Cathy vs. Jackie

The Big C y Nurse Jackie concluyeron sus más recientes temporadas el pasado domingo. Las series hermanas de Showtime han contado este año con tandas reducidas de episodios: 10 en lugar de los 12 de rigor. Aunque parezca mentira, 12 también puede ser un número elevado de capítulos para una comedia de media hora, y con la tendencia de las cadenas de pago a imitar el modelo británico, las series se compactan cada vez más. El recorte beneficia a la enfermera Jackie, que va directa al grano para compensar la divagación de su olvidable tercera temporada, y prueba una vez más que la serie de Laura Linney lleva mucho tiempo agonizando, y eso que solo cuenta con tres temporadas.

Definitivamente, las series Showtime protagonizadas por mujeres andan de capa caída. La baja de Tara el año pasado, la nula repercusión de Web Therapy (Lisa Kudrow se esfuerza pero a nadie le importa), y los palos de ciego de Laura Linney solo pueden ser compensados por el regreso de Nancy Botwin, la Gran Dama Showtime. La que será la última temporada de Weeds cierra un ciclo para la cadena, y a tenor de los resultados de sus series ‘femeninas’, esperamos que reinventen la fórmula.

 

The Big C: Cathy debe morir

No debería sorprender a nadie -a los que siguen aguantando, por supuesto-, que The Big C continúe a la deriva. Su discurso pro-vida funcionó durante la primera temporada, pero este se diluía a partir de la recuperación de la protagonista. Su salud iba mejorando y la muerte quedaba cada vez más lejos, pero ella continuaba explorando la vida como si solo le quedasen dos días. Mensaje captado, muy bonito, pero es mucho mejor si va seguido de un “The End”. A la vez que aguantábamos las idas de olla de Cathy, los secundarios ganaban peso en la historia y su familia comenzaba a descolgarse de ella, obteniendo tramas secundarias independientes. Durante esta temporada, El Show de Laura Linney ha pasado a ser un programa de sketches en los que hemos asistido a los insípidos devaneos sexuales y románticos del hermano de Cathy -nunca una relación de tres personas fue tan poco interesante-, a la aburrida entrega de Adam a la fe cristiana, y sobre todo, al alienador éxito profesional de Paul.

Gracias al marido de Cathy, The Big C se ha convertido literalmente en algo que debería ser solo implícito: un manual de autoayuda. Mediante el patrocinio de Joy -estrella invitada de lujazo Susan Sarandon-, Paul reorienta su vida y se convierte en gurú. De esta manera, cada episodio se transforma sigilosamente en un discurso motivador que ilustra el recorrido vital de la protagonista, a la vez que distancia al matrimonio, y nos invita a celebrar nuestras existencias al son de cánticos sectarios. Lo dicho, esta serie debería haber acabado en su primera temporada. El último episodio, “Fly Away”, constituye una torpe y facilona alegoría sobre la esperanza y la fe -con experiencias cuasi-místicas y lecciones morales para aburrir-, pero también nos presenta el prospecto de la próxima temporada: los tumores de Cathy están creciendo de nuevo y la muerte acorta distancias. Por lo tanto, volvemos al punto de partida. Una segunda oportunidad para hacerlo bien.

 

Nurse Jackie: What Would Jackie Do?

La enfermera Jackie nunca ha sido ‘santa’ de mi devoción, pero he de reconocer que tanto ella, como su magnífica troupe, se han pasado la cuarta temporada en estado de gracia -la inmensa Gloria Akalitus lleva así desde la primera, todo hay que decirlo. Si Linney está cada vez más histriónica e irritante, Edie Falco ofece una interpretación más rica en matices que nunca, llevando con garbo el peso de una temporada de cambio.

El ingreso de Jackie en rehabilitación inaugura la cuarta temporada. Dura dos días, porque ella es más chula que nadie. Se agradece que a pesar de los cambios, Nurse Jackie no se haya convertido en una serie que no es. Con el All Saints bajo la autoridad de un nuevo director (Bobby Cannavale), Jackie debe marcar mejor su territorio, pero no es fácil cuando su vida personal se desmorona. Con todos sus secretos al descubierto, y un marido que no es que antes tuviera mucha personalidad, pero ahora se ha convertido en un robot villano cuya presencia se intuye pero no se ve, la protagonista está hasta arriba. Tentada a recaer en varias ocasiones y con las hormonas revolucionadas -atención, se echa a llorar porque Coop se ha metido con su pelo-, Jackie lucha contra la burocracia, y cuando no le queda más remedio, contra su marido, con la determinación que siempre la ha caracterizado, es decir, implacable e hija de puta (en el mejor sentido de la expresión). Pero esta vez, su fuerza proviene de un lugar más luminoso y la lleva por otro camino. ¿Quién está al mando? Jackie. Siempre lo ha estado. Y cuidado, porque ahora quiere ser feliz.

Su fiel ejército confirma la posición de poder de Jackie. Bajo el fuero de la enfermera prima el respeto mutuo y el compañerismo -menos cuando hay que delatar a alguien para “hacer lo correcto”. El recelo de Jackie con respecto a su vida da paso a una vulnerabilidad conmovedora -lo vemos por ejemplo cuando pide a Zoey que no se marche de su casa. En tiempos de necesidad, los compañeros se convierten en amigos, las relaciones se estrechan y el grupo se afianza -justo lo contrario a lo que ocurre con la dispersa familia de Cathy Jamison. Estos personajes reafirman sus lazos y empiezan a conocerse de verdad. Su apoyo es clave para la salvación de Jackie, pero en ella se esconde la voluntad última para escapar de su enfermedad y poner su vida en orden. En “Handle Your Scandal”, Jackie, liberada de mentiras asfixiantes, triunfa sobre sí misma. El mundo sigue en su contra, el karma es una putada, pero de momento, ella lo ha conseguido. De aquí a la beatificación.

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Comentarios (1)

 

  1. James_Cole dice:

    Mira que Jackie sigue cayéndome mal, pero tengo que reconocer que en esta temporada ha estado fina. Y ya si la comparamos con Cathy…

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