Mujeres desesperadas – Series Finale

La vida desesperada

La manera más efectiva de concluir una serie longeva como Mujeres desesperadas es insistiendo en el carácter cíclico de la vida, regresando al instante en el que comenzó todo para mostrarnos lo que ha cambiado y lo que no cambiará nunca. Desde luego no es la técnica más original, pero es sin duda la que más agradece una audiencia que ha demostrado su fidelidad a lo largo de ocho años. Y en muchos casos es el único punto y final posible. Lo sabe Marc Cherry, que para el último episodio de su serie nos transporta directamente hacia el piloto, magnificando la sensación de llevar toda una vida en Wisteria Lane. No, no es la primera vez que nos ocurre. Como espectadores, ya estamos curtidos en esto de despedir a unos personajes que han acabado formando una parte muy importante de nuestra vida cotidiana. Y aún así sigue resultando duro. Porque aunque sabemos que debemos hacerlo, nunca estamos preparados para decir adiós a aquellos a los que queremos.

Lo justo -o más bien lo ideal- es asistir a una conclusión que aporte cierre, pero que nos asegure que estos personajes seguirán viviendo más allá de los créditos finales. Y el último episodio de Mujeres desesperadas logra precisamente eso. Completar una etapa vital de las protagonistas y dejarnos echar un vistazo a lo que les espera más allá de Wisteria Lane. Las cuatro mujeres desesperadas se liberan así de la audiencia para ingresar en sus nuevas vidas, comenzando un capítulo que nosotros solo podremos imaginar. Como de costumbre, la marcha del que ha sido el hogar hasta ahora es lo que introduce el verdadero cambio en los personajes al final de una serie. Susan, Lynette, Gabrielle y Bree abandonan el barrio una a una, enseñándonos que en ocasiones, para seguir avanzando, hay que dejar todo atrás. Duele. Pero así es la vida.

El final de Mujeres desesperadas está dividido en dos partes. La primera hora se encarga de cerrar la trama que ha situado a Bree Van De Kamp en el banquillo de los acusados, y la segunda se ocupa de lo que he explicado en los párrafos anteriores, despedirnos de los personajes y dejarlos marchar hacia sus futuros. Dos episodios en los que Marc Cherry realiza una labor estupenda proporcionándonos la conclusión más satisfactoria en todos los sentidos.

Adrenaline, fear. You’d be surprised what people can do.

El juicio del pueblo contra Bree Van De Kamp prometía llevar la serie hacia terrenos más espectaculares y excesivos, pero la contención de Cherry ha impedido que todo se saliera de madre. Solo al comienzo de “Give Me the Blame” saboreamos ese gusto a juicio mediático que podía haber resultado en ‘La revolución de las amas de casa’. Los titulares rezan “Housewife murder trial bombshell!”, y Bree aparece en el juzgado divina, con gafas de sol, cabello al viento (por cierto, todo a cámara lenta), rodeada de periodistas, y con su abogado tapándole la cara. Pero no, aunque a veces lo parezca, esto no es Los asesinatos de mamá, de John Waters. Así que centrémonos.

El caso del asesinato de Ramón Sánchez se había enrevesado de tal manera que por momentos parecía imposible que fuera a arreglarse el entuerto. De hecho, los episodios inmediatamente anteriores desaprovechan el tiempo con más tramas de relleno, reservando lo mejor para las dos últimas horas de la serie. Por esta razón, a pesar de los grandes momentos cómicos y sobre todo, los enervantes giros que parecían situar a Bree en un callejón sin salida, el juicio transcurre de manera precipitada, y concluye casi sin darnos cuenta. La razón principal, el semi deus ex machina encarnado por una moribunda Karen McClusky que salta a la palestra para defender a las amigas con las que ha compartido sus últimos años de vida. La Sra. McClusky se sienta en el banquillo después de que nosotros, con el corazón en un puño, no veamos salida posible al caso de Bree. Karen confiesa el asesinato de Ramón en una apasionada interpretación motivada por el amor hacia sus vecinas. En su sencillo y emotivo discurso recoge una de las ideas principales de Mujeres desesperadas, por otra parte un cliché muy socorrido (porque siempre funciona): la familia son las personas con las que compartes tus día a día. En última instancia, el juicio, además de acabar con nuestras uñas, sirve sobre todo para hablarnos de la profunda amistad de unas mujeres que harían cualquier cosa (incluso aceptar la cadena perpetua) por protegerse las unas a las otras.

Let me tell you something about neighborhood. It’s not just a bunch of houses in the same place. It’s a community. It’s lives that are connected, people who care about each other. I know it sounds sappy, but damn it, it’s true. And these wonderful people I’ve lived beside, well, they’re my family.

Some people never get to know the folks next door.

“Finishing the Hat” incide en la idea del ciclo completo de la que hablaba al comienzo de la entrada. La segunda parte de la series finale retrocede hasta la mudanza de Mary Alice Young al barrio residencial de Fairview, es decir, al momento en el que todo comenzó. A continuación, volvemos al presente, donde Susan Mayer informa a sus vecinas de que se marcha para siempre de Wisteria Lane. Es decir, el momento en el que todo acaba. La noticia de Susan es eclipsada por la aparición de una antigua vecina del barrio, la loca loquísima Katherine Mayfair, que regresa de París con una oferta de trabajo para Lynette. Katherine ha superado su fase sáfica, tiene un acento francés espectacular -quiero oírla decir croissant y chateaus hasta el último de mis días- y se ha convertido en una exitosa mujer de negocios que está levantando un imperio global de comida congelada. Está más fabulosa y divertida que nunca, pero su aparición estelar sirve tan solo para desencadenar un conflicto -el de siempre- en Lynette. Katherine se retira de los focos para que los demás personajes tengan sus finales felices. De hecho, no solo las cuatro protagonistas obtienen un cierre redondo. También nos despedimos de Renee y Karen. La primera se casa, la segunda fallece. Y sin embargo a ambas las despedimos en los momentos más felices de sus vidas.

Si “Give Me the Blame” recurre a un lugar común, un juicio al final de una serie, la última hora de Mujeres desesperadas echa mano de tres: una boda, una muerte y un nacimiento. Este puñado de clichés tienen una justificación muy evidente. Nos vienen a decir que cuando algo acaba, algo comienza. No es sino la gran metáfora de las series de televisión, y una de las ideas en las que Cherry insiste con el episodio. El montaje final al son de “Wonderful, Wonderful” condensa en dos minutos todo lo que ha hecho que nos quedemos hasta el final, a pesar de los muchos baches en el camino. La muerte de Karen, la boda de Renee y el nacimiento de la nieta de Susan y Lynette sirven de perfecto panegírico a una serie que nos ha hecho reír y llorar a partes iguales. Esta preciosa escena nos muestra un ciclo vital completo para ilustrar el posterior mensaje de Mary Alice: “Even the most desperate life is oh so wonderful.”

Las vidas de las cuatro protagonistas han recorrido un largo y pedregoso camino en sus años como vecinas de Wisteria Lane, del que sin embargo atesorarán la fuerte amistad que las ha mantenido unidas todo este tiempo. Reunidas alrededor de la mesa para jugar al póker por última vez, Susan, Bree, Lynette y Gabby prometen sacar tiempo en sus vidas para volver a reunirse en el futuro. Mary Alice nos golpea con la cruda realidad: “sus promesas son sinceras, pero eso nunca ocurrirá”. Este agridulce final nos transporta directamente a otro precioso final de serie, quizás uno de los más abrumadores de la historia de la televisión, el de A dos metros bajo tierra. Si Mujeres desesperadas comenzaba su andadura altamente influenciada por American Beauty, su final nos remite a otra obra de Alan Ball, y concretamente al montaje final en el que uno a uno, somos testigos del futuro de todos los protagonistas.

I am so crazy nuts about you, guys.

Gabrielle ha sufrido la mayor evolución de la serie. Se convirtió en madre de dos monstruitos, y a pesar de las dificultades, y sobre todo de su personalidad, ha logrado dominar el arte de la maternidad. Los problemas de su marido, y sobre todo el asesinato de su padrastro a manos de este, le han obligado a madurar, aportándole en el último momento su tan necesitada epifanía: todos se han sacrificado por ella, es hora de hacer lo mismo por los demás. De egoísta y superficial ex modelo a madre, amiga y mujer trabajadora con talento. Gabrielle y Carlos cierran ciclo con sus roles revertidos, y con la promesa de que lucharán por hallar el equilibrio en su matrimonio, disfrutando sin embargo de la emoción y los riesgos de estar constantemente bailando un tango.

Por otro lado, Bree lleva muchos años luchando contra las circunstancias de la vida para conservar -o recuperar- su estatus social. Desde un primer momento, se nos insistió en el problema de las apariencias y la fachada que mostramos a los demás, y Bree ha sido siempre la personificación de esta idea. Su conservadurismo ha chocado en todo momento con las personas en su vida, y es lo que tras el juicio, le impulsa a retomar ‘el buen camino’. Eso y el amor. Eso sí, Bree está condenada al elisabethtaylorismo, y sabemos que lo suyo con el abogado no será para siempre. Pero no importa, lo que Bree necesita, más que a un hombre que se quede a su lado para siempre, es volver a ser una Stepford Wife, una portada de libro de cocina, y si le dejan, la Presidenta de los Estados Unidos. ¿Por qué no?

Hasta el último momento, Lynette ha sido una persona manipuladora. Sus motivos han sido honestos (recuperar a su marido), pero sus acciones nos han recordado en todo momento a esa mujer testaruda y victimista que nunca está contenta. La oferta de trabajo de Katherine introduce otro cliché. Lynette tiene la oportunidad de convertirse en presidenta de una empresa, pero en otra ciudad. Nos encontramos con el sempiterno conflicto del matrimonio Scavo. El final de Mujeres desesperadas nos devuelve las discusiones de las primeras temporadas -vaya, y de toda la serie, porque estos dos han estado siempre igual. Pero el fuerte brillo en los ojos de Felicity Huffman y Doug Savant cuando comparten escenas en “Finishing the Hat” nos indican que esto es el final, y que puede que algo esté a punto de cambiar de verdad. Lynette también tiene su epifanía: te pasas la vida intentando conseguir lo que no tienes para alcanzar la felicidad, y te olvidas de que ya eres feliz. Tom y Lynette deben estar juntos. Para siempre.

Por último, Susan Mayer ha sido siempre una mujer vulnerable, en gran medida debido a su dependencia absoluta de los hombres. Tras perder al amor de su vida, Susan da por finalizada una etapa. Se acabó lo de correr detrás de un hombre con el vestido de novia puesto. La muerte de su marido y el nacimiento de su primer nieto han alterado sus prioridades. Una Susan aferrada a los recuerdos que le han hecho feliz en Wisteria Lane se despide de su casa, dando la bienvenida a la mujer que hará de ella su nuevo hogar. Así concluye Mujeres desesperadas, con una de sus protagonistas pasando el testigo a una joven reticente a la vida en las afueras, por miedo a que sea demasiado aburrida. Qué ingenua. Como le advierte Susan, la vida en Wisteria Lane es de todo menos aburrida. Y en el fondo, ella lo sabe, porque como todos, esconde un secreto. De esta manera, Marc Cherry pone el broche final a su historia sobre apariencias, secretos y mentiras en los barrios residenciales. Una historia que además ha introducido en nuestras vidas a cuatro mujeres con las que hemos establecido un vínculo emocional inquebrantable, como ocurre con las mejores series. Les damos un beso de despedida a ellas. Y yo, por mi parte, creo que voy a asomarme al patio a hablar con mi vecina. Una mujer de la que sé muchas más cosas de las que ella cree.

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Comentarios (5)

 

  1. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    No me quejo del final, me ha parecido que tiene una elaboración perfecta y cuidadosa, pero sí que creo que habría sido mucho más grande de la otra forma alocada y arriesgada. Porque Marc Cherry nunca se ha arriesgado y estaba claro que no lo iba a hacer con el final, pero igual que ha hecho bien este final, habría hecho de maravilla una series finale épica, dramática, catastrófica.

    Creo que lo que más me mató fue el momento en el que Mary Alice dice “sus promesas son sinceras, pero eso nunca ocurrirá”. Creo que me voy a imaginar durante toda mi vida que al menos se dan a “me gusta” de vez en cuando en sus fotos de Facebook, ya sea desde una oficina en Nueva York, la Casa Blanca, una piscina o la habitación de una hija petarda.

  2. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    El final genial, por cierto. Le deberíamos haber presentado a la Cherry a nuestra Caruchi, habría hecho de vecina misteriosa como nadie!

  3. Nené Fontaíña dice:

    A mí me pareció muy feo terminar así, muy irrespetuoso con la relación de las cuatro. No le costaba nada incluir en todo eso un ‘pero una vez al año se pasaban un mes de vacaciones juntas’ o incluso un ‘y al final todas envejecieron juntas en la misma residencia de Florida’…
    Yo también veía el final como lo había visto Gaby, todas viviendo en el barrio, envejeciendo juntas y siendo felices…
    Estoy con Dani, al menos que nos quede el consuelo de que se hacen like en facebook o se retuitean de vez en cuando…

  4. fon_lost dice:

    Fantástico análisis del final. Fantástico. Desprende amor por los 4 costados. Marc Cherry nos ha hecho disfrutar durante 8 años, y le ha puesto un broche de oro a su despedida. Lo único que he sentido, ha sido la ausencia de Edie entre tanto fantasma… Pero muy muy satisfecho con todo.

  5. Bertoff dice:

    Super a favor! de tu artículo y del final de la serie en general. Obviamente hubiera sido maravilloso cualquier ida de olla pero Marc Cherry como bien decís no es de esos.. por lo que yo quedo conforme, incluso con esa frase de Mary Alice ya que es lo más realista del mundo, decidme quien de vosotros no tiene algún amigo/a al que en su momento quisisteis mucho (y puede que aún sigáis queriendo) y que cuando os despedisteis prometisteis lo mismo y ya no habéis vuelto a saber de él..?? Os queda el consuelo si queréis de que tanto Susan como Lynette comparten nieto así que al menos ellas si que se verán de vez en cuando.
    Y dejo ya de escribir que al final voy a acabar llorando de nuevo!!

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