House – “Everybody Dies” (Series Finale)

Greatest Hits

Como bien sabéis, todo comenzó en 2004. Perdidos, Mujeres desesperadas, Anatomía de Grey y House. Los cuatro puntales de la ficción seriada en abierto. De la primera nos despedimos, entre llantos y protestas, hace dos años. Las lágrimas tras el adiós a las desesperadas aún no se han secado. Y Shonda Rhimes, que es caso aparte, dice que su serie durará hasta el infinito y más allá. FOX dio el alta al doctor Gregory House anoche, en un episodio final que no solo reunía a un puñado de caras conocidas que ya no formaban parte del reparto -¡Zorra Implacable!-, sino que compendiaba correctamente todos los temas que han definido y (des)orientado el transcurso de la serie. “Everybody Dies” -simpático juego de palabras- es un recopilatorio de los motivos y argumentos que han estado presentes a lo largo de estos ocho años. Se trata de la habitual sensación de déjà vu, pero con la diferencia de que esta vez sabemos que la tuerca no se va a seguir girando. Un último caso para el doctor House que transcurre como los demás, pero que supone la verdadera oportunidad para escapar de sí mismo. Como debe ser.

La recta final de la serie se ha concentrado acertadamente en la amistad entre House y Wilson. El impacto de Cuddy en la vida del doctor ha disminuido -la presencia de la antigua jefa de House se limita a una mención a su nombre- y es Wilson, como mayor constante en la vida de Greg, el que condiciona sus últimos momentos. “Everybody Dies” es un episodio que ya hemos visto antes, como suele ocurrir con House –en especial a lo largo de esta última temporada de casos clónicos y ausente evolución de personajes. Sin embargo, los dilemas morales y las encrucijadas psicológicas cesan por fin, para siempre. El cambio en House no es tan obvio como el de otros protagonistas de las series longevas que tocan a su fin. El doctor se reafirma en sus convicciones y nos hace ver que siempre será House. Vivo o muerto.

Como ha sido habitual a lo largo de todos estos años, las vidas de las personas a su alrededor han potenciado el carácter imposible e intransferible de House -es para lo único que han servido los secundarios. Enfrentado por enésima vez a sus fantasmas, aquellos que le muestran las posibles salidas para huir de su tormento -el amor, la emoción de resolver un caso imposible, salvar vidas-, House opta por la muerte. Pero es una muerte fingida, un plan maestro no solo para evitar la cárcel, sino también para mudar la piel y empezar de nuevo. No lo hace por él, no es una vía hacia la redención -o al menos no es ese el objetivo principal-, lo hace por su mejor amigo. Es el momento de pagar a Pepito Grillo por sus años de servicio como conciencia. Y qué mejor regalo que su propia vida.

Todo el mundo miente, la muerte es aburrida, sálvese quien pueda. Nada de eso cambia. Sin embargo, el doctor comprende -gracias al fragmento de su personalidad en forma de Cameron- que lleva toda la vida anteponiendo su capacidad de resolver los enigmas médicos más complicados a cualquier otro aspecto de su vida, y utilizándolos para buscar la salida fácil, la más egoísta y cobarde. Ante esta revelación, House se levanta y atraviesa las llamas, dispuesto a iniciar una nueva vida. Para nuestra sorpresa, el destino le tiene preparado otro final. Pero resulta que House tenía cogido al destino por los huevos. A él y a los espectadores, porque al final, a pesar de la sesión de terapia psicológica a la que se suele someter al protagonista, y de los propósitos que este se plantea, siempre será él el que emita el único diagnóstico válido. Entonces, las moralejas servirán para bien poco. Y quizás ese sea el mensaje final de House: ocúpate de tu vida, que es bien corta, y no intentes solucionar la de los demás. O no. Nunca ha estado del todo claro. Puede que la verdadera conclusión que sacamos de todo este sea que nunca se nos ha intentado dar una lección sobre la vida con esta serie. Lo único que sabemos es que House ha tenido siempre el control absoluto de esta historia, y es así como todo acaba. Entonando el carpe diem, y despidiéndose del Princeton-Plainsboro con ‘la gran broma final’, House y su querido Watson Wilson toman la carretera, plantando cara al futuro en lugar de salir corriendo. A vivir, que son cinco meses.

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Comentarios (1)

 

  1. Anónimo dice:

    House hace mención a la peli del Club de los Poetas Muertos (“carpe diem”) en la que sale Wilson y curiosamente al final se suicida.

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