The Muppets: los amantes, los soñadores y yo

“Es hora de conocer a los Muppets”. De nuevo. Esta vez en la más sensacional, inspiracional, celebracional y muppetacional de las películas de 2012 (y 2011 si contamos su estreno original en Estados Unidos). Las celebérrimas creaciones de San Jim Henson regresaron a la gran pantalla tras 13 años de ausencia (su última andadura cinematográfica fue Los Teleñecos en el espacio, en 1999) con el propósito de reconectar con la audiencia y de paso darse a conocer a los niños del siglo XXI. No obstante, a pesar de los aires de renovación de la franquicia, la razón de ser de Los Muppets no es generar secuelas, reboots del show en el que se basa u otro tipo de proyectos -algunos ya en la agenda de Disney, claro-, sino más bien homenajear a la generación de la nostalgia, y por supuesto, rendir tributo al Creador de estos icónicos personajes -que habría cumplido 75 años en 2011. Con la mirada puesta en el futuro, pero el alma completamente en el pasado, Los Muppets celebra la pasión vintage y la entrega incondicional de aquellos que crecieron junto a los Teleñecos -en la era pre-CGI-, y que ahora se empeñan en que echemos la vista atrás sonriendo.

Detrás del proyecto está Jason Segel (Cómo conocí a vuestra madre, Paso de ti), entusiasta y ávido coleccionista de los Muppets -al igual que Nicholas Stoller, co-guionista del filme. Según el actor, existe un amor hacia estos personajes intrínseco a todo todo el mundo, aunque muchos no sean conscientes de él. Esa es la grandeza de los Muppets. Forman parte de la cultura popular, y por mucho que los avances tecnológicos y las cada vez más breves infancias del público dificulten su supervivencia, estarán ahí para siempre. A partir de este conmovedor idealismo, Segel pone en marcha un trabajo concebido como una oda a Jim Henson y su fábrica de sueños de fieltro. Un proyecto tremendamente personal que no pretende reinventar nada, sino devolver a los Muppets la gloria perdida y demostrar que aún hay hueco para su humor blanco en la cada vez más descreída audiencia.

Por eso, el argumento de Los Muppets se centra en reunir a la pandilla para salvar los Jim Henson Studios de las fauces de un tiburón empresarial (Chris Cooper), organizando un último espectáculo. La película introduce un nuevo personaje que ejerce de enlace entre pasado y presente: Walter, el fan número 1 de los Muppets -es decir, el propio Segel… y yo. Vive junto a su hermano, Gary (Segel en carne y hueso), en Smalltown, un pueblo sacado de una película de dibujos animados, donde el lechero y el cartero se saludan, los pajaritos cantan al unísono, y los números musicales espontáneos en la calle con canciones de Bret McKenzie y aparición estelar de Feist no deberían sorprender a nadie. Protegido del mundo exterior, y con todo el apoyo de su hermano, Walter crece -no literalmente- influido, y obsesionado, por los Muppets. Pero Gary se ha comprometido con Mary (Amy Adams en la piel que más cómoda se siente), y su hermano comienza a ser un obstáculo para la relación. Es hora de que Walter busque un lugar propio en la vida. Y este lugar está con los Muppets. No porque este pertenezca a la misma “especie” que ellos -en este universo, ni los Muppets ni los humanos los consideran marionetas-, sino porque ha llegado el momento de hacerse mayor.

Como no podía ser de otra manera, Walter inicia la búsqueda de los desperdigados Muppets empezando por Gustavo. Aquel que fuera la rana más dicharachera lleva una vida solitaria en una casa plagada de agridulces recuerdos -podemos ver a Henson en uno de los muchos cuadros que cuelgan en el salón de la rana. Junto a un entregado Gary y una reticente Mary, Walter y Gustavo convencen a los Muppets de que ha llegado el momento de volver al escenario. Así, poco a poco, cientos de Muppets van poblando la pantalla, haciendo recordar a Gustavo el sueño con el que comenzó todo: cantar, bailar, y sobre todo, hacer feliz a la gente. Un sueño que adquiere mayor valor con cuanta más gente se comparta. Por eso, Los Muppets reúne a todos los personajes de la serie original (emitida entre 1976 y 1981), desde los más populares (Fozzie, Peggy, Gonzo) hasta los que funcionaban como figurantes, incluyendo a todas las verduras, monstruos psicodélicos de todos los tamaños y el zoológico más disparatado del mundo. Además de esto, la película cuenta con los tradicionales cameos de celebridades, una interminable lista de personalidades de la farándula norteamericana de ayer y hoy: de Alan Arkin, Mickey Rooney o Whoopi Goldberg a los televisivos Zach Galifianakis, Neil Patrick Harris, Jim Parsons (que hace de alter ego humano de Walter en el número musical ganador del Oscar “Man or Muppet”), John Krasinski o Donald Glover. Todo para recordar al mundo que los Muppets siguen dispuestos a hacer reír, siempre que el público tenga un hueco reservado para ellos.

En una entrevista al New York Times en 1979, Jim Henson desvelaba cuál es la esencia de los Muppets: “Creo que es un sentido de inocencia, de ingenuidad -son como personas sencillas y muy jóvenes descubriendo la vida por primera vez. [...] Y es a través de esa inocencia cómo se establece esa conexión con el público”. Jason Segel, un hombre-niño de enorme corazón muppet, comprende mejor que nadie -bueno, después de mí- las palabras de Henson, y así lo transmite en Los Muppets, una película que, ante todo, viene a demostrarnos que a día de hoy, esa inocencia sigue existiendo, o que al menos aún quedan personas que creen en ella. “Todos los que estamos bajo el hechizo. Todos los que sabemos que probablemente sea magia”.

 

Los Muppets sale a la venta en DVD y Blu-ray el 6 de junio.

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Comentarios (1)

 

  1. pieman815 dice:

    Muy muy buen análisis de la esencia de la película, de la esencia de Los Muppets.
    Es una inyección de alegría por vivir y por reencontrarse con el niño interior

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