Tratamiento de choque: Mad Men, “The Phantom” (5.13)

“Una vida para ti y otra para tus sueños”. A lo largo de la quinta temporada, los personajes de Mad Men se han movido entre dos mundos, dos vidas. Sus sueños y sus deseos han dividido sus existencias, y la mayoría han sido arrastrados hacia el lado oscuro, haciendo cada vez más difícil la tarea de encontrar la felicidad. Después de dos episodios en los que los acontecimientos han catapultado a la serie de Matthew Weiner a un estado prolongado de clímax, el último capítulo de la temporada regresa a la contención que siempre la ha caracterizado. Con excepción de un par de momentos concretos en los que se insiste en la violencia que ha estado presente toda la temporada -Pete Campbell recibe más dosis de puño, para alegría de muchos-, las sorpresas y las imágenes impactantes dejan paso a la calma. Sin embargo, como todo espectador de la serie sabe, la calma en Mad Men no es tal, y detrás de cada diálogo, cada mirada y cada plano aparentemente fortuito, se esconde un tejido de significado capaz de agitarnos tanto o más que un cadáver o un estrangulamiento.

Este regreso a la forma de la serie coincide con un momento decisivo en la vida de Don Draper, que ha representado mejor que nadie ese deambular entre dos mundos del que hablamos. Al comienzo de la temporada asistíamos recelosos a un cambio en la vida de Don. Estaba enamorado, y este amor le proporcionaba por fin una vía para escapar de su pasado, una oportunidad de convertirse en un hombre mejor. No obstante, la presencia de Megan en su vida ha desatado muchas cuestiones y generado muchas dudas. ¿Era amor de verdad o solo un espejismo? ¿Sería capaz Don de enterrar sus fantasmas para siempre? Y la más importante de todas: ¿qué quiere Don Draper? -que sustituye a la clásica “¿Quién es Don Draper?” En “The Phantom” obtenemos respuestas, aunque como de costumbre, están completamente abiertas a la interpretación, y no conoceremos la verdad hasta el próximo año.

La carrera interpretativa de Megan no despega. Las constantes negativas y los castings sin resultado obligan a la mujer de Don a buscar la ayuda de su marido, que empieza a ver más claramente la naturaleza cambiante y caprichosa de Megan. Que ella utilice su nombre de soltera para la audición, además de una medida preventiva, es quizás un presagio. Pero sobre todo nos confirma que a pesar de la armonía doméstica que el matrimonio ha hallado -la comunicación y la pasión carnal como factores clave- Don y Megan no pueden compartir la misma vida. Él la ama, pero ella tiene su propia existencia separada de su marido. Observando a ‘Megan Calvet’ en la película de casting, Don comprende que el sueño de Megan podría hacerse realidad. Hasta el momento, su apoyo provenía de un lugar seguro: el éxito de su mujer no entraba en sus planes, era una posibilidad remota, cuestión de suerte. Él estaba dispuesto a dar rienda a una fantasía, pero no se había preparado para que esta se convirtiera en realidad. En el rostro de Don reconocemos trazos de verdadero amor, pero también podemos encontrar los primeros indicios del desamor. Ya sea porque asume que Megan ha estado actuando todo el tiempo -reconoce en la película los gestos que creía que eran solo para él- o porque comprende que su futuro no lo incluye y está a punto de perderla, Don toma la decisión de darle el papel en el anuncio.

En el set, vemos a una Megan exultante. Lo tiene todo, la suerte está de su parte -ahora tiene una oportunidad de demostrar a su madre que no es solo “artística”, sino también una artista. Megan también ama a su marido y se asegura de que este lo sepa, pero cuando le dice “sabes que te quiero” parece estar aceptando lo inevitable. Él no está seguro tampoco de querer vivir condicionado por ella, y quizás la única solución sea ‘liberarla’, aunque esto suponga renunciar a la felicidad. Don la deja en el decorado del spot, y se aleja de la escena. A medida que se separa de Megan, se nos revela un cubículo rodeado de oscuridad, enfatizando así la idea de que su mujer habita su propia realidad, y que esta es distinta a la que él había manufacturado. Así es como Don estrecha la línea que existe entre su pasado y su presente, sucumbiendo al fantasma que le ha estado atormentando toda la temporada. Dick Whitman resurge tras ser acechado por su hermano, que sufrió un destino similar al de Lane Pryce. Don sigue cargando con la muerte de Adam, que, al igual que ocurrió con Lane, sucedió a una desagradable conversación con él. Aparentemente rendido ante su ineludible pasado, incapaz de conseguir el cierre que busca -la Sra. Pryce se niega a facilitarle la redención-, y con Megan momentáneamente fuera de la ecuación, revierte en el Don Draper que conocimos al principio de la serie. No sabremos cuál será la respuesta a “¿estás solo?” hasta dentro de un año, pero si su mirada es indicio alguno, parece que Don Draper vive de nuevo.

Pete Campbell continúa atrapado en su alter ego draperiano. Su affair con Beth (Alexis Bledel) le guía hacia el auto conocimiento por una vía inesperada. Ocurre en la habitación de un hospital psiquiátrico, en el que ella ha ingresado para recibir terapia de electroshock para curar su depresión -y detener así los escarceos amorosos que su marido también practica sin recibir ningún diagnóstico. Beth no recuerda a Pete, el hombre del que supuestamente se está enamorando. Él aprovecha la situación para hablarle de un amigo que también está enfermo: “Se dio cuenta de que todo lo que tenía no era perfecto, [...] y de que su vida en familia tan solo era una venda provisional para una herida permanente”. Tras una pelea (o más bien paliza) en el tren de vuelta a casa, Trudy ofrece a Pete su nueva venda: un apartamento en la ciudad.

Y como Pete y Don, el resto de personajes también se aplican vendas temporales para cubrir esas heridas que los están consumiendo por dentro. Joan florece como socia de Sterling Cooper Draper Pryce, y de hecho, planea llevar a la agencia hacia nuevas alturas. Sin embargo, parece haber perdido el norte: “Debería haberle dado lo que él quería”, dice refiriéndose a Lane. Esperemos que solo sea aflicción. Por otro lado, Roger se refugia en el LSD, que ya le había ayudado antes a encontrar significado y orientación. Encara la oscuridad y el vacío de la noche, y en ella la incertidumbre de su vida, desnudo y con los brazos alzados. Se presentan oportunidades para estos personajes, y  SCDP se expande hacia nuevos horizontes. El cielo es el límite. Y mientras se alcanzan nuevas metas y se desafía al paso del tiempo, la felicidad esquiva a todos ellos. A todos menos a Peggy Olson. Al final de “The Phantom” la vemos en una habitación de motel, sola, en albornoz. Mientras que sus ex compañeros de SCDP miran por los grandes ventanales de la nueva planta de la empresa y ven los imponentes edificios, y sobre ellos, el cielo de Nueva York, Peggy ve a dos perros enzarzados en “el acto” cuando se asoma a la ventana de su motel. No importa. Está exactamente donde quería estar, y ella no necesita venda alguna porque, por ahora, es plenamente feliz. Su encuentro con Don nos devuelve a una Peggy que ha dejado de ser la eterna subordinada para tratar a su ex jefe de igual a igual. “Deberíamos reunirnos todos alguna vez”, sugiere a Don, que por primera vez le dice lo orgulloso que está de ella. Efectivamente, Peggy, deberíais.

 

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He recopilado todos los artículos de fuertecito no ve la tele sobre la quinta temporada de Mad Men en un archivo pdf que podéis ver y/o descargar en Scribd o Mediafire.

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Comentarios (7)

 

  1. Alicia dice:

    Poco que añadir a este análisis, salvo que el capítulo en general me pareció un poco flojo, y la escena de Pete contándole la historia de “su amigo” a Beth, de parvulario.

    ¡Peggy!

  2. bvalvarez dice:

    Excelente comentario. Coincido plenamente contigo en tus apreciaciones sobre Don Draper, su relación con Megan y la vuelta de Dick Whitman.

    También estoy de acuerdo con lo que comentas en el caso de Pete, aunque quizá le achaco a Matthew Weiner que ha insistido demasiado en este asunto que ya era obvio desde pasadas temporadas. De todos modos, Campbell sigue pareciéndome, sea odioso o no, uno de los personajes mejor perfilados y más logrados de Mad Men.

    En el caso de Peggy, mi lectura de la última escena no es tan positiva. Mirar por la ventana de un motel de carretera y ver a dos perros copulando es una imagen que me sugiere más bien que ese mundo que ha elegido tampoco le va a dar la felicidad, que todo es mucho menos fantástico y agradecido de lo que ella creyó. Pero sí que pienso que, de momento, ella disfruta de la felicidad que cree haber encontrado.

    Saludos.

  3. Gabi dice:

    Yo coincido con Pedro en que Peggy es la que más cerca está de la felicidad. Está a su aire, tomándose una copa después de una ducha y el ver a los perros haciéndolo no es más que un toque de humor que hace al personaje más amable (si cabe).

    Por otro lado, espero que el viejo Don Draper no vuelva (que lo hará). No soportaría ver a Megan sufrir por él (es tan amor).

  4. Josemo dice:

    ¡Cómo voy a echar de menos leer tus reviews después de cada capítulo!
    Espero que el año que viene estés al pie del cañón otra vez.
    Tendremos todo un año para poder especular sobre la respuesta que da Don a “¿Estás solo?”
    Yo creo que cuando Don está viendo el anuncio o la prueba de Megan en el proyector se da cuenta de que ama y por eso va a dejar que encuentre su sueño ella sola. Escena que por otra parte me ha enamorado.

  5. fuertecito dice:

    Gracias a todos por leer :) El año que viene estaré al pie del cañón, Josemo. ¡No lo dudes!

  6. Muy buen análisis. Creo que ha sido una temporada emocionalmente deprimente, y eso ya es mucho decir de una serie como Mad Men, y en general bastante redonda. Pero también tengo que decir que este final me ha dejado bastante confuso, aunque en el fondo es lo que cabría esperarse. Solo se vive dos veces, dicen, así que veremos cuál es la vida que toma Don Draper la próxima temporada.

    ¡Un saludo!

  7. Saltodemata dice:

    Me temo que el viejo Don va a querer volver. Como he leído por ahí, una vez sacada la metafórica muela que le molesta, una vez se ha dado cuenta de que su mujer es en realidad una muy buena actriz que le ha utilizado, es el momento de reconquistar los viejos hábitos. De sentarse en la barra y pedir un “Old fashioned”, de dar la razón a anunciantes conservadores como los Topaz a los que sabe manejar y dejar a un lado a los nuevos creativos que le hacen la competencia, de olvidarse de esos discos raros de los Beatles que no puede entender… Eso sí, ¿será capaz de “reengancharse” a los viejos tiempos? ¿Queda hueco para alguien como Don en ese mundo tan cambiante? La lógica dicta que no deberíamos volver exactamente al punto de partida de la serie, así que… ¡veremos!

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