Weeds: Goodbye, MILF

Niños niños, futuro futuro

Es habitual que una serie de televisión nos permita echar un vistazo al futuro en su último episodio. Esto sirve para paliar esa devastadora sensación al darnos cuenta de que no vamos a ver crecer más a nuestros personajes favoritos, de que no los veremos vivir y morir. Six Feet Under tomó esta idea y la llevó a las últimas consecuencias. Weeds no llega tan lejos, pero sigue haciendo lo que se le da tan bien, mover la historia a pasos agigantados, sin miedo a perder, sin miedo a nada. Saltamos 7 años en el futuro de los Botwin, con un Stevie ya adolescente y los demás miembros de la familia alejados de su matriarca. La marihuana se ha legalizado y Nancy es propietaria de 50 tiendas tipo Starbucks que venden productos realizados con la planta. Todo en “It’s Time” se antoja ligeramente pasado de rosca, pero ¿cuándo no ha sido Weeds así? Jenji Kohan escapa de un final convencional y decide sorprender, como siempre, buscando nuevos terrenos para la historia y para sus personajes. El resultado es un episodio enormemente amargo, extraño y poco complaciente (en la línea del arriesgado final de Will & Grace), una hora de brutal realidad disfrazada de fábula futurista, una visita del fantasma de los Bar Mitzvás futuros que, sin embargo, no da en ningún momento la oportunidad de volver atrás y cambiar las cosas.

Lo que empezó siendo la historia de una viuda con dos hijos que se ve obligada a traficar maría ha evolucionado tanto, tantísimo, que ha acabado siendo ‘la historia de una mujer’ a secas. La enigmática e irresistible personalidad de Nancy Botwin ha trascendido sus circunstancias, y el último episodio de Weeds se dedica, entre otras cosas, a intentar responder la pregunta “¿Quién es Nancy?” Para ello se exploran las vidas de sus familiares, se comprueba si las expectativas que teníamos puestas en ellos se cumplen o no, y se busca la relación entre sus destinos y el papel de Nancy en ellos. Todo mientras ella se pasea serena, bella y esquizofrénica a partes iguales, como es habitual, esperando a su Andy. Esperando a que el mayor pilar de su vida vuelva para sostenerla de nuevo, para ayudarle a encontrarse, o cubrir la necesidad de hacerlo. Su cuñado aparece, pero en lugar de servir de consuelo, le da en las narices con la dolorosa verdad. Andy es feliz sin ella. De hecho, para ser feliz, lo único que necesitaba era alejarse de ella. Después de todo, lo que Nancy debe aceptar es que los demás sigan su propio camino, y no el que ella ha marcado todo este tiempo.

– ¿Por qué esa obsesión con los hijos?
– Son tu legado.

Pero entonces aprendemos que cada caso es distinto, y que cada persona es la verdadera y definitiva responsable de su futuro. La prueba son Silas y Shane. Los hijos de Nancy Botwin han vivido la misma infancia, la misma adolescencia, y sin embargo uno es feliz con su trabajo ideal, una mujer que ama y un bebé, y el otro es basura blanca, un policía alcohólico y perturbado. Puede que Kohan nos esté queriendo decir que la genética es en gran medida responsable de nuestros devenires, y por supuesto, que nuestros mentores contribuyen enormemente a moldear nuestras personalidades, pero está claro que lo que da forma definitiva a nuestras vidas son las decisiones que tomamos. Las decisiones de Nancy han sido dudosas a lo largo de todos estos años, y las consecuencias han arrastrado a toda su familia hacia una vorágine de delincuencia, inmoralidad y peligro. Por eso a Stevie se le oculta desde el principio que su padre era un gángster, un asesino. Ahora que es una magnate alejada de toda actividad ilegal, Nancy quiere hacer las cosas bien, y decide despojar a Stevie (por cierto, estupendamente caracterizado en tan solo una hora) de sus raíces, para impedir que este se convierta en Esteban Reyes Jr. Pero como nos demuestran Silas y Shane, los secretos familiares acaban tarde o temprano saliendo a la luz. Al descubrir quién fue realmente su padre, Stevie se replantea su propia identidad, pero nosotros sabemos que, mucho más que hijo de Esteban, él es hijo de Nancy (e hijo de Andy), en definitiva, un Botwin. Nancy también lo sabe, y orgullosa por ello, recibe emocionada el “te quiero” más importante de su vida.

El final de Weeds sirve sobre todo para redimir definitivamente a su protagonista, para que echemos la vista atrás y comprobemos (una vez más) que todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido por el bien de sus hijos -nosotros ya lo sabíamos, pero su familia no lo tenía tan claro. Por ello es especialmente conmovedor que Silas libere a su madre del insoportable peso que carga sobre los hombros: “¿Fuiste madre del año? No. ¿Me hiciste daño? Sí. ¿Te guardo rencor y me paso los días pensando en cómo habría sido mi vida si hubiera tenido una infancia normal? No. De verdad que no”. Y aunque sus palabras sean algo ambiguas y nos lleguemos a plantear si quiere consolarla o culparla (“No se trata de ti”), Silas es totalmente sincero. Es inútil remover el pasado si se es plenamente feliz en el presente. Es inútil removerlo y punto. Efectivamente, algo habrá hecho bien Nancy. Y probablemente haya sido querer a sus hijos más que a nadie. Quedémonos entonces con las palabras del hijo de Doug, que, en una de las escenas más hermosas del episodio, le cuenta a Nancy por qué ha salido tan bien a pesar de tener un padre que lo insultó, repudió y abandonó a toda su familia: “Mi padre fue un cabrón, pero mi madre fue maravillosa. Es maravillosa. Siempre luchó por mí”. El enigma  de la relación entre padres e hijos no le ha sido descifrado, pero Nancy sonríe. Porque ella nunca ha dejado de luchar por Silas, Shane y Stevie. Si algo la ha caracterizado es precisamente eso.

Pero entonces queda por responder la pregunta “¿Quién es Nancy Botwin?” Nunca lo hemos sabido muy bien, la verdad. Stevie lo articula con bastante tino: “Tu historia me resulta muy confusa”. Y a nosotros, Stevie. El largo recorrido de Nancy & co. a través de las ocho temporadas de Weeds ha sido algo caótico, a ratos incomprensible, desorientador, inabarcable. Pero en última instancia, apasionante, como la propia Nancy Botwin. ¿Cuál es la constante en la vida de Nancy? La misma que en la de todos nosotros. Su familia. Y como suelen concluir muchas series, la familia son aquellos que nos acompañan en el viaje. Nancy es la gente a la que ha querido, la gente a la que ha hecho daño, la gente a la que quiere. Nancy es las personas que se sientan a fumar junto a ella en el porche de su casa. Esa gente es su historia. Nancy es Silas, Shane, Doug y Andy. Nancy es Stevie, Guillermo, Heylia, Esteban, Conrad y Celia. Nancy es la suma de sus partes, la unión de sus experiencias. Es decir, Nancy Botwin somos todos.

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Comentarios (3)

 

  1. Sole dice:

    Genial artículo, no se puede expresar mejor con palabras todos esos sentimientos que ha provocado este final. Eres increíble.

  2. fon_lost dice:

    Ohhhh!! Nancy somos todos! Aunque no tengamos la sonrisa de Mary-Louise Parker. El final de Weeds me ha parecido perfecto. Y nos ha quedado más claro que nunca que Nance siempre actuó como lo hizo por el bien de sus hijos. Lo único que he echado en falta, ha sido a Celia Hodes. Ni una mención. Una pena, la verdad.

    Gran artículo, as usual. 🙂

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