución en Internet. Delicatessen del humor absurdo marca Cartoon Network y súper-evolución de los dibujos animados que encantan a niños y obsesionan insanamente a adultosAdventure Time with Finn and Jake se estrenó en 2010 y acaba de dar por finalizada su cuarta temporada (cada una cuenta con 26 capítulos de 10 minutos). Lo ha hecho por todo lo alto, con un episodio que pone de manifiesto el gran trabajo de guión que hay vertido en ella, y un cliff-hanger que nada tiene que envidiar a las grandes series dramáticas de la última década.

Hora de aventuras sigue a dos mejores amigos, Finn y Jake (un súper valiente y súper honrado niño de 12 años y un perro mágico de 28), que viven juntos en la tierra de Ooo, escenario post-apocalíptico en el que existen todo tipo de criaturas fantásticas y donde los reyes y las princesas son casi tan numerosos como los habitantes comunes: tartas, caramelos, hombres lobo, frutas, animales antropomorfos, fantasmas, vampiros, gigantes, mutantes y todo lo que la imaginación de su creador, Pendleton Ward, pueda generar -y os aseguro que no hay ningún tipo de límite. La principal novedad con respecto a otras series de dibujos de la misma naturaleza (Bob Esponja por ejemplo) es un gran arco argumental del que participan todos los personajes principales, una serie de misterios sobre sus pasados y su conexión a la tierra de Ooo que se van desgranando en varios episodios a lo largo de cada temporada. En parte es ahí donde reside la fascinación del adulto por la serie. En eso y en los constantes guiños, ambigüedades y dobles sentidos imperceptibles para un infante (Abracadaniel, un mago con aspecto fálico que odia ser besado por chicas y lanza rayos de arcoíris con su varita, ejem). También influye el hecho de que sus personajes resulten inauditamente realistas a pesar de estar sumidos en la más pura de las fantasías (tengo la teoría de que Finn el humano es más bien ‘Finn el Súperhumano‘). Y por supuesto su brillante aspecto técnico y artístico. Los diseños de personajes y la animación de Hora de aventuras son increíbles. Tanto que ha originado una inabarcable corriente de fan art que incluso ha llegado a las galerías de arte, y cuya productividad es incansable gracias a las infinitas posibilidades que brinda la serie.

Volviendo al argumento, Hora de aventuras suele tener a Finn y Jake como protagonistas en casi todos los episodios (alguna rareza hay en la que no aparecen casi nada, como “BMO Noir”), pero cada uno de ellos se centrará además en un secundario recurrente o en un personaje episódico que probablemente -o más bien con toda seguridad- volverá a aparecer en el futuro. Los secundarios más importantes son la Princesa Chicle (Princess Bubblegum), la regente de Chuchelandia, una chica científica de 18 años distante, reservada y a ratos antipática y desagradable, de la que Finn está enamorado; el Rey Hielo (Ice King), un anciano solitario y socialmente impedido que admira a Finn y Jake y desea tener amigos -así como casarse con una princesa- a toda costa; y Marceline Abadeer, la reina vampiro, una atractiva joven emo-hipster con alma rock’n’roll y varios traumas infantiles que necesita un amigo, aunque no esté tan dispuesta a reconocerlo. También están la Princesa Bultos (Lumpy Space Princess o LSP), una egocéntrica y maleducada adolescente con forma de nube e irritante voz de hombre (la del propio Ward), y BMO, una consola de videojuegos que hace las veces de televisión, vídeo, fuente de energía, y sobre todo, tercer compañero de piso para los colegas Finn y Jake.

Las relaciones entre estos personajes muestran un nivel de complejidad rara vez visto en una serie de dibujos animados que no esté exclusivamente dirigida al público adulto.[1] Entre diálogo y diálogo absurdo encontraremos sorprendentes momentos de introspección que nos dejarán algo descolocados, en los que los personajes mostrarán sus debilidades e inseguridades (y de eso tienen para repartir). Sirva como ejemplo mi episodio favorito, “What Was Missing”, en el que Marceline desnuda su alma en una (maravillosa) canción que además hace estallar las alarmas del subtexto homosexual y convierte a la Reina Vampiro y la Princesa Chicle en una popular pareja de slash fictionEs habitual en Hora de aventuras la incorporación de temas más maduros y situaciones propias de otros géneros seriales. La relación entre la Princesa Chicle y Finn se desarrolla a lo largo de toda la serie, añadiendo continuidad a la historia general, y se complica con la llegada de la Princesa Llama (Flame Princess) al final de la tercera temporada. En este sentido existe una clara evolución de personajes, que además, aumentan de edad a medida que avanzan las temporadas (Finn tiene ya 14 años en la cuarta), algo poco común en este tipo de series.

La cuarta entrega de Hora de aventuras ha elevado el nivel de autorreflexión en la serie (cada vez hay más detalles ocultos de esos que te das cuenta cuando la ves por segunda vez), y a pesar de la poca presencia de Marceline, ha despachado algunos de los mejores episodios de ficción que hemos visto este año en televisión: “Five Short Graybles” (cinco micro-relatos con un tema en común a adivinar por el espectador), el doblete “Return to the Nightosphere” y “Daddy’s Little Monster” (si está Marceline, será un gran capítulo), “Goliad” (desfasadísimo, extremo, demencial), “Princess Cookie” (uno de esos capítulos que ves con los ojos como platos y no puedes creer que no haya sido censurado), “Burning Low” (un episodio duro, en el que vemos a Finn destrozado y perdiendo los estribos y su férrea compostura por primera vez: “Princesa Chicle, estaba enamorado de ti, ¿vale? Y tú no me quisiste. ¡Ahora estoy preparado para pasar página y parece que me quieres ilusionar otra vez! Pues ya estoy harto. ¡Estoy harto!”), “I Remember You” (en el que descubrimos el pasado en común de Marceline y el Rey Hielo y lloramos como descosidos ante uno de los capítulos más hermosamente tristes de la serie), y por último, la season finale, “The Lich”, una épica de proporciones épicas.

No vamos a esperar mucho para ver qué ocurre tras el final de la cuarta temporada. La quinta se estrena el 12 de noviembre, con un episodio doble titulado simplemente “Finn the Human”. Hora de aventuras es la prueba fehaciente de que los géneros y formatos no son un factor decisivo a la hora de encontrar una joya en televisión. Con unos guiones extraordinariamente locos y ocasionalmente terroríficos (en serio), un excelente trabajo de doblaje (tanto en inglés como en español) que humaniza como nunca a los personajes y unas canciones brutales que bien podrían escribir The xx o Sufjan Stevens (Ooo es el paraíso oficial del autotune, y por tanto, el sueño húmedo de todo hipster que se precie), Adventure Time with Finn and Jake contiene la fórmula secreta para la serie definitiva. Y eso, amigos, es ¡ciencia!

 

[1]De hecho, Adventure Time se emite a las 19:30 en EEUU, por lo que asumimos que se dirige a un público mayor que el de la programación matutina.

The Inbetweeners: Just Dance

Para haceros una idea exacta de lo que es The Inbetweeners sin ver ni un solo minuto imaginaos Superbad (Greg Mottola, 2007), Freaks and Geeks (Paul Feig, 1999-2000) y American Pie (Paul Weitz, 1999) mezcladas y agitadas toscamente junto a un puñado de temas marca MTV y hits electrónicos con un mes de caducidad. No hay mucho más, la verdad.

Remake de la serie homónima que duró tres temporadas en el canal británico E4 (el mismo de Skins o Misfits), The Inbetweeners sigue las triadas y tribulaciones de cuatro adolescentes intentando sobrevivir al instituto, mientras hacen lo posible e imposible por perder la virginidad. Una especie de reverso masculino de Awkward., con una carga aún mayor de sexo y un humor mucho más bizarro. Aquí también tenemos voz en off, la de Will Mackenzie (Joey Pollari), el nuevo estudiante del Grove High School, que como Jenna Hamilton, se convierte en diana para bullies y el hazmerreír de toda la comunidad estudiantil. Will se lleva casi todos los palos -es estirado, remilgado, amanerado, y encima novato-, pero sus nuevos amigos también son inadaptados sociales, freaks y geeks (sobre todo freaks) con las hormonas a punto de estallar. Neil (el tonto entrañable), Simon (el sensato, con el que es más fácil identificarse) y Jay (el payaso sin gracia) reciben a Will en su grupo con los brazos abiertos. O más bien dejan que la naturaleza haga su trabajo: Pringados Assemble.

The Inbetweeners no es tan perspicaz como Awkward., ni tan entrañable como las obras de Apatow, pero tiene una virtud: el deseo de hacerlo pasar bien a toda costa. Sin embargo, esto no es suficiente. La primera temporada (12 episodios) transcurre a base de gags estúpidos y situaciones disparatadas que ponen a los cuatro amigos constantemente en ridículo mientras tratan de meterse “en los pantalones” de la chica de turno. No hay apenas evolución, ni desarrollo argumental, y además la comedia es más bien rudimentaria: por ejemplo, a Jay (Zack Pearlman) se le queda atascado el miembro en un agujero de la piscina infantil pública. Y así casi todos los episodios. Pero claro, lo que ves es lo que hay. Ni promete otra cosa, ni se le puede pedir más, y si nos quedamos es bajo nuestra propia responsabilidad. Al fin y al cabo, 20 minutos a la semana de puro escapismo descerebrado no vienen del todo mal. Es una pena que hasta el último episodio (el del baile de fin de curso, por supuesto) The Inbetweeners no recurra al sentimentalismo, que viene muy bien para amortiguar las excentricidades y los excesos y motivar a seguir viendo la serie. Es en los últimos 5 minutos de la primera temporada cuando la serie se adentra verdaderamente en terreno Apatow, con un estupendo mensaje pro-freak, un inspiradísimo discurso It Gets Better y una bonita celebración de la amistad de estos cuatro personajes. Si la serie llega a tener una segunda temporada (está difícil), ese es el camino a seguir. Que la sangre no bombee solo hacia la entrepierna. A The Inbetweeners lo que le hace falta es más corazón.

Sabes que no importa nada, ¿verdad? Nada de lo que te preocupa: las chicas, el rechazo, el sexo. Crees que tu vida es un drama enorme, pero no lo es. Créeme, toda la gente a la que estás intentando caer bien ahora no va a significar una mierda en tu vida. Así que tú baila. Baila, porque algún día tendrás cosas de las que preocuparte de verdad. Pero ahora mismo no. Ahora puedes bailar.

Happy Endings: ¿Cuánta vergüenza ajena cabe en 20 minutos?

Una vez empiezo una serie suelo comprometerme a verla hasta el final. Obviamente esto es un problema. Cada vez más grave. Soy de los que piensa que para adquirir una visión completa de una serie es necesario verla hasta el final. Sigo sosteniendo esa teoría, porque es de cajón (si quieres una visión completa, debes completar, d’uh!). Sin embargo, la apabullante cantidad de series que se estrenan al año en Estados Unidos me ha obligado finalmente a saltarme la norma, empujándome a ser más crítico y menos permisivo. Pocas veces he abandonado una serie una vez empezada (sin ir más lejos, el año pasado vi Are You There, Chelsea? entera) (Dios mío), pero los estrenos de otoño de las networks americanas han dejado mucho que desear estos últimos dos meses, y después de ver muchos pilotos desastrosos, me niego a dar segundas oportunidades. Es eso o no tener tiempo para ver las series que de verdad quiero ver hasta el final, o para tener algo de vida (que no es que la necesite mucho, pero no viene mal tampoco). Dicho esto, ¿qué hago con las series que sigo por inercia, las de planchar o las que no abandono por pena? Es hora de ser implacable y archivarlas, por mucho que me duela hacerlo con episodios pendientes. “No eres tú, soy yo”. He decidido que se puede adquirir una visión global de la serie con pocos episodios vistos. Es la ‘visión global personal’, la que se obtiene de lo que se ha visto, sea mucho o poco. Punto. Ya no hay tiempo para esperar a que una serie se vuelva buena. Tiene que serlo, o como mínimo prometerlo, desde el principio.

El caso de Happy Endings es especial. Un “no soy yo, eres tú”. Hay series a las que das segundas, terceras y vigesimoquintas oportunidades basándote en el feedback que te da la gente en cuyo criterio confías casi a ciegas, en las críticas de las publicaciones especializadas o incluso en su estatus de serie-de-culto (esto es lo que a mí me pierde realmente): si a tanta gente gusta, algo tiene que tener, ¿no?. “La primera temporada de Happy Endings es floja, y además se emitió desordenada”. “Podrías saltarte la primera y empezar directamente en la segunda, que es cuando la serie se pone genial”. “Los personajes al principio no están bien definidos, en la segunda se vuelven enormes, sobre todo Penny y Max”. Es todo lo que se me dice cada vez que veo un episodio de la primera y digo que me parece horroroso. OK. Me fío. Muy receloso, pero me fío. Os juro que quiero que me guste. Vamos a ver la segunda a ver si es cierto todo esto. Nada. Creo firmemente que la segunda temporada de Happy Endings es muy similar a la primera. Puede que aumente ligeramente la autorreflexividad y las referencias a la cultura pop. ¿Pero a qué serie de sus características no le ocurre eso? Y es cierto que emitir los primeros episodios desordenados hacía que la serie pareciera más descentrada (aún) y sus personajes mal definidos. Pero esto no es justificación suficiente. Podemos ordenarlos nosotros, y para mí el resultado será el mismo, solo que tendré más claro antes que Alex y Jane son hermanas. Lo que no cambiará es que Penny y Max me caigan como una patada en la entrepierna.

Mi principal problema con Happy Endings son sus personajes. Me resultan extremadamente repelentes, irrealmente cool e insoportablemente (im)perfectos. Son de ese tipo de personas que en la vida real evitaría a toda costa. De esos que sacarían lo peor que hay en mí. Seis personajes que solo se soportan entre ellos. Y ni eso. Una chupipandi de idiotas que reconocen su idiotez pero no se cansan de decir lo geniales que son. Su patetismo latente pretende buscar la simpatía, e incluso a veces la compasión por parte del espectador. Pero lo que yo experimento cada vez que uno de ellos abre la boca para soltar la gracieta de turno con el típico tono de voz irritante o acento intencionadamente ridículo es pura y dura vergüenza ajena. “Ahí está la gracia, en que son lo peor”, me dicen. De acuerdo, entiendo cuál es la intención. Pero el resultado, desde mi punto de vista, es un fracaso absoluto. Mirad por ejemplo Friends. Seis personajes con incontables imperfecciones, neuras e inseguridades que sin embargo me resultan queribles y entrañables. Y no hace falta recurrir a clásicos consagrados de la televisión. Community, 30 Rock, Girls, Parks and Recreation, It’s Always Sunny in Philadelphia, Don’t Trust the B—- in Apartment 23 o incluso Cougar Town. Todas estas series están plagadas de personajes insoportables, exagerados y poco realistas de los que me gusta reírme, y que hacen que reírme de mí mismo sea muy divertido. Quizás la clave esté en que los de Happy Endings se esfuerzan demasiado. Eso es, Happy Endings es el amigo gracioso del grupo que no soporta que nadie sea más gracioso que él. El que interrumpe para hacer un chiste y los demás apartan la mirada mientras suenan los grillos. El que se cree guay y no sabe que lo critican a sus espaldas. Al que dan ganas de decirle: “tío, relájate un poco, que esto no es un concurso”. Y yo con esas personas intento pasar el menor tiempo posible. Por eso Happy Endings queda archivada. Lo he intentado, y mucho, pero está claro que no podemos ser amigos.

The Office: Diario de la novena temporada

A pesar de que el último episodio emitido (el de Halloween) bajó el listón de la temporada, The Office lleva más de un mes recordándonos por qué nos gustaba tanto hace unos años. No será tarea fácil, pero confío en que no pierda fuerza a lo largo del año y se marche con una temporada memorable que nos haga perdonar-pero-no-olvidar las dos anteriores. A continuación os cuento capítulo a capítulo por qué me está gustando tanto The Office este año. Lo hago a modo de diario (los comentarios están escritos y publicados originalmente en Facebook justo después de ver cada episodio en su día):

9×01 “New Guys” (20-09-12)

El arranque de la temporada ha sido algo flojo y la comedia ha brillado por su ausencia. Sin embargo, se presentan unas cuantas tramas muy muy interesantes que pueden dar mucho sentido a la serie después de tantos años.

Hay varios momentos que dan esperanzas: definitivamente, esta pueda ser una temporada más que decente. Y también algo más dramática (o quizás la palabra sea ‘trascendental’) de lo habitual. Eso sí, ya a estas alturas no espero que me vuelva a hacer reír como antes.

La temporada comienza con la promesa por parte de los responsables de la serie de que vamos a descubrir cuál es la razón por la que un equipo de cámaras lleva nueve años grabando el día a día de una compañía de distribución de papel. En el teaser de este episodio ya vemos el primer guiño, con Jim y Pam quitándose los micros y hablando sin saber que la cámara sigue filmando. ¿Queremos resolver ese enigma? ¿Nos intrigó en algún momento? Más les vale que sea algo verdaderamente genial.

9×02 “Roy’s Wedding” (27-10-12)

Un gran sí a este episodio.

Me gusta que se estén dedicando a desamuermar a Jim y Pam. ¿Conseguirán que nos volvamos a enamorar de ellos como al principio? Desde luego se nota cierto esfuerzo por agitar su relación y sacarlos (o más bien sacarnos) del hastío de su solidísimo matrimonio.

Dwight ha encontrado a su nuevo Jim (o mejor dicho, un Jim a la altura de su locura): Nellie. Brutal la química entre ambos, y maravillosísima Catherine Tate. Cruzo los dedos para que se quede hasta el final de la serie.

¿Erin y “Nuevo Jim”? ¿Ocurrirá algo? Quizás sea bueno para animar un poco la relación entre Erin y Andy. Aunque los nuevos siguen sin cuajar.

Creed está cada vez más demente (si es que eso es posible), y yo cada vez lo amo más. “Sé que no existes”, le dice al hada de los proyectos especiales Nellie ♥

9×03  “Andy’s Ancestry” (4-10-12)

3 de 3. ¿Será posible que The Office haya recuperado gran parte del brillo de sus mejores días? Estos tres primeros episodios han sido más centrados y divertidos que las tres temporadas anteriores enteras.

Hacía tiempo que la serie había perdido la sutilidad con la que mostraba las interacciones humanas en la oficina. Y en este episodio tenemos unos cuantos momentos brillantemente escritos que retoman ese espíritu del comienzo. Por ejemplo, el “nuevo Jim” hablando Dothraki con Erin. Muy bueno, en serio. Muy bueno todo.

Catherine Tate. Nellie Bertram. Estoy profundamente enamorado de las dos. Qué maravilla de personaje, de verdad. Sigo insistiendo en que, aunque después de la marcha de Michael no se ha tratado de buscar un sustituto, para mí, Nellie ocupa perfectamente su lugar. Me hace sentir cosas muy parecidas a las que me transmitía Michael. La amo. La amo. La amo. Y amo su informe sobre el papel que no corta. Y todo lo que hace, sin saber hacer nada. La p**a ama. Y su amistad con Pam. Gracias por volver a tocarnos la fibra sensible.

Me gusta mucho el tema “tenemos que salir de aquí” que se está expandiendo por Dunder Mifflin. Se acerca el final, y ya se va notando. Es hora de dejar la oficina y perseguir los sueños. Intuyo que voy a llorar mucho esta temporada.

Jim chino: la mejor broma de Jim a Dwight en mucho tiempo. Gracias.

Erin hablando francés. Mais oui!

9×04 “Work Bus” (18-10-12)

Ya sé que podría decirlo en cada capítulo, una temporada detrás de otra, pero ¿no está Jim Halpert más guapo que nunca? Eso, y la suscripción al gimnasio parece que le está saliendo rentable últimamente.

“Work Bus” es otro de esos episodios 100% The Office, en los que las marcianadas conducen hacia un final emotivo donde se potencian las virtudes y las vulnerabilidades de los personajes. Erin y su vida de huérfana, el deseo de Nellie de ser madre (me diréis que no es Michael Scott…), la esterilidad de Dwight.La trama de Jim y Pam se está llevando con mucho temple y naturalidad. Nada de grandes dramas (porque no hay para grandes dramas y no tiene por qué haberlos), pero aún es pronto y me da a mí que esto no se queda así y que van a tener crisis gorda pronto. Estamos en la temporada final y es lo que toca.

Confirmado y reconfirmado: Creed es cada vez más enorme. “Hola chicos, aquí estoy, fugándome del trabajo”. EL REY.

El tema de Erin y el Nuevo Jim (sigo sin aprenderme su nombre) sigue desarrollándose al fondo. Literalmente. Volvemos a verlos juntos en una escena de Oscar y Kevin al final del episodio. No será por señales. Estos dos se lían. Y mira, Andy está tan imbécil últimamente y está dando tanto por sentado a Erin que me parece que es el toque de atención que necesita.

9×05 “Here Comes Treble” (25-10-12)

El episodio de Halloween más flojo que recuerdo últimamente, y el peor de la temporada hasta ahora. Pocas risas, casi ninguna. Muy soso todo.

El pasado de Andy, su faceta de músico, sus dramas familiares. Todo eso siempre me ha resultado poco interesante. Y en este episodio hay demasiado de todo eso. Demasiado acapella… zzZZZzzzZZ

Mis dos carcajadas viendo el capítulo: Dwight comiendo “Jims” (o sea, Nerds). Y Nellie disfrazada de “Toby sexy”.

Y hablando de Toby. ¿Qué ha pasado? ¿A quién se le ha ocurrido elevar aún más su bizarrismo haciendo que flirtee con Nellie porque va disfrazada de él y que pierda el interés cuando se quita la peluca? En serio. Muy raro. Demasiado hasta para The Office.

Meredith de Viuda Negra ♥ Kevin de Charlie Brown. Por lo demás, disfraces aburridos este año. Como el episodio en sí.

Anatomía de Grey 9×04 – “I Saw Her Standing There”

– El nuevo doctor del Seattle Grace (Ethan Embry), para los fans de los osos, de las barbas pelirrojas, carne de ego-Instagram y Tumblrs de tíos buenos. Sí. Vale. Ok. ¿Tendremos triángulo amoroso? (Espero que no) ¿Será el nuevo personaje gay? (¿Ha habido personajes masculinos gays en Grey’s? No me acuerdo) ¿Habrá duelo de pelirrojos en los pasillos del hospital? Sea como fuere, McBeard me parece una buena incorporación.

Arizona Robbins. Esa mujer. Yo llevo odiándola desde la primera vez que la vi en patines. He dejado patente lo mucho que la detesto en multitud de ocasiones, y no me parecen suficientes. Si Arizona happy-flower-soy-guay-única-y-original me caía como una patada en la entrepierna, imaginad lo que siento por esta Arizona asquerosa, odiosa y desagradable. Me da igual que su ira esté (semi)justificada o que el camino hacia su redención (lo es desde mi punto de vista) ya haya comenzado. Arizona está muerta para mí. Murió en el accidente de avión. Murió y es un fantasma, uno más pesado que Denny Duquette. Ella sí que es un cáncer. Si Shonda pretende devolver la chispa a su relación con Callie, más le vale aplicarse un poco más, porque yo no veo lo de “la temporada del romance” cuando pienso en ellas. Yo lo que quiero es “la temporada del divorcio”.

– Y ya que estamos con el odio, repartamos un poco a la madre de Avery, esa vieja verde. Debbie Allen me irrita aún más que Loretta Devine. Lo único bueno de su presencia en la serie es que garantiza la aparición de Jackson en el capítulo. Y yo por mirar esa carita y esos ojos lo paso todo (y si se mete en la cama con April, mejor, aunque esos dos me aburran más que Webber).

– Todos juntos: ¡CRISTINA, VUELVE YA!. Tu amigo viejo (el sustituto de Meredith, que más o menos tiene la misma edad que ella) es majo, y se está desarrollando una relación bonita entre vosotros. Pero yo quiero verte ya con el uniforme azul oscuro. Y quiero verte pasear por los pasillos con Meredith. Y por Dios, lo que no quiero es verte en la cama con Rex Van De Kamp. ASCO.

– Me gusta que Derek se proponga cambiar. “No voy a huir al bosque y a dejarme la barba crecer”. Estupendo. Ya tenemos suficiente con la trama de la mano, que ya la vivimos con Burke, como para tener que soportar otra vez a Derek dramas.

Miranda Bailey lleva siendo un personaje a la deriva desde hace cuatro temporadas. Ya va siendo hora de hacer algo con ella. Algo verdaderamente trascendental. Un cambio real. Parece que es lo que se propone Shonda, pero aún no lo veo claro. Una semana es un cachorrito y a la siguiente se le han cruzado los cables y se vuelve implacable. Aunque claro, no le llega ni a la sombra a la gran Nazi.

– El hombre del escroto gigante me transportó directamente a las primeras temporadas de la serie. Hacía tiempo que no había un paciente de este tipo, un caso ridículo, exagerado, de uno-en-mil-millones, y con una alta carga sexual y ese factor “wow” que hace que todos los novatos miren boquiabiertos y sirva para hacer bromas entre ellos. Qué pena que el capítulo fuera un aburrimiento total. En eso no se pareció nada a las primeras temporadas, no.

– Espero que los nuevos interns no tengan mayor protagonismo en la temporada. Pero quedan muchos episodios por delante y me temo que vamos a verles las caras mucho más. Concentraos en los personajes que ya conocemos, por favor. No queremos (otra) una temporada de relleno.