Teen Wolf: lobos depilados

El instituto es un infierno. Si estamos hablando de televisión, literalmente. La repercusión de la saga Twilight en las series orientadas al público adolescente y juvenil ha provocado un discreto resurgir de la aventura fantástico-romántica cuyas bases modernas podemos encontrar -cómo no- en Buffy, cazavampiros. Si la cadena CW explota el aspecto más gótico -y cursi- de este tipo de historias, solemnizándolas en exceso, MTV opta por la vía más camp y adapta (muy libremente) el clásico de los 80 protagonizado por Michael J. Fox, Teen Wolf –que en España se rebautizó apropiadamente De pelo en pecho. Así, la antigua televisión musical, ahora dedicada a otros menesteres -principalmente los reality shows-, desvía la atención de los omnipresentes vampiros, y propone una historia protagonizada por hombres lobo, que a primera vista puede antojarse vacua y estúpida -y probablemente lo sea- pero que quizás no debamos dar por sentado tan rápidamente.

Se trata de la clásica hipérbole monstruosa con la que el cine y la televisión ‘de género’ han representado la adolescencia en muchas ocasiones. La metáfora que relaciona el imaginario fantástico con las transformaciones físicas y emocionales propias de esta problemática etapa vital. El protagonista de Teen Wolf, Scott McCall (Tyler Posey), es un joven imberbe y socialmente alelado, pero con un cuerpo de infarto. De esta manera, la serie combina astutamente identificación y deseo sexual en su protagonista -que además ha aumentado considerablemente su masa muscular para los nuevos episodios. Después de ser mordido por un animal monstruoso en mitad de la noche, Scott comienza a experimentar cambios en su cuerpo. Y no hace falta que siga, ¿verdad? Los lugares comunes de este tipo de historias permanecen intactos, pero la propuesta de Teen Wolf resulta verdaderamente refrescante si conseguimos mirar más allá de su factura y sus pésimas interpretaciones -el casting debió hacerse por Tumblr. Durante su primera temporada, la serie no prescinde para nada del componente romántico, pero evita que este lastre la historia, y esto es lo que la distancia del resto de productos actuales pertenecientes al género. En su etapa de génesis, Teen Wolf es una aventura de acción sobre un chico que debe aprender a controlar sus pulsiones licántropas y en definitiva, a hacerse mayor. Una suerte de anger management para el adolescente.

I want a semi-freaking normal life (Scott)

Por mucho que sea posible encontrar en ella un discurso más elaborado del que cabía esperar, no podemos ignorar la verdadera naturaleza de esta hormonalmente desbocada fábula. Uno de los propósitos esenciales de Teen Wolf es satisfacer al público femenino. La proporción de descamisamientos azarosos por capítulo es enorme. Pero también existe un claro interés en el público homosexual, al que la serie se dirige constantemente mediante guiños, y aprovechándose de la evidente tensión sexual entre todos los protagonistas masculinos. Sin ir más lejos, Stiles (Dylan O’Brien) utiliza la atracción que Derek despierta en un compañero del instituto (Danny, único gay oficial entre gays extraoficiales), durante una jocosa escena en la que el lobo Beta (Tyler Hochlin) se desnuda una y otra vez delante de ellos. Ellas no están nunca presentes en ese tipo de momentos. Esto es cosa de chicos. La mirada gay cobra mayor importancia que la heterosexual femenina a medida que la temporada se desenvuelve. Y esto, además de ser una estrategia eficaz, supone todo un regalo para los escritores y escritoras de fan fiction.

A pesar de estar compuesta en un 90% de torsos masculinos rasurados y testosterona de mentira, Teen Wolf cuenta una historia, y además, no lo hace nada mal. La clásica relectura de La Bella y la Bestia es aderezada con algo que promete ampliar la mitología de la serie en su segunda temporada: Allison (Crystal Reed), la chica de Scott, descubre que pertenece a una casta de cazadores de hombres lobo -los Argent, original, ¿eh?-, lo que pondrá en peligro la relación. Atisbamos así para ella un futuro próximo como heroína de acción -ya la hemos visto manejar el arco como un prodigio sobrenatural-, opuesto al tradicional papel de damisela en peligro del que ella, por cierto, reniega. Por otro lado, el mejor amigo de Scott aporta la comedia necesaria para rebajar el componente trágico y grandilocuente de la historia romántica. Sidekick de manual, Stiles es todo un geek –O’Brien es el único intérprete de la serie a tener en cuenta. Aporta la autoconsciencia imprescindible en este tipo de productos, y es el encargado de salpicar los diálogos con referencias a la cultura popular -muy facilonas todas, eso sí. El tercero en discordia -recordemos, ellas por ahora no importan tanto-, es Derek, otro hombre lobo, misterioso, melancólico y sin sentido del humor, una especie de Angel -con mucho más gimnasio a sus anchas espaldas que el personaje de David Boreanaz- que acecha al protagonista, al principio como amenaza, más tarde como aliado. La trepidante recta final de la primera temporada de Teen Wolf genera alianzas, pone relaciones en peligro y prepara el terreno para una segunda entrega cargada de acción y saturada de criaturas monstruosas -si no te han mordido no eres nadie.

Con una textura digital que resalta la paleta de colores fríos, cámara epiléptica e iluminación natural con -a ratos horrorosos- retoques digitales, Teen Wolf se presenta como un cruce entre las mencionadas Crepúsculo, Buffy y también Friday Night Lights. El lacrosse, que sustituye al baloncesto del filme original, forma una parte importante de la historia, y el tratamiento realista de este y otros aspectos de la serie recuerdan a la de Peter Berg. Por otro lado, no cabe duda de que se trata de una producción de MTV, tanto por el uso de la música como por la ingenua realización noventera. Teen Wolf maneja con cierta soltura varios géneros, y aunque en ninguno de ellos logra deshacerse de su sambenito camp -la ejecución falla en general y no podemos evitar pensar “cutre” en todo momento-, nos brinda momentos de lucidez que elevan la apreciación del conjunto: ya sea a través de una escena de acción muy bien coreografiada, un momento terrorífico que provoca miedo de verdad o un diálogo inteligente que nos pilla desprevenidos. Eso es, en Teen Wolf hay vida más allá de los hombres semidesnudos colgados de los árboles, atados a lo sadomaso o pillados en el vestuario del instituto. Quizás no me creáis, pero es mejor no comérsela de vista.

 

La segunda temporada de Teen Wolf se estrena el 3 de junio en MTV (USA). Dadle un bocado y ya me contaréis qué tal.

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Comentarios (3)

 

  1. Rababubu dice:

    Es la definición perfecta de serie de verano, no se puede pedir más. Stiles ya es razón suficiente para verla.

  2. jose dice:

    teen wolf es una fabulosa y muy buena serie….¡¡¡¡¡¡¡

  3. raidel dice:

    Lo máximo él mejor serial que me llama la atención

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