Pilotos 2012-13: Parte V – Last Resort y The Mob Doctor

LAST RESORT

Los jueves en ABC
Puntuación: 7,5/10

Gracias a Dios (o a Joss, o a Ausiello), la nueva hornada de dramas de la ABC para esta temporada no está compuesta únicamente de culebrones prêt-à-porter y dramedias suburbanas sobre mujeres de más de 40. Sorprendentemente, irrumpe en escena un submarino nuclear, llevándose por delante vallas blancas y frentes llenas de bótox. Llega Last Resort, una serie de acción esencialmente noventera, de domingo por la tarde, que recupera el esplendor de películas como La caza del octubre rojo, La roca o incluso Jungla de cristal. Es decir, la acción por la pura acción. Diversión casi infantil, sin mayores pretensiones que las de complacer a un público que a veces agradece lo simple, siempre que esté bien hecho. No sorprende en este sentido que “Captain” esté dirigido por Martin Campbell, responsable de cosas como Escape de Absolom o dos entregas de la saga Bond, GoldenEye y la estupenda Casino Royale. Es evidente que las cosas estaban claras desde la gestación del proyecto. El piloto de Last Resort no es ninguna obra maestra, pero es honesto, directo, y hace bien lo que se supone que tiene que hacer: presentar una historia semi-cerrada para a continuación plantear las múltiples direcciones que esta puede tomar, y además entretener durante 40 minutos, de manera que no nos importe repetir. Si “Captain” es indicio alguno, Last Resort es la serie con más proyección a largo plazo de las estrenadas hasta ahora.

Estamos ante un producto que recoge los clichés más reconocibles de la acción bélica: diálogos que son jerga militar en un 80%, héroes asquerosamente honrados, malos que bien podrían ser dibujos animados. Luchas de poder, respeto, lealtad, sacrificio, testosterona y patriotismo. Un producto que, en un principio, no busca complicarse demasiado la vida con elaborados debates morales (que alguno hay, pero es lo de menos), sino que se limita a ofrecer un contundente espectáculo televisivo -por supuesto, las trabas presupuestarias del medio saltan a la vista. Falla únicamente el reparto, encabezado por Scott Speedman (Felicity) y Andre Braugher (Homicidio). Ambos protagonizan un desequilibrado duelo interpretativo: la irritante sobreactuación de Braugher contra la lastimera infraactuación de Speedman. El tiempo dirá si estos actores son capaces de amoldarse adecuadamente a sus papeles. Por ahora es mi único pero a Last Resort, serie que, con los pertinentes arreglos y un desarrollo digno, tiene la capacidad de hacer que nos sintamos orgullosos de ser americanos seriéfilos.

 

THE MOB DOCTOR

Los jueves en FOX
Puntuación: 3/10

Grandes jefes de las cadenas, creadores de series y productores ejecutivos, señores de los estudios: No necesitamos más dramas médicos en televisión. No nos importa que The Mob Doctor añada un componente inédito en las demás (la protagonista es una doctora que está endeudada con la mafia después de perdonar la vida a su hermano), el género está absoluta e irremediablemente agotado. Los espectadores no quieren más líos entre doctores y residentes, más escenas clónicas de quirófano, más pacientes con emotivas historias que contar, más dilemas morales entre hacer lo correcto o lo legal. BASTA YA. Los bajos índices de audiencia del piloto de The Mob Doctor confirman el hastío del respetable, y el nulo interés de la propuesta.

The Mob Doctor no es solo innecesaria, sino que además está por debajo de lo mediocre en todos los aspectos. Su piloto nos introduce en una historia a caballo entre dos mundos, incapaz en todo momento de centrarse, con una protagonista que se mueve de uno a otro como si el día tuviera 72 horas. Estamos ante un evidente caso de pilotitis (ya sabéis, demasiada información torpemente condensada), pero sin diagnóstico favorable al horizonte. De hecho, sin posibilidad de sobrevivir. Jordana Spiro lleva todo el peso de la serie, y ese es el principal error de The Mob Doctor. De la escuela interpretativa de Lucy Liu, Spiro es una suerte de Arizona Robbins con el rostro anestesiado y la mirada vacía. La semi-desconocida actriz da vida (es un decir) a Grace Devlin, la típica doctora temeraria, resabiada y llena de recursos en la tradición de Gregory House o (la enfermera) Jackie Peyton, pero esta vez con un pasado misterioso que se supone debe añadir profundidad al personaje. Desde su nombre observamos la dualidad de su personalidad (y de la serie, claro): es una buena forzada a hacer cosas malas, una anti-heroína moderna… un arquetipo que empieza a perder toda su fuerza. Devlin está rodeada de un elenco de secundarios que van de lo invisible a lo insoportable. A pesar de los esfuerzos por desmarcarse, nada en The Mob Doctor resulta diferente de lo que ya hemos visto tantas veces en televisión. En un momento del piloto, la protagonista se atreve a decir: “No soy una doctora del montón”. Permita que me ría en su cara, doctora Devlin.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution
Pilotos 2012-13: Parte IV – Elementary
Pilotos 2012-13: Parte V – Last Resort y The Mob Doctor
Pilotos 2012-13: Parte VI – The Neighbors y Partners
Pilotos 2012-13: Parte VII – 666 Park Avenue y Vegas
Pilotos 2012-13: Parte VIII – Chicago Fire, Made in Jersey y Nashville

Pilotos 2012-2013: Parte IV – Elementary

ELEMENTARY

Los jueves en CBS
Puntuación: 6/10

Hace unos meses, algunos veíamos The Amazing Spider-man con una de las sensaciones de déjà-vu más alarmantes de los últimos años. El lapso de tiempo entre el temprano reboot del superhéroe de Marvel y la primera de las películas de Sam Raimi es de apenas una década. Tiempo suficiente para que haya surgido una nueva generación sin capacidad de memoria a la que por lo visto hay que dárselo todo mascado. Algo parecido ocurre con Elementary (sustituyendo “nueva generación” por “el espectador medio norteamericano” según las networks), que no se ha esperado a que finalice la británica Sherlock para entrar en escena, y ha decidido convivir con ella, arriesgándose a las inevitables comparaciones. Las diferencias con la serie de Mark Gatiss y Steven Moffat son a priori destacables. O cuanto menos, llamativas. Cambio de género para el ayudante de Holmes y nueva ciudad en la que ambientar los misterios. Pero en el fondo, que John Watson sea Joan Watson y que la acción transcurra en Nueva York en vez de Londres no cambia de ningún modo la historia o los personajes que tan bien conocemos. Y, ¿cuántas versiones de lo mismo necesitamos a la vez?

Lo que lastra en mayor medida el conjunto no es solo la comparación con Sherlock (de la que la serie de CBS sale muy escaldada) o también con la reciente revisión cinematográfica del mito literario por parte de Guy Ritchie, sino la total ausencia de pasión con la que se ha acometido el proyecto. Una pena, teniendo en cuenta que precisamente la pasión (o la locura, tanto monta, monta tanto) es una de las principales características de Sherlock Holmes. A juzgar por su piloto, puede que Elementary no sea más que una ‘serie de crímenes por resolver’ al uso, un clásico procedimental. En este sentido, haber convertido a Sherlock Holmes en un sucedáneo de los personajes contemporáneos basados en él (House, Castle) es el verdadero crimen. Eso sí, la factura de la serie es exquisita. Los anocheceres en Nueva York han lucido pocas veces tan bonitos en la televisión. Una pena que esto se vea perjudicado por un guión aturullado y falto de ritmo que no logra captar el interés del espectador, y mucho menos causar intriga por el desenlace del caso en cuestión. Con todo, y a pesar de este primer paso en falso, pienso otorgar a Elementary el beneficio de la duda y darle algo de tiempo, sobre todo porque el verdadero misterio que entraña la serie para mí es ver cómo el material original se adapta al formato serial con temporadas de más de 20 capítulos.

Quizás la culpa de que Elementary resulte tan fría y plana sea de los responsables de contratar a Jonny Lee Miller y Lucy Liu como sus protagonistas. Alguien debió pensar que con tomarse la (polémica) licencia de cambiar de género a Watson, la química estaría resuelta, y los actores serían lo de menos. Esto me recuerda enormemente a la primera temporada de Episodes, serie de Showtime sobre la adaptación de una serie británica a la televisión estadounidense, cuya co-protagonista lesbiana pasa a ser heterosexual en pro del juego de las expectativas románticas con la audiencia. Al convertir a Watson en una mujer se sacrifica el tan explícito y divertido juego subtextual de las películas de Ritchie, o la fuente inagotable de slash fiction que es Sherlock, para llevar la historia a terreno Bones. Espero equivocarme y que la pregunta “¿se liarán o no?” que tanto gusta a la audiencia no tenga tanta importancia como vaticino. En cualquier caso, mi principal problema con Joan Watson no es que sea una mujer (ha sido un ratón en el cine, a ver por qué no va a poder tener otro sexo), sino que tenga la cara de Lucy Liu. Si Jonny Lee Miller es un Holmes de saldo, lo de Watson es de apaga (la tele) y vámonos. Probablemente la January Jones de X-Men: Primera Generación sea más expresiva que Liu. Y por culpa de este Sherlock al que le queda grande el disfraz, y esta querida Watson que bien podría ser sustituida por un plumero y nadie se daría cuenta, la fascinante dinámica entre los dos personajes -uno de los elementos de las historias de Sir Arthur Conan Doyle que más ha trascendido a la cultura popular actual- se va al garete. Efectivamente, no hay chispas entre Holmes y Watson, no hay conexión, no hay comedia. Y eso, antes que cualquier licencia, debería ser lo elemental.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
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Weeds: Goodbye, MILF

Niños niños, futuro futuro

Es habitual que una serie de televisión nos permita echar un vistazo al futuro en su último episodio. Esto sirve para paliar esa devastadora sensación al darnos cuenta de que no vamos a ver crecer más a nuestros personajes favoritos, de que no los veremos vivir y morir. Six Feet Under tomó esta idea y la llevó a las últimas consecuencias. Weeds no llega tan lejos, pero sigue haciendo lo que se le da tan bien, mover la historia a pasos agigantados, sin miedo a perder, sin miedo a nada. Saltamos 7 años en el futuro de los Botwin, con un Stevie ya adolescente y los demás miembros de la familia alejados de su matriarca. La marihuana se ha legalizado y Nancy es propietaria de 50 tiendas tipo Starbucks que venden productos realizados con la planta. Todo en “It’s Time” se antoja ligeramente pasado de rosca, pero ¿cuándo no ha sido Weeds así? Jenji Kohan escapa de un final convencional y decide sorprender, como siempre, buscando nuevos terrenos para la historia y para sus personajes. El resultado es un episodio enormemente amargo, extraño y poco complaciente (en la línea del arriesgado final de Will & Grace), una hora de brutal realidad disfrazada de fábula futurista, una visita del fantasma de los Bar Mitzvás futuros que, sin embargo, no da en ningún momento la oportunidad de volver atrás y cambiar las cosas.

Lo que empezó siendo la historia de una viuda con dos hijos que se ve obligada a traficar maría ha evolucionado tanto, tantísimo, que ha acabado siendo ‘la historia de una mujer’ a secas. La enigmática e irresistible personalidad de Nancy Botwin ha trascendido sus circunstancias, y el último episodio de Weeds se dedica, entre otras cosas, a intentar responder la pregunta “¿Quién es Nancy?” Para ello se exploran las vidas de sus familiares, se comprueba si las expectativas que teníamos puestas en ellos se cumplen o no, y se busca la relación entre sus destinos y el papel de Nancy en ellos. Todo mientras ella se pasea serena, bella y esquizofrénica a partes iguales, como es habitual, esperando a su Andy. Esperando a que el mayor pilar de su vida vuelva para sostenerla de nuevo, para ayudarle a encontrarse, o cubrir la necesidad de hacerlo. Su cuñado aparece, pero en lugar de servir de consuelo, le da en las narices con la dolorosa verdad. Andy es feliz sin ella. De hecho, para ser feliz, lo único que necesitaba era alejarse de ella. Después de todo, lo que Nancy debe aceptar es que los demás sigan su propio camino, y no el que ella ha marcado todo este tiempo.

– ¿Por qué esa obsesión con los hijos?
– Son tu legado.

Pero entonces aprendemos que cada caso es distinto, y que cada persona es la verdadera y definitiva responsable de su futuro. La prueba son Silas y Shane. Los hijos de Nancy Botwin han vivido la misma infancia, la misma adolescencia, y sin embargo uno es feliz con su trabajo ideal, una mujer que ama y un bebé, y el otro es basura blanca, un policía alcohólico y perturbado. Puede que Kohan nos esté queriendo decir que la genética es en gran medida responsable de nuestros devenires, y por supuesto, que nuestros mentores contribuyen enormemente a moldear nuestras personalidades, pero está claro que lo que da forma definitiva a nuestras vidas son las decisiones que tomamos. Las decisiones de Nancy han sido dudosas a lo largo de todos estos años, y las consecuencias han arrastrado a toda su familia hacia una vorágine de delincuencia, inmoralidad y peligro. Por eso a Stevie se le oculta desde el principio que su padre era un gángster, un asesino. Ahora que es una magnate alejada de toda actividad ilegal, Nancy quiere hacer las cosas bien, y decide despojar a Stevie (por cierto, estupendamente caracterizado en tan solo una hora) de sus raíces, para impedir que este se convierta en Esteban Reyes Jr. Pero como nos demuestran Silas y Shane, los secretos familiares acaban tarde o temprano saliendo a la luz. Al descubrir quién fue realmente su padre, Stevie se replantea su propia identidad, pero nosotros sabemos que, mucho más que hijo de Esteban, él es hijo de Nancy (e hijo de Andy), en definitiva, un Botwin. Nancy también lo sabe, y orgullosa por ello, recibe emocionada el “te quiero” más importante de su vida.

El final de Weeds sirve sobre todo para redimir definitivamente a su protagonista, para que echemos la vista atrás y comprobemos (una vez más) que todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido por el bien de sus hijos -nosotros ya lo sabíamos, pero su familia no lo tenía tan claro. Por ello es especialmente conmovedor que Silas libere a su madre del insoportable peso que carga sobre los hombros: “¿Fuiste madre del año? No. ¿Me hiciste daño? Sí. ¿Te guardo rencor y me paso los días pensando en cómo habría sido mi vida si hubiera tenido una infancia normal? No. De verdad que no”. Y aunque sus palabras sean algo ambiguas y nos lleguemos a plantear si quiere consolarla o culparla (“No se trata de ti”), Silas es totalmente sincero. Es inútil remover el pasado si se es plenamente feliz en el presente. Es inútil removerlo y punto. Efectivamente, algo habrá hecho bien Nancy. Y probablemente haya sido querer a sus hijos más que a nadie. Quedémonos entonces con las palabras del hijo de Doug, que, en una de las escenas más hermosas del episodio, le cuenta a Nancy por qué ha salido tan bien a pesar de tener un padre que lo insultó, repudió y abandonó a toda su familia: “Mi padre fue un cabrón, pero mi madre fue maravillosa. Es maravillosa. Siempre luchó por mí”. El enigma  de la relación entre padres e hijos no le ha sido descifrado, pero Nancy sonríe. Porque ella nunca ha dejado de luchar por Silas, Shane y Stevie. Si algo la ha caracterizado es precisamente eso.

Pero entonces queda por responder la pregunta “¿Quién es Nancy Botwin?” Nunca lo hemos sabido muy bien, la verdad. Stevie lo articula con bastante tino: “Tu historia me resulta muy confusa”. Y a nosotros, Stevie. El largo recorrido de Nancy & co. a través de las ocho temporadas de Weeds ha sido algo caótico, a ratos incomprensible, desorientador, inabarcable. Pero en última instancia, apasionante, como la propia Nancy Botwin. ¿Cuál es la constante en la vida de Nancy? La misma que en la de todos nosotros. Su familia. Y como suelen concluir muchas series, la familia son aquellos que nos acompañan en el viaje. Nancy es la gente a la que ha querido, la gente a la que ha hecho daño, la gente a la que quiere. Nancy es las personas que se sientan a fumar junto a ella en el porche de su casa. Esa gente es su historia. Nancy es Silas, Shane, Doug y Andy. Nancy es Stevie, Guillermo, Heylia, Esteban, Conrad y Celia. Nancy es la suma de sus partes, la unión de sus experiencias. Es decir, Nancy Botwin somos todos.

Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution

 

Los lunes en NBC
Puntuación: 3/10

Más bien Repetition

Cada vez me cuesta más creer y aceptar que las productoras y cadenas sigan adelante con cosas como esta. Si FlashForward y Terra Nova fueron un fracaso, ¿qué les hizo pensar que algo como Revolution, que es una mezcla exacta entre esas dos series (menos los dinosaurios) podría funcionar? No sé qué tal le irá en los índices de audiencia, pero desde luego Revolution poco va a revolucionar. Sería verdaderamente impactante si la serie llegase a tener una segunda temporada. La gente está hastiada de este tipo de historias que Abrams, inexplicablemente, ha convertido en su marca personal. Creador de ideas (cada vez más clónicas, cada vez más perezosas e impersonales), al productor se le lleva viendo el plumero desde hace ya años. Está en esto (o sea, en la televisión) por el dinero. Poco le interesa aprender a contar historias, evolucionar, ‘crear’. Lo suyo es manufacturar. La producción en cadena. Por eso el espectador ducho en ficción televisiva se aproxima a Revolution con recelo. Con razón. Y lo que obtiene es justo lo que cabía esperar: más de lo mismo.

La historia se desarrolla en una Norteamérica postapocalíptica, quince años después de que un apagón eléctrico deje el mundo sumido en la oscuridad, sin aparatos electrónicos, sin vehículos a motor, incomunicado. Al comienzo del piloto asistimos a este fatídico acontecimiento. Son apenas dos minutos, porque hay que dosificar los momentos importantes (a modo de flashback) a lo largo de una temporada. Lo que viene a continuación empieza ya siendo relleno. En quince años, el mundo se ha convertido en una gran jungla y sus habitantes sobreviven bajo regímenes autoritarios locales tras la caída de los gobiernos, en aldeas prácticamente amish que nos enseñan -y aleccionan sobre- la posibilidad de una vida sin tecnología (ay los palos que se llevó Shyamalan con El bosque, y lo mucho que ha calado). Tras la irrupción de Los Otros en una de estas pacíficas comunidades, una joven inicia una partida en busca de su tío, que está directamente relacionado con el apagón. Revolution hace uso de todos los clichés de este tipo de historias, los que tanto ha bastardeado Abrams: símbolos, macguffins, enigmas, migración, conspiración. Pero no es justo atribuir todo el mérito del espanto a Abrams. Eric Kripke (Sobrenatural) es el verdadero padre de la criatura, el responsable de escribir este refrito sin interés.

Por si no fuera suficiente con una historia gastadísima que no ofrece alicientes para enganchar al respetable, el piloto de Revolution no logra tampoco entrar por la vista. Es decir, no se han gastado una millonada como en el de Lost, o al menos no lo parece -“ponemos una columna de cartón piedra partida sobre la escalera, lo llenamos todo de verde, y ya está”. Ni siquiera la presencia de Jon Favreau en la silla del director sirve para animar un poco el cotarro. El director de las dos primeras entregas de Iron Man no saca partido de su experiencia, y el mediocre guión de Kripke se traduce en un mediocre producto audiovisual. Quizás sea cosa suya que las peleas estén tan pasadas de rosca, y un golpe de flecha tenga fuerza como para lanzar al herido tres metros atrás, pero ni eso hace que Revolution resulte atractiva o divertida. Como nota positiva, se agradece que Kripke no se vuelva loco introduciendo referencias bíblicas, numéricas y demás chorradas que solo sirven para distraer y embaucar al espectador (claro que tiempo al tiempo). Sin embargo, da igual que inicialmente a Kripke no le preocupen tanto esas tonterías como a Abrams o Lindelof, la historia sigue fallando, los personajes son planos, la acción estática, y no hay nada, ni siquiera Juliet Burke, que pueda salvar a Revolution de su apagón.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution
Pilotos 2012-13: Parte IV – Elementary
Pilotos 2012-13: Parte V – Last Resort y The Mob Doctor
Pilotos 2012-13: Parte VI – The Neighbors y Partners
Pilotos 2012-13: Parte VII – 666 Park Avenue y Vegas
Pilotos 2012-13: Parte VIII – Chicago Fire, Made in Jersey y Nashville

Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project

BEN AND KATE

Los martes en FOX
Puntuación: 7/10

FOX parece interesada este año en seguir cultivando la comedia buenrollista después del éxito (inicial) de New Girl. La prueba es Ben and Kate, una serie pequeña en aspiraciones que, muy probablemente, pasará desapercibida a pesar de un más que digno piloto. No hay demasiado que contar sobre Ben and Kate, la historia de una joven madre soltera, Kate Fox, que quiere con locura a su hermano, Ben, a pesar de que aparece cuando menos lo necesita y le arruina constantemente la vida. La serie puede alardear de haber dado en la diana con el casting. Si bien los personajes no llaman demasiado la atención a primera vista, los actores consiguen dotarlos de vida, de un poso que los hace cercanos, conocidos. Dakota Johnson está absolutamente adorable como Kate, una chica con los pies en la tierra pero la cabeza perdida, algo lenta al hablar, algo, si me lo permitís, lerda. Pero abrazable como pocas. Nat Faxon (Ben) es una de esas caras conocidas, o más bien, una de esas dentaduras conocidas, al que hemos visto en infinidad de películas y series. El hermano de Kate es un desastre, un niño perdido, un conflicto con patas cuyo principal problema quizás sea que, como diría el personaje de William H. Macy en Magnolia, tiene mucho amor y no sabe dónde ponerlo.

Y eso es quizás lo mejor de Ben and Kate, que ya desde el comienzo podemos ver latir su corazón bien fuerte. En la línea de los trabajos de Apatow (todos los caminos de la comedia llevan a él), la serie no tiene ningún reparo en mostrar su lado ñoño y sentimental a través de una más que bonita relación fraternal: “Somos como dos guisantes en la peor vaina del mundo”. Sin embargo, los hermanos no son la única atracción de Ben and Kate. La hija de ella, Maddie (Maggie Elisabeth Jones) responde al prototipo de ‘adulto en miniatura’, y es, por supuesto, el personaje más sensato y cuerdo. Todo lo contrario que la británica BJ (magnífica Lucy Punch), responsable de los momentos más absurdos, y probablemente el personaje que más nos hará reír. El tiempo dirá si esta simpática serie encuentra su hueco entre el público, como lo hizo otra comedia familiar de la cadena, Raising Hope. Eso espero, de lo contrario, sería malgastar el apellido de los protagonistas.

 

GUYS WITH KIDS

Los miércoles en NBC
Puntuación: 2/10

Guys With Kids es la Are You There, Chelsea? de esta temporada. Comedia multicámara de paupérrimos decorados (ese centro comercial sacado de Will & Grace) y con risas enlatadas (unas que además conocemos de sobra) que hace que te preguntes si alguien obliga a punta de pistola a la NBC para que haga este tipo de series. Guys With Kids viene avalada por un cómico de siempre afiliado a la cadena, Jimmy Fallon. Como presentador OK, como productor y creador de ficción ya puede retirarse. No hay nada memorable en esta sitcom. De hecho, cuando termine de escribir esto pienso borrarla completamente de mi memoria.

Gary, Chris y Nick son tres papás que viven diferentes situaciones domésticas. Uno está divorciado, otro casado con cuatro hijos y otro también casado, con un bebé. No os hace falta saber quién es quién. Como Modern Family (disculpad la comparación), Guys With Kids presenta tres tramas por episodio, tres ambientes familiares que convergen en el imprescindible bar donde los papis se reúnen. La supuesta gracia de la serie es ver a estos tres kidults haciendo el tonto con sus bebés colgados del cuello, pero nada, suenan los grillos tras cada chiste. Vamos, que no da ni para serie de planchar. Oxidada desde la primera escena, irritante, desfasada, no la salva ni el hecho de que uno de los protagonistas sea un buen DILF (bueno, uno y medio). Si existe la justicia no llegará al cuarto episodio.

 

THE MINDY PROJECT

Los martes en FOX
Puntuación: 8

Una de mis series más esperadas de la temporada. Mindy Kaling (Kelly Kapoor en The Office) no decepciona. Es más, supera todas mis expectativas con un producto que no tiene nada que envidiar a Girls. La comparación no es gratuita. Es más, es obligatoria. Las sensibilidades artísticas de Kaling y Lena Dunham son bastante similares. Ambas se ríen de sí mismas, de sus neuras y también de sus cuerpos, y se utilizan para hacer comentarios mordaces y -dolorosamente- acertados sobre los jóvenes de hoy en día -esta vez treintañeros. Como Dunham, Kaling se burla de todo, sobre todo de la intolerancia y la ignorancia -los chistes raciales son quizás los más divertidos. En este sentido, The Mindy Project resulta refrescante, adecuada, rabiosamente actual, y ofrece un discurso construido sobre la más pura ironía, sin elemento adoctrinador. Y por si eso fuera poco, es brutalmente graciosa.

Mindy Lahiri es Mindy Kaling. De eso no cabe duda. De hecho, Mindy Lahiri también es Kelly Kapoor, mujeres desvinculadas de la realidad cuyas expectativas vienen marcadas por la comedia romántica, por la ficción que han consumido desde pequeñas, o sea, Shoshannas de la vida. Mindy Lahiri es Mindy Kaling soñando con una vida creada por Shonda Rhimes. Las tres forman un ente único, un mismo personaje que habita tres universos distintos. De hecho, la relación entre su anterior serie, en la que ejercía como guionista además de actuar, va más allá. Kaling se lleva a la FOX a varios amigos de NBC. Produce su serie B.J. Novak (Ryan, el novio a ratos de Kelly Kapoor en The Office), y en el piloto vemos a Ed Helms, interpretando al “hombre perfecto” en una gran escena que demuestra las (súper)dotes para la comedia de Kaling. En The Mindy Project también hay algo de Bridesmaids (es inevitable comparar tras la desternillante escena de la boda y todo lo que viene después). Pero sobre todo hay un equilibrio perfecto entre introspección y alta comedia. Mindy hace maravillas con un ascensor. Hace pensar mientras hace reír, y eso no lo consigue cualquiera. Como ocurre con Girls, el riesgo que corre The Mindy Project es no complacer a toda la audiencia, puesto que la protagonista no es un personaje simpático, es más bien un ser insoportable y profundamente defectuoso que muchos y muchas no aceptarán. Es la cara oculta de la ironía. A mí me da igual, yo te amo, Mindy.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution
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Pilotos 2012-13: Parte VII – 666 Park Avenue y Vegas
Pilotos 2012-13: Parte VIII – Chicago Fire, Made in Jersey y Nashville

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal

ANIMAL PRACTICE

Los miércoles en NBC
Puntuación: 6/10

Tener un puñado de series aclamadas por la crítica, reconocidas por la Academia y generadoras de culto no es suficiente para NBC. Por eso, la cadena se ha propuesto renovar su oferta cómica a base de series más accesibles, con el propósito de encontrar un público más amplio. Hay que llenar las arcas, y no basta con tener sus series en las listas de mejores comedias o series de culto de Entertainment Weekly y demás publicaciones especializadas. Hace falta descongelar esos desastrosos índices de audiencia. Lo entendemos, es comprensible. Pero, ¿de verdad era necesario bajar tantísimo el listón? Cuando uno ve Animal Practice piensa “¿en serio ESTO ha salido adelante? Vaya, deben estar desesperados”. Eso es, NBC parece creer que cuanto más tonta y ridícula sea la serie, más amplio va a ser su público. Y bueno, pretendería ofenderme, pero estaría siendo bastante hipócrita. Mirad The Big Bang Theory por ejemplo.

Sin embargo, Animal Practice no es un desastre sin remedio. De hecho, presenta bastantes coincidencias con puntales de la cadena como The Office o Parks and Recreation, series que dándoles el tiempo adecuado han desarrollado todo su potencial más allá de las expectativas iniciales. La acción se centra en el lugar de trabajo, un hospital veterinario cuya plantilla está formada por el más variopinto grupo de caricaturas humanas. Como las comedias mencionadas, Animal Practice ejercita el humor bizarro, sin complejos y sin contención, y en este sentido, creo que es el estreno más arriesgado de la cadena. Sí, más que The New Normal, mucho más. George Coleman (Justin Kirk) es mitad doctor Dolitte, mitad presentador de documentales de National Geographic (o de Animal Kingdom, que sería la referencia que usaríamos si fuéramos yanquis), un prodigio veterinario que ama a los animales, pero odia a sus dueños, que pretende arreglar las vidas de los demás usando sus conocimientos del mundo animal, pero no sabe cómo arreglar la suya. En definitiva, un personaje casi shondiano.

Soy consciente de que es un tópico gastadísimo, además de una excusa barata para justificar ‘placeres culpables’, pero Animal Practice no se toma en serio en ningún momento, y eso es lo que la salva de la quema. La serie funciona sorprendentemente bien como parodia del drama médico televisivo (“Este es el mejor hospital veterinario del país”), y tiene para al menos dos o tres temporadas de buena química entre personajes y muchas animaladas de las que nos reiremos en secreto. Aunque claro, dudo mucho que llegue a la temporada completa. Por último, y aunque me dé algo de vergüenza reconocerlo, la mona Crystal (el mono camello de Resacón en Las Vegas y Annie’s Boobs en Community) es muy grande. Yo me quedo un par de capítulos más a ver si la serie me da lo que me ha prometido con su piloto, pero sobre todo por ver a Crystal en acción. ¿Veis? No podía ofenderme con la NBC. Ella me da monerías y yo se las río.

 

GO ON

Los martes en NBC
Puntuación: 6,5/10

Matthew Perry is back! Y te lo dice veinte veces, muy emocionado e histriónico, a lo largo del piloto de Go On. Se agradece el entusiasmo, Matthew. Después de ver escenas sueltas del episodio a lo largo del verano, tuve la impresión de que Perry estaba agotadísimo y le costaba la vida actuar. Me equivocaba. El que siempre será Mr. Cherendler Bong está en forma, y acomete este proyecto con ganas e ilusión. De acuerdo, sigue sin deshacerse de sus manierismos chandlerianos –caso perdido-, pero no importa, Matthew Perry is back!

Go On cuenta la historia de Ryan King (Perry), un popular periodista deportivo que lleva un mes de baja tras la muerte de su mujer. Ansioso por volver a ponerse delante del micrófono, King debe pasar primero por una terapia de grupo para superar su pérdida. Lo mejor del piloto de Go On es el grupo de personajes rotos y  esperpénticos que asisten a la terapia con él. Vaya vaya, NBC sigue recurriendo al modelo Community después de todo. Al igual que Animal Hospital, Go On se esfuerza en construir un ecléctico grupo de personajes excesivos y caricaturescos que, cómo no, acabarán demostrando que la familia se encuentra en los lugares más inesperados. No está mal del todo. Las escenas de grupo funcionan muy bien, son divertidas, tienen ritmo, corazón, y ya desde el comienzo se alcanza el tono de comedia adecuado, algo que no se puede decir de muchas sitcoms.

Otro de los fuertes de Go On es la química entre Perry y Laura Benanti (una debilidad personal desde que la vi en The Playboy Club), que interpreta a la consejera del grupo. En realidad, todo el reparto está muy bien escogido. Tenemos por ejemplo a la grandísima e infravalorada cómica Julie White (Transformers), y a Tyler James Williams (el Chris de Everybody Hates Chris) en papeles que pueden dar mucho de sí. El problema principal de Go On, es que si en efecto sigue adelante, no sabemos hacia dónde puede dirigirse. La gracia de la serie está en las sesiones de terapia, pero el protagonista dejará de necesitarla en algún momento. ¿O no?

 

THE NEW NORMAL

Los martes en NBC
Puntuación: 5/10

Y para terminar, el último engendro de Ryan Murphy. The New Normal aterriza en NBC con ganas de hacer ruido. Un concepto teóricamente revolucionario, las escopetas montadas contra la intolerancia, la homofobia, el republicanismo. Después de poner voz -cantarina- a los apestados sociales e inadaptados adolescentes en Glee, Murphy sigue tratando de conquistar las cadenas generalistas con su particular -y atrofiada- visión de la realidad, contribuyendo en gran medida a que la ficción en abierto sea cada vez más arriesgada, sacando la lengua a la censura. “Me desmayo al ver una vagina. Parecen caras de tarántula”. Estupendo.

The New Normal es, efectivamente, un producto Murphy “normal”, canónico, de autor, vaya. Nada “nuevo” bajo el sol. Premisa llamativa -una pareja de homosexuales busca vientre de alquiler-, un grupo de personajes algo excéntricos y ocasionalmente excesivos, provocación y ausencia de ritmo y lógica interna, todo al servicio del discurso reivindicativo de Murphy, el Sorkin de lo soez. La moralina que ahogó Glee ya desde su segundo episodio -una pena de potencial malgastado, después de ese excelente piloto- no solo está presente en The New Normal, sino que es la base de toda la propuesta. Construye personajes empalagosamente buenos y los opone a personajes imposiblemente malos, para que estos articulen el mensaje de la manera más conveniente para el autor, cayendo constantemente en lo forzado, lo artificial. Y como de costumbre, sin demasiado interés por la coherencia.

Claro que, en ocasiones, la causa es mucho más importante que el vehículo que la transmite. Y este es el caso de The New Normal, una serie necesaria. Murphy busca la normalización a través de la visibilidad, y eso es completamente loable. Ya no se trata de que la sociedad acepte al homosexual, sino que se reconozca su derecho de formar una familia, y de presumir de ella en el parque. Y no hay manera de abanderar esta causa sin poner toda la carne en el asador, sin entonar una vez más el “We’re here! We’re queer! Get used to it!”, esta vez añadiendo un “¡y venimos con bebés!”. Will Truman, Jack McFarland, los chicos de Queer As Folk, Cam y Mitchell y ahora David y Bryan: ya sabemos que sin ellos no hay normalidad, que nadie se rasgue las vestiduras. Esperemos que esta vez Muprhy sepa controlar su monstruo, y The New Normal no caiga en la prostitución de sus protagonistas. No queremos que David y Bryan se conviertan en las nuevas mascotas de la televisión estadounidense, que para monos de feria ya tenemos Animal Practice.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution
Pilotos 2012-13: Parte IV – Elementary
Pilotos 2012-13: Parte V – Last Resort y The Mob Doctor
Pilotos 2012-13: Parte VI – The Neighbors y Partners
Pilotos 2012-13: Parte VII – 666 Park Avenue y Vegas
Pilotos 2012-13: Parte VIII – Chicago Fire, Made in Jersey y Nashville