The Office – Season Finale

Sin grandes aspavientos, la octava temporada de The Office concluye introduciendo importantes cambios en la ’empresa de papel’ y abriendo nuevos frentes para el próximo año, como ha venido ocurriendo en casi todas las season finales de la comedia de NBC. En “Free Family Portrait Studio” nos despedimos una vez más de los excéntricos empleados de Dunder Mifflin, sin tener muy claro aún qué personajes regresarán seguro a la oficina para su ejercicio 2012-13. Por ello, el final de temporada transcurre con prudencia y sin armar demasiado jaleo, casi como si fuera un episodio de mitad de temporada.

En el capítulo anterior -probablemente uno de los más grises hasta la fecha-, Andy logra que David Wallace compre Dunder Mifflin a Sabre. De esta manera, la empresa recupera su antiguo nombre, y el árbol corporativo cambia de forma. Ejerciendo ya de presidente, Wallace restituye a Andy como jefe de la rama de Scranton y costea a Robert California su sueño de educar gimnastas rusas en el extranjero (??). La octava temporada de The Office se ha centrado en gran medida en la trayectoria de Andy Bernard como nuevo jefe de la oficina, y a pesar de que ha sido un trabajo complicado para el personaje -que gracias a esto ha seguido creciendo-, y una experiencia irregular para el espectador, parece que la serie se reafirma en la decisión que tomó a comienzo de temporada. Una nueva oportunidad para Andy, que para eso se lo ha currado.

Afortunadamente, el nuevo-antiguo jefe de Dunder Mifflin Scranton conserva a Nellie Bertram (Catherine Tate) en la plantilla, después de que esta le recite unos versos de Shakespeare con cara de pena -nada, que Andy no puede ser malo por mucho que lo intente- y le sugiera que su puesto ideal es el de directora de proyectos especiales, es decir, yendo “de un lado a otro haciendo lo que me dé la gana”. Este cambio facilita cierta flexibilidad para las intervenciones de la actriz británica en la novena temporada. La naturaleza caótica y demencial del personaje esconde una vulnerabilidad que ya hemos visto asomar en varias ocasiones -sabemos que quiere ser madre, que tiene un problema de adicción a las compras, y que se siente muy sola-, y que esperamos sea explorada más a fondo en el futuro. En cierto modo y en pequeñas dosis, Tate ha devuelto a The Office aquella emotividad contenida que nos acercaba en sus primeras temporadas a los personajes, de entrada fríos y distantes, y los convertía en seres humanos con los que conectábamos emocionalmente. Me quedo con ese momento en el que Nellie se muestra entusiasmada por haber hecho una amiga, y además “¡en el trabajo!” Y espero volverla a oír llamar “hombre esqueleto” a Gabe.

El resto de empleados de la oficina no ha aportado demasiado este año. En “Free Family Portrait Studio”, Jim y Pam continúan abanderando la normalidad en la oficina, ejerciendo de padres, y poco más. Erin funciona -sorprendentemente- como contrapunto a la locura de Andy, asegurándose de que sus -inocentes- ansias de venganza no se le vayan de las manos. La complicada historia amorosa de Dwight y Angela alcanza un punto de inflexión: el marido de ella sigue tirando los tejos a Oscar, y Dwight quiere probar la paternidad del bebé de la pareja. Un beso apasionado y bizarro -entre estos dos no puede ser de otra manera- complica las cosas. O quizás lo solucione todo. Pero ya no nos emociona como antes. Y mucho menos lo que ocurre entre Darryl y Val. Si The Office acaba renovando plantilla, por favor, Darryl fuera. En definitiva, esta ha sido la temporada de Ed Helms, y el actor ha dado la talla con creces, aunque que los guiones no hayan estado a la altura. A pesar de los buenos momentos -siempre los hay-, a Dunder Mifflin le hace falta algo más que un cambio de nombre, o de jefe. The Office necesita una depuración urgentemente.

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Comentarios (1)

 

  1. Imagen de perfil de jamescole jamescole dice:

    Darryl fuera totalmente.

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