That ’70s Show: sexo, drogas y rock & roll

Oh, aquellos maravillosos 90. Una de las épocas de mayor esplendor de la comedia de situación, con series como Fraiser, Seinfeld, Friends o Will & Grace llevándose de calle a una audiencia aun ajena a la revolución que se estaba gestando en el drama televisivo. En los 90 todo era color y risas enlatadas, decorados teatrales y estrellas invitadas que despertaban ovaciones al entrar por la puerta. El espíritu de las décadas inmediatamente anteriores se mantenía vivo en estas series, que comenzaban ya su proceso de sofisticación. Sin embargo, en 1998 nació en Fox una sitcom que hacía de la regresión total y la nostalgia su mayor baza. That ’70s Show (o como se tituló en España, Aquellos maravillosos 70) era una serie de los 70 que no podría haberse hecho en aquella década, un producto ingenuo en su planteamiento y presentación, y sin embargo, muy adelantado y revolucionario para la última década del siglo XX.

Creada por Marcy Carsey y Tom Werner (Roseanne, El show de Bill Cosby, Cybill), junto a Mark Brazill (3rd Rock from the Sun), That ’70s Show cuenta la historia de un grupo de adolescentes que ven el tiempo pasar en Point Place, un pequeño pueblo de Wisconsin. Recreando con fidelidad la estética setentera de series como Happy Days o La tribu de los Brady, That ’70s Show se ambienta en una etapa caracterizada por la experimentación, la vida contemplativa y la revolución sexual post-Woodstock. Eric Forman (Topher Grace) y sus amigos se reúnen en el sótano de su casa para fumar maría, beber cerveza a escondidas, hablar de sexo (o practicarlo) y gastarse pesadas bromas –burn! que dirían ellos. Al inicio de la serie, los seis protagonistas están en el instituto, a pesar de que los vemos en clase tan solo una vez en toda la andadura de la serie. Resulta especialmente llamativo (y refrescante) que una serie de Fox orientada al público familiar y juvenil mostrara en todos sus episodios a un puñado de adolescentes menores de 18 años bebiendo y consumiendo drogas. Claro que estamos hablando de una época de libertad pre-pezóngate, en la que los productores se salían con la suya gracias a unas cadenas más permisivas y relajadas.

Las hormonas en constante estado de efervescencia de los protagonistas conducían una historia de enredos amorosos y sexuales en las que al principio poco importaban los sentimientos. Solo Eric y Donna (Laura Prepon) se ajustaban a los cánones de pareja romántica. En estos dos vecinos y amigos de la infancia, un tirillas nerd y una despampanante pelirroja que se dan cuenta de que siempre han sido y serán el uno para el otro, recaía el peso sentimental de la serie. Grace y Prepon rebosaban química, en una relación en la que el sexo era muy importante, pero la amistad era lo que la hacía inquebrantable. El resto de personajes se dedicaban a emparejarse unos con otros, a robarse las novias, a ponerse los cuernos, sin reparos ni remordimientos. Un puterío total, vamos. De hecho, Jackie (Mila Kunis) pasó por los brazos de todos los personajes masculinos (menos Eric) a lo largo de las ocho temporadas que duró la serie. A medida que los personajes estrechaban sus lazos amistosos, estos encuentros sexuales adquirían mayor trascendencia y repercusión en sus vidas. Se empezaba a hablar de amor, a la vez que los seis protagonistas comenzaban a buscar su lugar en el mundo.

Y esa es la dirección que toma That ’70s Show a partir de que los personajes abandonan el instituto (al que nunca asistían, insisto). El éxito de audiencia de la serie garantizaba un alto número de temporadas, así que había que hacer frente, inevitablemente, al clásico conflicto de transición entre instituto y universidad. La solución: si ningún personaje estaba especialmente interesado en estudiar, ¿para qué mandarlos a la universidad? Una vez en el mundo real, los protagonistas comienzan a buscar trabajos, lo que multiplicaba las tramas individuales fuera del sótano de Eric. Aunque por supuesto, todos acaban de vuelta en él, perdidos, sin rumbo, sin saber hacia dónde se dirigen sus vidas. La séptima temporada incide especialmente en este asunto, con Eric tomándose un año sabático para encontrar su vocación. Acaba marchándose a África, dejando tirada a Donna, que previamente había renunciado a su futuro por quedarse con él en Point Place. Gran parte de la esencia de la serie, la preciosa relación entre Donna y Eric, se desvanecía tras la marcha de Topher Grace. “Siempre has estado a veinte pasos de mí. ¿Qué voy a hacer sin ti?”

Después de Grace, Ashton Kutcher también desertó, lo que dejó al reparto dramáticamente mermado -y supuestamente reforzado por un personaje de cuyo nombre no quiero acordarme- para una octava temporada que nunca debió existir. That ’70s Show agonizaba horrorosamente después de siete años de éxito. La redimían pequeños instantes de lucidez en los que los personajes se desnudaban emocionalmente, especialmente los proporcionados por la madre de Eric, Kitty (Debra Jo Rupp, injustamente ignorada en los premios durante ocho años). Ella se encarga de mantener el buque a flote, ejerciendo como madre del grupo, a pesar de que sus dos hijos ya no están en la serie. Y es en cierto modo gracias a la pequeña gran Kitty por lo que That ’70s Show despide a su audiencia con lágrimas en los ojos. “That ’70s Finale” proporciona el cierre perfecto a la serie después de ni más ni menos que 200 capítulos. Además, el emotivo último capítulo nos devuelve a Grace y Kutcher para completar el ciclo, que es de lo que se trata.

That ’70s Show es una serie tremendamente repetitiva (en la tradición de la sitcom clásica). Se insisten los mismos gags visuales, chistes y one-liners a lo largo de sus ocho temporadas, con desigual resultado. Mientras inventos como “el 360º” -las escenas en las que los protagonistas se sientan en círculo a colocarse y la cámara sigue sus conversaciones alucinadas- se convierten desde el piloto en recursos indispensables, llega un momento en el que uno no sabe si será capaz de aguantar más “pies en el culo” de Red Forman, o si las ensoñaciones y fantasías de los personajes han “saltado el tiburón”. Y sin embargo en esa repetición reside gran parte de su encanto. El regreso a lo conocido es sin lugar a dudas uno de los factores que convirtieron la serie en un gran éxito de audiencia en Norteamérica (en España pasó más bien desapercibida), y a sus actores protagonistas en estrellas mediáticas (especialmente a Kunis y Kutcher). La identidad de That ’70s Show quedaba establecida por la übersexualidad de sus personajes (los pantalones ajustados hasta el estrangulamiento podrían ser la clave), los enredos picantes y el carácter alocado y casi esquizofrénico de Eric, Donna, Hyde, Kelso, Fez y Jackie –“I think there’s a little something wrong with all of us”, Hyde-. Sin embargo, lo que le ha garantizado un lugar privilegiado en el firmamento de las sitcoms es la indudable química de su reparto, un grupo de amigos que crecieron y aprendieron juntos durante sus ocho años de emisión, y que según ellos, nunca dejaron de quererse. Seis “niños” sin apenas experiencia que se convirtieron en actores al amparo de una madre amantísima y una audiencia que comprobaba semana tras semana que además de sexo, drogas y discos de vinilo, en los 70 había mucho amor.

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Comentarios (2)

 

  1. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    No sabía que Kitty hubiera sido tan ignorada por los premios. Me parece una injusticia gigantesca, porque es grande hasta el infinito.

    Y en cuanto a los “pies en el culo” de Red Forman… era lo peor, pero yo siempre siempre siempre que soltaba uno me reía xDDD

  2. mercy de ortiz dice:

    Esta serie fue mi favorita,me encantaba la pareja de erick y dona los enredos de toda la pandilla pero no entiendo porque dicen que en la vida real thoper y laura no se llevaban bien,de veras no parecia

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